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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2017

Prlogo del libro de Francisco Fernndez Buey 1917. Variaciones sobre la revolucin de Octubre, su historia y sus consecuencias
1917 a los ojos de un comunista democrtico, lector de Platnov, que pens siempre con su propia cabeza

Salvador Lpez Arnal y Jordi Mir Garcia
Rebelin


No debemos aceptar, apunt Jos Saramago en sus Cuadernos de Lanzarote [1], que la justa acusacin, la justa denuncia (si est documentada) de los innumerables errores y crmenes cometidos en nombre del socialismo o del comunismo nos intimiden. Nuestra eleccin, prosegua el autor del Ensayo sobre la ceguera, no tiene por qu ser hecha entre los socialismos reales que fueron pervertidos y los capitalismos perversos ya de origen, sino entre la humanidad que el socialismo puede ser y la inhumanidad que el capitalismo siempre ha sido. El capitalismo de 'rostro humano' del que tanto se haba hablado en dcadas anteriores no pasaba de ser, sostena nuestro Premio Nobel, una mscara hipcrita que se haba acrecentado con los aos (si bien ya entonces empezaba a asomar a las claras su autntico rostro inhumano). A su vez, el llamado por algunos crticos de izquierda -Lenin no excluido- capitalismo de Estado fue una funesta prctica de los autodenominados pases del "socialismo real" que, en verdad, fueron realmente una caricatura trgica del ideal socialista. Sin embargo, conclua, ese ideal, a pesar de tan pisoteado y escarnecido, no muri, perdura, contina resistiendo: tal vez por ser, simplemente, aunque como tal no venga mencionado en los diccionarios, un sinnimo de la esperanza.

Con ligeros matices, nunca estuvo muy alejado Francisco Fernndez Buey [FFB] de esta reflexin de Jos Saramago sobre el socialismo y el capitalismo realmente existentes en el siglo XX (y en el XXI). Coincidi tambin, y de forma muy significativa, con el esperancismo activo con el que el gran novelista portugus finalizaba su reflexin [2]. Y no slo, nudo importante, en sus reflexiones ms tardas sino desde que se acercara a una temtica -recordemos su primer libro sobre Lenin y el contenido de sus primeros escritos sobre Gramsci- que, como parece consistente en un filsofo comprometido de sus caractersticas, le acompa hasta el final de sus das, cuando segua reclamando la necesidad, por justicia y ausencia de olvido, de un libro blanco sobre el comunismo del siglo XX y teorizaba al mismo tiempo sobre las utopas y las ilusiones naturales de los seres humanos y la necesidad de una renovacin a la altura de las nuevas circunstancias del ideario comunista.

Tampoco estuvo distante de las tesis que defendi en Por qu socialismo? [3] otro de sus maestros, Albert Einstein [4]. Especialmente, en dos de sus consideraciones: en que slo una economa socialista planificada democrticamente, con la participacin real de la ciudadana trabajadora, poda superar -pensando y actuando solidariamente y rectificando siempre que fuera necesario- la explotacin y la mutilacin del individuo que impone el capitalismo, y en que el socialismo no es desde luego inevitable. No exista ninguna ley histrica, ni formulacin afn, que nos condujera a l inexorablemente como, a veces, puerilmente se ha teorizado. Como finalidad humana que era, deba ser anhelado, deseado, buscado activamente, con esfuerzo, praxis y tenacidad. Con algunas victorias y con bastantes derrotas.

Que tambin en este caso, como en tantas otros asuntos controvertidos, pens el que fuera profesor de la Universidad Pompeu Fabra con su propia cabeza es asunto de fcil argumentacin y ms que consistente con la libertad y heterodoxia con la que se enfrent a la obra y las prcticas del revolucionario ruso a sus 33 aos de edad. Una ilustracin bastar. Con estas palabras finalizaba su introduccin al que fuera su primer libro, Conocer Lenin y su obra [5]: recuperar a Lenin hoy [1977] quiere decir sobre todo aadir a la autocrtica del ltimo Lenin, parcialmente distanciado del ejercicio del poder, la autocrtica del leninismo. De hecho, prosegua, dos hechos enmarcaron desde el principio un proceso muy singular. En primer lugar, la de octubre-noviembre de 1917 haba sido una revolucin comunista contra la letra mal interpretada -y peor plasmada polticamente- de El Capital, como sealara otro de los revolucionarios con los que ms dialog y al que, probablemente, ms admir, Antonio Gramsci. La historia se desarroll desde 1917 de manera muy distinta a la prevista por la teora y por el autor de El Estado y la revolucin, un libro cuya vena libertaria siempre fue elogiada por el amigo de Oriol Sol Sugranyes.

En segundo lugar, a pesar del denominado socialismo en un slo pas era ms que evidente la orientacin internacionalista de toda la obra de Lenin, su preocupacin central por vincular la revolucin rusa a las revoluciones de la Europa occidental. Aunque, por otra parte, nunca haba sido Lenin un cosmopolita intelectual incapaz de comprender los sufrimientos y las necesidades de la clase obrera del pas de origen [6]. El autor del Qu hacer?, destac con nfasis el que hasta entonces haba sido militante del PSUC, el partido de los comunista catalanes, fue siempre verdadero internacionalista.

Para el autor de Leyendo a Gramsci, el De omnibus dubitandum, el hay que dudar de todo, que haba inspirado a la tradicin comunista marxista en sus orgenes (recordemos las preferencias y elecciones de Marx)[7], se transform frecuentemente en su opuesto, en fantica defensa de lo existente, de todo lo existente. De lo que pudo ser, en algunos momentos, necesidad, se hizo virtud indiscutida. Hasta la misma afirmacin, en principio veraz, de que la sociedad sovitica no poda caracterizarse de ningn modo como una sociedad comunista acab siendo utilizada cnicamente para justificar los males y perversiones de la sociedad existente: los errores y los crmenes (habitualmente llamados ajusticiamientos) eran parte necesaria del socialismo real; la sociedad buena sera, efectivamente, el comunismo, hacia sus cumbres se iba avanzando, pero mientras no se llegara a ella todos los males parecan estar justificados. Tal fue una de las bases ideolgicas de lo que se conoci durante dcadas como socialismo real. Lo otro, se sola afirmar, arrojndolo sin contemplaciones ni mesura a la cara de los crticos y disidentes, era estpida utopa, izquierdismo, asunto de soadores o, peor incluso, colaboracin inconsciente con el enemigo, un enemigo que, ciertamente, estuvo acechando, manipulando y agrediendo desde el primer momento, sin cesar, como el rayo de aquel otro poeta comunista, Miguel Hernndez, muerto-asesinado a los 32 aos de edad.

No fue, en ningn caso, aquella revolucin que quiso asaltar los cielos un controlado experimento social de laboratorio, un atrevido estudio acadmico sin grandes sufrimientos humanos ni agresiones externas. Las coincidencias con otro gran heterodoxo, Kiva Maidnik, uno de los grandes crticos de la aniquilacin de la Primavera de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, son evidentes y ms que significativas.

Merece tambin ser recordado que FFB nunca dej de insistir en que fueron los comunistas crticos, los marxistas revolucionarios, desde Rosa Luxemburg a Otto Ruhe y desde Karl Korsch a Anton Pannekoek pasando por Antonio Gramsci, Ignacio Silone y Leon Trotski, al igual que diversas tendencias anarquistas y anarcocomunistas, quienes primero denunciaron los riesgos y los desmanes de aquella clara desvirtuacin del socialismo que fue el estalinismo. No sabemos, no podemos saber, seal, por cuanto tiempo el nombre del comunismo quedar manchado en la imaginacin popular por el gulag y por la actuacin de la mquina infernal estalinista, de aquella mquina que fabricaba impunemente la calumnia organizada, como seal Nicolai Bujrin. Tambin en este caso el infierno estuvo empedrado de buenas intenciones, de grandes esperanzas, entre ellas la sincera aspiracin a una sociedad igualitaria por parte de las vctimas y, a veces tambin, por gentes que se convirtieron ms tarde en verdugos. El prudente silencio para no perjudicar una experiencia social alternativa poda explicarse, no justificarse, seal FFB, cuando se tena a la vista la miseria y el despotismo del capitalismo, si bien, autocrticamente, recordaba la mala conciencia de los revolucionarios sin revolucin que quedamos deslumbrados por la luz de las revolucin triunfante sin prestar apenas atencin a sus sombras, una revolucin que, sin embargo, debera ser analizada siempre con perspectiva histrica, tambin en sus antecedentes, pensando en los tiempos injustos desde los que brot. El gulag fue, en su opinin, una de las consecuencias terribles de un nuevo proceso histrico de industrializacin acelerada realizado con la confianza de que en este caso, por hacer lo que se haca en nombre del comunismo, no era necesario, sindolo, poner bozal a la bestia del propio Estado (como era necesario, como siempre fue necesario hacerlo al Estado, y al mercado, en las sociedades del capitalismo realmente existente).

Hay ms ideas singulares y fructferas en los textos que aqu hemos recogido, que abarcan un perodo de ms de 30 aos, y que el lector tiene ahora entre sus manos: una excelente lectura de las reflexiones del ltimo Engels y del ltimo Marx sobre la lucha poltica, en general, y sobre Rusia, en particular; un buen anlisis para ver las revisiones y contradicciones del pensamiento de Lenin y la prctica como causa desencadenante de esos cambios; magnfico equilibrio y racionalismo temperado para aproximarse al pensamiento y las crticas de los comunistas radicales: junto a esos errores de apreciacin de las situaciones y por encima de las diferencias de tono y de mtodo -a veces muy notables- que se observan en esos textos del extremismo de los aos treinta, hay tambin estimaciones, sugerencias y propuestas polticas de valor ; defensa del revisionismo bien entendido, en momentos, 1975 y aos siguientes, en los que ser tildado como tal era ser condenado al infierno poltico y a los mrgenes de la tradicin revoluciona; ausencia, siempre in crescendo, de sectarismo ; lectura libre y documentada de los clsicos; crtica documentada (y sentida) al cinismo e hipocresa de muchas crticas occidentales, conservadores o liberables, a la Unin Sovitica (y a Rusia tras la cada y la desintegracin); destacada intuicin y visin polticas que tanto luz aportaron a muchos ciudadanos; reconocimiento de los aciertos, casi en minora unitaria, de Helene Carrere dEncausse; deslumbrante capacidad para leer textos, ahora clsicos. como Nosotros o Chevengur; sentido homenaje a referentes. nunca olvidados por l, de la tradicin: Ingrao, Sacristn, Rossanda; cultivo de un, en ocasiones, trgico y lcido sentido del humor que nunca le abandon.

Engels... escribi una vez: "Tal vez nos pase a nosotros lo que les ocurri a los revolucionarios burgueses, que queriendo traer la libertad a este mundo lo que acabaron trayendo fue el Credit Mobilier". l no lo supo ya, pero nos pas. Nos pas a los comunistas: queriendo traer la igualdad a este mundo acabamos confundiendo la unin "sovitica", el reino de los soviets, la democracia directa consejista, con la unin "cosmtica", con un nuevo poder orientado a la conquista del cosmos que quiso ser superpotencia.

 

Los lectores completarn nuestro breve catlogo. Hay muchos otros elementos que podran incorporarse a l. Entre ellos, sabido es, la rebelda, la indignacin, el infrecuente coraje poltico del coautor, junto a su amigo y compaero Jorge Riechmann, de Ni tribunos.

***

Hemos incluido en este nuevo libro del que fuera profesor de Metodologa de las Ciencias Sociales una seleccin de sus numerosos escritos (muchos han sido dejados en el tintero) sobre la historia y las consecuencias de la revolucin de octubre. Los presentamos ordenados por fecha salvo en el caso de los dos primeros textos. Intentamos con ello situar al lector en las coordenadas poltico-culturales con las que el joven pero ya maduro Francisco Fernndez Buey se acerc a la revolucin socialista de 1917.

Se podr observar algunas intersecciones no vacas, inevitables, entre algunos de estos escritos. Variantes de inters y nuevos matices y reflexiones justifican su inclusin desde nuestro punto de vista.

Nuestras breves notas, bsicamente informativas, estn diferenciadas de las del autor con las siglas NE, nota de los editores.

Jordi Torrent Bestit nos ha ayudado en la seleccin y nos ha ayudado a evitar algunos errores que habamos cometido. Gracias, muchas gracias, estimat amic. Las nuevas equivocaciones, por supuesto, son de nuestra nica responsabilidad.

Se podra hacer el esfuerzo de interpretar lo que fue la historia del siglo XX, seal en repetidas ocasiones el autor de La gran perturbacin, desideologizando las palabras que hemos usado normalmente, una y otra vez, y atenindonos a lo que realmente hubo en las sociedades o por debajo de lo que los idelogos (y tras ellos, los dems) decan (o decamos) que haba. En Rusia y en Estados Unidos de Norteamrica, para empezar. Haba, pues, que volver a pensarlo todo, de arriba abajo. Como en otras ocasiones. Alexandr Zinoviev, en su opinin, nos poda ayudar en esta necesaria tarea. Francisco Fernndez Buey tambin lo hizo.

De hecho, por detrs de sus observaciones, reflexiones, tesis y propuestas, subyace una idea-fuerza, varias veces remarcada, de Maquiavelo: Nada de imaginar parasos. Lo que hay que hacer es conocer los caminos que conducen al infierno para evitarlos. Eso es lo ms, en muchos momentos, a lo que pueden aspirar los seres humanos, en este mundo de la poltica moderna. No es poco. FFB nunca quiso reconciliarse con el mundo grande y terrible que le toc vivir, como otro gran revolucionario, como otro de sus maestros, Antonio Gramsci. Se trataba, se trata, de traducir la idea gramsciana de reforma moral e intelectual a unas condiciones en las que la batalla de ideas, por la enorme extensin y potencia de los medios de comunicacin (y, a veces, desinformacin) de masas, se ha ampliado a todos los mbitos de la vida. Segua -sigue- siendo esencial, en su opinin -tambin en la nuestra-, no desnaturalizarse: revisar, rehacer, volver a pensar, renovar sin perder la naturaleza propia, sin echar por la borda los valores, ideales y fines por los que se haba luchado y por los que vala la pena seguir luchando.

Fue FFB un comunista democrtico hasta el final de sus das? Lo fue Qu tipo de comunismo defendi? El mismo lo expres en los siguientes trminos:

De todas las descripciones del comunismo que he conocido en estos aos, la que ms me ha tocado, la que ha parecido ms sensata, por lo poco ideolgica que era, se la o a un viejsimo campesino, creo que mongol, en un documental reciente sobre los orgenes de la Unin Sovitica cuando ya sta haba fenecido. Explicaba el viejo campesino que en 1918 llegaron a su aldea unos funcionarios de Mosc y dijeron a las gentes all reunidas que se haba acabado el viejo rgimen y que ahora empezaba una nueva era: la era del comunismo.

 

A la pregunta, razonablemente desconfiada, del viejo campesino sobre qu era esa cosa llamada comunismo, el funcionario de Mosc haba contestado:

"En primer lugar, tener las tierras en comn, labrarlas en comn y repartir comunitariamente el producto de las tareas realizadas en comn; y en segundo lugar, trabajar bien la tierra con los tractores que nosotros os daremos". "Nos pareci lo mejor" -coment el viejo campesino- "porque lo primero, labrar en comn, es lo que venamos haciendo desde haca mucho tiempo; y lo segundo, lo de los tractores, era una ayuda inesperada, como llegada del cielo.

 

Tambin en estos trminos y observaciones, que son complementarios [8]:

El comunista quiere que haya libertad en esta tierra. Pero, como la quiere en serio, en tanto que libertad concreta, pregunta, a quienes usan el nombre de la libertad en vano, "libertad, para quin?". El comunista quiere la igualdad en esta tierra. Pero, como no pretende uniformar a los hombres y a las mujeres, precisa qu tipo de igualdad es posible entre seres humanos psquica y culturalmente diferentes. Aspira, por tanto, a la igualdad social. Ms es demasiado .

El comunista tambin quiere la fraternidad en esta tierra. Pero, como sabe que

[...] en esta tierra sigue habiendo mucho cainismo y mucho amiguismo que pretenden estar por encima de la justicia, precisa de qu fraternidad se trata: fraternidad entre iguales. Y al luchar por la libertad, la igualdad y la fraternidad, el comunista se orienta por un principio: a cada cual segn sus necesidades; de cada cual segn sus posibilidades y aptitudes.

Era muy posible que, tal como estaban entonces las cosas (tambin ahora?), aquella vieja lucha comunista se tuviera que renovar -de nuevo la idea de Maquiavelo- por va negativa. De qu modo? No diciendo "el comunismo ser as y as", sino diciendo ms bien: "el comunismo no podr ser as y as", porque al quererlo as (por ejemplo, en el sentido de "a todos segn sus necesidades") sera tanto como a) rebasar las capacidades humanas, o b) entrar en contradiccin con los principios jurdico-morales que nos proponemos plasmar, o c) entrar en contradiccin con las leyes elementales de la naturaleza, con la base material de mantenimiento de la vida sobre el planeta. Pero es sabido que, dialcticamente (otro de los conceptos sobre el que nos ilustr con irona y acierto), decir no es esto, no esto, es tambin decir al mismo tiempo es esto otro, algo, que como coment Jaime Gil de Biedma, uno de los poetas que tambin transit, ley y admir el autor de estas pginas, ya podamos empezar a imaginarnos, a sentir y a construir.

Para la ciudadana en general, escriba el autor hablando de Pietro Ingrao, tal vez sea la ocasin de conocer, ya sin nostalgia, a uno de los representantes ms preclaros de la pasin razonada en la poca de la gran ilusin igualitaria. Tambin fue su caso. Al fin y al cabo, como tambin nos indic, su poca, la de Ingrao y la de Fernndez Buey, fue la poca de siempre, la poca de los humanos civilmente comprometidos.

Notas:

1) Jos Saramago, Cuadernos de Lanzarote (1996-1997), Madrid, Alfaguara, 2002, p. 53.

2) Algunos aos antes se manifestara en trminos muy parecidos su amigo y maestro, Manuel Sacristn, en una conferencia sobre una poltica socialista de la ciencia dictada en 1979. Vase M. Sacristn, Seis conferencias, Barcelona, El Viejo Topo, 2005, p. 47.

3) Albert Einstein, Why Socialism? Monthly Review (mayo 1949). Varias ediciones en castellano.

4) Recurdese su retrato de Albert Einstein, Vilassar-Barcelona, El Viejo Topo, 2005, y el subttulo del ensayo: Ciencia y conciencia.

5) F. Fernndez Buey, Conocer Lenin y su obra, Barcelona, Dopesa, 1977 (segunda edicin 1978), p. 10.

6)Ibidem, p. 10.

7) Recogidas, por ejemplo, en un libro que, con toda seguridad, hubiera conmovido al autor: Mary Gabriel, Amor y Capital, Barcelona, El Viejo Topo, 2014 (traduccin de Jose Sarret)

8) http://www.lainsignia.org/2003/julio/cul_039.htm

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 



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