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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2017

Sobre nuestras tareas de comunistas

Patricio Malatrassi A.
Rebelin


Los comunistas no juegan a ser revolucionarios, no tienen que aparentar serlo. Llevan su identidad con humildad, con sencillez y valenta; y lo hacen a diario. Esta es mi militancia, me siento parte de la historia del PC Ral Zurita

Un partido marxista, tiene como fundamento, obviamente una concepcin del mundo marxista, es decir una filosofa: el materialismo dialctico. Esta filosofa, concibe como nica constantes histricas el movimiento y la transformacin. De all, es posible deducir que la resolucin prctica de cada uno de los procesos de transformacin de la realidad no afloran en forma similar en todos y cada uno de los momentos de la historia. La concepcin del mundo de Lenin, o de Fidel eran marxistas, pero la resolucin prctica de ambos, vista las cosas a la distancia, diferan, como difiri a la realizada por el Partido Comunista de Chile con el revolucionario triunfo de la Unidad Popular; sin embargo , existe una constante en todos los procesos involucrados: revolucionaron y transformaron la realidad a favor de la clase obrera.

El PC aplic el marxismo a las condiciones peculiares de la situacin chilena previas a 1973, sustentadas en un largo desarrollo y acumulacin de fuerzas desde las luchas y masacres de la pampa magallnica, las luchas campesinas contra el latifundio, las grandes movilizaciones y organizacin de los obreros del salitre y el cobre hasta la siempre presente solidaridad internacional, todo resuelto brillante y dialcticamente en el triunfo del Gobierno Popular. Este triunfo, de caractersticas histricas excepcionales sin duda, tuvo una primera etapa que logr parte del poder poltico a travs de una contundente poltica de masas que fue adquiriendo mayor fuerza, y que como era de esperar provoc una reaccin de una virulencia proporcional, que fue enfrentada con la gran consigna de : Todo con las masas, nada sin ellas.

En el escarpado ascenso hacia una nueva realidad socialista el PC perdi la partida. No era la primera vez ya haban sido traicionados y perseguidos bajo el gobierno de Gonzales Videla. Su prctica poltica no logr contrarrestar la embestida imperial clsica en Amrica Latina del golpe de Estado manu militari. Los militantes comunistas estaban convencidos que hasta las piedras se iba a convertir en armas. No fue as.

La dialctica social cre respuestas: Hubo un rearme real, prctico: la Poltica de Rebelin Popular de Masas. Esta decisin poltica, revolucionaria, de enorme trascendencia fue acorralando a la dictadura, despertando cada vez con ms fuerza la decisin de lucha de grandes sectores. En sntesis, a diferencia, de los argumentos de algunos, el trmino de la dictadura, no fue producto de una rayita en un voto, sin quitarle la importancia que esto tuvo, sino porque esta vez las piedras si se comenzaron a convertir en armas. Primero el Frente Cero y luego El Frente Patritico Manuel Rodrguez determinaron una indita realidad. Se hizo arder Santiago con las consiguientes rplicas a lo largo y ancho de Chile. El Departamento de Estado de Estados Unidos decidi que la permanencia de la dictadura era inviable en trminos militares y polticos. Con la connivencia de los socialdemcratas nacionales y los partidos de la burguesa, el PC volvi a perder la partida por una salida ms avanzada, lo que le llev a desmantelar su poltica militar de masas.

Las consecuencias polticas de ello para el PC se dieron esta vez en trminos mayores: el quiebre y la salida de contingentes importante de militantes, sangra que se fue prolongando en el tiempo, sin que hubiera, por parte de los dirigentes del momento, la capacidad poltica de detenerla.

Con este partido disminuido y despus de infructuosos intentos electorales, surgi la decisin de incorporarse a la alianza poltica llamada Nueva Mayora que estaba sustentada en la conviccin de que era posible llevar a un programa progresista de cambios que tendra una interpretacin comn y por lo tanto el compromiso de todos los componentes de la colisin de llevarlo a cabo; Y, como corolario romper la apabullante sequa electoral que se manifest inexpugnable para la izquierda chilena.

En esta decisin perdi toda la izquierda de la cual el Partido haba sido un claro referente histrico. El seguir movindose dentro de de la Constitucin dictatorial y el impacto de estar asociado a quienes haban propiciado el golpe caus el previsible desborde militante. Ms an la desafeccin popular ante los casos de corrupcin en la Nueva Mayora avanz como un alud, sin importar que el PC no estuviese involucrado en ellos, cuando quedaron en descubierto el comportamiento fraudulento de muchos de quienes deban representar los intereses populares : el oportunismo, el aprovechamiento del man empresarial, dispuesto a financiar a quienes pudieran incidir en convertir en leyes de la repblica los intereses privados: Penta, Soquimich, la ley del cobre, la Ley de Pesca, eran las cornupias del buen vivir, la abundancia y la corrupcin que desnud incluso a aquellos que se otorgaban el pomposo ttulo de la reserva moral del pas; consiguieron que en Chile lo mezquino y sin horizontes sea lo dominante. Esta mezquindad social, este caos, este dominio irrestricto de la libre concurrencia disolvieron las ligazones sociales y los chilenos no encontraron en trminos generales, ningn valor que los represente y que proporcione sentido a sus vidas. Es el dominio de la sociedad civil de los ciudadanos privados y de sus propiedades en vez de la sociedad poltica donde debiera prevalecer el inters colectivo.

Todo est reducido a nivel de emprendedores astutos, vivos, a la comunidad humana desintegrada donde los intentos de rebelda popular parecen desvanecerse en una especie de esterilidad poltica. Miles de jvenes son inmolados en el porvenir sin horizonte del capitalismo que a travs del consumismo ejerce una violencia sin lmites. El gran negocio de vastos sectores populares es la delincuencia , la distribucin de drogas y el comercio sumergido. Todo est cosificado, alienado.

En esta realidad la izquierda, marxista y la otra, sin unidad, no tienen la suficiente fuerza para poder imponer la voluntad general en una solucin de masas para resolver, por ahora, dos tareas claves: quebrar la dependencia econmica financiera transnacional y organizar una resistencia nacional democrtica a los intereses imperiales polticos y militares.

En el trabajo prctico no tener claro que la sociedad burguesa establece su vnculo real por su tipo de vida y no por la vida poltica es un gran error. Marx dio cuenta en forma clara de estoLa supersticin poltica es la nica que hoy se imagina que el Estado sostiene la vida burguesa, mientras que, por el contrario, es la vida burguesa quien sostiene al Estado (Marx: La sagrada familia).

Los costos y los beneficios de la incorporacin del PC a la nueva mayora han sido y son absolutamente controversiales en dos aspectos; los costos en su estructura orgnica y otra en su condicin real como gua y vanguardia de la clase. Ya se sabe que las posiciones oportunistas tienen que ver con la afirmacin de que el proletariado no puede tomar el poder si no constituye la mayora dentro del pas. Asentado esto la larga marcha electoral se constituye en el proceso central de toda la actividad poltica. Lo parlamentario se convierte en lo icnico. Se asordina que de lo que se trata es de que millones comprendan la inevitabilidad de las transformaciones necesarias y estn dispuestas a apoyarlas. Las reformas slo sirven en funcin del uso que se hace de ellas, por eso la tctica reformista camina por el filo de la navaja, pues en las condiciones citadas las reformas se convierten inevitablemente en instrumente de consolidacin de la propia burguesa y en instrumento de descomposicin de la lucha revolucionaria: Olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez ms amplias a su propio nivel avanzado, no significa ms que engaarse a si mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas y empequeecer estas. (Lenin: Un paso adelante, dos pasos atrs)

La corrupcin, permanente y que parece no tener fin salpicando y enlodado todo lo poltico enmarc y puso en vigencia aquella vieja premisa reaccionaria de la derecha de que lo poltico era lo indeseable, lo sucio, lo que no debiera ser vivido por los sectores populares. Esto nos hace volver a la sabidura de Lenin que sin margen a la duda declaraba: La actitud de un partido poltico ante sus errores es una de la pruebas ms importantes y ms fieles de la seriedad de ese partido y del cumplimento efectivo de sus deberes, hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar las situaciones que los han engendrado y examinar atentamente los medios de corregirlos: esto es lo que caracteriza a un partido serio, esto es en lo que consiste el cumplimiento de sus deberes, esto es educar e instruir a la clase primero, y despus a las masas (Lenin, t XXV, pag 200). Los comunistas estamos bastante fogueados para superar sin problema el dar a conocer en forma irrestricta los propios defectos y errores que sern tarde o tempranos superados.

En esta realidad de hoy el Partido debe ser absolutamente el Partido de la clase o no es nada.

Qu pesar ms en trminos tcticos y estratgicos es una cuestin que est por verse.

Indudablemente los acuerdos con la Nueva Mayora han sido beneficiosos desde un punto de vista electoral y el de ir sesgando la cooptacin de las volubles capas medias de la succin de la derecha, sobre todo la pluriclasista Democracia Cristiana que ha resistido, como partido, las presiones de sus elementos ms reaccionarios.

Quiz, un tanto ms de intransigencia para aceptar una realidad construida y sustentada por la nfima pero dominante clase burguesa, debiera ser recuperada en la direccin del movimiento popular. Quiz sea necesaria una mayor intransigencia en el combate contra los complejos laberintos del capital financiero cuyas expresiones reales no son menos brutales que las otras formas de dominio del capital.

La pregunta pertinente ante el actual estado de cosas es si se transita por el camino correcto, es decir, el camino que debe transitar un Partido revolucionario que debe conducir al proletariado, para decirlo, en trminos correctos, a ejercer su dictadura. O no? Hemos llegado a un estado de cosas en que al estilo del poder dominante, las cosas y los conceptos han dejado de llamarse por su nombre para no espantar al burgus ni a sus aclitos.

Dejamos de ser internacionalista en aras de cierto tipo de unidad? No salimos con todo en defensa de Venezuela, por ejemplo que es corazn hoy por hoy de la lucha antiimperialista con su presidente obrero. No acompaamos con todo a Presidente indgena Evo Morales y sus pueblos. No levantamos la voz, como se debe, ante la agresin permanente a Corea del Norte, porque nos domina la imagen que proyecta el imperialismo al respecto y su conduccin no se atiene a la forma cannica del socialismo.

No podemos hacer como si no supiramos que el imperialismo est destruyendo fsicamente al mundo a travs de guerras y la agresin permanente al medio ambiente. Para no ir tan lejos basta mirar y conocer lo que estn haciendo las pesqueras en el sur del pas o las forestales o el cobre en el norte. La burguesa nos sigue haciendo transitar en la pura necesidad animal frente a nuestros recursos y no frente a la necesidad propiamente humana, es decir no la transformacin del objeto, sino su destruccin.

Pareciera que la crisis poltica general en vez de constituirse en una potente base para avanzar e impedir que la burguesa siga prevaleciendo corre el peligro de ser convertida en una especie de sainete electoral. Mal estaramos si nos aprontamos, a un acompaamiento donde afloren los viejos trucos y fanfarrias de dudoso gusto a los que nos tienen acostumbrados la burguesa chilena y los partidos que la sostienen. Mal estaramos si no recuperamos aquella olvidada consigna: todo con las masas, nada sin ellas. Miles de militantes han reafirmado su voluntad de defensa del histrico Partido Comunista de Chile: no entendamos mal la seal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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