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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2017

En las puertas del nazismo

Marcelo Colussi
Rebelin


I

El sistema capitalista ha impulsado prodigiosos avances en la historia de la Humanidad. El portentoso desarrollo cientfico-tcnico que se viene experimentando desde hace dos o tres siglos, que ha cambiado la fisonoma del mundo, va de la mano de la industria moderna surgida a la luz del capitalismo. Problemas ancestrales de los seres humanos comenzaron a resolverse con estos nuevos aires, que desde el Renacimiento europeo en adelante se expandieron por todo el planeta.

Pero ese monumental crecimiento tiene un alto precio: el modo de produccin capitalista sigue siendo tan pernicioso para las grandes mayoras como lo fue el esclavismo en la antigedad. Para que hoy un 15% de la poblacin mundial goce las mieles del progreso y la prosperidad (oligarquas de todos los pases y masa trabajadora del Norte), la inmensa mayora planetaria pasa penurias. Con el agravante cosa que toda la anterior historia humana no present de la catstrofe medioambiental que su insaciable afn de lucro ha producido. No olvidar que para constituirse como sistema con mayora de edad debi masacrar millones de nativos americanos y africanos, produciendo as la acumulacin originaria que posibilit la industria moderna en Europa. En sntesis: el capitalismo es sinnimo no tanto de desarrollo y prosperidad, sino de muerte y destruccin.

Ahora bien: ese desarrollo material fabuloso no logra repartir equitativamente, con autntica solidaridad, los productos de su colosal produccin: se llega al planeta Marte o se desarrolla inteligencia artificial ms inteligente que la misma inteligencia humana, pero no se puede acabar con el hambre. Sin dudas, algo anda mal en el sistema capitalista. Y no se trata de algn error coyuntural, alguna tuerca suelta que se pueda ajustar: el problema es estructural, de base.

Dicho de otro modo: el sistema capitalista no puede ofrecer soluciones reales a los problemas de toda la Humanidad. No puede, aunque quiera, pues en su esencia misma estn los lmites: como se produce en funcin de la ganancia, del lucro personal del dueo del capital, el bien comn queda relegado. Por ms que lo intente capitalismo de rostro humano, medidas caritativas para los ms necesitados, vlvulas de escape para permitir algunas mejoras paliativas el sistema en su conjunto se erige 1) en contra del colectivo, al que convierte en esclavo asalariado explotndolo en forma inmisericorde, y 2) en contra de la naturaleza, a la que convierte en una mercadera ms para consumir, obviando as que si la destruimos nos quedamos sin casa donde vivir.

Como sistema, el capitalismo tiene momentos de expansin y de repliegue, pues la produccin no est planificada. Se supone que la mano invisible del mercado la regula; pero esa mano no resuelve a favor de las grandes mayoras, sino siempre en funcin de los capitales. Por tanto, peridicamente se asiste a crisis sistmicas generales, que siempre terminan pagando los ms desposedos (es decir: las mayoras populares).

Ahora, desde 2008, se cursa una de las ms grandes de esas crisis, comparable a la de 1930 en el pasado siglo. La especulacin financiera sin par llev a un quiebre de las economas, produciendo una recesin fenomenal que empobreci ms an a los ms pobres, haciendo desaparecer enormes cantidades de sectores medios y acabando con numerosos puestos de trabajo. El sistema no termina de salir de su marasmo, aunque los grandes capitales en aprietos (bancos de primer nivel, grandes empresas industriales como la General Motors) s reciben asistencia de sus Estados, en tanto las grandes masas de empobrecidos tienen que ajustarse ms el cinturn y resignarse. En otros trminos: las ganancias quedan siempre para el capital, las prdidas se socializan y las paga la clase trabajadora, el pobrero en su conjunto.

II

En las potencias capitalistas (Estados Unidos, Europa Occidental, Japn), la crisis se siente de una manera distinta a como afecta en los pases histricamente empobrecidos (el Sur, el antes llamado Tercer Mundo). El fantasma en juego en el Norte no es, exactamente, el hambre; pero s la precarizacin de la vida, la falta de trabajo, el estancamiento econmico. La pobreza, de todos modos, siempre es pobreza. Los planes de capitalismo salvaje de estas ltimas dcadas (eufemsticamente llamado neoliberalismo), adems de acumular ms riquezas en los ya histricamente ms ricos, pauperizaron de una forma alarmante al conjunto de trabajadores en todas partes del mundo.

Por una combinacin de causas (planes neoliberales de ajuste hacia las masas trabajadoras, robotizacin creciente que prescinde de mano de obra humana, traslado de plantas industriales desde la metrpoli hacia la periferia buscando condiciones de mayor explotacin), los trabajadores del llamado Primer Mundo vienen sufriendo un descenso en su nivel de vida. En Estados Unidos, la primera potencia capitalista mundial, ello es ms que evidente en estas ltimas dcadas.

Si bien el pas no dej de ser un gigante, la calidad de vida de sus ciudadanos no est en franca mejora, en expansin, como pas por varias dcadas despus de terminada la Segunda Guerra Mundial. De ser la locomotora de la Humanidad, como se la consider por largos aos, la economa estadounidense no est en sana expansin. El hiperconsumismo sin freno en que entr llev a un hiperendeudamiento (a nivel personal-familiar y a nivel nacional) tcnicamente impagable. El poder de Estados Unidos viene asentndose, cada vez ms, en ser el grandote del barrio: la discrecionalidad con que fij su moneda, el dlar, como patrn econmico dominante a escala planetaria, y unas faranicas fuerzas armadas que representan, ellas solas, la mitad de todos los gastos militares globales, son los soportes en que se apoya su actual grandiosidad. Pero la misma no es sostenible en forma sana, genuina. En otros trminos: la principal potencia capitalista del mundo tiene, de alguna forma, pies de barro. La interdependencia de todos los capitales que fue tomando el sistema a nivel global permite a la clase dominante estadounidense seguir teniendo supremaca, y su Estado funciona como gendarme del orden mundial, ahora sin fantasma del comunismo a la vista. Pero su dependencia de capitales de otros puntos (China, Japn) es vital.

Por otro lado, su monumentalidad se basa, en muy buena medida, en los recursos naturales que roba en distintas latitudes (petrleo, minerales estratgicos, agua dulce, biodiversidad), por lo que sin ese militarismo desbocado causa de muertes por millones, de destruccin, de avasallamiento de grupos ms vulnerables su supremaca econmica no sera tal. James Paul, en un informe del Global Policy Forum, lo dice sin ambages: As como los gobiernos de los Estados Unidos. () necesitan las empresas petroleras para garantizar el combustible necesario para su capacidad de guerra global, las compaas petroleras necesitan de sus gobiernos y su poder militar para asegurar el control de yacimientos de petrleo en todo el mundo y las rutas de transporte.

Pero esa economa prspera de las dcadas del 50 y del 60 del siglo pasado se termin. Estados Unidos, que de ningn modo ahora es un pas pobre, est en decadencia. Los homeless (gente sin hogar) son cada vez ms. Los trabajadores que han perdido sus puestos, y con ello todos los beneficios sociales, se cuentan por millones. Industrias florecientes de hace algunas dcadas, ahora languidecen, pues para el capital es ms rentable invertir en la periferia, con salarios de hambre, que en el propio territorio estadounidense.

Para ejemplo icnico de todo esto: la ciudad de Detroit. La que algunas dcadas atrs fuera el centro mundial de la produccin de automviles, que nucleaba todas las grandes empresas de capital netamente norteamericano con casi tres millones de habitantes, ahora es una ciudad fantasma, con apenas trescientos mil pobladores, con fbricas cerradas, entre pandillas y calles sin luz. Por qu? Porque lisa y llanamente el capital no tiene patria, no tiene nacionalismos sentimentales. Si los accionistas de la General Motors, la Ford Company o la Chrysler encuentran que les es ms lucrativo montar sus plantas industriales en cualquier enclave del Tercer Mundo dejando en la calle a sus propios trabajadores estadounidenses, no tienen ningn reparo en hacerlo. Y de hecho, eso es lo que han hecho.

Esa es la situacin que viene dndose en Estados Unidos, y tambin en otros pases de Europa Occidental: los trabajadores van empobrecindose. Es por ello que votaron a favor de la salida de la Unin Europea por parte de los britnicos (as como quieren hacerlo tambin en Francia y en Holanda), o a favor de un ultraderechista como Donald Trump en Estados Unidos. El motivo para esa creciente derechizacin es el deterioro de la economa que, por supuesto, afecta a la clase desposeda y no a las oligarquas.

III

Aqu es donde entra a jugar un agravante extremadamente pernicioso: la ideologa dominante, por supuesto de derecha y conservadora. De acuerdo a esta tendenciosa visin de las cosas, se omite la verdadera causa de esta creciente pauperizacin, buscndose un chivo expiatorio. El mismo est dado por los extranjeros, aquellos que, segn esa deleznable ideologa, van al Primer Mundo a robar puestos de trabajo y a aprovecharse de la seguridad social.

En otros trminos: un otro distinto, proveniente de fuera del colectivo dominante, es puesto como causa de los males. Se est ah ante el inicio del nazismo.

En la Alemania de la post guerra del 1918, ante su derrota y humillacin a manos de las otras potencias europeas que le ganaron en la carrera por el reparto de las colonias africanas, fue apareciendo un espritu revanchista. Adolf Hitler, independientemente de su posible psicopatologa, encarn ese ideal. El Fhrer deca lo que buena parte de la poblacin alemana quera escuchar; l, como ninguno, supo levantar el ultrajado nacionalismo pangermnico, llevando el ideal teutn de raza superior como estandarte privilegiado. Para el caso, los judos ocuparon el lugar de chivo expiatorio.

No puede decirse que los movimientos nazi en Alemania, o fascista en Italia, con Mussolini a la cabeza, sean atribuibles solo a la personalidad desequilibrada de lderes carismticos; eso puede ser un elemento, pero definitivamente ellos representaban el ideal de buena parte de la poblacin. Los alemanes queran recuperar el tiempo perdido, la moral pisoteada en la derrota de la Primera Guerra Mundial: ah apareci entonces esa loca idea de la eugenesia, y de un blanco al que atacar, supuesto fundamento de todos los males y desgracias. Los campos de concentracin atestados de judos fueron el resultado de ello.

En los Estados Unidos actuales (y en buena parte de Europa Occidental que no termina de salir de la crisis financiera iniciada en el 2008) est sucediendo algo similar: una clase trabajadora golpeada, en camino de empobrecimiento paulatino, necesita encontrar una razn de sus males. El sistema, a travs de los fabulosos medios de manipulacin que dispone (medios masivos de comunicacin, aparatos ideolgicos del Estado, iglesias varias) impide ver las causas reales de la situacin, poniendo a esos extranjeros en el lugar de los demonios que atacan. De esa forma, los inmigrantes indocumentados de Latinoamrica y el Caribe en Estados Unidos, o los africanos llegados en las infernales pateras a travs del Mediterrneo, as como musulmanes y gente del Medio Oriente, se van transformando en el elemento satanizado que representa la supuesta fuente de todas las desventuras.

Hoy da no hay campos de concentracin, ni en Europa ni en Estados Unidos; pero poco falta para ello. De alguna manera, esa exclusin de corte nazi ya comenz. Donald Trump, as como lo hizo Hitler en su momento, encarna esa misin redentora, purificadora: su lenguaje xenofbico, racista, ultranacionalista, quasi paranoico en algn sentido, rescata lo que una clase trabajadora golpeada quiere or. Fuera inmigrantes! es la consigna.

El mundo de la opulencia del Norte va tornndose cada vez ms hostil y refractario a los inmigrantes del Sur. No solo no quiere hispanos, negros o musulmanes; procede a deshacerse de ellos. El presidente Trump est empezando a poner en prctica esos valores, institucionalizndolos. Sus primeras medidas como mandatario de la Casa Blanca lo evidencian. La promesa del muro fronterizo con Mxico, ms all de una bravuconada pirotcnica de campaa, pareciera querer concretarse en la realidad. La negativa de permitir ingresar indeseables musulmanes a suelo estadounidense se inscribe en esa lnea.

En esa misma lnea, tambin comienzan a darse, cada vez con mayor frecuencia y virulencia, actos de corte nazi en Europa. Como expresin sintetizada de esto, lo recientemente ocurrido en los canales de Venecia, donde un joven negro de origen africano se ahog ante la mirada impvida de europeos que, incluso en algn caso, le proferan insultos racistas.

Todo esto bien pudiera ser el prembulo a nuevos Auschwitz o Buchenwald. Los chivos expiatorios la Psicologa Social nos lo ensea con claridad meridiana sirven justamente como elemento unificador para el grupo excluyente, que reafirma as su identidad supremacista excluyendo a los inferiores no deseables, satanizados como plaga bblica.

El Brexit en Gran Bretaa, o Donald Trump en Estados Unidos, expresan ese encono visceral (fascista) contra el otro distinto, malo de la pelcula que funciona como causa de todas las penurias, escamoteando las verdaderas causas del problema: el sistema capitalista.

Ms all que Trump pueda ser un megalomanaco con profundas desequilibrios psicolgicos, l representa lo que muchos ciudadanos estadounidenses comunes piensan, sienten, anhelan: volver a los tiempos dorados de su economa de 50 o 60 aos atrs, presuntamente arruinada por los inmigrantes ilegales. Se olvida as que Estados Unidos es, ante todo, un pas hecho por inmigrantes ( ver aleccionador video al respecto ). Y, fundamentalmente, se omite el verdadero problema en cuestin: el empobrecimiento de los trabajadores no es por culpa de esos indeseables extranjeros, sino producto de un sistema que no ofrece salidas.

El nazismo inici as en los aos 30 en Alemania, cuando un cabo del ejrcito, probablemente desequilibrado en trminos psicolgicos (eyaculaba solo dando sus discursos, emocionado como estaba), pudo ser el representante de lo que una mayora empobrecida quera hacer: renacer como raza superior. Donald Trump sigue ese camino: representa el ideal supremacista de los wasp (white, anglosaxon and protestant blanco, anglosajn y protestante). El Ku Kux Klan supremacista (equivalente a los campos de concentracin nazi y las cmaras de gas para judos) se siente ahora dueo de la situacin.

La llegada de Trump puede marcar un punto de inflexin en Estados Unidos. No est claro todava cmo y para dnde seguirn las cosas. Como mnimo, queda ms que evidente que para el campo popular no vienen los mejores tiempos. Es por eso que tenemos que estar extremadamente alertas a lo que siga, y prepararnos para enfrentar la locura en ciernes.

El capitalismo no tiene salida, y el nazismo, expresin afiebrada de un capitalismo enloquecido, es ms pernicioso an, porque hace del racismo su motor primordial. Preparemos para enfrentar la tormenta que se viene!


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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