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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2017

Algunas notas acerca del pensamiento de Adolfo Snchez Vzquez
Revaloracin marxista de la moral en la filosofa de la praxis

Alberto Quinez
Rebelin


Los problemas propios de la tica fueron una preocupacin constante en el pensamiento de Adolfo Snchez Vzquez, desde obras relativamente tempranas hasta las ltimas que publicara en vida. Tres son los libros en que Snchez Vzquez desarrolla con suficiente nfasis sus puntos de vista acerca de la tica y la moral: tica (1969), Entre la realidad y la utopa (1999), tica y poltica (2007). Esto no agota que en sus ms de treinta publicaciones restantes no aborde, con mayor o menor extensin y profundidad, algunos tpicos propios de la reflexin tica. Casos concretos lo representan algunas secciones de los libros Filosofa de la praxis (1967), Del socialismo cientfico al socialismo utpico (1975), Escritos de poltica y filosofa (1987), El valor del socialismo (2000), entre otros.

Pero de dnde surge la preocupacin de Snchez Vzquez por la moral y la tica? Para responder a esta pregunta cabe recordar que la corriente predominante en el marxismo, despus de la III Internacional, tena de fondo una concepcin teleolgica de la historia. Tanto el materialismo dialctico como el materialismo histrico eran subsumidos, respectivamente, por una metafsica de corte materialista y por una teleologa historicista que hacan del ser humano y de la historia simples objetos de conocimiento, para cuyo tratamiento era vlido un conjunto de reglas propias de las ciencias positivas. La historia, de hecho, presentaba leyes equiparables a las que rigen en las ciencias fsicas, siendo su dinmica incluso predecible: las leyes de la historia explicaban y predecan la ineluctable cada del capitalismo.

Con esto, el marxismo quedaba preso en la crcel hegeliana de la teleologa y el determinismo, lo que significaba, para el ser humano, el vaciamiento moral de sus acciones concretas. Si las leyes de la historia explicaban el paso de un modo de produccin a otro como el resultado inmediato de la contradiccin entre fuerzas productivas y relaciones sociales de produccin, y si por tanto ello derivara en la cada del capitalismo, el cual adems sufra de crisis ingnitas y recurrentes de las que no poda escapar, si repetimos- todas estas condiciones impersonales se daban de forma forzosa, por leyes que operaban ms all del hacer concreto de los seres humanos, las acciones de estos no importaban ni aportaban al sentido general de la historia.

La infravaloracin de la intencionalidad moral ha sido uno de los grandes obstculos de los movimientos emancipatorios, conduciendo a muchos de estos al fracaso. Si no existe un compromiso radicado en la moralidad de los seres humanos que conforman un proyecto poltico, difcilmente ste puede hacerle frente a los embates del enemigo de clase que, como el mismo Snchez Vzquez reconoce, est hoy en da configurado por diversos polos de ejercicio de la dominacin y no slo por la burguesa o los poseedores de medios de produccin. Slo un convencimiento y una accin congruente con l, puede hacer de la lucha de clases un proceso verdaderamente emancipatorio, manteniendo el equilibrio entre la efectividad de la accin poltica y los principios o valores de los sujetos.

En efecto, es en el campo de la moral donde se debate un elemento fundamental de la praxis: la motivacin conducente hacia un fin y no slo la ideacin del fin como tal. Ya Marx sostena que uno de los elementos diferenciadores del ser humano era el carcter proyectivo de su conciencia, su capacidad de proyectar y de fundamentar sus acciones sobre una base racional. La conciencia sera el plano donde se establece la motivacin y es el punto de partida de cualquier actividad prctica. No obstante, la motivacin misma es configurada alrededor de la valoracin de aquello que el sujeto considera bueno o malo. Una praxis autntica es aquella que asume como propia y moralmente justificada, la finalidad a la que conduce sus acciones.

Marx seala: Una araa ejecuta operaciones que semejan a las manipulaciones del tejedor, y la construccin de los panales de las abejas podra avergonzar por su perfeccin a ms, de un maestro de obras. Pero, hay algo en que el peor maestro de obras aventaja, desde luego, a la mejor abeja, y es el hecho de que, antes de ejecutar la construccin, la proyecta en su cerebro. Al final del proceso de trabajo, brota un resultado que antes de comenzar el proceso exista ya en la mente del obrero; es decir, un resultado que tena ya existencia ideal. El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, realiza en ella su fin1.

Como ya se dijo, a este mbito de la proyectividad le acompaa de forma indisoluble la valoracin moral y es en dicho terreno donde se encuentra el momento decisorio y diferencial entre una praxis conservadora y una praxis orientada a la transformacin del mundo. Es pues la potencia moral del ser humano, su capacidad de establecer gradientes morales (lo bueno y lo malo), y su capacidad tica, su reflexin y valoracin de tales gradientes, lo que permitira aproximarse a unos fines determinados vinculados a la emancipacin humana, es decir, ejecutar una praxis que sea efectiva en el logro de los fines, en la medida en que el logro de estos supone una realizacin de valores que plenifica con su significacin la conciencia de los sujetos.

Todo esto ocurre en la historia, es decir, en medio de condiciones histricas dadas y de sujetos sociales concretos y no en un plano abstracto y universal, de entidades y conciencias puras. Si la historia est sujeta a un desenvolvimiento dialctico, tambin lo est la moral; sta tiene pues un carcter dialctico, que remite a las contradicciones entre materialidad y conciencia, y un carcter histrico, por lo que la moral no posee una referencia fija a principios siempre vigentes, sino que se encuentra en funcin de las necesidades vitales del ser humano, mismas que son materiales pero tambin espirituales, no necesariamente religiosas sino relativas a un mbito de comunin de las instancias diferenciables pero no identificables de sujetos distintos, de un yo y un otro.

La moral, pues, se encuentra estrechamente vinculada a la praxis en un sentido general en la medida en que el solo acontecer prctico, sin mediacin moral que sirva de justificacin y principio de asuncin, es decir, sin que en dicho acontecer haya una realizacin volitiva del sujeto, tal acontecer adquiere un carcter inautntico, porque su ejecucin tiene a la base una heteronoma, una determinacin exgena, o una autonoma falsa, porque no est necesariamente inscrito en el horizonte moral del individuo. La autenticidad de la prctica, que la define propiamente como praxis, contiene esa congruencia moral por la que la prctica posee un carcter autnomo, no impuesto, sino libremente asumido y, en cuanto tal, asentado sobre la estructura y la dinmica identitarias de los seres humanos.

Hay tambin que mencionar que para Snchez Vzquez, un tema impostergable, haciendo eco de lo que ha sealado Diana Fuentes2, es la reflexin acerca de la moral, la tica y la praxis, vinculada a las programticas polticas de las izquierdas. En este sentido, la intencin de Snchez Vzquez, fiel a su ideario poltico, es fortalecer la prctica de sectores claramente definidos: aquellos que asumen como propia la tarea de cambiar la realidad de forma radical. La moral de la que entonces hablar Snchez Vzquez es cada vez menos parecida a una moral abstracta y universalizable, sino ms bien que encuentra como destinatario e interlocutor a un sujeto especfico del espectro social del mundo actual: las mayoras excluidas y sojuzgadas por el sistema mundial de dominacin.

La praxis emancipatoria se fundamenta sobre el discernimiento moral de que la liberacin de las mayoras explotadas, marginadas, excluidas, es algo bueno y, por ende, algo deseable. En el mbito de la objetividad, esta praxis encuentra fundamento en las condiciones histricas en que puede concretarse un proyecto poltico que permita a las mayoras liberarse paulatinamente del yugo del capitalismo, el racismo, la discriminacin etaria y de gnero, entre otras. Pero, en el mbito de la subjetividad, la praxis emancipatoria tiene su fundamento en la asuncin del individuo y del colectivo- de nuevos valores, nuevas prcticas, nuevas formas de concebir e interpretar la realidad y al ser humano mismo, es decir, se fundamenta en elementos eminentemente axiolgicos, en una tica cuyo eje sea el ser humano.

Ahora bien, al hablar de nuevos valores y de nuevas prcticas, el discernimiento tico descriptivo es insuficiente, a pesar de ser indispensable, para fundamentar el camino de una praxis emancipatoria. En este sentido, la descripcin tica debe dar paso, necesariamente, a una tica prescriptiva que establezca un marco de valores mnimos que deben ser asumidos y promovidos por los movimientos que se plantean la transformacin radical del mundo. Tal marco de valores, no obstante, no debe entenderse como un catlogo abstracto de principios inamovibles en el decurso histrico, sino ms bien todo lo contrario: un marco de valores cuyo origen es la realidad histrica concreta en la que el sujeto se desarrolla y ante la cual debe responder de una forma ms o menos determinada.

La importancia de una tica prescriptiva es mucho ms visible cuando se tiene en cuenta que hacer poltica implica toda una serie de procesos en los que intervienen diferentes actores sociales, incluso aquellos que forman parte del enemigo de clase o que no necesariamente concuerdan con la necesidad de cambiar la realidad, procesos en los que debe negociarse, en los que deben establecerse tcticas para alcanzar determinados objetivos, en los que debe existir cierto grado de pragmatismo, sin que ste, claro est, subsuma o reemplace la autenticidad y radicalidad de los proyectos de liberacin. Igualmente, el asedio de la ideologa de la dominacin, que ciertamente es multidimensional y diversa, implica el riesgo perenne de la alienacin del sujeto revolucionario y la tergiversacin de su proyecto.

Muchos movimientos emancipatorios, en efecto, han entrado en crisis precisamente porque han asumido valores y prcticas propias de una moral excluyente. Un claro ejemplo es, actualmente, el viraje de las otrora fuerzas anticapitalistas hacia una agenda de carcter neoliberal, que ha sido ms visible en el caso de los partidos polticos. Adems de esta inoculacin neoliberal en las agendas polticas de la izquierda, ha sido manifiesta la generalizacin de la corrupcin, el nepotismo y el compadrazgo, que no expresan sino el alejamiento de las instituciones y movimientos de izquierda de los valores democrticos y humanistas. La crtica filosfica debe negar el marco axiolgico de la dominacin de clases, mientras hace de la dignidad humana el punto de partida ineludible de un proyecto poltico verdaderamente emancipatorio.

De esta manera, hay en la filosofa de la praxis o, ms precisamente, en el marxismo entendido como una filosofa de la praxis transformadora del mundo, una revaloracin y redimensionamiento de la moral, siendo sta considerada como una instancia fundamental para la efectualizacin de procesos sostenibles y radicales, especialmente en el plano poltico donde tal radicalismo que no significa ni dogmatismo ni izquierdismo en el sentido que lo entiende Lenin-, se vuelve necesario para abanderar reivindicaciones verdaderamente revolucionarias, por un lado, y para hacer un verdadero trabajo de contrahegemona, por otro. De esta forma, la filosofa de la praxis, el marxismo crtico, establece el binomio entre tica y poltica como uno de los polos sobre los que se estructurara todo intento autntico de transformacin social.

No se ha tratado aqu de agotar una de las vetas ms prometedoras del pensamiento de Adolfo Snchez Vzquez, pues ello requiere profundizar en varios de los elementos que aqu slo han quedado sealados. Sin embargo, consideramos importante sealar una hoja de ruta que permita ir profundizando, paulatinamente, en los aportes de Snchez Vzquez al campo de la tica y la filosofa poltica y, en la medida de las posibilidades, hacer uso de sus planteamientos para interpretar y, ms importante an, transformar la realidad de opresin que circunda a los pases latinoamericanos. A diferencia de lo que Hegel conclua, la filosofa tiene mucho que decir; pero la batalla principal contra el sistema no se dar en el campo teortico sino en el de la praxis.

Bibliografa

Notas:

1 Marx, K. El capital. Tomo I. FCE. Mxico, D. F. 1964. Pgs. 130 131. Subrayados del autor.

2 Fuentes, D. Intervencin en el conversatorio Los caminos de la praxis y el discurso crtico: Snchez Vzquez y Echeverra. Seminario Permanente Pensamiento Crtico Latinoamericano Bolvar Echeverra. CIESPAL. Mxico, D. F. Noviembre, 2016.

Alberto Quinez es miembro del Colectivo de Estudios de Pensamiento Crtico (CEPC).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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