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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2017

Entrevista al escritor Marcelo Figueras
Ese escritor, Rodolfo Walsh

Claudio Zeiger
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Con la emblemtica escena de un jugador de ajedrez que en medio de una partida oye los disparos de la revuelta contra la Libertadora en junio de 1956, se inicia el largo periplo que hara de Rodolfo Walsh el autor de la primera gran denuncia periodstica contra la opresin y la injusticia en la Argentina: "Operacin masacre". Acerca de la gnesis de este libro, de su angustiante bsqueda de un final con justicia, de la conversin de un escritor correcto en uno genial y, finalmente, en un intelectual clave de la relacin entre literatura y poltica, trata "El negro corazn del crimen", la novela de Marcelo Figueras que se publica por estos das, cuando se cumplen cuarenta aos del asesinato y desaparicin de Walsh.


En esta entrevista Figueras reflexiona acerca de los paralelos entre la gnesis de esta obra y Kamchatka y cuenta cmo fue que decidi escribir la novela de iniciacin de un joven llamado Erre, todava lejos del mito y la Historia pero ya en plena bsqueda de su destino.

Alguien, hace muchos aos, pens que la historia con mayscula o minscula era el criminal perfecto: cruel, eficiente y annimo. Hace muchos aos, alguien tambin pensaba, en trminos ms simples, que al final la Historia siempre te pasa por arriba. Lo pensaba un compaero de trabajo de Walsh, y el mismo Walsh lo crea acerca de su padre, un derrotado, un llamado a silencio. Pero eso, esa derrota, suave o violenta, sucede al final. Al final de qu? De la vida, de una etapa de la vida, de la condicin humana. Por estos das, entreverar la historia y los finales no es un tema menor de la Argentina, como tampoco ciertos manejos circulares del tiempo y de las circunstancias que suceden como pura contingencia, sin aparente intervencin de un plan maestro. Algo (al final) suena a repetido. Pero la repeticin es una de las formas de la vida. La persistencia, tambin. Los aniversarios suelen ser parte de esos rituales que no siempre son estticos ni congelados, ni formales ni decorativos. A cuarenta aos del asesinato y la desaparicin de Rodolfo Walsh (del 25 de marzo de 1977 en adelante), Marcelo Figueras publica una novela sobre la gnesis de Operacin masacre, el libro que ech a rodar a Walsh por un camino sin retorno, del ajedrez a la vorgine, y tambin se preguntar muy puntualmente por el tema de los finales, de lo que denomina la bsqueda del final perfecto.



Esta frmula podra tener ecos borgeanos (no del todo desubicados en esta trama) pero no es ajena a la materia de El negro corazn del crimen; un policial que va virando del ingls al norteamericano, del rojo al negro, de lo deductivo a lo emprico, del detective al escritor. Una novela que gira sobre un libro incesante, inacabado, sin final, pero quizs por eso mismo, imperfectamente perfecto. Quizs, en algn momento, Walsh descubri que esa manera de tratar lo literario, como una urdimbre entretejida con lo real, desbordndolo todo el tiempo, desbordndose a s misma como literatura, era la mejor manera de superar las nociones de estilo, de evasin, de novela burguesa contra las que haba luchado toda la vida. Texto imperfecto como la vida, injusto e inacabado como la Historia es, sin embargo, una de las formas de lo perfecto. Aquello que no se obsesiona por imponerle un molde a la realidad sino que en un ltimo gesto, se deja llevar por el ro de la Historia, tema de otro texto que se perdi junto con Walsh.

Muchas de estas consideraciones lo ocuparan a Figueras antes de ponerse a escribir El negro corazn del crimen, libro curioso por donde se lo mire a pesar de cierta apertura clsica, de cierta apariencia de artefacto narrativo sobre-personaje-real. Qu es lo que lo vuelve ms imprevisible de lo que aparenta? Es, quizs, lo que el autor describe como sus capas debajo de una piel de policial. Un arranque de policial ingls tradicional que desemboca en el negro tpico norteamericano: Cmo se prueba que el poderoso es el culpable? Hasta desembocar en algo tpico del policial a lo argentino, donde se puede llegar a la verdad pero nunca obtener justicia. Lo mximo que se puede hacer es difundir esa verdad antes de que el sistema te aplaste, explica Figueras. Por debajo hay una historia de amor, la de Rodolfo Walsh con Enriqueta Muiz, una joven espaola traductora y periodista que lo asisti en la investigacin de los fusilamientos de Jos Len Surez. Hay muy pocos elementos que se saben, aunque en sus ltimos aos Enriqueta acept que el romance fue real. Ella parece un personaje inventado ad hoc para esta trama, pero no lo es. Pero la ausencia de informacin sobre el affaire me permiti imaginar a Enriqueta libremente y convertirla en personaje fundamental. Y por ltimo, la dimensin del escritor, contar cmo un escritor competente y timorato se convierte en un escritor genial. Ah el mapa estaba trazado en la escritura del propio Walsh. Si les en una serie Variaciones en rojo, los artculos de una revista como Leoplan, entre ellos el panegrico del aviador Estvariz, amigo de su hermano militar, que muere en los bombardeos a la Plaza en el 55, un personaje ensalzado con palabras rimbombantes, ves cmo se convierte en otra cosa al enfrentarse con una historia del otro, de otros. Empieza desesperado a buscar un estilo. El personaje finalmente se va construyendo solo a partir del mapa que Walsh dej trazado con textos que buscan su propia voz.

Primera edicin de Operacin masacre de Ediciones Sigla, 1957

Nos animamos a agregar una capa o nivel ms de la novela, sobre todo en su tercera parte: una suerte de ensayo argentino en trance narrativo, una reflexin dinmica sobre el lugar de Operacin masacre y por lo tanto del Walsh emergente de esa experiencia totalizante que empez en la literatura y lo sumergi en la poltica, pasando por el testimonio, el periodismo de investigacin, la crnica.

Estamos sin dudas frente a la historia de Operacin masacre, sus sucesivas versiones, con agregados y mermas, que van de 1957 hasta la muerte de Walsh, si uno considera que su "Carta abierta de un escritor a la Junta militar" es insoslayable captulo de la serie que arranc con los fusilamientos del 56 y, poco antes, el golpe del 55. Pero, inescindible, es la historia de Rodolfo Walsh. De su construccin como escritor, intelectual y militante. As que el primer punto, es indagar sobre el origen del proyecto y si de alguna manera, la colocacin de Walsh en la cultura argentina (la poltica y la literaria) y la inevitable entronizacin de un mito, de una leyenda pica a la altura de grandes prceres de nuestra Historia (la asesina perfecta) no condicionaban la, digamos, libertad de expresin.

La primera respuesta de Figueras remite a una novela-proyecto anterior: Kamchatka. Cmo hablar de los setenta en el 2000 habiendo sido adolescente en ese entonces y para un pblico que estaba harto de esa historia, y hacerlo guiado solamente por mi necesidad fsica, orgnica, de hacerlo?, dispara. Lo de Walsh surgi un poco as desde el principio. Digamos, trabajar lo folletinesco de la historia de un autor que se ve convertido a la fuerza en detective. No llamarlo Rodolfo Walsh en la novela hasta casi el final sino Erre era ms que un recurso literario, una manera de reflejar el proceso del personaje. Y tener todo el tiempo presente la metfora de Walsh, la que lo gua a l y despus es su destino: El fusilado que vive.

Te planteaste cmo lidiar con el mito, el Totem del militante heroico y trgico? Fue algo a abordar o reflexionar previamente?

Walsh me fascin siempre. Cmo no iba a hacerlo, si lo tiene todo? Pensaba bien, escriba mejor, tena coraje, principios... Reuna en un solo envase al intelectual y al hombre de accin. Es el personaje romntico perfecto! Pero nunca se me haba cruzado la idea de abordarlo. Se me antojaba difcil lidiar con una persona real que ya haba sido llevada al bronce, convertida en el eptome de las virtudes revolucionarias. Por eso me content, durante aos, con releerlo y admirarlo a la distancia. Pero finalmente apareci el germen de la novela, que me permita abordar al Walsh que existi antes de ser convertido en el Walsh del bronce. Un pibe de 29 aos, casado y con dos hijas, tirando a goriln, admirador de Borges, cuyo sueo era convertirse en periodista estrella de La Nacin como tantos intelectuales de la poca. Hasta que la realidad ms feroz irrumpe en su vida e irrumpe literalmente, con los soldados que copan su casa de La Plata durante el levantamiento de Valle y empieza a desbaratar sus planes de escritor burgus. Oye a un pibe morir al otro lado de su pared y decide salir del confort de su hogar, de sus aspiraciones clasemedieras. Pero tampoco lo hace por principios: lo que lo deslumbra son las posibilidades narrativas que ofrece el fusilado que vive, que es el modo en que su amigo Quique Dillon describi a Livraga, uno de los sobrevivientes de los fusilamientos del basural. Walsh mismo se encarg de decir que su inters por la historia no tena que ver con lo poltico. A su alma de narrador le pareci sensacional, noms. Yo slo quera ganar el Pulitzer, lleg a decir.

Qu pas entonces, cmo se hizo Walsh?

Lo que lo enaltece y lo que lo transforma metafsicamente, a fin de cuentas, es el hecho de que Walsh, aun cuando entiende de inmediato que la investigacin lo perjudicar ms de lo que lo va a beneficiar, se mete igual. Le pone el cuerpo, algo que de ah en ms definir en qu clase de escritor se va a convertir: uno que no quiere permanecer dentro de los confines de una biblioteca, por infinita que parezca, sino que prefiere salir a la calle y exponerse a tocar y ser tocado, a ser transformado por la experiencia, porque no concibe la posibilidad de ser mejor escritor sin convertirse en una persona mejor; en l este movimiento es dialctico, una dinmica de retroalimentacin. En este sentido, al igual que Kamchatka, El negro corazn del crimen es una novela de iniciacin: un relato que describe cmo un personaje verde, inmaduro, se define, encuentra su voz. A este Walsh a medio hacer, an inmaduro, s que me le animaba. Pens que hasta ah poda darme el cuero. Para el Walsh que ya es Walsh no me da el pin!

TOMAR CONCIENCIA

Cuando al comienzo se hablaba de ciertos hbitos circulares de la Historia, y tambin de la dificultad de entramar, concebir y ejecutar un final para lo que aparenta no tenerlo, tambin se haca referencia al clima de los das que signaron esta entrevista. Figueras acababa de llegar de Olavarra donde asisti al concierto del Indio Solari cuyos efectos son de pblico conocimiento aunque impredecibles en cmo seguirn. Figueras (al que putearon bastante por las redes y le colgaron el sayo de el bigrafo oficial del Indio Solari) en rigor est escribiendo un libro sobre el Indio, una biografa que tambin andar buscando su final como libro. Evitaremos paralelos impropios sobre Walsh, los indios y las conquistas del desierto de ayer y de hoy. S sealaremos que El negro corazn del crimen sale a la consideracin del pblico lector en das de intolerancia y de odio y desprecio por los marginados de la sociedad, excesivamente parecidos a los de los das en que transcurren tanto la novela como su espejo real, Operacin masacre y que, en definitiva, lo que subyace a uno y otro periodo, a uno y otro momento histrico, son los dilemas de las personas que tanto padecen a como discurren en la Historia: una toma de conciencia que logre traspasar los blindajes mediticos (un tema nada menor, si bien en su medida, que debi afrontar el Walsh de Operacin Masacre, cuya investigacin era rebotada en los grandes diarios serios y cmplices de Aramburu) y lograr que las personas piensen por s mismas (y sobre s mismas). Al respecto, Figueras habl muy escuetamente en algn medio sobre los sucesos (el lunes su celular estaba inundado de llamadas de productores de programas que lo buscaban para que siguiera tirando ms lea al fuego, cosa que no hizo) y confirma que para el libro sobre el Indio falta bastante, que est en plena elaboracin y que, obviamente, continuar.

La pregunta anterior sobre cmo lidiar con el mito Walsh parta de observar en la lectura de todo el libro, pero quizs en especial en la primera parte, que est muy trabajada la toma de conciencia walshiana: en la novela es un proceso, largo ntimo, espeso.

Es que esa toma de conciencia no es moco de pavo. No se trata de alguien que tan slo descubre que esta idea es mejor que la anterior. Asumir ese cambio significaba poner en juego la vida entera: archivar sus pretensiones de empleado fijo de La Nacin o de cualquier otro medio grande, olvidarse de ganar dinero y de consagrarse profesionalmente a la manera tradicional, arriesgarse a represalias fsicas por parte de los militares, convertirse en un perseguido, en un clandestino. Que Clandestino fuese su alias en 1977, cuando la Junta Militar lo persegua, habla de la conciencia de un destino. Del mismo modo en que la frase que oye por primera vez de boca de Dillon est formulando ya entonces, en diciembre de 1956, su encrucijada final: "Hay un fusilado que vive" se refiere a un joven llamado Juan Carlos Livraga pero eventualmente le quedar mejor a Walsh, cuando el 25 de marzo de 1977 abrace su destino y provoque el fusilamiento en plena calle con que lo abatir el grupo de tareas que quera secuestrarlo. Aqu Walsh supera finalmente al maestro Borges, porque no slo se escribe a s mismo un final inmejorable redactando "Carta abierta de un escritor a la Junta Militar", que es su testamento, y sale al encuentro de su destino como un personaje borgiano, sino que adems vive ese final. Le pone el cuerpo por ltima vez.

Se vislumbra algo de esa toma de conciencia en su propia obra, en sus textos?

Lo otro que me gui la mano con tanta precisin como delicadeza fueron los textos con que Walsh mismo dej testimonio de su evolucin personal, paralela a su desarrollo exponencial como escritor. El narrador de los cuentos policiales de Variaciones en rojo era correcto, eficiente, pero un Bustos Domecq menor. El narrador que asoma en los primeros artculos sobre los fusilamientos es ya un narrador en crisis: pasa de ser engolado a ser sensiblero y a pecar de didactismo. Es un tipo embarcado en la bsqueda desesperada de una voz propia que transcurre en tiempo real, un escritor que, como dira Lou Reed, est growing up in public, crece torpemente a la vista de todo el mundo. Cuando publica la versin por entregas de Operacin masacre en la revista Mayora, ya ha hecho pie. Le pesc la vuelta. Pero a la vez entiende que el trabajo no est terminado, por eso sigue puliendo el libro eternamente. Cambia los acpites, reemplaza un prlogo por otro hasta sentirse satisfecho con la tercera versin que es la nica en clave literaria, y resignifica todo el libro, quita y poda de modo implacable hasta que el texto se vuelve esencial. Pero lo que ms cambia es el final. Le va agregando y quitando apndices, siempre insatisfecho. El final perfecto quedar impreso de manera pstuma, cuando la edicin de De La Flor le adose la Carta abierta.

Es un poco esa bsqueda del final perfecto, que dijiste te obsesionaba.

En un sentido muy claro, Walsh termin de escribir Operacin masacre cuando ya estaba muerto. Por eso el fusilado que vive es l: porque lo acribillaron, le partieron el pecho con metralla, pero no lograron acabarlo. Con cada ao que pasa, Walsh sigue escribiendo y pensando mejor que nunca. Lean la Carta a la luz de nuestro presente y dganme si estoy equivocado.

WALSH PERSONAJE: WALSH ESCRITOR

Walsh no tena remilgos para abordar a un personaje real en sus ficciones. Que podan no parecer ficciones pero lo eran. Ah est, para siempre, Esa mujer (y para colmo, con un gran personaje ausente!). Walsh tena un enorme sentido de lo narrativo, de lo que en definitiva, deba ser un escritor. Y esa nocin no la perdera por una toma de conciencia ideolgica o por una desconfianza hacia el matiz burgus de la actividad del escritor de carrera. Como seala Figueras, en rigor, la toma de conciencia final fue la del escritor. Walsh no emprende la escritura de Operacin masacre donde procede por ensayo y error, hasta que se deja arrasar por la humanidad de esas personas reales, vctimas del terrorismo de Estado. Slo se convierte en un escritor magistral, sin importar ya si se trata de ficcin o no, cuando asume que escribir es fabricar empata: dejarse interpelar por otros, probarse pieles ajenas, asumir puntos de vista ajenos... y muy especialmente, los puntos de vista de los desangelados de nuestra sociedad, aquellos cuyas pieles nadie quiere probarse. Me impresion el hecho de que Walsh, que haba tenido una relacin tan conflictiva con la escritura de ficciones estrictas hubiese tomado la decisin que tom a la hora de redactar su testamento. Porque bien podra haber titulado: Carta abierta de un militante a la Junta Militar, o de un peronista, o de un periodista, pero no. En la hora crucial, eligi definirse como un escritor y ya. Eso es lo que parece haber cifrado la totalidad del valor que crea tener en ese momento: la presuncin que, de perdurar de algn modo, lo hara como escritor.

Hay varios libros citados al final como fuentes y, sobre todo, supongo, lecturas inspiradoras. Pero El negro corazn del crimen es un libro que gira alrededor de otro libro. Cmo decidiste que ibas a releer Operacin masacre, como testimonio, documento, novela de non fiction? Todo a la vez?

La historia real es tan apasionante, que no quise vulnerarla ni siquiera en pos de un efecto dramtico. Por eso respet paso a paso la realidad que encontr durante la investigacin. Apel a la imaginacin tan slo para llenar los huecos, aquello de lo que nada se sabe o no puede ser probado. Mi sueo era que los dos libros pudiesen ser ledos en paralelo o en sucesin infinita, en la medida en que uno cuenta lo que el otro calla y el otro echa luz sobre aquello que el uno trata con discrecin. No quera contradecir nada de lo que se cuenta en Operacin masacre. Tratndose de un texto genial, me conformaba con escribir su making of. Cuando entrevist a Horacio Verbitsky, que fue su amigo, me cont que Walsh tena el proyecto de contar cmo se haba desarrollado esa investigacin y que le pidi que lo hiciese l mismo. La tragedia argentina torci los destinos de todos y Horacio no pudo escribir esa historia, pero me impresion que Walsh ya tuviese conciencia del valor potencial de ese making of, de lo que poda revelar el relato de las tribulaciones sufridas para llegar a la verdad. Yo no soy Horacio ni de lejos, pero espero no haber arruinado del todo esa historia tan sublime.

Pensaba en libros que me resuenan en la lectura del tuyo. Pensaba en las novelas histricas de Toms Eloy Martnez, La novela de Pern y Santa Evita, hasta La lengua del maln de Guillermo Saccomanno. Y entonces tengo que pensar que el hilo conductor de todas estas narrativas es el peronismo. Todos los caminos conducen al peronismo, el ro desemboca siempre ah?

-El peronismo es la clave de todo en tanto expresa lo reprimido, en trminos psicolgicos pero tambin poltico policiales. Es el fenmeno que la Argentina no termina de metabolizar y por eso intenta arrancar de cuajo a cada rato, fracasando estruendosamente, mientras la criatura muta y se fortalece. Esa es la verdadera grieta en la que nuestra evolucin histrica tiende a encallar, a frenarse: el liberalismo, por llamar de algn modo a los profesionales del expolio, detiene su marcha posible tratando de rematarlo y el peronismo no muere nunca; sufre, s, pero a la vez se le caga de risa. Si dejaran de dispararle y le permitiesen probar suerte como un partido poltico ms o menos formal, sin tratar de asfixiarlo o corromperlo a cada paso, todos respiraramos ms aliviados. Pero los CEOs no quieren convivir con el peronismo, aun cuando claramente pueden y lo han hecho cuando el peronismo estuvo en el poder. En su ceguera, en su compulsin, insisten en genocidarlo con la misma necedad con que engullen millones que no necesitan ni estaran en condiciones de gastar, aunque viviesen mil aos: no pueden evitarlo ni frenarse, es ms fuerte que ellos. Y sin embargo el peronismo se multiplica y se le cuela por todas partes, entre ellas a travs del arte. Los artistas ms legendarios de la Argentina son peronistas, o lo han sido en algn momento o al menos brotaron de su humus: Discpolo, Oesterheld, Favio, el Indio Solari. Son aquellos que no sienten complejo alguno persiguiendo la excelencia de su arte, sin que esto signifique cortar amarras con la sensibilidad popular. En cambio esta banda de chetos... Conocs algn gobierno de piel liberal que haya sido ms pobre que este en materia de produccin cultural?

Por ahora no.

Crecimos bajo la loza asfixiante de una academia que preconizaba que la literatura deba ser estilo y nada
ms.

Lo justificaban con argumentos de la crtica, que escondan una mezcla de conservadurismo poltico y esttico y una regia dosis de autocensura inoculada por el cagazo a la dictadura. Por eso todos los escritores que se animaron a contaminar su narrativa con la realidad y sus temas, aun cuando ello no supona hacer realismo, no han sido incorporados al andamiaje crtico; no les hacen lugar, siguen siendo literalmente ex-cntricos. Yo reconozco una afinidad con la literatura de Toms Eloy y con la de Guillermo, ms all de las diferencias de estilo. Pero mi referencia principal ha sido siempre Walsh, desde que le ech el ojo por primera vez. Porque l solito dinamita la falsa dicotoma con que nos llenaron el buche durante dcadas, oponiendo estilo a literatura de segunda. El tipo labr un estilo que es tan slido y depurado como el de Borges. Y ms prximo a mi paladar, mi experiencia y mis intereses, por cierto. Pero no lo aplic a hablar tan slo de literatura o de devaneos metafsicos sino de temas terrenales, aquellos que le parecan ms relevantes. Que no fueron slo polticos e histricos: hablo tambin de angustias existenciales y de las emociones ms profundamente humanas. Para no sentir empata con los pibitos del ciclo de cuentos de irlandeses, tens que ser de piedra. Por eso creo que hasta los medios conservadores prefieren recordarlo como militante antes que como escritor, porque interpretan que como militante fue vencido pero como escritor les sigue cagando el estofado que siempre amarrocaron para s.


Walsh en la poca de Operacin masacre, mediados de los 50.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/26481-ese-escritor



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