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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2017

Euskal Herria, la excepcionalidad como norma

Ren Behoteguy Chvez
Rebelin


A partir de la Revolucin Francesa, se entiende como un principio bsico de la democracia, la igualdad de los ciudadanos y ciudadanas ante la ley; probablemente a la fecha, ms del 90% de las constituciones de los diferentes Estados reconocen este principio. Si, a partir de ello entendemos ste como un parmetro importante para determinar qu tan democrtico es un Estado, debemos afirmar categricamente que el Estado espaol no lo es, o que al menos, en el territorio de Hego Euskal Herria, las leyes de excepcin con que se castiga a la poblacin vasca rompen con la idea fundamental de igualdad ante la ley. El reciente caso de Altsasu, es una clara prueba de ello.

Altsasu; es una poblacin de Navarra; de algo ms de siete mil habitantes. En dicha poblacin el da 15 de octubre por la noche, dos guardias civiles que no estaban de turno y vestan de civil, sufrieron lesiones producto de una pelea con jvenes de dicha localidad en un bar. Aunque parezca increble y rebuscado, 3 de dichos jvenes estn a da de hoy en prisin y otros 6 procesados y esperando juicio, acusados nada ms ni nada menos que de terrorismo, porque en la sofisticada mentalidad de la fiscala esta pelea de bar se enmarca en una estrategia contra las Guardia Civil y la Polica Espaola planificada por una organizacin armada que ha dejado la actividad armada hace ms de 5 aos. Es importante aclarar que, si el mismo suceso hubiese ocurrido, en iguales circunstancias pero por ejemplo, a 50 minutos de all en la localidad de Miranda del Ebro, con toda seguridad los jvenes hoy estaran en sus casas y se enfrentaran, en el peor de los casos a un juicio de faltas por lesiones y como pena mxima a una multa. La diferencia es llana y simplemente que Miranda del Ebro est en la provincia de Burgos fuera del territorio de Euskal Herria.

En todo caso, el incidente refleja una creciente molestia de la poblacin ante la presencia de ingentes cantidades de miembros de los cuerpos represivos del Estado en territorio vasco. Y es que la Comunidad Autnoma Vasca es el territorio con mayor presencia policial de toda Europa, con 669 policas por cada 100 mil habitantes, por encima inclusive de Chipre que, con 611 policas cada 100 mil habitantes es el pas europeo con ms fuerzas policiales en relacin a su poblacin, esto sin contar la presencia militar. La contradiccin es que, mientras desde el Estado espaol, se insiste constantemente en que no existe ningn conflicto poltico en Euskal Herria y, a poco ms de cinco aos del abandono de las armas por parte de ETA, se mantenga esta verdadera fuerza de ocupacin en un territorio con el segundo ndice ms bajo de delincuencia del Estado en el que la Guardia Civil espaola y la Polica Nacional, ni son apreciados por la poblacin, ni son siquiera mnimamente necesarios. Por el contrario los controles diarios, el patrullaje indiscriminado y en general el atosigamiento que sufre, en concreto la poblacin de Altsasu y en general la poblacin vasca por parte de dichas fuerzas de ocupacin resultan intolerables.

Ante esta realidad, los tan cacareados llamados a la convivencia que se hacen desde los altares de la tertulia televisiva y los sacrosantos diarios del poder, parecen olvidar que, una cosa es la convivencia diaria, tanto entre la poblacin como, inclusive al interior de las mismas familias vascas, entre personas de distintas ideologas y visiones de mundo, cosa que se da sin mayores dificultades en Euskal Herria y otra entender como convivencia, el tener que soportar a fuerzas militares y policiales pertrechadas en cuarteles y que intimidan a diario a la poblacin.

Otro aspecto de la excepcionalidad legal que rige en Euskal Herria, es una poltica penitenciaria diferenciada que obliga a las familias de los presos y presas polticos/as vascos/as a recorrer un promedio de 615 kilmetros para visitar a sus familiares dispersos/as en las distintas crceles de los Estados espaol y francs, en una poltica penitenciaria cuya lgica, lejos de buscar la supuesta reinsercin social inscrita en la Constitucin espaola, parece basarse en la venganza pura y dura castigando no solamente a los reclusos y reclusas sino fundamentalmente a sus familiares , muchos/as de ellos/as, personas mayores y con problemas de salud.

Si a esto le sumamos la persecucin y encarcelamiento de actores claves de la Izquierda Abertzale que intentaban articular instrumentos polticos que faciliten la bsqueda de alternativas democrticas al conflicto o; la vergonzosa detencin este pasado diciembre, practicada en contra de activistas de derechos humanos que intentaban facilitar el gradual desarme de ETA, muestran una lgica tanto en los Estados francs como espaol, de mantener una dinmica de guerra y evitar a toda costa la normalizacin de la vida social y poltica en Euskal Herria.

Uno se pregunta: cmo es posible que los Estados que, supuestamente seran los ms interesados en cerrar el conflicto, sean quienes sabotean constantemente los caminos hacia la paz y la convivencia. Esto tiene una sola explicacin y es que el mantener latente el supuesto peligro de un rebrote de la violencia, es lo que permite mantener como norma la excepcionalidad jurdica con que se discrimina a la poblacin vasca. Por otra parte el cerrar de una vez el conflicto armado entre ETA y el Estado, mostrara con claridad, y esto es lo que ms teme el Estado espaol, que existe un conflicto mucho mayor y de fondo al que tendra que dar respuesta y es el conflicto social y poltico e histrico relacionado con la existencia innegable de una nacin vasca y el derecho que tiene sta a decidir por s misma, su pertenencia al Estado francs y espaol o, por el contrario la decisin de constituir su propio Estado. Un derecho a decidir, apoyado por la inmensa mayora de la poblacin vasca.

En todo caso, tarde o temprano las conservadoras estructuras del Estado espaol y francs debern aceptar que no pueden tapar el sol con un dedo y afrontar que ni la represin ni las leyes arbitrarias podrn acallar el irrintzi de libertad que se extiende a ambos lados de los Pirineos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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