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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-06-2017

No tienen el poder

Arturo Arango
OnCuba


A fines del pasado ao visit La Habana un notable poltico europeo, de izquierdas y con una slida formacin acadmica. Como no cumpla con una invitacin oficial, se movi a su aire por la ciudad, observ los cambios que son visibles, habl con ciudadanos de a pie. Ya casi al partir, confes a un amigo que se iba muy preocupado. Lo visto en Cuba se pareca mucho a lo que haba investigado sobre la transicin al capitalismo en un pas de Europa del Este. Este amigo comn, que me cont la conversacin, le respondi al poltico europeo que, al tiempo que aqu se consolidaba una nueva clase con un estatus econmico muy superior a lo frecuente en la Isla, tambin haba un pensamiento de izquierdas que se estaba actualizando, sobre todo en jvenes intelectuales, y eso poda ser esperanzador. No lo es, contest, tajante, el poltico, porque no tienen el poder y nadie los va a tener en cuenta. El poder lo tienen otros.

Algunos aos atrs, en un college de Ohio, conoc a un profesor chino de filosofa, especializado en tica. Yo presentaba un ciclo sobre el cine de Toms Gutirrez Alea y l asista puntualmente a todas las proyecciones. Estaba muy interesado en enterarse de primera mano qu estaba pasando en Cuba. Le importaba saber el valor que podan tener el arte y la literatura en la sociedad. Su respuesta a cada una de mis opiniones era la misma: As suceda en China a fines de los 80. La percepcin que tena sobre el rumbo que segua su pas era devastadora: Los millonarios ingresan al Partido Comunista, me deca, el partido de los trabajadores se ha convertido en el partido de los directivos y los millonarios.

Ms all de las diferencias que, por historia o cultura, nos separan de naciones europeas o asiticas que pretendieron alcanzar una sociedad ms justa, ms humana (de forma equivocada, como verific la terca realidad), los recientes debates en torno a la necesidad de limitar la concentracin de la riqueza me han hecho recordar las dos ancdotas que he sintetizado antes.

Es revelador que, tanto en las sesiones en la Asamblea Nacional del Poder Popular como los artculos aparecidos con posterioridad en sitios digitales o blogs de orientaciones diversas, han hecho evidentes las tendencias en que se divide hoy la sociedad cubana, algunas de ellas enfrentadas por una polaridad esencial. Solo fijando dos extremos, en uno estn quienes admiten las reformas que favorecen la propiedad privada y la explotacin del trabajo de otros como un mal inevitable, porque en las condiciones actuales, de Cuba y del planeta, no hay otro modo de reanimar nuestra desfallecida economa. Es, al parecer, la idea que sostiene los documentos llevados a la Asamblea Nacional. En las antpodas estn los que ven en las medidas adoptadas la posibilidad de que se inicie, a partir de ellos, la restauracin del capitalismo, y quieren acelerar este proceso que tambin consideran irreversible, y despojarlo de todo lmite, de todo control.

Por las escasas informaciones divulgadas tengo la impresin de que los debates en la Asamblea tuvieron un enfoque primordialmente econmico. Es lo prevaleciente desde que en el VI Congreso del Partido se aprobaron los Lineamientos de la Poltica Econmica y Social del Partido y la Revolucin.

Sin embargo este es un problema que sobrepasa con creces la cuestin de la manera y las cuantas en que se deber limitar la concentracin de la riqueza, o de los mtodos para redistribuirla entre los ms empobrecidos. Ya me refer a ello en esta misma columna, meses atrs, pero las circunstancias me llevan a insistir en algunos matices.

En estos das tambin he conversado con Julia, joven estudiante cubana, sobre la nueva clase en formacin (o sobre un sector de esa clase). Me cuenta que, en el coctel de inauguracin de una exposicin, reunida con un grupo de quienes fueron sus compaeros de preuniversitario, alguien se volvi hacia ella y le pregunt: Pero t no tienes carro?. Es algo que no est ni en los sueos ms optimistas de Julia, incluso una vez graduada como mdico. Ella me asegura que en ese tipo de conversaciones se burlan de los que andan en un Geele, porque piensan que es un auto para personas mediocres. Es una actitud grupal que demuestra el menosprecio hacia los que menos tienen; la prepotencia del que casi todo lo puede.

Ante varios de los lujosos restaurantes que se han abierto en La Habana (algunos de los cuales, para colmo, se reservan el derecho de admisin) me he preguntado de dnde procedi el capital para la inversin inicial. Cunto cuesta la reconstruccin total de un inmueble? Dnde se compraron o cmo se importaron esos enormes paos de cristales polarizados que dejan ver las grandes avenidas de la ciudad? A eso adanse muebles, vajillas diseadas especialmente para el sitio, equipos de cocina y bar

En ciertos casos, imagino que el dinero ha llegado de la emigracin y la lgica me hace suponer que una parte sustancial de las ganancias se va de Cuba: es un capital que se est acumulando fuera. Pero, sin la ayuda de familiares o amigos instalados ms all de nuestras fronteras, cuntos cubanos podran, con su salario, o con la venta de propiedades, acometer una obra que absorbe decenas de miles de CUC? Tales inversiones, no son la prueba de que ya existe una apreciable acumulacin de capital apreciable, entindase, en trminos cubanos? Qu pasara si llegan a fundirse, y a actuar desembozadamente, los que tengan la riqueza econmica y los que ejerzan el poder?

Todo esto est ocurriendo no en un vasto territorio desbordado de riquezas naturales, ni en un pequeo Estado europeo. Somos una isla secularmente sometida por el subdesarrollo, con una economa que nunca ha podido sacudirse los lazos de dependencia, y que durante las ltimas seis dcadas se ha empeado, mayoritariamente y a pesar de dursimas adversidades, en crear una sociedad distinta.

Esencialmente, estamos ante un problema que pertenece al campo de la ideologa, y que definir el futuro de Cuba. No se trata solo de evitar que la riqueza se acumule, sino de que esa burguesa retome un poder que hoy est solo nominalmente en manos del pueblo. Cada da se abre un abismo mayor entre ciertos discursos y la realidad. No basta con decir que estamos construyendo el socialismo. Hay que definir qu socialismo querramos la mayora de los cubanos (y tengo la esperanza de que an la mayora aspira a ello), y cul es posible en las circunstancias actuales. No es suficiente calificarlo con los adjetivos prspero y sostenible. Hay que disear un modelo en el que la prosperidad sea para todos. No basta con decir que los medios de produccin son de los trabajadores. Los trabajadores tienen que poseer un real poder de decisin sobre lo que producen. No basta con decir que hay democracia. Tenemos que construirla, desde las bases, para que la poltica sea un asunto de todos.

Fuente: http://oncubamagazine.com/columnas/no-tienen-el-poder/



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