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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2017

El final de la historia y el desvanecimiento de la izquierda

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Si reclamara ms justicia me tacharan de carroza y, sin duda alguna, de prisionero de una ideologa de otra poca.

Andr Comte-Sponville


El final de la historia, ya saben, es la tesis que el politlogo Francis Fukuyama hizo pblico en su obra finisecular titulada, precisamente, El fin de la historia y el ltimo hombre. Sostener que la historia haba llegado a su trmino equivala a declarar la conclusin definitiva de la pugna ideolgica como resultado del final de la Guerra Fra. A principios de los aos noventa del siglo pasado, cuando Fukuyama se hace famoso merced a su feliz idea, era evidente el colapso de la URSS, que se confunda con la deslegitimacin histrica de la utopa comunista y de paso del pensamiento utpico como fuente de inspiracin de propuestas polticas, y que seguramente tuvo su culminacin simblica en la cada del muro de Berln. Por fin la democracia haba vencido y quedaba expedito el camino hacia el libre mercado global, el nico paradigma econmico capaz de ofrecernos un horizonte de prosperidad. La utopa (comunista) ha muerto, viva la utopa (capitalista).

Casi por los mismos aos en los que se certificaba el fin del conflicto entre el llamado mundo libre y el totalitario de los estados al otro lado del teln de acero tomaba forma la teora de Samuel P. Huntington del choque de civilizaciones. Segn propone en su libro titulado dramticamente El choque de civilizaciones y la reconfiguracin del orden mundial, el fin de la guerra fra no iba a suponer el trnsito hacia un mundo en paz. La mal disimulada confrontacin que haba condicionado el panorama de las relaciones internacionales y de la vida poltica interna de los diferentes pases durante dcadas en el siglo XX sera sustituida por otra; no una confrontacin entre dos grandes bloques a los que estaban adscritos los pases de una forma u otra. El siglo XXI vera la disgregacin del planeta en una pluralidad de civilizaciones de identidad diversa en las que se incluiran los Estados, teniendo la religin un papel fundamental en tal proceso. En esta nueva situacin mundial las relaciones entre las civilizaciones variaran entre lo distante y lo violento, siendo ms bien raras la confianza y la amistad. Ya no sera la lucha de clases el motor de la historia, sino la lucha entre civilizaciones.

Es fcil entender que este nuevo marco ideolgico, que afecta a la percepcin del curso de la historia, delimitado por las dos susodichas tesis que, por supuesto, se puede definir mejor, con ms precisin de matices conforma un ecosistema txico para las ideas que alientan una poltica basada en los valores de la igualdad y la justicia, que apuesta por que la humanidad puede hacer de su historia una obra de progreso moral y de prosperidad para todos. Hemos pasado de un paradigma poltico a otro, al modo que Thomas Kuhn postul para explicar la historia de las ciencias. Lejos quedan las tres dcadas siguientes al fin de la segunda guerra mundial, en las que, a decir de Owen Jones en su libro El establishment, y segn certifican los datos econmicos que recoge Thomas Piketty en su famosa obra El capital en el siglo XXI, se vivi el perodo de mayor crecimiento econmico y de mayor reparto de la riqueza con la consiguiente reduccin de desigualdades sociales de acuerdo con un cierto consenso poltico de inspiracin socialdemcrata, y tambin econmico, ste de orientacin keynesiana y remplazado a partir de los ochenta por el conocido como consenso de Washington .

El caso es que, en la actualidad, y como ya pronostic el filsofo ingls John N. Gray en su libro de 1998 titulado Falso amanecer. Los engaos del capitalismo global, la socialdemocracia europea ha sido eliminada de la agenda de la historia, ya que carece de respuestas para afrontar los males del capitalismo desordenado; segn l, de nada servirn los intentos de renovacin de las economas sociales de mercado de la era de posguerra. La prueba ms inmediata para nosotros de que esta sentencia es compartida por un sector significativo de los polticos en activo es la urgencia indisimulada con la que el partido Ciudadanos la ha borrado de su ideario para abrazar el liberalismo progresista (lo que quiera que esto signifique) en su reciente asamblea de febrero. Y no slo la socialdemocracia, sino toda la izquierda ha ido como desvanecindose desde finales del siglo pasado.

Es difcil explicar por qu una ideologa concreta se pone de moda en un determinado momento, como fue el caso del fascismo en los aos treinta del siglo XX, y por qu otras caen en desgracia como le ocurre actualmente al socialismo democrtico. No obstante, tengo para m que la tesis del fin de la historia es ciertamente muy daina para el pensamiento de izquierdas. Dar por conclusa la historia implica una sentencia definitiva que no admite recurso. Significa que ya no hay ms que decir ni novedad que esperar. No ha lugar a la creatividad frente a un estado de cosas que ha sido legitimado por el veredicto de la historia. Si se interioriza esta idea, slo queda la resignacin. Es lo que subyace al es lo que hay, que rige como lema en el discurso poltico predominante, y que da por definitivo lo estable-cido. Ciertamente es el fin de la historia, porque supone abrazar el esencialismo que Nietzsche denunci en El crepsculo de los dolos cuando acusaba a los filsofos dogmticos de falta de sentido histrico y de odio al devenir. Me inclino a pensar que en la izquierda finisecular y en la que en nuestros das participa en la poltica europea hay una cierta merma de ese sentido histrico que, genticamente, contribuy de manera primordial a forjar su ideario, y que se resista a resignarse ante lo que hay al pensar en lo que debera haber.

El darwinismo coetneo de la concepcin dialctica de la historia fue terrorfico para el pensamiento conservador por lo que supuso de golpe al esencialismo, ncleo ontolgico de toda ideologa poltica con alergia a la idea de que todo statu quo es susceptible de transformacin, ya que, tras el progresivo proceso de secularizacin impulsado desde la ilustracin, no hay justificacin ni trascendente ni inmanente para su continuidad indefinida. Quiere decirse entonces que la historia poltica como la historia natural tienen base material y carcter dinmico y no divino ni definitivo, y que es menester estudiarla cientficamente para tomarla. Me atrevo a sostener que esto se ha olvidado en el nuevo paradigma de la izquierda; que empez a perder capacidad de inspiracin a partir de los aos sesenta del siglo pasado con la revolucin divertida. As se titula el libro en el que el periodista y editor Ramn Gonzlez Frriz trata el conjunto de manifestaciones sociales y culturales que se identifican con la revolucin de 1968. Analizndola desde la distancia histrica y con frialdad, y a la vista del posterior devenir de sus propuestas concluye en su libro: El supuesto mpetu revolucionario del 68 se convirti en una aceptacin acrtica y resignada del mercado o, mejor dicho, se afianz como tal, porque nunca haba dejado de aceptarlo aunque fuera inadvertidamente, y las reivindicaciones de emancipacin colectiva se fragmentaron en innumerables grupos con intereses propios que asumieron la teatralidad de los sesenta pero se resignaron a las formas de participacin poltica ortodoxas.

Los setenta fueron la confirmacin de esta deriva de desintegracin del espritu colectivo de la izquierda al inaugurar la Me Decade, la dcada del yo, de la utopa inoperante en la que evadirse de una realidad vulgar, que consecuentemente queda intacta en lo esencial. La imaginacin al poder para quedar fagocitada por l. Aos despus la new age y el paradigma filosfico de la postmodernidad mermaron el vigor con que la ciencia haba nutrido tradicionalmente el espritu innovador de la poltica de izquierdas. Reproduzco a continuacin un texto extrado del libro Imposturas intelectuales de Alan Sokal y Jean Bricmont que expresa lo que quiero decir: A lo largo de los dos ltimos siglos, la izquierda se ha identificado con la ciencia y contra el oscurantismo, por creer que el pensamiento racional y el anlisis sin cortapisas de la realidad objetiva (natural o social) eran instrumentos eficaces para combatir las mistificaciones fomentadas por el poder adems de ser fines humanos perseguibles por s mismos. Sin embargo, durante los ltimos veinte aos [el texto es original de 1997] un buen nmero de estudiosos de las humanidades y cientficos sociales progresistas o de izquierdas (...) se han apartado de esta herencia de la Ilustracin.

As queda la tierra bien abonada para el trabajo que los think tanks conservadores empezaran a realizar preparando el advenimiento del thatcherismo y su vindicacin del individualismo, como destaca oportunamente Owen Jones en su libro ya mencionado. En l lleva a cabo un detallado repaso a lo que ha sido el devenir de la vida poltica britnica desde los aos inmediatamente previos al advenimiento del gobierno conservador de la Dama de hierro, y que no deja de ser el precursor de lo que estaba por llegar al resto de Europa. El joven autor ingls lo tiene muy claro: a su xito poltico contribuy decisivamente un trabajo ideolgico de largo recorrido que convirti en el nico programa de gobierno razonable el conformado por el recorte de impuestos a los ricos, la venta de recursos pblicos, la reduccin del Estado, los recortes de la seguridad social y el debilitamiento de los sindicatos. Esto constituye hoy da en la mayor parte de Europa incluido Espaa la normalidad, lo que se considera el centro o la moderacin. Otras opciones son estigmatizadas y difamadas (recurdese en nuestro pas lo que se ha llegado a decir de Podemos o del traumtico trance por el que ha tenido que pasar el PSOE); cuando no se llega a afirmar que estn fuera del debate poltico legtimo. Esta demarcacin ideolgica de lo que la opinin pblica considerar posible, racional, legtimo o incluso obligatorio, excluyendo todas aquellas opciones y propuestas que queden fuera de ella es lo que se conoce como ventana de Overton. Fue el politlogo norteamericano Joseph P. Overton, quien concibi la idea a finales del siglo pasado de que es posible mediante una estrategia concreta (la doctrina del shock, por ejemplo) mover la ventana de lo que cabe plantear en el debate pblico como opcin digna de considerarse. De nuevo Owen Jones nos brinda el caso real extrado de la realidad poltica britnica. El sistema nacional de salud britnico (NHS en sus siglas en ingls) era intocable incluso para la seora Thatcher; en los setenta no caba en la ventana de lo posible en trminos polticos siquiera plantear privatizarlo. Hace unos aos esa privatizacin comenz a llevarse a cabo con el gobierno de coalicin. Visto as, el sentido comn en poltica viene definido por la ventana de Overton, la cual est sujeta a la movilidad de la batalla ideolgica, que la izquierda lleva perdiendo hace dcadas, y que la idea del final de la historia contribuy a ganar decisivamente.

Dirase que la concepcin ilustrada de la historia como senda de progreso humano, que depende de las decisiones y acciones de los hombres basadas en el conocimiento de la realidad, se hubiera sustituido por la fatalidad producto de la aceptacin de un destino que no deja margen para el cambio de rumbo. De este modo la poltica es sustituida por la gestin de un estado de cosas que, en lo esencial, no admite variacin. Gestin que deja poco margen para la creatividad poltica en trminos de proyecto a largo plazo y a escala global, y que evidencia claramente la asuncin de que el viejo proyecto histrico inspirado en los valores de la fraternidad humana es una utopa irrealizable que hay que dejar atrs. La prueba es que ahora la construccin de muros entra dentro de los mrgenes de la ventana de Overton, lo que no era as cuando hace dcadas se exiga la cada del muro de Berln (el muro de la vergenza, recuerdan?).

Fue precisamente en 2003, ao del fallecimiento de Overton, cuando el filsofo norteamericano Sheldon S. Wolin defina el actual estado de cosas mediante su hiptesis del totalitarismo invertido, la cual aplica a la realidad de los Estados Unidos de Norteamrica. Una realidad conformada, segn l, por la combinacin de un cuerpo legislador dbil, un aparato legal que es a la vez complaciente y represivo, un sistema de partidos en el que cada uno de ellos, en el poder o en la oposicin, se dedica a mantener el sistema existente para favorecer a una clase dominante integrada por los ricos, los influyentes y los empresarios. No importa si ello requiere dejar a los ciudadanos ms pobres en la indefensin poltica y mantener a las clases medias oscilando entre el miedo al paro y las expectativas de prosperidad. Coincide Owen Jones que lo demuestra mediante ejemplos de su pas en que tal estado de cosas no sera sostenible sin la ayuda de unos medios de comunicacin serviles y de una mquina de propaganda desarrollada por instituciones conservadoras generosamente subvencionadas; tampoco hay que pasar por alto la colaboracin de policas y agencias nacionales de seguridad y vigilancia, que lo mismo identifican a terroristas y a extranjeros sospechosos como a disidentes internos (en el momento que escribo estas lneas es actualidad la llamada polica patritica a raz de las declaraciones en sede judicial de un exalto cargo de la polica nacional de nuestro pas). Un cuadro exagerado o fiel a lo que hay?

El hecho tal y como lo percibe Mario Bunge en su Filosofa poltica es que ha habido un notorio desplazamiento hacia la derecha en casi todos los grupos polticos de todo el mundo; lo que l denomina el desvanecimiento de la izquierda. El mejor exponente de esto es el caso del Nuevo Laborismo de Tony Blair que Owen Jones analiza en su mencionado libro con todo lujo de detalles; de izquierdas por su retrica electoral, pero ms cercano al liberalismo poltico si nos atenemos a los efectos objetivos de su gobierno. Algo de lo que ha tiempo se contagi toda la izquierda europea, resultado al menos en parte es lo que sugiero de haber asumido de facto la tesis del final de la historia, y que conlleva un cierto olvido de la propia genealoga ideolgica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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