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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-03-2017

El jurista Julio Maier relata su visita a Milagro Sala en la crcel de Alto Comedero
Es un smbolo del herosmo

Julio Maier
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El barrio de la Tupac Amaru, las piletas, las escuelas y las casas. La entrada a la crcel y el encuentro con la lder social, a quien, emocionado, vio entera. Solo atin a decirle que no desespere, cuenta Maier.


Tres veces nos preparamos mi mujer y yo para visitar a alguien que, injustamente, haba perdido su libertad. Por diferentes razones, el deseo se cumpli con una demora considerable: el sbado posterior al carnaval jujeo. Visitamos a una persona a quien su provincia le haba negado contra toda opinin razonable y con el nico fundamento del poder que en ese Estado y en nuestro Estado nacional desarrollan jueces y polticos festejar los carnavales con libertad, famosos en nuestro pas como fiesta provincial. No fuimos solos. Nos acompa una pareja de amigos que concert la visita y nos condujo hasta la crcel de Alto Comedero un legislador provincial con vnculos con la Tupac Amaru. Tampoco fuimos sin instruirnos previamente. A ms de las lecturas correspondientes, cuya carpeta se ha robustecido considerablemente con el tiempo, el viernes visitamos las instalaciones centrales de la organizacin barrial en el centro de la ciudad de San Salvador de Jujuy, dotadas de lugares de esparcimiento deportivo, servicios de salud y consultorios mdicos y dependencias administrativas, y, en especial, el establecimiento educativo con tres niveles de enseanza, primaria, secundaria y terciaria. Segn pudimos ver en nuestro rpido recorrido, todas esas instalaciones, salvo la escuela y el colegio, estaban en estado de semiabandono por carencia de presupuesto, consecuencia del encarcelamiento de quienes forjaron la idea de una vida mejor para el pueblo originario de la provincia, comprendidos all a aquellos sumergidos o excluidos por ser pobres, sin recursos, indefensos socialmente. Un jovencito, que mantiene su hogar conduciendo un automvil de alquiler, fiel a su nacimiento como adulto dentro de la misma organizacin, fiel como pocos a su lder, Milagro Sala, y a los principios desarrollados por la organizacin barrial, apodado Diablo o Diablito, fue nuestro cicerone para mostrarnos el desarrollo de la organizacin barrial en Alto Comedero, con centro en el parque que ella misma cre en tierras fiscales, que apenas si regaba un arroyo, hoy entubado. Un templo, a semejanza del que constituye la estirpe aymara en Tiwanaku, Bolivia, el Kalasasaya, domina un parque inmenso, levantado en esos terrenos, y los llamados piletones, piscinas que me recordaron imgenes de mi juventud en el parque Sarmiento de Crdoba, donde existan tambin, para quienes no podan pagar la piscina de un club o aprovechar la propia de su casa, grandes piletas de agua dulce que alguna vez sirvieron para entrenarnos en natacin y waterpolo en un club de barrio que presidi mi padre y dur escaso tiempo. Toda esa obra monumental, que supo brillar mientras dur sin persecuciones la organizacin barrial Tupac Amaru, evit el riesgo de vida e infecciones de nios y jvenes al refrescarse y baarse en las aguas de los ros Grande y Chico que atraviesan San Salvador con su contaminacin y carga de animales muertos y en descomposicin, y signific el solaz de padres y ancianos, y hasta fue lugar ceremonial. Hoy el lugar est prcticamente abandonado, deteriorndose por prescripcin de sus cultores y falta de presupuesto. Observado el panorama desde el templo, tambin abandonado como todo vestigio de las culturas originarias de esta tierra, con ms sus hombres y mujeres no blancos por definirlos de algn modo, todos sufren la prdida no slo de sus posesiones sino, antes bien, de todo aquello que representaba su dignidad de vida en la actualidad. El hombre blanco ha regresado a practicar su profeca, su masacre del pueblo indgena, condenndolo a la pobreza y a la indigencia, aun sin ejecucin formal de una pena. La escuela de Alto Comedero, edificada y organizada por la organizacin barrial al lado de ese parque gigante, separada de l por unos 100 metros aproximadamente, tambin monumental, parece conservarse, dado que el gobierno provincial, segn hemos sabido recientemente, la titula y reivindica como propia al estar asentada en terrenos fiscales. A los costados de ese parque, y prolongndolo, florecen las casitas edificadas por cooperativas vecinales de la Tupac Amaru, que se distinguen por su tanque de agua, casi todos con la imagen de Tupac Amaru, algunos con las efigies de Eva Pern o del Che Guevara. Restan slo por describir las cuatro fbricas situadas en el mismo barrio de Alto Comedero, que producan bloques, adoquines y caos de hormign para la construccin (la bloquera), la fbrica de muebles con la finalidad de auxiliar a quienes ocupaban las casas construidas, la de ropa de trabajo, de vestir y deportiva, uniformes escolares, cortinas y ponchos para la organizacin y sus integrantes e, incluso, para el comercio (la textil, en la cual exageracin quizs de la equiparacin de gnero trabajaban tantas mujeres como varones, segn nos dijeron) y el Taller metalrgico, que produca aberturas para la construccin (puertas, marcos, rejas, parrillas, juegos de jardn, piletas de cocina y bao, etc.). Todas estas fbricas, sus equipos y obreros organizados por la misma cooperativa barrial, que provean diversos tiles a la comunidad y cubran sus necesidades, estn prcticamente abandonadas; slo algunas personas, individualmente, aprovechan de ellas y sus equipos, sobre todo de la textil, para confeccionar alguna ropa para vender.

Qu puedo decir como conclusin: da lstima, hasta las lgrimas, que un esfuerzo as, quizs con errores pero nacido por amor a un pueblo expropiado, sometido a su suerte a travs de tiempos inmemoriales, sea condenado, de nuevo, a vivir indignamente, como pidiendo perdn por su origen y por su fragilidad, carnadura de desventuras y dificultades, impuestas por su vulnerabilidad frente al poder poltico y econmico, que slo un pobre, un indigente, puede explicar de modo perfecto! No s si estoy de acuerdo con todo lo que se hizo, en especial con el programa de educacin cualquiera de sus inclinaciones me genera dudas, pero no podra desconocer, como otros habitantes del mismo suelo desconocen, que el emprendimiento en su conjunto es una muestra titnica de aquello que puede la voluntad y la solidaridad humanas.

Por fin, nos encaminamos hacia la crcel. Nos esperaban a las 2 de la tarde y tenamos permiso de visita hasta las 4, pues a esa hora ingresaba otra tanda de visitas. Esperaba algo peor, por mi experiencia como juez penal, pero debo reconocer que, con mi seora, aun sin experiencia alguna en estos menesteres, fuimos sorprendidos por el lugar y el trato. No se trata de las viejas crceles de mujeres encomendadas a religiosas, inhspitas y con seales de encierro total, ni el personal de custodia nos observ como enemigos, al menos potenciales. Luego me informaron que las listas de visitantes, inscritos con anterioridad, eran analizadas por autoridades mximas del poder poltico y el personal de guardiacrceles instruido acerca del trato a dar a ciertos visitantes o en su presencia. Pasamos rpidamente la inspeccin de rutina que no mostr ninguna de las indignidades que suelen acompaar estas labores. Luego supe por testimonios, que todas las personas no eran tratadas de esa manera, tampoco los familiares y amigos y menos an los visitantes locales o de ascendencia indgena. Los pabellones comenzaban un kilmetro ms all del ingreso. Hasta llegar a ellos nuestros problemas de edad tornaron dificultoso el camino. Incluso yo provoqu, sin advertirlo previamente, el nico altercado involuntario: por dolor en una pierna, derivado de la caminata, me sent en una piedra grande, junto a un carcelero varn y armado, de guardia, que amenaz con reaccionar y fue rpidamente convencido por nuestros acompaantes acerca del error y de su motivo. Al final del camino, a la derecha, en uno de los primeros pabellones, nos esperaba Milagro. Ingresamos al rea del pabelln aqu s se not que se trataba de una prisin, pero no a sus dependencias, pues Milagro se hallaba almorzando en un amplio lugar que funga como patio-jardn conjunto, en compaa de mltiples familiares y amigos que conformaban la mesa ms grande del lugar. Recuerdo que ella se levant de su sitio en la mesa y vino hacia m; mi vista comenz a nublarse y nos abrazamos, instante en el cual, ya con lgrimas en los ojos, le rogu que no me hiciera llorar, emocin que advirtieron mis acompaantes. Por ello, el abrazo dur cierto tiempo, luego del cual reaccion y pude presentarle a mi esposa. Fuimos invitados a sentarnos en la rueda de la mesa, incluso a comer; el plato principal era humita. En la mesa se ubicaba el seor Ral Noro, esposo de Milagro y cercano a mi edad, con el cual emprend una conversacin muy interesante. Nuestra impresin sobre Milagro, slo conocida por nosotros gracias a fotografas, tambin fue una sorpresa: delgada, como haciendo honor al seudnimo con el que todos la tratan, la flaca, pero sin parecer demacrada por su situacin de prisionera; mucho ms joven y bella de lo esperado; un hermoso tipo de mujer indgena, como varios de nuestros amigos jujeos, con su piel tersa y conservada, sin nuestras arrugas. Las fotografas que la muestran en Buenos Aires no le hacen ningn honor, francamente. Sin tratarse de la opinin de un especialista, yo no hall en la visita rastro alguno de deterioro de carcter o emocional, como parece ser de dominio pblico. Yo slo atin a decirle, como principal sentencia, extendida a una compaera de la organizacin barrial que conoc all, que no desespere, que su papel social le haba ganado esta persecucin gratuita, situacin que, segn mi apreciacin, pronto terminara, pues el gobierno nacional no podra prolongar un apoyo insostenible a su persecutor provincial. Ella, vivaz, inteligente, me contest que el tiempo trascurre de diversa manera para ella que para m. Le dije que mi prxima visita sera en su casa en la ciudad, invitado por ella. As nos despedimos.

El servicio penitenciario de la provincia de Jujuy se despach con una atencin: nos condujo en un automvil al lugar donde nos devolvieron los documentos y luego hasta el portn de salida. La advertencia del comienzo era evidente. Pude comprobar a nuestra salida que gran cantidad de visitantes, incluso polticos y ex funcionarios nacionales, esperaban para visitar a Milagro. Mientras ello ocurra y yo saludaba a algn conocido, mi cerebro, a manera de un disco rgido de una computadora, repensaba a toda velocidad mis conclusiones: creo haber conocido tardamente y en un lugar fuera de contexto, de toda explicacin racional, a una mujer, lder local, de una provincia argentina muy particular, Jujuy, transformada poco a poco en figura nacional que, gracias al odio de polticos inescrupulosos y a la estupidez poltica de burcratas inhbiles para pensar, se transforma otra vez y velozmente en una figura poltica trasnacional como alguien anticip, smbolo universal para el herosmo y la discriminacin, pagando por ello un precio excesivo. Si viviera, Mercedes Sosa la hubiera cantado en Mujeres argentinas. Lo merece.


Julio Maier. Profesor Emrito UBA.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/27104-es-un-simbolo-del-heroismo



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