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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2017

Cristina Cifuentes: de la impunidad al exhibicionismo, del exhibicionismo a la impunidad

Vctor Prieto
El Salto


La figura de Cristina Cifuentes es inseparable de la de Esperanza Aguirre. Tanto es as que la imagen pblica de la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha construido a lo largo de los ltimos aos a fuerza de distanciarse, a la alargada sombra de la caricaturesca Esperanza, como la otra cara de un PP ms decente, moderno, abierto, tolerante. De hecho, las continuas salidas de tono de la extodo su chotis meditico permanente han contribuido a crear una cierta imagen de normalidad, de institucionalidad, incluso de regeneracin, en una poltica profesional que vive del partido desde finales de los aos 80. No es de extraar, por lo tanto, que la obligada dimisin de Aguirre tras el terremoto desatado por la Operacin Lezo se pueda llevar por delante a su enemiga ntima. Ambas forman parte del insoportable esperpento que ahora se muestra. El velo ha sido retirado.

Mal haramos, sin embargo, en situar el foco sobre los nombres propios que pululan por los plats de televisin. La exposicin meditica recurrente conlleva la autoflagelacin del poder en el cuerpo, ya intil, de un chivo expiatorio, concediendo credibilidad al mecanismo discursivo que evade responsabilidades en nombre de una cierta idea de justicia: Quien la hace, la paga.

La personalizacin de la corrupcin cumple con la labor de colmar la necesidad de venganza que, se supone, tiene el pueblo (o, segn esta concepcin, el populacho). Entonces, el linchamiento meditico es condicin indispensable para el restablecimiento de la justicia, de su dignidad u honorabilidad. No es de extraar que los cados en desgracia, expuestos durante das a la saa informativa, alcancen de puertas hacia dentro la condicin de mrtires (recordemos el Luis, s fuerte. Hacemos lo que podemos).

Cristina Cifuentes no es, ni ms ni menos, que el ltimo eslabn de una cadena que no acaba, pues es un crculo, un entramado que nos devuelve, desconcertados, al punto de partida. La lgica de la personalizacin de la corrupcin nos sita en un momento en el que, al parecer, la impunidad se ha terminado. Ya nadie es intocable, se nos dice. Por eso, tras unos primeros momentos de desmentidos, ruedas de prensa multitudinarias y lgrimas de cocodrilo (vase la dimisin de Aguirre), el corrupto ser vilipendiado, expulsado, olvidado (vase Ese-seor-del-que-usted-me-habla), porque lo realmente trascendental es mantener inalterable el Todo. El fin de la impunidad da lugar, de esta manera, al exhibicionismo lacerante de todas las vergenzas del devenido villano. Adelantamos que, tras el escarnio pblico de estos primeros momentos, se est jugando la posibilidad de la continuacin, quiz por otros medios, de la impunidad ms absoluta.

Se hace indispensable aprovechar la brecha abierta por la emergencia de la mierda para repensar todo de una vez por todas

La idea de responsabilidad es, por todo lo anterior, uno de los principales campos de batalla para la construccin democrtica de este presente abierto en canal. No basta con cambiar las caras visibles de la corrupcin, como plantea Ciudadanos, cuando lo hace, ante los sucesivos casos aislados del PP. Es preciso poner en funcionamiento mecanismos efectivos de control y rendicin de cuentas, lo que supondra, en ltima instancia, una verdadera mutacin del mandato representativo liberal, de la propia democracia. De ah las resistencias.

Las ltimas filtraciones sobre la estrecha relacin del fiscal anticorrupcin con algunos de los implicados en los casos recientemente destapados, muestran a las claras el estado de descomposicin de algunas de las instituciones centrales del Estado. Las tensiones provocadas por la desintegracin del sistema poltico y su entramado de poder estn generando un repliegue tctico que se expresa con toda crudeza, pero que evidencia, adems, el disparate inaceptable de ver a un sistema corrupto perseguirse a s mismo.

La prxima salida por la puerta falsa que va a efectuar, presumiblemente, Cristina Cifuentes no debe calmar las aguas revueltas. En Espaa, de un tiempo a esta parte, hablar de poltica es hablar de corrupcin, lo que est imponiendo unos modos polticos que, lejos de alentar a una reaccin en su contra, acaban por apuntalar la penosa realidad de estos das. La corrupcin ha sido integrada, como sinnimo de poltica, en nuestro modus vivendi, normalizada en el lenguaje cotidiano del trabajo, de la casa y de la barra del bar, funcionando como una especie de mecanismo antipoltico que abruma los sentidos e impide redirigir la mirada hacia cuestiones cruciales. Se hace indispensable aprovechar la brecha abierta por la emergencia de la mierda para repensar todo de una vez por todas.

Fuente: http://saltamos.net/cristina-cifuentes-impunidad-corrupcion-exhibicionismo/



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