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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2017

Un Gibraltar del Vaticano

Pasqual Esbr
Rebelin


El estatuto vasco que se aprob por las Cortes surgidas del triunfo del Frente Popular, en febrero de 1936, haba sido precedido en 1931 por un proyecto conocido como el Estatuto de Estella, fruto de un pasteleo entre el PNV y el carlismo. Que se fraguara en Estella, capital de la sedicin tradicionalista, ya dice bastante de lo que representaba. Una de las propuestas que contena aquel proyecto, era que el gobierno de la autonoma vasco-navarra tuviera la posibilidad de concordar directamente con el Vaticano. La iniciativa se deba a que el carcter laico de la constitucin de la II Repblica, anulaba los privilegios de que gozaba la Santa Sede. En pocas palabras, concordar con ella significaba, y significa, que un estado (Espaa en ese caso) reconoce la tutela de otro, el Vaticano, sobre aquellos de sus ciudadanos de confesin catlica. Ni hay que decir que el franquismo restableci la relacin concordataria y la constitucin de 1978 no la modific.

La propuesta de peneuvistas y carlistas irrit sobremanera a Indalecio Prieto, diputado socialista por Vizcaya que, en sede parlamentaria, denunci que su aceptacin supona crear un Gibraltar del Vaticano.

Indirectamente Prieto pona el dedo en la llaga de algo ms que evidente, a saber, el tufillo clerical que siempre ha acompaado al nacionalismo vasco o cataln. Desde el Catalunya ser cristiana o no ser de Torras i Baiges, hasta el hecho de que el Aberri Eguna se celebre en la Pascua de Resurreccin. En este ltimo caso el mensaje es ms que claro: la nacin de Aitor resucitar como Jess. Y, ms all de nuestras fronteras, habra que preguntarse por qu el nacionalismo irlands escogi en 1916 la misma pascua para alzarse en armas. En diversos pases europeos, adems de Irlanda (Polonia, Eslovaquia, Lituania, Croacia), la alianza entre nacionalismo e Iglesia Catlica, ha sido ms que patente.

Curiosamente, al menos en Catalua, ha sido un lugar comn la denuncia del nacionalcatolicismo franquista (denuncia que comparto) pero, por aquello de la paja en el ojo ajeno, se olvida que el primer tinglado que intent montar Jordi Pujol se llamaba CC. Es cierto que eran los tiempos en que Claudia Cardinale causaba furor, pero dicen los entendidos que la repeticin consonntica obedeca a una referencia ms mstica: Crist, Catalunya.

Todo lo dicho estaba almacenado en algn rincn recndito de mi cerebro, hasta que una reciente entrevista en La Vanguardia (11/02/17) al monje de Montserrat Hilari Raguer, me condujo a la correspondiente asociacin de ideas.

Raguer se autodefine como historiador. Entendmonos, lo debe ser en el contexto de la historiografa romntica catalana, caracterizada por la mucha imaginacin y las pocas fuentes: Rovira i Virgili, Ferran Soldevila... tutti quanti. Vicens Vives se fue tempranamente al otro mundo creyendo que haba puesto remedio a la cosa. Descanse en paz. Se libr de leer a Culla i Clar o Agust Colominas. Atencin, Raguer no es de los que dicen que Coln o Teresa de Jess (quiz tambin Ivn el Terrible?) fuesen catalanes, pero nos ha bombardeado durante aos con una visin, digamos, sesgada de la historia catalana. ltimamente haba estado silencioso (al parecer por razones de salud), pero en la aludida entrevista se despacha a gusto. Sin entrar en detalles, vale la pena recuperar algunas perlas.

Por ejemplo, a propsito de los farolillos de Vic: No deben (los nios) estar al margen (de los actos independentistas), pero tampoco participar de la misma manera que un adulto. Ergo , farolillos. Montserrat siempre ha estado al lado del pueblo. Rajoy?, No creo que lo pusiramos en la lista de visitantes ilustres. En la que s debe estar Francisco Franco, recibido bajo palio, y cuyas odos debieron quedar muy halagados por el entonces abad Marcet con sus referencias a la espada victoriosa del Caudillo. Y Himmler lo est? Cuentan las crnicas que si el citado Marcet, y su segundo Escarr, no quisieron recibir a Himmler, no fue por una condena global al rgimen nazi, sino porque al parecer los benedictinos tenan problemas en el Reich. Puro gremialismo, vamos. Ganara el s, en un referndum?, Espero que s, aunque se deber preparar mucho el referndum. Hay una parte importante procedente de las inmigraciones que no tiene las razones histricas, sentimentales y culturales como las que pueda tener yo, por ejemplo. O sea, ojo con los charnegos.

En el bajo clero cataln siempre ha habido una connivencia con el nacionalismo. Conchabados con el carlismo en el XIX, vivieron la esquizofrenia que signific el franquismo, en la medida que nunca haban gozado de tantos privilegios. En cuanto a la jerarqua pues depende. Cuando soplan vientos al parecer favorables, por qu no soar con un Gibraltar, aunque sea sin monos?

En el momento actual, entre los que calzan de ese pie en la citada jerarqua, destaca Xavier Novell, obispo de Solsona, que ha dado permiso (literal) a los catlicos para que sean independentistas. Joven y guaperas, las malas lenguas (que acostumbran a ser las buenas) hablan de sus vnculos con el Opus Dei. Solsona, uno de los ncleos chouan de Catalua, siempre ha propiciado la posicin nacionalista de su figura episcopal. Un antecesor reciente de Novell, Antoni Deig, que pas unos cuantos aos como obispo de Menorca muy calladito, fue soberanista, antes de que eso estuviera de moda, en el momento que pis su nueva dicesis. Se permiti incluso una carta pastoral en la que tranquilizaba a sus fieles sobre la naturaleza no pecaminosa del nacionalismo. Solo falta ya la indulgencia plenaria para los que votaron s-s el 9-N.

Por su parte el ncleo poltico independentista hace mangas y capirotes para demostrar su fidelidad a la Santa Madre Iglesia. Nunca se sabe. Puigdemont, aunque ironice a propsito del Espritu Santo, se cas no una, sino dos veces, cannicamente (ritos catlico y ortodoxo); como muchos aos antes haba hecho Juan Carlos de Borbn. Para que despus digan que somos diferentes a los espaoles. La otrora laica ERC tiene un lder, Oriol Junqueras, de misa dominguera y procesin en Jueves Santo. Artur Mas tampoco le va a la zaga en fervor dominical. Para qu seguir?

A todo eso Raguer contestaba afirmativamente a la pregunta de si el papa Francisco reconocera la Repblica Catalana. El benedictino, muy hbil, nos viene a decir que no le quedara ms remedio. Pero de momento el padre Jorge, como se llama a s mismo el actual pontfice, ya ha metido un gol en la portera soberanista (dejando de lado ciertas declaraciones a bordo de un avin): el nombramiento de Juan Jos Omella como arzobispo de Barcelona. Vale la pena detenerse en ello.

El Vaticano o, mejor, el Papa, ha comprendido que, por razones pastorales, el candidato deba hablar las dos lenguas oficiales. Aunque no soy en absoluto creyente, lo encuentro lgico; siempre he estado por el bilingismo y ese es el caso de Omella, que habla adems un cataln mamado, no el artificioso de alguno de sus predecesores, como Carles que, nada ms llegar a Barcelona, inici una operacin de camuflaje, pasando rpidamente a llamarse Ricard en lugar de Ricardo. Por el contrario Omella sigue siendo Juan Jos y hace gala de lo que es, un aragons de habla catalana, de la llamada Franja. Ven los lectores la diferencia? Un catalanohablante incontaminado, que echa pelotas fuera cuando le preguntan por la Tarraconense, una supuesta conferencia episcopal catalana, escindida de la espaola, que, todo hay que decirlo, en sus inicios fue una propuesta del antes aludido Deig.

Por cierto, nueva falacia de la clereca nacionalista: Tarraconense sera el nombre adecuado para una conferencia que reuniera todas las dicesis de la antigua Corona de Aragn, bajo la primaca de Tarragona que, durante toda la Edad Media, tuvo una posicin autnoma respecto a Toledo, por razones polticas obvias.

En definitiva, no cabe descartar ensoaciones episcopales de tipo gibraltareo en Roma o en Barcelona, pero mucho me temo que tienen muy poco que ver con las de Hilari Raguer.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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