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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2017

Welcome, Mr. Trump! Aunque realmente welcome?

Marcelo Colussi
Rebelin


Lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos, y viceversa.

Charles Wilson, Secretario de Defensa con el presidente Eisenhower, 1953.

Desde el campo popular, en cualquier parte del orbe, es difcil, cuando no imposible, saludar alegre la llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca en Washington. Cuenta la historia que algn mandatario estadounidense sali la maana de un lunes a hacer una gira por pases amigos, y a la tarde ya estaba de vuelta. El imperio no tiene amigos: tiene intereses! Y los defiende a muerte, por cierto. Para eso estn, entre otras cosas, las ms de 6.000 cabezas nucleares que posee, posibles de hacer volar el mundo.

Si bien su pujanza de otras pocas est en declive (despus de la Segunda Guerra Mundial aportaba el 52% del Producto Bruto global, hoy solo el 18%), lejos se est de poder decir que sea un pas en bancarrota: Estados Unidos contina siendo la primera potencia hegemnica, en lo econmico, lo poltico, lo cultural y en lo militar. Sus decisiones siguen marcando muy buena parte de lo que ocurre en el mundo, y su influencia se siente en cada rincn del planeta. Si bien el dlar como patrn no est inamovible como aos atrs, las principales marcas comerciales que recorren la aldea global siguen siendo de origen estadounidense, por lo que el ingls contina siendo la lingua franca obligada, y la cultura y valores emanados de Hollywood son mercadera de consumo universal. La clase dirigente estadounidense (banqueros, dueos del complejo militar-industrial, propietarios de las petroleras y de otras grandes megaempresas globales) apuestan a que el siglo XXI siga siendo, como el anterior, otro siglo americano.

El presidente de esta gran potencia, como cualquier mandatario de cualquier pas de las llamadas democracias (democracias representativas, caricaturas de democracias reales), no es sino un administrador del gobierno central que, en definitiva, ms all de la ilusin -mediticamente bien presentada- de gobernar para todos, beneficia siempre al verdadero poder, el que pone las condiciones y termina dando las rdenes: el capital.

Pero con Donald Trump sucede algo particular: para las recientes elecciones pareca ganadora obligada su contrincante demcrata: Hillary Clinton. Ella representaba, por antonomasia, a los factores dominantes del pas: grupos financieros de Wall Street y complejo militar-industrial. Para sorpresa de muchos, ella no gan. Triunf Trump levantando un discurso que, de algn modo, se le podra decir populista. Pero que, imprescindible aclarlo, de preocupacin real por las penurias populares no tiene nada, absolutamente nada.

Trump, sin ningn lugar a dudas -como todo vendedor de casas (es un magnate inmobiliario)- es un hbil vendedor. O, dicho en otros trminos, un buen embaucador, mercader de ilusiones. Ese oficio fue el que le permiti imponerse en las elecciones, pues vendi a la clase trabajadora y sectores medios empobrecidos la ilusin de un resurgir econmico del pas. Ahora bien: el empobrecimiento de sus trabajadores, la desocupacin y la creciente cada del poder adquisitivo real se debe a la forma que el mismo capitalismo actual fue tomando en su desarrollo, trasladando muy buena parte del parque industrial fuera de su territorio, simplemente por conveniencia econmica, y priorizando de un modo afiebrado las finanzas por sobre la produccin. La grandeza de Estados Unidos asienta hoy, bsicamente, en su poder militar. Para defender Mc Donalds necesitamos los Mc Donnell Douglas, sentenci jactanciosa la ex Secretaria de Estado Condollizza Rice.

Si Donald Trump se impuso contrariando los pronsticos y la apuesta del gran capital, no fue por la pretendida injerencia rusa en el hackeo de las elecciones sino por la gran masa de desocupados y empobrecidos trabajadores que quisieron escuchar en sus cantos de sirena proselitistas una promesa cierta: el renacer de la gran potencia y la recuperacin de los beneficios perdidos. Ahora bien: nada indica realmente que ese bienestar puede recuperarse, porque la forma que el sistema-mundo ha ido alcanzando con el actual imperialismo globalizado -a costa de los trabajadores de todo el orbe, incluido los estadounidenses- no parece posible de ser revertido. Volvern acaso las otrora fbricas del pujante Cinturn de Acero del Medio Este al ahora empobrecido y abandonado Cinturn Oxidado? Dejarn los megacapitales de los parasos fiscales de hacer sus negocios financieros para volver a invertir como los cuqueros recin desembarcados del May Flower?

No parece posible que Trump lo pueda lograr. Ms an: nada indica que 1) lo quiera lograr, ms all de las insustanciales promesas de campaa, y 2) que le sea realmente posible hacerlo. Quin da las rdenes finalmente?

La clase dominante de Estados Unidos, esa selecta oligarqua que dispone de casi la mitad de la riqueza de la humanidad, no tiene color partidario: no importa si gobierna un demcrata o un republicano. Lo que cuenta, ante todo -y para defender eso estn las armas- es la ganancia empresarial. Lo dems es anecdtico.

Incluso en esa clase poltica no hay sustanciales diferencias. Habra, se nos dice, palomas y halcones -expresa Samir Amin- en los dos campos, republicanos y demcratas, que dominan el Congreso y el Senado. El primero de estos calificativos es, sin duda, exagerado; se trata de halcones que reflexionan un poco ms antes de embarcarse en una nueva aventura. Y la aventura est clara: la clase dominante de Estados Unidos apuesta por ese nuevo siglo americano. Si China y Rusia se muestran como obstculo (la Unin Europea ni Japn lo son), vern cmo intentan vencerlas.

Qu har Trump en este complejo escenario geopoltico, con una poblacin propia bastante golpeada en lo econmico, con un dlar que se mantiene artificialmente y con las provocaciones blicas hacia sus enemigos que le lega su antecesor, Barack Obama?

Es difcil, o imposible, saberlo. Insistamos: Donald Trump es impredecible (millonario excntrico?). Pero hay indicios de por dnde podr ir. Por lo pronto, retomando lo primeramente expresado en el presente texto, para el campo popular fuera de Estados Unidos no hay ninguna buena noticia en el horizonte. Por lo pronto sus incendiarias declaraciones -posibles o no de ser cumplidas, no importa- respecto a un muro para separar el pas de su vecino Mxico ya es un ms que claro indicio. Las manifestaciones xenofbicas en relacin a los inmigrantes irregulares de Latinoamrica, los funcionarios que ha ido nombrando para el gabinete (de derecha recalcitrante), la amenaza de revisar la anterior poltica para Cuba, lo dicho en relacin a revisin de polticas sociales internas como el seguro mdico o las medidas medioambientales, son todos indicadores de su verdadero proyecto. Si se ha dicho que es un populista, ello debe ser puesto muy entre comillas: es, ante todo, un buen vendedor de fantasas.

Los grandes factores de poder (bancos, industria militar, compaas petroleras) son siempre quienes se benefician del Estado de ese pas, hablndole al odo al presidente. Cuando la bancarrota de algunas casas crediticias, o de la General Motors Company, por ejemplo, fue el gobierno el que sali a su rescate con casi un billn de dlares, cosa que no sucedi con los perjudicados por las hipotecas txicas cuando perdieron sus casas en la crisis del 2008. Y si bien el saliente presidente Obama recibi el Premio Nobel de la Paz, disciplinadamente emprendi todas las guerras que la industria blica le solicit. Pero si el presidente de turno no est alineado con ese complejo militar-industrial, tal como fue el caso de John Kennedy, quien quera terminar la guerra de Vietnam, se le peg un balazo en la cabeza. As de simple.

Para que esos beneficios de la clase dirigente estadounidense no decaigan (o al contrario: sigan creciendo!), el campo popular del mundo no sale bien parado.

Con el solo hecho de haber manifestado que los inmigrantes indocumentados son sinnimo de delincuentes, se ve por dnde perfilar Trump su preocupacin por los pobres del mundo. Pero, por qu esperar que fuera distinto?

https://www.facebook.com/marcelo.colussi.33

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 



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