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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2017

Nunca sin el otro
Mauricio Silva, el cura con escoba y carretilla

Primo Corbelli
Umbrales


Los Hermanos del Evangelio, una institucin religiosa catlica relacionada con la espiritualidad del p. Charles de Foucauld, se han presentado ante la Justicia argentina para pedir que se investigue la desaparicin forzada del sacerdote uruguayo Mauricio Silva durante la dictadura militar, en un mes de junio de hace 40 aos.

Mauricio haba nacido en las afueras de Montevideo, hijo de un ladrillero agricultor y de una madre profundamente catlica. Con el tiempo la familia se traslad a La Teja. Mauricio opt por la vida religiosa con los Salesianos y estudi en el Manga. En 1946 como estudiante salesiano viaj a la Patagonia argentina para una experiencia inolvidable de tres aos en Ro Gallegos. Hizo su noviciado en Suriyaco, La Rioja, en los aos de mayor vigor de la pastoral del obispo Enrique Angelelli. En 1948 pas a estudiar teologa en Crdoba y a fines de 1951 fue ordenado sacerdote en el santuario de Mara Auxiliadora de Villa Coln en Montevideo.

Su compaero de estudio haba sido, entre otros, Jaime de Nevares que despus sera el conocido obispo de Neuqun, uno de los pocos en enfrentar a la dictadura militar. A los 26 aos los superiores lo enviaron otra vez a Patagonia, a pesar de tener nacionalidad uruguaya. A Mauricio le haba encantado su anterior experiencia en medio del viento y del fro polar, al lado de una poblacin pobre y olvidada. Al volver a Montevideo en 1959 se encontr con la salud maltrecha de su madre y opt por quedarse en Uruguay, primero en los Talleres de don Bosco en Montevideo y despus en el colegio salesiano de Paysand. En 1962 se produjo la huelga de los caeros y la marcha de los trabajadores de la caa de azcar hacia Montevideo. En Mauricio fue creciendo la sensibilidad social y una clara opcin para los ms pobres lo que lo llev, tambin por la enfermedad de la madre, a salir de la orden salesiana e integrarse al clero diocesano de la capital. Un encuentro con el sacerdote Arturo Paoli de la Fraternidad del p. Charles de Foucauld, que estaba de paso por Montevideo, le cambi definitivamente la vida. Tena 45 aos.

La Fraternidad de los Hermanitos del Evangelio haba llegado a Argentina en enero de 1960 y se haba establecido en Fortn Olmos, en la Cua Boscosa del Chaco santafesino; el superior de la comunidad era el p. Paoli. Vivan en la casilla de pesaje de madera de la empresa inglesa la Forestal que extraa tanino del quebracho. Al retirarse la Forestal en 1963 vendiendo hasta los rieles del ferrocarril que era la nica va de comunicacin en la zona, los Hermanos crearon una cooperativa para los hacheros y los peones rurales y otras iniciativas comunitarias. All lleg Mauricio Silva en 1970, recibido por Arturo Paoli que era superior latinoamericano del instituto. En esa poca tambin el hermano de Mauricio, Jess Silva que era sacerdote, entr en la Fraternidad. En Fortn Olmos Mauricio manejaba la camioneta del sindicato de hacheros y tambin la ambulancia que todos los das iba al hospital de Reconquista, a 70 km del lugar. Eran aos febriles y las cartas que llegaban a la comunidad religiosa eran censuradas por la polica local. Mauricio, que padeca la revisin de su correspondencia familiar, un da escribi un carta al polica censor desconocido, con su tono manso y conciliador dicindole: Debe ser tremendo vivir en la sospecha para con todos y en el miedo todo el da y todos los das. En 1973 Mauricio se traslad a Buenos Aires para dar comienzo a una comunidad dedicada a la evangelizacin y acompaamiento de los barrenderos. Era un proyecto que haba madurado en la oracin desde hace tiempo. Quera vivir entre los ltimos de los ltimos. Soaba con el sueo del p. Charles de Foucauld en el desierto del Sahara: Gritar el Evangelio con la vida.

AQU NO VALEN LAS INVESTIDURAS

En uno de los pocos textos suyos que se conocen, escribe: Paoli me ense que si tu no eres amigo de estos hombres, tampoco tienes derecho a ser su sacerdote. Aqu no valen las investiduras o nombramientos de obispos para presentarte a los feligreses de una parroquia, ni los proyectos de obras o construcciones para entrar en el barrio. Aqu la amistad es la nica puerta que Dios te abre Por eso quiero ser como uno de ellos, para ellos, buscando con ellos y anunciando a ellos el Evangelio. El 19 de diciembre de 1973, despus de largas colas y esperas interminables que duraron ocho meses, fue aceptado en la municipalidad de Capital Federal como barrendero y destinado al corraln de limpieza del barrio de Floresta. En aquel tiempo en la Capital haba unos 13 mil obreros ocupados en la limpieza. Consigui un conventillo para vivir junto con otro Hermanito, en la calle Malabia del barrio Palermo. Estaban vinculados con la Fraternidad de La Boca. De una habitacin chiquita hicieron una capilla donde conservaban la Eucarista y celebraban misa. En el trabajo, solo en un marco de amistad y confianza daban a conocer su identidad. Mauricio deca: Somos realmente pobres porque somos trabajadores manuales annimos, no porque hicimos opcin de pobreza en una comunidad que lo tiene todo. Uno que trabaja de obrero dependiente, nunca va a ser rico. Adems de trabajar en medio de la basura, participaba en las actividades del gremio con un compromiso claro de no asumir roles protagnicos, a pesar de la insistencia de los compaeros. No dejaba por la tarde y sobre todo por la noche de dedicar un tiempo largo a la misa y a la oracin. Era una vida montona y fatigosa: de lunes a sbado madrugar muy temprano para tomar el mnibus, entrar a trabajar a las siete, acudir al corraln que estaba muy lejos, desayunar con mate cocido, tomar la carretilla con pala y escobilln y recoger la basura de la calle hasta la tarde.

Con el golpe militar empez la represin contra todos los que luchaban en los gremios o al lado de los trabajadores, considerados como comunistas o idiotas tiles del comunismo. Al poco tiempo ya se haban llevado a varios de sus compaeros de trabajo, pero l segua yendo al trabajo consciente del peligro. Se haba encomendado a las oraciones de las Hermanitas de Jess. Escribe una compaera de trabajo, Marta Garaygochea: Queramos acompaar desde el Evangelio, pero siendo uno ms en la masa. Una cosa que hablbamos seguido era la de no abandonar el pas por nada. Si queramos compartir la suerte con los dems barrenderos, ellos no tenan ni pasaporte, ni plata para bancarse. As que bamos a sufrir si nos tocaba. Sabamos que se acercaba la hora. Eso era motivo de oracin todos los das. En diciembre de 1976 Mauricio viaj a Cartagena de Indias para un encuentro de Fraternidades a nivel continental, donde se discuti la postura a tener frente a las dictaduras militares. Unos jvenes impulsaban la idea de una opcin poltico-partidaria. Mauricio prefiri optar por una postura evanglica y proftica desde la vida religiosa. Nunca se asoci a los Curas del Tercer Mundo y menos a los grupos montoneros. Le insistieron que se quedara en Colombia o fuera a Venezuela. Al encontrarlo de vuelta en Argentina, Adolfo Prez Esquivel le pregunt sobre las razones de su regreso. Mi lugar es aqu. Tenemos que tener disponibilidad y acompaar a aquellos que ms lo necesitan. No se van a fijar en una persona como yo que limpia la calle. No se senta tan famoso como el Premio Nbel argentino; era tan solo una semilla de trigo destinada a ser sepultada en el barro de la calle. Una de sus poesas habla de un surco humilde y oscuro y de morir en soledad. Prez Esquivel lo defini: Un mstico barriendo las calles y despertando conciencias. De lo que pas despus tenemos el relato de su superior mayor, cuando el peligro se hizo prximo.

COMO PUEDE SER QUE UN HOMBRE?

El superior latinoamericano de la Fraternidad, en aquella poca el p. Joao Cara, acompa a Mauricio el 6 de junio de 1977 a ver al nuncio Pio Laghi; el secretario p. Kevin Mullen los tranquiliz diciendo que el gobierno militar se haba comprometido a no tocar los curas y religiosos. Tambin el obispo Carlos Aramburu les asegur que un general haba ido a la asamblea de obispos para decirles que el gobierno no tena nada en contra de curas y religiosos. El obispo, con su propia firma, extendi un documento de reconocimiento a Mauricio con la autorizacin de predicar y confesar. Cuando este fue secuestrado, llevaba ese documento encima; la polica saba que se trataba de un sacerdote. El 14 de junio Mauricio sali temprano para ir al trabajo, despus de rezar en la capilla con el p. Cara y haber ledo y comentado el texto de la carta de san Pablo a Filemn. Esa misma maana el p. Cara fue otra vez al nuncio y el secretario le asegur que no se prevea ningn problema para Mauricio. De hecho Mauricio, nunca ms volvi del trabajo. Esa misma tarde cuatro hombres armados se presentaron en la calle Malabia con las credenciales de la polica, allanaron por dos horas la casa y se llevaron todos los papeles de la Fraternidad. Relata tambin el p. Cara que en el arzobispado lo haban tranquilizado porque los militares no torturaban a nadie y un salesiano amigo de Mauricio, el obispo Mario Picchi , actu como si apenas lo hubiera conocido. Una vecina de la calle que l barra, declar que por la maana un Ford Falcon blanco se haba detenido y Mauricio, que estaba trabajando, fue secuestrado por sus ocupantes. En setiembre el obispo Picchi se acord de Mauricio e inform que estaba detenido en el cuartel militar de Campo de Mayo, a disposicin de la Justicia militar y en condiciones fsicas deplorables. Despus, ya no hubo ms noticias fidedignas. Al p. Cara los policas le haban preguntado con desconfianza: Cmo puede ser que un hombre de tanto estudio como dicen ustedes, un sacerdote, se haya dedicado a una vida de barrendero?. Lo entendieron muy bien sus compaeros de trabajo que lograron que la Legislatura de Buenos Aires declarara el 14 de junio Da del Barrendero, en honor de Mauricio Silva. Uno de los miles de desaparecidos, cuyo recuerdo es imborrable.

MORIR EN SOLEDAD

Seor, yo s que T ests en la fe luminosa de una noche de estrellas,

de un da radiante de azul y de sol.

Yo s que T ests en la espera gozosa de un nio que viene,

de una carta que llega, de un amigo que vuelve.

Tu ests, yo s que T ests en el amor inmenso de unas manos que abrazan

y en el puro cario del beso que une.

Mas tambin s que ests en la fe desprovista y desnuda cuando un da

a otro da le cuenta su rutina de trabajo y pobreza

y mi alma se hunde en tiniebla total.

Yo s que T ests cuando la esperanza es cuesta empinada,

la cumbre es incierta y las fuerzas muy pocas. T ests.

Yo s que T ests cuando amar es un surco humilde y oscuro,

que reclama el grano para ser fecundo y morir en soledad.

Yo s que T ests, Seor que te creo, Seor que te espero,

Seor que me amas. Yo s que T ests.

Mauricio Silva

Fuente: http://umbrales.edu.uy/2016/07/04/nunca-sin-el-otro-mauricio-silva-el-cura-con-escoba-y-carretilla/

 


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