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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2017

La comunicacin en las elecciones ecuatorianas

Adalid Contreras Baspineiro
ALAI


El proceso electoral ecuatoriano ocurre en un momento particular: el mundo est cambiando, desordenndose, poniendo en entredicho su diseo multipolar, porque empieza a esbozarse otro, bipolar, bicfalo y esquizofrnico, con la innegable presencia referencial de Pekn en paralelo a Washington; el libre comercio, mgica frmula de la hiperglobalizacin, se pone a prueba con las polticas ultraproteccionistas del modelo Trump y con los esquemas aggiornados de la exclusividad neoliberal regresiva en algunos pases latinoamericanos; los efectos del cambio climtico son devastadores y la voracidad del capitalismo no quiere hacerse responsable de sus causas y menos de sus soluciones; la inseguridad y la violencia rondan las cotidianidades, y los Estados Unidos condicionan su apoyo a la OTAN a cambio de una mayor inversin de los pases en gastos militares bajo el justificativo de la defensa comn, en un mundo que se lo est haciendo peligroso; y las construcciones de murallas son en realidad tendidos xenofbicos que pretenden coartar la circulacin humana y encerrar las economas, las culturas, las sociedades y las polticas en s mismas. Dnde queda el mundo multipolar abierto a todas las relaciones posibles en el planeta?

En este contexto de inestabilidad prolongada, profunda y sistemtica, se quiere generar en Amrica Latina una naturalidad caracterizada por la reprimarizacin de las economas, la erosin de los liderazgos nacionales y regionales especialmente de los gobiernos progresistas, la dinamizacin de procesos destituyentes de nuestras democracias, la hostilidad xenofbica explcita hacia nuestros ciudadanos, as como la clasificacin de nuestros pases como preferenciales o descartables y el debilitamiento de nuestros esquemas integracionistas.

Las expresiones de este diseo son inocultables como propsitos para el Ecuador, pas que, junto con otros de la regin, no se dej absorber por ese arrasador y desigualador sistema-mundo de la globalizacin excluyente. El mundo bipolar insiste en desordenar el modelo ecuatoriano que goza de fuerte arraigo popular. No es fcil para ellos ni sus representaciones locales. Por eso la frmula dominante del proceso electoral ha sido la guerra sucia, direccionada claramente a afectar cuatro espacios: la desacreditacin de la imagen del gobierno del presidente Rafael Correa; la desvalorizacin de la revolucin ciudadana como modelo de desarrollo; el cuestionamiento de su sistema constitucionalista garantista de los derechos ciudadanos y de la naturaleza, as como otras leyes, entre ellas la de comunicacin; y la desvirtuacin de los posicionamientos del binomio presidencial del Movimiento Alianza Pas liderado por Lenin Moreno y Jorge Glas, que en todas las encuestas, durante todo el proceso, aparece como la primera opcin.

En este marco, la comunicacin cumple roles muy activos que se mueven en los vaivenes de una contienda poltica embadurnada de la sofisticacin de las estrategias electorales y la apropiacin meditica de las diversas tecnologas, al punto que podemos afirmar que en este proceso se ha transitado de la tradicional estrategia centrada en la videopoltica, a una combinacin predominante entre el retorno de la poltica a las calles y la insercin ms sistemtica en el mundo virtual. Vamos a realizar una aproximacin a las principales caractersticas de estas formas comunicacionales de construccin de sentidos de sociedad, de poltica, de cultura y de espiritualidades, en estrecha correspondencia con las prcticas polticas de un proceso electoral en el que se confrontan proyectos y estrategias discursivas pugnando por el poder.

Cuando la telepoltica se pone en entredicho

Siguiendo la tradicin de las anteriores campaas que crearon un estilo y una costumbre electoral, la poblacin se haba preparado o ms bien resignado- para recibir las avalanchas publicitarias de las imgenes y promesas presidencialistas traducidas en spots de televisin, cuas radiales, artes de prensa, posters, vallas publicitarias y stickers pegados sin consulta en las ventanas de los carros por militantes bien uniformados con sus camisetas color de su partido y sus gorras con los nombres y fotos de sus candidatos, bien peinaditos ellos, lado a lado, en binomios estilo mormn.

La poblacin se haba preparado -o ms bien resignado- para exponerse a la tradicin marketizada de la tele o videopoltica, que lleg junto con la globalizacin aligerando los discursos comunicacionales, banalizando la vida, trasladando los acontecimientos polticos de las calles a los sets de televisin y cabinas de radio, con programaciones electoralistas de la extensin de un ocano y la profundidad de un dedo, adems de convertir el acto electoral en espectculo regido por los parmetros y lenguajes de don rating, el rey de las programaciones mediticas, que todo lo que toca lo convierte en mercanca.

La poblacin se haba preparado o ms bien resignado- para aquellos espacios mediticos donde no mandaban los candidatos sino los periodistas estrella y sus consabidos programas donde el lenguaje poltico de los oradores en las plazas y los balcones tuvieron que someterse a la dictadura del tiempo televisivo fatal, controlado por bocinas, chicharras, timbres o silbatos que sealan inclementes el tiempo cumplido. Los polticos tuvieron que amoldarse a los talk show bailando, cantando o, como aconsejaban sus asesores de imagen, generando empatas con los electorados en base a la sobrevaloracin de las formas y las estticas, porque -segn argumentaban- ya las ciudadanas de la sociedad de la informacin no gustaban del discurso, sino de las confianzas subliminales proyectadas por esas fbricas de telepresidentes y teleparlamentarios.

La videopoltica es un tinglado bien estructurado de investigacin y planeacin de un estilo de comunicacin combinado entre difusin y retroalimentacin, basado en el marketing electoral encargado del posicionamiento de las imgenes de los candidatos y eventualmente en el marketing poltico, responsable de la armonizacin entre las expectativas del electorado y las promesas presidenciales. Por alguna razn que algn da se tendr que saber explicar, la generalidad de las estrategias parten del principio que al electorado no le interesan los programas, ni las ideologas, ni los debates, sino tan solo mensajes que les den seguridad y esperanzas en sus grandes temores como el desempleo, o el encarecimiento del costo de vida, o el pago excesivo de impuestos. Y por eso, como ocurre en el proceso electoral ecuatoriano, las campaas se limitan a promover la imagen salvadora de los candidatos y a exponer promesas celestiales con visos de eslganes reiterados en palabra y simbologa hasta el cansancio, para que calen en las mentes de los electores.

Con la telepoltica, los sets de los medios ya no eran slo cabinas de grabacin y de difusin, sino los espacios mismos de realizacin de la accin poltica, donde se hacan y decidan los alcances de las tcticas y estrategias electorales. Y, alrededor de ellos, revoloteando como aves de rapia, la agresividad incontrolable de los spots reiterados hasta la saciedad, decidan los sentidos polticos en una guerra desenfrenada que ilusionaba a los candidatos, encandilaba a los militantes y llenaba las arcas de los medios y de los publicistas. En complemento, los y las periodistas estrella refulgan ms que los candidatos, fabricando realidades y decidiendo tendencias electorales apoyados en los datos de las percepciones ciudadanas estratgicamente manejadas, a pedido del cliente, por las empresas encuestadoras.

En el actual proceso electoral, ya los spots no sobresaturan los espacios mediticos y los medios se han tenido que reubicar en tres sentidos: Uno que pretende extender el set como espacio de realizacin de la poltica, para lo cual los medios han multiplicado programas de entrevistas de vida efmera, que duran mientras transcurre el perodo de las elecciones. Son programas que no lograron generar debate, salvo espordicos casos en los que la disputa no apareca como parte normal de la contienda poltica, sino como situaciones que se les escaparon de las manos a periodistas ms preocupados/as por el control de los tiempos antes que por la explicacin y anlisis de las propuestas. Otro sentido est relacionado con un retorno de los medios a la informacin, con las caractersticas de la construccin discursiva en procesos polticos, en los que cada periodista y medio construye sus verdades seleccionando o enfatizando los temas en palabras e imgenes. Como fuere, en la medida que la poltica volvi a hacerse en las calles, los medios tuvieron que salir de los sets para buscar la noticia. Y el tercer sentido, que en realidad es un arrastre de la videopoltica, los y las periodistas no se resistieron a direccionar las respuestas a sus preguntas atentamente preseleccionadas; tampoco dejaron de opinar con intervenciones a veces ms largas y aguerridas que las de los entrevistados; y no dejaron de incitar a tomar acciones.

A modo de cierre de esta parte del anlisis, digamos que las encuestas ya no estn pesando tanto como en anteriores elecciones, puesto que las verdades tendenciales ya no dependen slo de ellas sino tambin de las manifestaciones en las calles y de la informacin que navega en el ciberespacio. Finalmente, no podemos dejar de mencionar que la identificacin poltica de los periodistas, los cotiza como personalidades con popularidad, lo que ha dejado como herencia en estas elecciones a una legin de ms de una docena de periodistas candidatos/as para asamblestas.

Entre la rua y la ciberpoltica

La poblacin se haba preparado o ms bien resignado- para el circo electoral meditico, pero la historia de las estrategias electorales, sin anuncio previo, decidi cambiar los estilos (ms no as tanto los paradigmas), con un retorno de la poltica a las calles (ruapoltica), tomada del brazo de la insercin ms sistemtica de la poltica en los medios virtuales (ciberpoltica)

Y entonces los candidatos estn caminando las calles y visitando los mercados, gastando sus manos de tanto saludo pater/mater-nalista, sus rostros de tanta sonrisa y sus gargantas de tanto discurso que, sin embargo no retorn plenamente al lenguaje de la relacin presencial, porque no se baj del manejo emocional de las palabras, ni pas nunca de las promesas celestiales a las realizaciones efectivas de programas polticos que no se conocen, porque no se los expusieron.

En estas condiciones, se trata de un retorno simblico y parcial de la poltica a las calles, porque las construcciones discursivas no se recrean en las cotidianeidades de la gente, sino que las utilizan como su argumento participativo, al estilo feed back o retroalimentacin, que no influye en las propuestas prefabricadas. Por tanto no se trata de un cambio de paradigma del espectculo al dilogo, sino de un reacomodo del estilo del espectculo televisivo al espectculo de la calle. Se argumenta y se debate poco. Prima el sentido persuasivo del paradigma difusionista de la comunicacin, que busca modelar conductas y decisiones.

Pero as y todo, con estas limitaciones el retorno de la poltica a las calles es una experiencia renovadora de la poltica, de los/las polticos y de la ciudadana. En estas situaciones, la comunicacin construye sus discursos en mediaciones de la palabra que discurre adaptndose a las formas de hablar, relacionarse, intercambiar y ser de la gente en sus contextos particulares. Es distinta la experiencia de sentarse frente al televisor para ver/escuchar a los candidatos, que tenerlos al lado, estrecharles la mano, medir sus gestos, calibrar su mirada, apreciar sus mensajes y, en ocasiones, hasta ser escuchado. Aun con limitaciones, la poltica gana en su engentamiento (llenarse de gente)

En una relacin todava diseada con caminos paralelos y algunos puntos de contacto, la ruapoltica se encuentra con la ocupacin ms sistemtica del ciberespacio con estilos de ciberpoltica que calzan bien en el sentido transicional de la poltica en las elecciones ecuatorianas, asentndose ms en la catalizacin de la capacidad multiplicadora y de convocatoria de las redes sociales que en estrategias como la pionera de Obama en el 2008, que inaugur un estilo de poltica virtual, definiendo el sitio web como eje de la estrategia y fuente de informacin inagotable con datos infinitos divulgados en tiempo real para su consumo y reproduccin por otros medios, virtuales y masivos.

La ciberpoltica en las elecciones ecuatorianas se caracteriza ms que por estrategias por un aprovechamiento pragmtico de las bondades de las conexiones virtuales, aprovechando su capacidad de construccin discursiva ms emocional que racional y ms enunciativa que argumentativa, tpica de las redes sociales; as como dinamizando su capacidad de (auto)convocatoria y de sui gneris formas de participacin ciudadana.

Como se sabe, las redes sociales promueven la apropiacin productora de discursos por quienes, ubicados en cualquier punto del espacio, se convierten en factores de opinin y de generacin de discurso, y ya no tan solo en electores a ser convencidos, validos de un soporte tecnolgico, llmese computador, o tablet, o celular, mediante el cual con un click se conectan al mundo virtual en hipervnculos de redes que operan como factores de movilizacin, siguiendo, retocando, complementando o generando los millardos de notas o memes que se viralizan y se hacen tendencia, fabricando as sus realidades, sin importar si stas son o no reales, o si son o no medias verdades. Lo que interesa es que ciudadanos identificados o annimos convierten los mensajes en estatuto de sentidos polticos.

Aun sin un manejo suficientemente sistemtico ni estratgicamente proyectados, las pginas web y los portales se han convertido en fuente inagotable de datos infinitos para otros medios, al punto que la mayor parte de los anlisis que trascienden la informacin y el relato de los procesos se encuentran en activos blogs que sostienen puntos de vista de las diferentes tendencias.

A diferencia de estos mecanismos, la internet y las redes sociales operan como espacios de intercambio y circulacin de mensajes legitimando un lenguaje poco alineado a la accin poltica o a la accin comunicativa que se caracterizan por su capacidad argumentativa. Este estilo, ms emocional que racional, calza bien en un escenario electoral en el que no se debaten programas sino slo se recitan promesas, o en el que en lugar de planes de realizacin se subliman las cualidades de supermanes o superwomen de las historias de vida de los/la candidatos/a.

Batallas por la significacin en tiempos de guerra sucia

Lo poco que se ha podido apreciar de los programas electorales encubiertos por las campaas centradas en los posicionamientos de las imgenes presidenciales y de las promesas electorales, muestra que la generalidad de las propuestas gira en torno a la poltica estatal vigente con la presidencia de Rafael Correa, que opera como un espejo en el que inevitablemente se miran los diferentes candidatos, ya sea para profundizarlo, descalificarlo o trozarlo.

Los caminos implcitos dicen que o se profundiza los rumbos de la revolucin ciudadana con el binomio Moreno-Glas; o se le entornillan reformas y reubican procedimientos si triunfara el Acuerdo por el Cambio liderado por Paco Moncayo; o se retorna al viejo pas, el de los modelos neoliberales de ajuste estructural con las candidaturas de Lasso-Pez de la coalicin Creo-Suma o la de Viteri-Pozo del Partido Social Cristiano. Las otras candidaturas no estn opcionadas como posibilidades para la presidencia, por lo que juegan sus cartas a lograr curules en la Asamblea inspirados en la experiencia del impeachment brasilero y la cotidianeidad venezolana de un parlamento-tranca, aspirando a desarrollar acciones ms all de su funcin legislativa, operando como un para-estado.

As estn las tendencias, que no acaban de definir un proyecto, otro, de pas. Prcticamente no se debate sobre esto, porque los posicionamientos discursivos, ganados por la guerra sucia, estn entrampados en el ataque desacreditador aclaracin defensa contraataque sobre casos de corrupcin intencional y cuidadosamente escarbados para ser presentados en los momentos, escenarios, espectculos y voceros trabajados con el propsito de provocar conmociones en un electorado altamente indeciso.

Predomina el discurso de oposicin y est ausente o en extremo debilitado el de proposicin. La frmula mgica a la que apelan las oposiciones (en plural, porque estn fragmentadas), es el eslogan de cambio, como anuncio de superacin del modelo de la revolucin ciudadana construido en diez aos de gobierno del presidente Correa. Los caminos que exponen las oposiciones para el mentado cambio, son inocultablemente tcticas que guardan consonancia con las recetas del golpe blando en sus fases de ablandamiento o afectacin de las seguridades de la poblacin y de desacreditacin del gobierno con fines destituyentes.

Desde las oposiciones la campaa de desprestigio es intensa, densa, dispersa y sobreestimada, al punto que ms all de la vocacin del marketing poltico por confirmar militancias y atraer indecisos, pretende capturar adherentes del polo contrincante. Para este propsito las redes sociales y la ciberpoltica son inundadas de mensajes sin emisores identificados, para que el anonimato sea el legitimador de denuncias que se lanzan y revuelcan en ecos que despean bolas de nieve hasta convertirlas en aludes.

Pero a pesar de la intensidad de la guerra sucia, las encuestas le han otorgado desde un inicio el primer lugar a Alianza Pas liderado por Lenin Moreno, aunque no pareciera que pudiera ganar en primera vuelta. De aqu se desprende, adems, una aguerrida bsqueda de la segunda plaza para entrar en la posible segunda vuelta entre los conservadores Guillermo Laso y Cynthia Viteri, adems del general Paco Moncayo que aglutina sectores de la izquierda y movimientos sociales antisistmicos.

En este ambiente, a diferencia de la experiencia de otros pases en los que los candidatos oficialistas operaron con exceso de confianza en sus posibilidades de triunfo, la frmula del partido de gobierno ecuatoriano es proactiva, y no slo que opera defendiendo sus fortalezas, sino que (contra)ataca debilitando las percepciones sobre las huestes contrincantes y sembrando dudas sobre su legitimidad, en el sentido que el que est libre de culpas.

No se puede descartar la posibilidad de una segunda vuelta electoral que, sin duda, tendr otras caractersticas y exigencias discursivas. Ya no bastar la descalificacin porque el voto no se decidir por oposicin sino por la eleccin de un proyecto. Ya no ser suficiente argumento basar la descalificacin de la revolucin ciudadana exponiendo en grados extremos las dificultades de la poltica venezolana.

Las oposiciones tendrn que quitarse el velo y exponer sus programas que, ms all de las promesas celestiales, en su intencionalidad de recomponer el pas, tendrn que mostrarse en la realidad de sus proyectos de reforma estructural con la misma filosofa, intensidad y alcance de lo que se est desarrollando en la Argentina, o en el Brasil, donde el desmontaje de los gobiernos progresistas se hace a cambio de polticas de ajuste, rentabilidad privada, descapitalizacin, endeudamiento externo, alza de costos en los servicios bsicos, rentismo importador, eliminacin de las conquistas en polticas sociales y ambientales, desempleo, cuestionamiento del derecho a la comunicacin y desmontaje del constitucionalismo garantista de derechos.

La coyuntura electoral y sus proyecciones, son tambin una oportunidad para el reencaminamiento y profundizacin de la revolucin ciudadana en responsabilidad del binomio oficialista. En su campaa han enunciado una serie de medidas con este destino, una de las cuales debe ser el reencantamiento de la ciudadana con la sociedad del sumak kausay o del buen convivir en plenitud y armona.

Adalid Contreras Baspineiro es socilogo y comuniclogo boliviano. Ha sido Secretario General de la Comunidad Andina - CAN

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/183578



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