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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2017

Investidura de Trump
El problema es la supremaca blanca, estpidos!

Luis Martn-Cabrera
Rebelin


En el ao 2015 publiqu en Madrid con la editorial La Oveja Roja un libro Insurgencias invisibles: resistencias y militancias en Estados Unidos que fue creciendo a partir de una serie de crnicas y entrevistas para rebelin.org, escritas o referidas al primer gobierno de Obama. A pesar del entusiasmo que caus la eleccin del primer presidente afroamericano, el libro cuestionaba, desde el principio, la posibilidad de haber entrado en una era postracial que, entre otras cosas, volva inoperante, incluso analticamente, la nocin de raza. Acompaado de las voces de Roberta Alexander, militante histrica del Partido Comunista-USA y de los Panteras Negras, de Enrique Dvalos, activista transfronterizo en San Diego/Tijuana y de Adriana Jasso, Harry Simn y Romel Daz, militantes de Unin del Barrio, tratbamos de explicar cmo segua operando la lnea de color teorizada por W.E. Dubois desde la esclavitud, al complejo industrial de prisiones, pasando por las leyes segregacionistas de Jim Crow. Abordamos las resistencias al aparato de control y muerte de la frontera, las luchas sindicales y antirracistas, los intentos de privatizacin de la universidad pblica, ofrecamos, en suma, la perspectiva de esa multitud, que sin salir en los medios, luchaba y lucha annimamente desde las entraas del monstruo por la emancipacin y la justicia social.

El libro era, sobre todo, un mensaje en una botella para la izquierda en Espaa y Amrica Latina. Confieso, con cierta frustracin, que el mensaje no ha llegado o slo ha llegado muy parcialmente. S, el libro fue reeditado en Chile gracias a la generosidad de los compas de la Editorial Proyeccin, se ha comentado y discutido en varias instancias, pero frustra ver cmo se siguen utilizando las mismas categoras estriles, incluidas algunos de los conceptos ms vulgares del marxismo, para desentraar el desastre que supone la eleccin de Trump.

Como cualquier otro acontecimiento histrico la eleccin de Trump puede y debe analizarse desde distintos ngulos. No es que los otros factores no importen, sino que sorprende clamorosamente la ceguera, ms o menos generalizada, de la izquierda en el mundo hispanohablante para entender que la clave de esta eleccin es la supremaca blanca, el racismo estructural. De este preclaro modo lo explicaban los compaeros y compaeras de Unin del Barrio en su imprescindible Declaracin tras la noche electoral:

Una y otra vez, la historia muestra que la supremaca blanca triunfa [1] sobre todas las otras formas de identidad en los Estados Unidos. Por eso, los trumpistas odiaban tan intensamente a Obama y a Hillary R. Clinton y, por eso, salieron en masa a votar a Trump:

La supremaca blanca triunf sobre la clase el 67% de los trabajadores blancos apoy a Trump el millonario del 1%

La supremaca blanca triunf sobre la diversidad racialel 58% de la gente blanca apoy a a Trump el xenfobo abiertamente racista

La supremaca blanca triunf sobre el gneroel 53% de las mujeres blancas apoyaron a Trump el misgino depredador sexual.

La supremaca blanca triunf sobre el fanatismo religioso81% de los evanglicos apoy a Trump el mujeriego degenerado .

La supremaca blanca triunf sobre el constitucionalismo el 61% de los veteranos apoyaron a Trump el demagogo autoritario

La supremaca blanca triunf sobre la educacinel 49% de los licenciados universitarios vot por Trump el anti-intelectual.

Fue la supremaca blanca la que gan la eleccin de Donald Trump

Es la supremaca blanca, estpidos! Lo digo sin intencin de ofender a nadie, ms bien evocando la frase de James Carville -- It's the economy stupid (es la economa estpido)-- que le dio la victoria electoral a Bill Clinton en 1992, anteponiendo la discusin econmica sobre todos los otros aspectos. Sorprende, que tenindolo delante de sus narices, la izquierda europea y, en menor medida, la izquierda latinoamericana, siga insistiendo en no utilizar la raza como categora analtica, como si no fuera con nosotros, como si no furamos parte de esa modernidad colonial, como la llama Anibal Quijano, que alumbr el sistema-mundo que habitamos y distingui desde sus albores el trabajo asalariado de todas las otras formas de trabajo no remunerado y de terror como la esclavitud, el peonaje y la servidumbre coloniales.

Insisto, no es que los condicionamientos de clase, el patriarcado u otros factores no sean importantes, sino que la supremaca blanca, el racismo, sobredetermina, particularmente en el caso de la eleccin de Trump, todos los dems, triunfa sobre ellos, porque histricamente, como explican los compaeros de Unin del Barrio, ha tenido una mayor capacidad estructural de interpelar a las grandes masas blancas y separarlas, por encima de sus potenciales intereses comunes de clase, de las minoras tnicas

La gente no est para muchas explicaciones y los cuentos de la supremaca blanca en Estados Unidos tienen casi tantos siglos como el Destino Manifiesto o las mil y una noches. Todo el mundo lo saba, era un secreto abierto que con la campaa de Donald Trump dej de ser simplemente un secreto y le dio alas a la reaccin blanca contra el primer presidente afroamericano del pas y, sobre todo, contra la acumulacin de poder del movimiento Black Lives Matter y el movimiento de migrantes latinos a favor de la reforma. Trump no tuvo que esforzarse mucho para encontrar estos cuentos racistas, pues su fortuna es producto de la supremaca blanca. Como destap el New York Times durante la campaa, su padre, Fred Trump, levant su imperio inmobiliario en los aos sesenta sobre la segregacin de los afroamericanos, un asunto que, lejos de causar algn arrepentimiento en Trump hijo, lo llevo a envenenar la causa de Los llamados 5 de Central Park. En 1989 , 4 adolescentes afroamericanos y uno latino fueron acusados de violar a una mujer blanca que estaba haciendo jogging en el parque. Antes de que se celebrar el juicio, Donald Trump gast 85,000 dlares de su propio bolsillo para imprimir una libelo de una pgina entera en cuatro peridicos, incluido el New York Times, donde peda el retorno de la pena de muerte y la intensificacin de la represin policial. Si embargo, Los 5 de Central Park fueron exonerados tras la confesin del verdadero autor de los hechos, pero Trump, por supuesto, jams se retract, a pesar de haberse equivocado y haber contribuido a destruir las vidas de estos jvenes que fueron torturados y pasaron 7 aos en prisin.

Pero no se trata de demonizar en exceso a Trump ni de sentirse culpable por ser blanco; la supremaca blanca es un fenmeno estructural con implicaciones simblicas, culturales, polticas y, por cierto, econmicas. Los individuos actan dentro de esa estructura, lo ms perverso de Trump es haber entendido muy pronto al menos desde el escndalo de Los 5 de Central Parklos rditos polticos que le poda traer ser la voz de la supremaca blanca. Por eso se rode de nacionalistas blancos como Steve Banon para su campaa o rechaz desvincularse del apoyo explcito de David Duke Ex Gran Maestre del Ku Kux Klan (estamos hablando no ya de racismo, sino de terror racial). Trump, no obstante, no es el nico que habla por esta estructura racista. Los altos cargos del partido republicano John McCain, Ted Cruz, Ryan, etc-- slo se rasgaron las vestiduras en pblico despus del escndalo del video de Access Hollywood en el que Trump amenazaba con agarrar de los genitales a una mujer blanca. Anteriormente, ya haba dicho que todos los mexicanos eran violadores y todos los musulmanes terroristas a los que haba que negar entrada al pas, pero eso no haba generado ninguna inquietud en los congresistas republicanos. Slo cuando los cuerpos de sus mujeres blancas quedaron en la lnea de fuego, saltaron las voces de alarma y, ni an as, le han retirado su apoyo a Trump, porque la supremaca blanca se impone poderosamente sobre cualquier otra consideracin. Otro tanto sucede con los liberales blancos que aparentemente han decidido culpar por la derrota de Hilary Clinton a Rusia y al discurso de lo polticamente correcto que no permite a los blancos expresar sus verdaderos sentimientos (racistas).

Con todos estos antecedentes sorprende que haya quin siga torturando las estadsticas y la realidad para tratar de explicar el fenmeno Donald Trump recurriendo a la lucha de clases o peor an como sucede con una serie de artculos publicados por el diario.es traducidos del britnico The Guardianinsistiendo en que hay que entender a las grandes masas blancas que votaron por Trump, porque al fin y al cabo las elites del pas llevan aos sin hablar de polticas de clase y juzgndolos por ser racistas, por su cultura de las armas o por su cristianismo. No cabe ninguna duda que las elites polticas y econmicas del pas se han salvado a s mismas de la recesin econmica y se han beneficiado desproporcionadamente de la desindustrializacin de las regiones que le dieron la victoria a Trump (el Rust Belt y el Midwest), pero hay que insistir en lo obvio: no son ni las polticas de identidad (una anmica forma de reparacin por el racismo estructural), ni las minoras quines han empobrecido a estos trabajadores blancos. Alegrarse de esta supuesta venganza de clase contra las elites ilustradas del pas es temerario. Adems si la clase trabajadora ha visto su nivel de vida implosionar qu decir de los ms de 5 millones de latinos deportados o de los millones de afroamericanos encarcelados por delitos menores o de sus desproporcionados ndices de desempleo, malnutricin, desahucios o de la falta de acceso a la educacin de calidad?

Lo que parece decir el apoyo explcito a Donald Trump es: si no hay para todos, mejor que haya slo para los blancos; eso es lo que dice el slogan de campaa Make America Great Again/ Hagamos Amrica Grande Otra Vez. Grande como cuando los Japoneses eran internados en campos de concentracin? Grande como cuando los negros eran linchados y sus cuerpos expuestos en pblico e impresos en tarjetas postales para goce de las audiencias blancas? Grande como cuando los latinos no podan acceder a la educacin superior? Grande como cuando slo votaban los blancos? Por ms que hayan sido vctimas de las polticas econmicas del capitalismo financiero de Wall Street no podemos acompaar a los blancos en su naufragio en este marasmo moral, como lo llama el intelectual afroamericano Cornel West.

Debera ser una peticin de principios y, sin embargo, hay voces autorizadas en la izquierda como Ignacio Ramonet que se muestran crticos, pero ambivalentes; celebran el aparente rechazo de Trump a los tratados de libre comercio y escriben cosas como esta: Para muchos electores irritados por lo polticamente correcto, que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la palabra libre de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un autntico desahogo. A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podramos llamar la rebelin de las bases. De qu bases estamos hablando?

Ms preocupantes an son las declaraciones ms recientes del Presidente Venezolano Nicols Maduro diciendo que peor que Obama no puede ser y que existe una campaa de odio en Estados Unidos y Occidente contra Donald Trump para concluir: Esperemos. Vienen grandes cambios en la geopoltica internacional. Esperemos para ver qu sucede tanto en las polticas internas de Estados Unidos como en las internacionales. No nos adelantemos a los sucesos. En ese sentido quiero ser prudente y decir: esperemos De verdad tenemos que esperar para juzgar a Donald Trump? No nos basta con todo lo expuesto hasta aqu, con las mltiples manifestaciones de odio y de desprecio por los ms vulnerables que ha mostrado hasta ahora? No basta con su apoyo al terror racial de KKK para distanciarnos de todo lo que proponga? No es suficiente con ver el grupo de asesores que ha nombrado, todos multimillonarios y casi todos, por cierto, hombres blancos? Podemos esperar algo positivo del nuevo fiscal general del Estado Jeff Sessions, ferviente admirador del KKK hasta que descubri que fumaban yerba y acrrimo opositor del derecho al voto de los afroamericanos? Nada de esto es suficiente?

Supongo que el presidente Maduro y otros ambivalentes de la izquierda piensan que entre todo lo malo que representa Trump puede haber cosas buenas, como el rechazo a los tratados de libre comercio o un cambio geopoltico en Oriente Medio, que se puede separar el polvo de la paja o, peor, que el enemigo de tu enemigo (Obama, la elite liberal?) es tu amigo. Sea como fuere este pacto fustico con algunas de las polticas que pudiera implementar Trump es extremadamente peligroso. El presidente Maduro debera entender que si le damos la vuelta al guante de la supremaca blanca queda en la superficie el imperialismo expansivo de los Estados Unidos en nombre de la superioridad moral de un pueblo blanco, que el imperialismo y la supremaca son el haz y el envs de la misma lgica destructiva.

Por otro lado, apoyar ciertas polticas de Trump por intereses geopolticos slo puede ser visto por latinos y afroamericanos como una traicin a las polticas de solidaridad con las minoras tnicas impulsadas histricamente por la Cuba de Fidel que siempre apoy y asesor a militantes de las Panteras Negras o del movimiento Chicano --Assata Shakur sigue viviendo en La Habana. Lo que tal vez no se comprenda es que las actitudes de Trump autorizan la violencia y el terror racial de sus bases nacionalistas blancas dentro y fuera de Estados Unidos. Una semana despus de su eleccin ya haba un grupo de chicos blancos mandando a un grupo de afroamericanos a la parte de atrs del bus. Las mujeres en general y las mujeres de color en particular han sido objetos de mltiples agresiones que antes sucedan, pero ahora estn avaladas por los comportamientos del presidente electo. cualquier apoyo, por tmido que sea, a las polticas de Trump, slo puede ser interpretado como una forma de abandono a las minoras tnicas del pas que son los aliados naturales e histricos de todos los pases del Sur Global.

La eleccin de Donald Trump no se puede leer como un men donde podemos elegir qu nos gusta y qu no. Por eso, ojal este 20 de enero se escuche con fuerza en Amrica Latina y en Espaa el mensaje de solidaridad con Afroamericanos, Latinos y con todas y todos los que estn en lucha contra el obsceno fascismo que representa el ascenso de Trump al poder. Ojal no haya ambivalencias ni esperas, ojal sepamos estar a la altura de la historia para acompaar a quines desde el primer da dicen NO alto y claro a todo lo que representa Trump. Compaeras y compaeros marxistas, no habr lucha de clases posible mientras el racismo y la supremaca blanca sigan operando en el corazn y en la mente de los trabajadores blancos de Estados Unidos y del mundo; sin anti-racismo no hay solidaridad posible, y sin lucha contra el patriarcado tampoco.

Entre todo el barullo que representa la eleccin de Trump hay un hecho que tal vez haya pasado desapercibido. La cantante afrobritnica Rebecca Ferguson, una de las muchas artistas que ha rechazado la invitacin de cantar en la Inauguracin de Donald Trump, acept en un principio con la condicin de interpretar Strange Fruit de la gran Billy Holliday. Se trata de una cancin sobre los linchamientos de afroamericanos en el sur. Cuentan que muchas veces, despus de cantarla, Billy se encerraba en el bao a vomitar. As dice la letra:

Los arboles sureos dan frutas extraas

Sangre en las hojas y sangre en las races

Cuerpos negros mecindose en la brisa surea

Extraa fruta colgando de los lamos

Escena pastoral del sur galante

Los ojos reventados, la boca torcida

Aroma de magnolias, dulce y fresco

Luego el sbito olor de la piel quemada

Fruta para que la muchedumbre deshoje

Para que lluvia junte, para que el viento absorba

para que el sol marchite, para que los rboles boten.

Es esta una extraa y amarga cosecha.

Hasta donde yo s Donald Trump no ha podido aceptar el ofrecimiento de Rebecca Ferguson, hacerlo hubiera introducido la memoria del terror racial en una ceremonia destinada a enaltecer lo contrario: la superioridad del hombre blamco occidental. Pero nosotros s podemos hacernos cargo de este conocimiento que los descendientes de los esclavos en Estados Unidos llevan grabado en el cuerpo. No es slo asunto suyo, tambin los que no sufrimos las secuelas del terror racial o las sufrimos de otra manera, tenemos que hacernos cargo de este conocimiento, no ocultarlo, hacerlo nuestro sin culpa, pero con responsabilidad y determinacin para que, si Trump construye un muro, podamos decirle con Jos Mart, trincheras de ideas, valen ms que trincheras de piedra.


Nota

[1] En la versin original en ingls la palabra es trump un verbo homnimo al nombre del recin elegido presidente, un juego de palabras que no se puede traducir.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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