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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2017

Vctimas o cmplices silencioso

Ricardo Candia Cares
Punto Final


Un grupo de genocidas se re de la religin que dicen profesar en un intento de burlarse del sistema judicial que, en casos de condenas judiciales, considera la peticin de perdn por el mal causado como atenuante. Un par de curas desorientados les llevan el amn.

Desde el punto de vista estrictamente cristiano, la burla de los sicarios debera significarles alguna pena cannica extra, si se considera que, por sobre todo, son culpables de torturar, hacer desaparecer y asesinar a un nmero nunca conocido de seres humanos, por lo que jams han mostrado el ms mnimo arrepentimiento genuino.

Pero en honor a la verdad, todo aquello que hagan esos criminales abyectos no debiera llamar la atencin. Ms debiera avergonzar el silencio de quienes debieron hacer mucho ms que lo que han hecho, comenzado por la presidenta Michelle Bachelet.

La maquinaria poltica que impuso la impunidad sin tomar en cuenta el dolor de los familiares y compaeros de las vctimas, ni los tratados ni la experiencia internacionales, ni las promesas de justicia, memoria y reparacin, parti con la vergonzosa poltica de la justicia en la medida de lo posible que impusiera cobardemente el primer presidente postmilitares.

De ah en adelante, solo qued administrar esa doctrina que permitira que un puado de genocidas fuera procesado y algunos condenados. De reparacin real, ni hablar.

La vergenza mayscula vino de la mano de aquellos que hicieron lo posible por traer de vuelta al pas al tirano, preso en Europa en donde jueces probos intentaron lo que aqu, para vergenza histrica, no se tuvo cojones. El resto, lo hizo el sndrome de Estocolmo que atac a los otrora enemigos acrrimos de los criminales. Lo hizo el clculo poltico rasca. Lo hizo la perspectiva de poder. Lo hizo el olor del dinero. Lo hizo la traicin.

Y en las oficinas secretas habrn negociado dos o tres casos extremos, Letelier, degollados y Tucapel Jimnez?, y el resto, por razones de Estado, habrn quedado para que el tiempo hiciera lo suyo.

Lo cierto es que en los gobiernos de la Concertacin/Nueva Mayora jams, jams!, ha habido genuino inters por hacer justicia en los centenares de miles de casos de violacin a los derechos humanos.

La amistad cvica entre los nuevos administradores de la postdictadura, y la ultraderecha, quizs una de las ms abyectas del planeta, el compartir negocios, barrios, destinos tursticos, sets de televisin, balnearios y la idea de pas, hizo su trabajo en un cuarto de siglo de connivencia. Ahora cuesta diferenciar un canalla de siempre con un advenedizo.

Vinculados en el convencimiento de que el orden neoliberal es nico, inmodificable y la suma de lo mejor de la cultura occidental, la ultraderecha y la Nueva Mayora, con todo y PC, se olvidaron de la verdad, la justicia y la reparacin.

Y a pesar de que decentes lograron detener, procesar y condenar a uno que otro genocida, los vericuetos judiciales han permitido lo que a todas luces es una vergenza: homologando a un genocida con un delincuente cualquiera, se le aplican normas para acceder a la libertad, as sea que pesen sobre ellos condenas que suman siglos.

Usted va por la calle de esta copia feliz del edn y puede cruzarse con un genocida.

Los gobiernos de la Concertacin primero y ahora de la Nueva Mayora, abandonaron la lucha por verdad, justicia y reparacin. Lo suyo son las cifras de la economa, el crecimiento, el control de la inflacin, la incorporacin del pas en la escena de las grandes economas y por sobre todo, mantener contentos a los poderosos. Un par de esqueletos perdidos no los van a sacar de la senda hacia el desarrollo.

Y muy al contrario de lo que alguna vez pensaron los irresponsables optimistas que tienen mal al mundo, la presidenta Bachelet, en su condicin de hija de una vctima y ella misma habiendo pasado por esas manos criminales, ha abandonado a las familias y su exigencia de justicia.

Por eso llama la atencin que entre vctimas sobrevivientes y muchos de sus familiares y compaeros haya quienes trabajan para este gobierno y lo hayan hecho para los anteriores. Eso los convierte en cmplices por medio de un silencio interesado.

Al conocerse la maniobra comunicacional de los genocidas encarcelados, que importa una burla a la fe que dicen profesar, y a las genuinas tanto como necesaria exigencias de verdad, justicia y reparacin, es de esperar que los familiares de esas vctimas burladas que trabajan para el gobierno de Michelle Bachelet, la que ha guardado religioso silencio, y/o adscriben a l, vayan renunciando pblicamente.

O callen para siempre.

 

Publicado en Punto Final, edicin N 868, 6 de enero 2017.

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www.puntofinal.cl



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