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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2017

De Obama a Trump
El fracaso de la revolucin pasiva

William I. Robinson
ALAI

El proyecto de Obama nunca tuvo la intencin de desafiar el orden socioeconmico; por el contrario, trat de preservar y fortalecer ese orden para sostener la globalizacin capitalista. Fue el gobierno de Obama y la lite liberal quienes se encargaron de abrir la caja de Pandora del trumpismo.


Barack Obama declar a CNN el pasado 26 de diciembre que hubiera podido derrotar a Trump de haber tenido la oportunidad de enfrentarse al presidente electo por un tercer mandato, pero en realidad puede que el demcrata haya aportado ms que cualquier otro para asegurar la victoria de Trump.

Si bien la eleccin de Trump ha desencadenado una rpida expansin de las corrientes fascistas en la sociedad civil y en el sistema poltico estadounidense, un resultado fascista no es inevitable y depender de la lucha opositora que ya ha comenzado. Pero ocurre que esa lucha requiere claridad para poder entender cmo hemos podido llegar a un precipicio tan peligroso. Las semillas de un fascismo del siglo XXI fueron plantadas, fertilizadas y regadas por el gobierno del presidente que deja el cargo, Barack Obama, y por la lite liberal en bancarrota que es representada por la presidencia de ste.

En los ltimos aos del rgimen de George W. Bush y especialmente con el colapso financiero de 2008, hubo un agitado descontento que desencaden protestas masivas en los Estados Unidos y en todo el mundo. El proyecto Obama fue desde el principio un esfuerzo de los grupos dominantes para restablecer la hegemona que vena desmoronndose desde los aos de la presidencia de Bush. La eleccin de Obama desafi el sistema a nivel cultural e ideolgico y sacudi los fundamentos raciales/ tnicos que siempre han mantenido en pie a la Repblica de Estados Unidos aunque, ciertamente, no desmantel esos fundamentos.

Sin embargo, el proyecto de Obama nunca tuvo la intencin de desafiar el orden socioeconmico; por el contrario, trat de preservar y fortalecer ese orden para sostener la globalizacin capitalista, reconstituyendo la hegemona y llevando a cabo una revolucin pasiva en contra del descontento manifestado por las masas y propagando la resistencia popular que comenz a cobrar vida en los ltimos aos de la presidencia de Bush.

El socialista italiano Antonio Gramsci desarroll el concepto de revolucin pasiva para referirse a los esfuerzos realizados por grupos dominantes de provocar ligeros cambios desde arriba con el objetivo de desactivar movilizaciones desde abajo que buscasen lograr una transformacin ms profunda. Integral a la revolucin pasiva es la cooptacin de liderazgos desde abajo y la integracin de estos liderazgos en el proyecto dominante.

La campaa electoral de Obama en 2008 aprovech y ayud a expandir la movilizacin de masas y las aspiraciones populares de cambio como no se haba visto en muchos aos en los Estados Unidos. El proyecto de Obama coopt esa creciente tormenta desde abajo, la canaliz a la campaa electoral y despus traicion esas mismas aspiraciones. El Partido Demcrata desmoviliz efectivamente la insurgencia desde abajo tan pronto se hubo reanudado con una revolucin ms pasiva y, de hecho, aceler el proyecto de la globalizacin capitalista y del neoliberalismo. El entusiasmo masivo que gener la primera campaa electoral de Obama se disip rpidamente.

El capital transnacional corporativo financi ambas campaas presidenciales de Obama y compr la presidencia del mismo. Obama impuls la agenda de la guerra global, el neoliberalismo y el rumbo hacia un estado autoritario. Se convirti en el presidente de los rescates corporativos, el presidente de deportacin en masa y el presidente de la guerra de aviones no tripulados: los llamados drones. Su gobierno impuls la construccin de un sistema policiaco represivo y un estado de vigilancia. Se autoriz la detencin indefinida sin posibilidad de hbeas corpus de cualquier persona que el estado considerara un "enemigo", se libr la guerra contra los denunciantes y los filtradores y se defendi el espionaje nacional y global de la NSA. Se aument el presupuesto militar, el cual ya haba alcanzado un mximo histrico bajo el rgimen de Bush. Se negoci la Asociacin Transpacfica, la Asociacin Transatlntica de Comercio e Inversiones y el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios.

De esta forma el proyecto de Obama debilit desde abajo la respuesta popular izquierdista a la crisis, abriendo as espacio para que la respuesta de la derecha con vista en un proyecto del fascismo del siglo XXI se volviera insurgente. El gobierno de Obama apareci, sin duda, como una repblica de Weimar. Aunque los socialdemcratas estuvieron en el poder durante la Repblica de Weimar de Alemania en los aos 1920 y principios de 1930, no persiguieron una respuesta izquierdista a la crisis; dejaron de lado a los sindicatos militantes, comunistas y socialistas y progresivamente se aferraron al capital y la derecha antes de entregar el poder a los nazis en 1933. La repblica de Weimar del siglo XXI de Obama gener condiciones propicias para el desarrollo de las fuerzas neofascistas en los Estados Unidos.

Durante el rgimen de Bush, estas fuerzas neofascistas se extendieron por toda la sociedad civil estadounidense, exhibiendo una creciente polinizacin cruzada entre diferentes sectores de la derecha radical como no se haba visto desde hace aos. Durante la presidencia de Obama, elementos de la derecha de entre la comunidad empresarial transnacional financiaron ampliamente movimientos neofascistas como el Tea Party y la notoria legislacin neofascista de la ley antiinmigrante SB1070 de Arizona en 2010. Esa legislacin provoc leyes "copia" en otros estados del pas y provoc que estallaran movimientos anti-inmigrantes de supremaca racial y de vigilancia fronteriza. Los multimillonarios hermanos Koch, de extrema derecha, por ejemplo, fueron los principales financiadores de la Tea Party y de una gran cantidad de fundaciones y organizaciones de fachada de la derecha, tales como Americans for Prosperity, Cato Institute y Mercatus Center.

Estas organizaciones promovieron una versin extrema de la agenda corporativa neoliberal, incluyendo la reduccin y la eliminacin de los impuestos a corporaciones, recortes a los servicios sociales, la evisceracin de la educacin pblica y la liberacin total del capital de cualquier regulacin estatal. Este neoliberalismo recargado es precisamente el programa econmico del rgimen entrante de Trump y converge perfectamente con los intereses de la clase capitalista transnacional, incluso si cultural e ideolgicamente se encuentra vestido de forma dramticamente distinta al de Obama y los liberales.

Contrariamente a lo que dicen interpretaciones superficiales, la agenda de extrema derecha del trumpismo constituye una profundizacin y no una revocacin del programa de globalizacin capitalista perseguido por la administracin Obama y todas las administraciones estadounidenses desde Ronald Reagan. La crisis del capitalismo global se ha agudizado al confrontarse con un estancamiento econmico y con el levantamiento de un populismo antiglobalizacin por parte tanto de la izquierda como de la derecha del espectro poltico. El trumpismo no representa una ruptura con la globalizacin capitalista sino ms bien una recomposicin de las fuerzas polticas y de discursos ideolgicos que se acentan a medida que la crisis y las tensiones internacionales llegan a nuevas profundidades.

Ya sea del siglo XX o en sus variantes emergentes del siglo XXI, el fascismo es ante todo una respuesta a profundas crisis estructurales del capitalismo, como en el caso de la de los aos treinta y la que comenz con la crisis financiera de 2008. He estado escribiendo durante la ltima dcada acerca del surgimiento de las corrientes fascistas del siglo XXI en el contexto del nuevo capitalismo global. Una diferencia clave entre el fascismo del siglo XX y el fascismo del siglo XXI es que el primero involucr la fusin del capital nacional con poder poltico reaccionario y represivo, mientras que el segundo implica la fusin del capital transnacional con poder poltico reaccionario. El trumpismo no representa una salida; por el contrario, es la encarnacin de la dictadura emergente de la clase capitalista transnacional.

El trumpismo y el brusco giro hacia la extrema derecha es la progresin lgica del sistema poltico frente a la crisis del capitalismo global. La lite liberal y su proyecto de globalizacin capitalista a travs del discurso "ms amable, ms suave" del multiculturalismo llegaron a un callejn sin salida y condujeron el sistema hacia una nueva crisis de hegemona. Tomando el famoso dicho de Clausewitz de que "la guerra es una extensin de la poltica por otros medios", parafraseando, se puede decir que el trumpismo es una extensin del neoliberalismo por otros medios.

Hay una linealidad en este aspecto desde Obama hasta Trump. Fue el gobierno de Obama y la lite liberal quienes se encargaron de abrir la caja de Pandora del trumpismo y el fascismo del siglo XXI. A medida que se acercaban las elecciones de 2016 la pregunta era: cmo se expresara el renovado descontento de las masas? La lite liberal margin a Bernie Sanders y se aline detrs de Hillary Clinton, pero a diferencia de como ocurri en 2008, esta vez fracasaron los esfuerzos de lograr otra revolucin pasiva. La lite liberal aliment el giro hacia la extrema derecha al anular de nueva cuenta una respuesta izquierdista ante la crisis.

La lite liberal se rehus a desafiar la rapacidad del capital transnacional y su poltica de identidad sirvi para eclipsar el lenguaje anticapitalista de las clases trabajadoras y populares, empujando as a los trabajadores blancos hacia una "identidad" de nacionalismo blanco y ayudando a la derecha neo-fascista a organizarlos polticamente. Paralelo a las acusaciones que hizo el partido republicano contra aproximadamente 6 millones de votantes mayormente afroamericanos y latinos de aparecer en las listas de votantes de ms de un estado y, por lo tanto, de haber cometido fraude electoral (acusaciones que resultaron ser falsas en casi la totalidad de los casos pero que tuvieron el efecto de negar el voto a los acusados), Trump hbilmente moviliz a una parte significativa de la clase trabajadora blanca en torno a un discurso demaggico racista caracterizado por los chivos expiatorios, la misoginia y la fanfarronera imperial valindose de la manipulacin del miedo y la desestabilizacin econmica.

El discurso a veces velado o disimulado y a veces francamente racista y neofascista del trumpismo ha "legitimado" y desencadenado movimientos ultra-racistas y fascistas en la sociedad civil estadounidense. Parece ser que estas fuerzas estn logrando un punto de apoyo en el estado estadounidense a travs del emergente rgimen de Trump. Este rgimen rene a billonarios banqueros y hombres de negocios con generales guerreros activos en poltica y activistas neofascistas en un cctel mortal que amenaza con llevarnos al desastre si la lucha de resistencia no es capaz de descarrilar el trumpismo.

Este es un momento extremadamente peligroso, pero es muy fluido. Las lites polticas y econmicas estn divididas y confundidas. El trumpismo ha fracturado an ms a los grupos gobernantes y bien podra estar generando una crisis de Estado que abrira espacio para respuestas populares e izquierdistas desde abajo. Una parte significativa de la lite se opuso a Trump durante la campaa presidencial. Esas lites se acomodarn al rgimen trumpista o se volvern contra l?

No nos encontramos en este momento en un sistema fascista y ello se podra evitar si la lucha de resistencia se conforma en un carcter expansivo, organizado y unificado en un frente anti-neofascista. Para lograrlo, la lucha no debe recurrir a la decadente lite liberal organizada en el Partido Demcrata. Las fundaciones y las corporaciones buscarn financiar a los grupos liberales anti-Trump e intentarn modelar la agenda de la lucha anti-Trump de nuevo. Los demcratas y sus contribuidores corporativos tratarn de canalizar la lucha contra el trumpismo en las prximas elecciones legislativas y presidenciales.

El protagonismo poltico de la clase trabajadora debe alcanzar la hegemona dentro de cualquier frente unido contra el neofascismo. La base electoral de Trump dentro de la clase trabajadora descubrir muy pronto durante el rgimen del republicano que sus promesas eran un engao. Cmo se contendr su rabia? Sern reclutados hacia proyectos del fascismo del siglo XXI o hacia un proyecto popular, de izquierda y de resistencia y transformacin? Para que esto suceda necesitamos ir ms all de las polticas de identidad, reconstruir una identidad de la clase trabajadora uniendo la lucha antirracismo y de defensa de los migrantes con un programa de reconstruccin econmica y social que propugne el lenguaje de clase y socialismo en la poltica y en el quehacer cotidiano. Solamente trabajando hacia la construccin de la organizacin de la clase trabajadora global en toda su diversidad y situando su multiplicidad de luchas en el centro de la resistencia es que podremos ganar.

William I. Robinson: profesor de sociologa, Universidad de California en Santa Brbara.

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/182745


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