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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-01-2017

Traficantes de Sueos publica la obra colectiva Luchas autnomas en los aos setenta
Asambleas, huelgas y autonoma obrera en las fbricas del posfranquismo

Enric Llopis
Rebelin


El historiador y militante anarquista Miguel Amors sealaba en un artculo de hace una dcada -incluido en el libro recopilatorio Golpes y contragolpes (Pepitas de Calabaza, 2006)- la llegada del gran momento de la autonoma obrera en el estado espaol. La resistencia del rgimen franquista a cualquier veleidad reformista hizo que las huelgas a partir de la del sector de la construccin en Granada, en 1969, fuesen siempre salvajes y duras, imposibles de desarrollarse bajo la legalidad que queran mantener los estalinistas. As las cosas, una parte del proletariado que rechazaba el capitalismo ya no quera esperar logros de sus representantes legales en las puertas de la Central Nacional Sindicalista (CNS). Su planteamiento era ms ambicioso: la accin directa. Esto supona la constitucin de asambleas de fbrica, en el tajo y en el barrio, adems de la eleccin de delegados sin intermediaciones y con carcter revocable. No slo se defenda sin fisuras la soberana de la asamblea, sino que se extendi la tctica de forzar al patrn a que negociara con los delegados de sta. La lucha se extenda a todo el ramo productivo y la huelga se converta en huelga general, objetivo que cada vez conquistaba ms adeptos, mediante los 'piquetes', explica Amors.

Cuatro dcadas despus podra parecer inverosmil, pero en 1976 la trada de ideas subversivas -autoorganizacin, autogestin generalizada y revolucin social- podan, segn el autor de Durruti en el laberinto o Los situacionistas y la anarqua, revestir fcilmente una expresin de masas inmediata. Proliferaron los consejos de fbrica vinculados a los barrios. No se trataba de un movimiento pueril ni inocente, que no evaluara de manera crtica las fuerzas propias y las del enemigo; tan es as que, subraya Miguel Amors, ese modo de accin autnoma debi de causar verdadero pnico en la clase dominante, pues ametrall a los obreros de Vitoria, liquid la reforma continuista del franquismo, disolvi el sindicato vertical con las Comisiones adentro y legaliz a los partidos y sindicatos.

El socilogo e historiador Emmanuel Rodrguez Lpez confirma en el libro Por qu fracas la democracia en Espaa. La Transicin y el rgimen del 78 (Traficantes de Sueos, 2015) que no resultaba sencillo encontrar una coyuntura en que la huelga general masiva, prolongada y de salida incierta estuviera tan prxima. Y no slo por los sucesos de Vitoria, donde el tres de marzo de 1976 la polica armada asesin a cinco personas (otras 150 resultaron heridas de bala) durante una jornada de huelga general. La mayor oleada de paros del franquismo se extendi en el invierno de 1976 por el territorio espaol, de modo que ms de un milln de obreros tomaron parte en conflictos como los del Baix Llobregat, Sabadell, cuencas mineras de Asturias, astilleros de Gijn, Mlaga, Sevilla, el cinturn industrial y los principales servicios de Madrid, la construccin y el metal de Barcelona, la construccin de Valladolid, el metal de Valencia... Coordinado por la Fundacin Espai en Blanc, el libro Luchas autnomas en los aos setenta. Del antagonismo obrero al malestar social (Traficantes de Sueos) profundiza en este periodo de fuerte aspiracin a la autonoma y autoorganizacin obrera.

Las batallas revestan una dureza enorme. Antes de las ocho de la maana del lunes 21 de julio de 1970, un nmero considerable de albailes granadinos fueron llegando y concentrndose en el bulevar, frente al edificio del Sindicato, hasta llegar a los 6.000 (12.000 si se suman los pueblos del entorno). Un mes antes haban comenzado las negociaciones del nuevo convenio de la construccin. Un antiguo obrero, Pedro Ortega, explica en sus memorias lo que ocurri ese da: Hasta entonces la polica nos atacaba con las porras y los botes de humo, pero de pronto empezaron a disparar los tiros, primero al aire y despus a todo lo que se mova; murieron entonces los tres compaeros (). Cada cual empez a refugiarse donde poda, carreras por las calles, lanzamiento de ladrillos, detenciones.... Se contabilizaron decenas de heridos, muchos por disparos en las piernas o en zonas vitales, explica Remigio Mesa Encinas en uno de los captulos de Luchas autnomas en los aos 70. El martes 22 de julio continu la huelga. En el estado espaol y en Europa destacaron las muestras de solidaridad con los albailes granadinos: dinero para ayudar a los familiares de los muertos, heridos, represaliados y despedidos; y tambin dinero para continuar con la lucha. El nuevo convenio colectivo provincial se firm el tres de agosto. Los resultados fueron, sobre el papel, mediocres, recuerda Remigio Mesa, pero algunas partes del convenio se hicieron cumplir en la prctica por la presin de los trabajadores. Tambin del conflicto se extrajo un aprendizaje comn: el potencial de la asamblea para la movilizacin.

Felipe Pasajes aborda otro ejemplo de los conflictos de la poca en Arqueologa de la autonoma obrera en Barcelona (1964-1973). Aunque los procesos en la capital catalana, a principios de los aos 70, no difieren demasiado de lo ocurrido en el resto del estado: El PCE intentaba convertir las comisiones obreras en la correa de transmisin del partido, reducindolas a un estrecho antifranquismo y lucha por la democracia. Pero a esta tendencia escapaban una multiplicidad de ncleos obreros: Comits de Fbrica de Guipzcoa, Accin Obrera en Vitoria y Vizcaya, Unin de Hermanos Proletarios en Madrid, CRAS en Asturias, ncleos obreros en Valladolid, Palencia y Len... La presencia de estas organizaciones se concretaba en experiencias de lucha en las fbricas: Laminaciones de Bandas en Fro de Echevarri, en Vizcaya (enero-mayo de 1967); Blansol, en Barcelona (noviembre y diciembre de 1968), Authi en el polgono de Landaben, en Pamplona (marzo de 1970) o la huelga de la construccin en Granada. Ms all de la diversidad de grupos, muchos historiadores han visto en la eclosin de las primeras Comisiones Obreras, en 1962, el primer momento de la autonoma. Felipe Pasajes apunta las razones: La clase obrera espontneamente se autoorganiza para reivindicar sus derechos al margen de los cauces establecidos por la dictadura: Sindicato Vertical (CNS) y Convenios Colectivos.

Otro episodio insoslayable fue la huelga en la factora de sanitarios Roca, entre noviembre de 1976 y febrero de 1977. Albert Alonso Quiones resalta en el libro de Traficantes de Sueos que en el municipio de Gav, en la comarca catalana del Baix Llobregat, se produjo un conflicto clave de la Transicin espaola. Durante 96 das los obreros de Roca decidieron autoorganizarse y se negaron a trabajar en solidaridad con unos compaeros despedidos. El captulo dedicado a la huelga de Roca recoge el testimonio de los obreros en los estertores del conflicto: Durante 95 das hemos estado a la cabeza del movimiento obrero en Catalua y, en cierta media, en toda Espaa; en unos momentos en que ese movimiento se ve acosado por todas partes, quieren convencernos a los trabajadores de que nuestros problemas se han acabado con la reforma poltica o que, en todo caso, ya se encargarn los reformistas de resolverlos; hemos dejado bien claro que, ahora ms que nunca, es la hora de luchar. Tras la vuelta al tajo, se tena que negociar el convenio, y la empresa haba puesto condiciones: no negociar con obreros si no haban sido electos en votacin secreta. Los delegados lograron finalmente un aumento del 29%, subraya Albert Alonso, siete puntos por encima de los mximos establecidos en los Pactos de la Moncloa.

El historiador Miguel Garau aborda la lucha de los estibadores del puerto de Barcelona a partir del 12 de diciembre de 1976, que se agrega a la ristra de conflictos desplegados a partir de 1969-1970: Blansol, Harry Walker, Bultaco, Roca... Pero adems marc un hito en la onda larga: con el conflicto de los portuarios y los que siguieron en este sector en el periodo 1979-1988, asistimos al principio del fin del ciclo de luchas autnomas que comenzara en el estado espaol en 1969-1970. Cmo caracterizar la realidad de las fbricas en la poca? Para una nueva generacin de jvenes, sta se poda asimilar a una suerte de despotismo franquista, explica Pablo Csar Carmona, uno de los fundadores del Observatorio Metropolitano de Madrid y actualmente regidor por la formacin Ahora Madrid. La disciplina esclavista de la cadena de montaje, a la vez que la dictadura negaba los derechos ms bsicos, condujo a formas de lucha basadas en el sabotaje y el absentismo. Plataformas, una organizacin obrera de Barcelona, editaba Boletines que inclua una manual de cmo hacer mal las cosas; tambin de cmo ser lo menos sistemtico posible en la cadena. Adems no fueron tcticas de escaso recorrido. Pablo Carmona invoca dimensiones de epidemia en acciones que ralentizaban la produccin, la hacan defectuosa o se basaban en laborar de manera ms cmoda. En la factora de Ford en Almussafes (Valencia), la produccin se resenta durante el ao 1977 en los picos de malestar obrero. En esas circunstancias, la produccin de coches se poda reducir de 1.104 diarios a 700; y de estos, como mnimo la mitad salan daados e inservibles de la cadena.

Las mujeres adquirieron un fuerte protagonismo en algunos de los conflictos. Por ejemplo, en la huelga de la factora Roca su lucha result determinante; uno de los aspectos en los que se manifest esta labor fue la organizacin del poblado de Roca, construido junto a la fbrica. En Madrid, la participacin femenina revisti especial importancia en la huelga sostenida en la fbrica textil de Induyco. Otro frente significativo fue el de los presos, que analiza en el libro el colectivo de Sants La ciutat invisible. El ttulo Subirse al tejado: las revueltas de los presos sociales en la Transicin- ya sugiere el peso de la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL) y el sentido de las reivindicaciones. Uno de los orgenes de estas se sita en el Real Decreto de Amnista aprobado en julio de 1976 por Adolfo Surez, para presos por motivos polticos no imputados en delitos de sangre. Los reclusos comunes fueron ninguneados con la medida. Al da siguiente, las pancartas que en los tejados de la crcel de Carabanchel exhiban los reclusos de la sptima galera, anticipaban aos de dursima batalla: Amnista total, Indulto para los comunes, Pedimos una oportunidad Se produjeron rplicas en las crceles de La Corua, Crdoba y San Sebastin. Con este captulo concluye la primera parte del libro de Traficantes de Sueos. El segundo bloque penetra en la actualidad, potencia y lmite de los movimientos autnomos, con aportaciones del Sindicato de Obreros del Campo (SOC), la experiencia de Socialismo o Barbarie, el Colectivo Situaciones o La Guillotina, sobre la autonoma en Mxico.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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