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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2017

Entrevista a Sergio Sommaruga, Secretario de Asuntos Laborales del Sindicato de Trabajadores de la Enseanza Privada (SINTEP) de Uruguay
"Sin disputa de poder no hay cambio histrico, hay cambios de administracin"

Hemisferio Izquierdo


Hemisferio Izquierdo (HI): Qu es el Frente Amplio de hoy y qu papel cumple en el proceso poltico del Uruguay?

Sergio Sommaruga (SS): Es la realizacin poltica de su razn de ser y en consecuencia, el lmite de sus posibilidades de innovacin histrica en materia de cambios sociales de signo estructural.

Que sta consumacin poltica est discurriendo con gradualidad y en relativo silencio, no aminora un pice ni su profundidad ni su alcance. Aunque cierto es tambin que la orfandad de una estrategia de izquierda ante el avance del capital cada vez se hace ms patente, as como sus consecuencias.

El periplo que desarroll el gobierno progresista atraves distintas etapas de justificacin discursiva, que se fue diluyendo gradual y fatalmente en estos doce aos de desenlace. Paso a paso, la experiencia progresista se fue quedando -por obvias razones- hurfana de explicaciones y fundamentos que dieran sentido de izquierda a la institucionalizacin creciente de su prctica poltica y la auto-limitacin programtica de su proyecto.

La confrontacin verbal con los partidos de derecha no desapareci, pero el escenario de confrontacin, los temas y los argumentos variaron modo tan significativo, que ya no hay inconmensurabilidades. Se comparte el paradigma.

Las ideas fuerza en las que se apoya el sistema capitalista no estn en discusiny esto no es ni ms ni menos que una crisis en la reproduccin ideolgica de la propia izquierda.

Hoy impera el instrumentalismo sobre la estrategia, la gestin sobre la poltica, el gritero coyuntural sobre el debate de ideas en torno al proceso de acumulacin de fuerzas y las vas al socialismo.

En resumen, la hiptesis de reflexin es que lo que est en curso tiene el espesor de una novedad histrica importantsima. Y ms relevancia an creo que tiene, cuando se sopesa que lo que le est pasando al Frente Amplio (FA) no solo afecta a esa fuerza poltica. Tiene, por lo que significa para la militancia, el pensamiento de izquierda y el imaginario social con el que se retroalimenta, un impacto y una fuerza de irradiacin que sacude la rbita poltica en grande; ms all de lo exclusivamente electoral. Y lo es porque tiene impactos en el proceso social del pueblo uruguayo.

En ese sentido me parece importante hacer retrospectiva histrica para valorar en su justa medida el impacto del que se habla. La llegada del FA al gobierno fue un acontecimiento revulsivo. Un antes y un despus en la historia del pas. Por primera vez desde 1830, el Poder Ejecutivo pas a ser ejercido por una fuerza poltica que representaban ideas, valores y formas de hacer poltica que no eran de derecha. Y lo hizo con mayoras parlamentarias lo que a la postre deja ms evidencias para la critica a la autolimitacin programtica y el derrotero poltico que se eligi seguir.

Pero regresemos al argumento central.

El triunfo electoral del 2004 no fue fortuito, ni producto marginal de la rotacin partidaria. Fue, en lo primordial, el laborioso proceso de acumulacin de fuerzas desarrollado durante ms de treinta aos por cientos de miles de militantes a lo largo y ancho del pas. Asimismo fue la capitalizacin poltica de la debacle neoliberal iniciada por Vgh Villegas en 1973 y que tuvo su mximo corolario anti-social con la crisis del 2002/2003.

En ese sentido, la llegada al gobierno del FA fue la confirmacin de la validez de un modelo de acumulacin de fuerzas. Un modelo caracterizado por una unidad negativa (resistencia a la derecha), un objetivo central (desplazar a la derecha del gobierno) y un programa de reformas institucionales para ajustar la relacin entre el estado y el mercado.

Pero ese cenit fue, al mismo tiempo, su ocaso. Y en este movimiento contradictorio creo que hay un punto de inflexin de importancia explicativa: al llegar el FA al gobierno, su exitoso modelo de acumulacin de fuerzas lleg a su techo y se reconfigur en una especie de paradoja lampedusiana.

Es decir, el mismo marco de alianzas que llev al FA al gobierno es el que al mismo tiempo obtura polticamente la posibilidad de ir hacia las fronteras histricas de la formacin social del pas.

Aquella construccin unitaria que opero como condicin necesaria para desplazar a la derecha, se convirti en el freno ulterior al proceso de transformaciones socializantes. No hay un problema de correlacin de fuerzas dentro del gobierno, hay un problema de lmites objetivos de la herramienta poltica y de sus fines.

Y as, cuando las contradicciones que admite ese ancho de banda se agudizan, se desatan las tensiones que imponen los lmites de esa alianza.

Ese freno contrapedal hace que el arco de alianzas trabaje en una dinmica de bucle, que refuerza la necesidad de mantenerse unido bajo la nica regla de administrar dentro del consenso que posibilita la alianza y claro est, de evitar que vuelva la derecha.

El gobierno del FA est atrapado en ese bucle y deambula errticamente en un desgaste sin fondo, porque las contradicciones estructurales de la sociedad uruguaya no estn para hacer favores polticos.

Me parece muy importante dejar claro que esto no paso -ms all de la justa crtica a las responsabilidades de cada quien- por que los dirigentes del FA sean malos, ni porque sean traidores. Me parece que la indignacin o la bronca son necesarias, pero al final del da hay que volver a la poltica y al pensamiento crtico.

Eso pas y pasa porque objetivamente con la llegada al gobierno, el FA se agot as mismo como sntesis poltica de la izquierda uruguaya; se qued sin cohesin estratgica de largo plazo.

La presidencia de Mujica fue la demostracin ms palmaria de esta crisis de estrategia, particularmente de los sectores mas etapistas dentro de la coalicin.

El cerno duro de ese agotamiento poltico radica en la evidente ausencia de disputa de poder en relacin con el patrn de acumulacin, la batalla crucial contra la mercantilizacin de la vida y el empobrecimiento cultural.

Sin disputa de poder no hay cambio histrico, hay cambios de administracin. Y tras doce aos de mayoras parlamentarias, desde el punto de vista del poder y sus estructuras pesadas, no hay nada nuevo bajo el sol.

HI: Qu tendencias se afirman en esa fuerza poltica y qu rumbos posibles cabe esperar?

SS: Novedades hay. Y no solo remiten al tiempo pasado inmediato. Tambin nos hablan de un tiempo venidero.

Hay que tratar de leer las determinaciones de ltima instancia, sin caer en la torpeza de la futurologa o los arrebatos desiderativos. En ese marco creemos que se estn prefigurando las condiciones tendientes a un cambio de etapa en el proceso histrico del pas.

Ahora bien, es importante insistir en que ese proceso en curso no est cerrado, ni en el tiempo ni en la forma que asuma. Mucho menos en relacin a su corolario poltico.

Dicho esto, me parece que polticamente es esperable que se empiecen a mover tendencias contradictorias para encarar este encuadre de agotamiento.

Una tendencia fuerte, dentro de ese movimiento contradictorio, podramos llamarla de adaptacionismo prolongado. Es un escenario de europeizacin de la poltica. Dnde la izquierda se presenta como una opcin plenamente adaptada, aggiornada ideolgicamente y que se auto-asigna como capital poltico original, una capacidad de administracin diferente a la ortodoxia neoliberal. Una opcin progresista que apuesta a la calesita electoral, formando cuadros en la burocracia tecncrata y buscando legitimidad como alternativa electoral a la derecha anti-pueblo.

Otra tendencia, opuesta a esta, es la posibilidad de la construccin de un nuevo modelo de acumulacin de fuerzas dentro de la izquierda. Una iniciativa que se asiente sobre compromisos programticos desmercantilizadores y sobre un modelo de prctica poltica con ejes identitarios comunes. Que no necesariamente exija la configuracin de nuevos formatos orgnicos y que se comporte de modo transversal entre las diferentes orgnicas pre-existentes. Al menos en una fase transicional.

Estas son dos macro tendencias de mediano plazo.

No obstante, el escenario al corto plazo tambin reporta riesgos importantes. Y si bien no hay que ser dramticos, tampoco hay que ser ingenuos. Hoy por hoy el mayor beneficiario de ese comportamiento de desgaste del FA, es el proceso de restauracin de la derecha. Y nada bueno puede esperar el pueblo del retorno de la derecha.

Estoy convencido que si no fuere por la crisis de cuadros en la conduccin partidaria de la derecha, ese proceso estara mucho ms avanzado. Por algo las propias cmaras empresariales y las corporaciones mediticas estn haciendo su propia campaa, cansadas de esperar esa renovacin de liderazgos en sus partidos clsicos.

Por otra parte hay que leer tambin que este agotamiento del progresismo se est evidenciando en un contexto internacional de viraje hacia la derecha.

El gobierno del FA es un mediador entre las demandas del capital para infundir sus ajustes y la amortiguacin social de la crisis que imponen esos ajustes. Esa funcin hasta el momento la ha desempeado con sote muy bueno. Pero las condiciones materiales han cambiado. Lo estamos viendo en toda la regin y en el continente.

El capital necesita de voceros ms audaces y menos trmulos para desarrollar la conduccin poltica. Ya no quieren y piensan que tampoco necesitan, andar negociando concesiones de carcter policlasista.

Hoy la burguesa est pasando a la ofensiva, recuperando gobiernos en varios pases del continente y desestabilizando sin remordimiento sociedades enteras para hacer caer a los que van quedando. No quieren buenos traductores quieren hablar el mismo idioma.

Para salir de ese entuerto, sin que se convierta en un fatalismo histrico, es necesario emprender una travesa contra cclica.

Para esto se requiere de una retorno creativo hacia las bases del pensamiento crtico del socialismo, la generacin de usinas programticas capaces de dotarnos de mediaciones transicionales y una nueva sntesis de izquierda que sea capaz de recuperar la perspectiva de masas y la lucha por el socialismo; sin pensar que el partido de la historia empieza cuando cada nuevo jugador entra a la cancha.

Hay que recuperar ideologa del cambio social y el entusiasmo simblico que inyecte nuevos mpetus a las prcticas polticas. Y sobre todo, hay que recuperar militancia unitaria en el campo popular. Superar este ciclo poltico, en estos trminos, requiere de osada estratgica.

Este no es un problema para los autodenominados liberales, la derecha orgnica y las fuerzas reaccionarias. Lo es para la izquierda, para los trabajadores y los desposedos. Es un problema nuestro. Si, nuestro. Para los de afuera y los de adentro. Para los que luchamos por el socialismo.

La izquierda tiene que restituir con implacable vigor el horizonte socialista de su programa histrico, y en ese marco, con mucha paciencia estratgica y honestidad poltica, abrir las compuertas del desafo de un nuevo modelo de acumulacin de fuerzas.

Tenemos que invitarnos a la incomodidad de pensar con radicalidad.

Tenemos que mirar por segunda vez y escudriar dentro de las circunstancias coyunturales, hasta encontrar el silenciado pero pertinaz movimiento de las contradicciones. La tarea de tareas es salir de la confusin generalizada.

Por ltimo, creo que hay que aprestarse, a pesar de los desasosiegos, a salirle al cruce a los desafos. Creo que como generacin no podemos quedarnos impvidos ante un escenario cada vez ms complejo. Tenemos que ganar iniciativa y ponerle el hombro al relanzamiento de la lucha por el socialismo.

Fuente: http://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2017/04/17/Sin-disputa-de-poder-no-hay-cambio-hist%C3%B3rico-hay-cambios-de-administraci%C3%B3n-Y-tras-doce-a%C3%B1os-de-mayor%C3%ADas-parlamentarias-desde-el-punto-de-vista-del-poder-y-sus-estructuras-pesadas-no-hay-nada-nuevo-bajo-el-sol-con-Sergio-Sommaruga

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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