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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2017

Entrevista a Rodrigo Alonso, economista e integrante del Comit Editorial de Hemisferio Izquierdo
La llave maestra de la cuestin econmica est en la agenda dura de la poltica: el problema del poder, la propiedad y la matriz productiva

Hemisferio Izquierdo


Hemisferio Izquierdo: En la actualidad, las valoraciones en torno a la situacin econmica del Uruguay oscilan entre una visin optimista que destaca que se han logrado controlar los efectos ms negativos de la crisis internacional y el pas ha mantenido niveles de crecimiento en un marco de estancamiento econmico regional; y por otra parte una valoracin ms negativa que seala que, en tanto no se ha transformado la matriz productiva, ni el tipo de insercin internacional de la economa uruguaya, ni se han alterado las relaciones de poder y propiedad de la estructura econmica nacional, el Uruguay sigue reproduciendo desigualdades y contina a la merced de las crisis recurrentes propias de la globalizacin capitalista. Cul es su diagnstico de la situacin econmica del Uruguay actual?

Rodrigo Alonso: La economa uruguaya se encuentra en un punto de inflexin o de transicin haca una suerte de estado enlentecimiento o meseta luego de uno de los perodos de mayor crecimiento de su historia y como consecuencia de ello comienza a mostrar sus lmites y sus caras menos amables. Para entender por qu, es necesario introducir algunas ideas sobre el comportamiento general de la economa uruguaya.

La dinmica del capitalismo en Uruguay por su forma particular de insercin econmica internacional se basa en el uso de los flujos extraordinarios de renta agraria que recibimos a cambio de nuestras exportaciones para compensar una estructura de capitales bsicamente ineficiente cuya productividad media es alrededor de un tercio de la de los pases capitalistas ms avanzados. El mecanismo por el cual esta compensacin se hizo efectiva la ltima dcada de renta alta (perodo progresista) ha sido la sobrevaluacin cambiaria, esto es, un dlar barato. Un peso alto (o dlar barato) afecta al exportador-terrateniente y beneficia la acumulacin interna por medio del abaratamiento de medios de produccin y bienes salario importados. Ese movimiento es la condicin de posibilidad fundamental del dinamismo econmico y la agregacin tranquila de intereses contrapuestos de la ltima dcada. Sin ese flujo de renta creciente probablemente hoy no estaramos hablando del ciclo progresista en Amrica Latina y el Frente Amplio no hubiese ganado tres veces con mayoras parlamentarias. Es natural que el elenco poltico que gestion la economa uruguaya pretenda cobrar los crditos del 5% de crecimiento anual de la ltima dcada, pero lo cierto que el crecimiento econmico en lo fundamental no depende de gobiernos o gestores y en el extremo ni siquiera de la poltica macroeconmica. Esta ltima bsicamente administra tendencias y en eso influye tangencialmente en ellas pero no las crea ni las explica. Administra mareas, y esas mareas estn dadas por el movimiento general que asume el capital en un pas rentista de la periferia[1].

La situacin econmica actual est pautada por el hecho de que a partir de 2014 entramos en una fase de estancamiento y retroceso de la renta que se hace visible en la cada del precio de las materias primas. Es de esperar entonces un periodo de menor dinamismo en la acumulacin y de la puesta en marcha de otros dispositivos de compensacin para el precario capitalismo uruguayo. Ah aparece en el horizonte la necesidad de un nuevo ciclo de endeudamiento externo. Las preocupaciones por el dficit fiscal y en consecuencia por la nota de la deuda uruguaya van en el sentido de preservar crdito barato para el pas. Por otra parte, los flujos de inversin extranjera ahora se vuelven ms necesarios para mantener la acumulacin en marcha por lo que son previsibles mayores incentivos.

Contraer deuda permite comprar tiempo a cambio de trabajo futuro, es una forma de patear contradicciones hacia adelante a base de incrementarlas. Pero de no recuperarse el flujo de renta nuestra economa debe echar mano a la depreciacin de la fuerza de trabajo como nuevo elemento compensador de su rezago productivo. De la mano de esto comienza a subir el desempleo, tal como est ocurriendo, manifestando que ya se est incrementado la cantidad de uruguayos que le sobran al capital lo que pone a los trabajadores sobre una incmoda pero real disyuntiva entre salarios y puestos de trabajo debilitando su capacidad de negociacin. En este nuevo escenario todo gasto que no contribuya a la acumulacin comienza a estorbar. Los recursos pblicos orientados a la sobrevivencia de la poblacin estructuralmente sobrante se ponen en cuestin. El frente pro-ajuste comienza a cobrar fuerza social y poltica.

El saldo que queda luego de uno de los perodos de mayor crecimiento de la historia tampoco es excepcional. La economa uruguaya tiene casi un 8,5% de desempleados con fuerte sesgo juvenil y femenino, uno de cada cuatro jvenes entre 14 y 25 aos est desempleado y si solo tomamos en cuenta a las mujeres, tenemos que casi una de cada tres jvenes uruguayas de entre 14 a 25 aos busca y no encuentra trabajo[2]. Estos datos no tienen en cuenta aquellas personas que ya han desistido de la bsqueda laboral por lo que la masa de gente sobrando es an mayor, an sin considerar aquellas personas que se autoemplean en actividades informales de venta minorista, como cuidacoches u otros servicios precarios, o viven de la mendicidad.

La pobreza general por su parte est en el entorno del 10%, siendo crtica en los nios menores de 6 aos, donde en Montevideo, casi un tercio vive en hogares pobres[3].

Los famosos equilibrios macroeconmicos de la ltima dcada, adems del alto flujo de renta, descansan sobre el hecho de que la mitad de la fuerza laboral del pas gana menos de 600 dlares mensuales[4]. Esto no es una invencin propia. Lo dice todo el tiempo el Ejecutivo cuando advierte que subas salariales superiores a las pautadas traeran consecuencias inflacionarias indeseadas. Es decir, en uno de los mejores momentos del capitalismo uruguayo an le sobra gente, sobre todo mujeres jvenes, tiene graves niveles de pobreza infantil y sostiene sus equilibrios sobre la base de casi la mitad de su fuerza de trabajo ganando menos de 600 dlares.

En este punto se podr decir que en los 90s se estaba mucho peor y mostrar una serie de indicadores que lo atestiguan. Y sera cierto. Sin embargo, tiene poco sentido comparar una fase econmica con escasez de flujo de renta e inversin extranjera como los 90s con una fase de niveles histricos de esas dos variables. Si se trata de hacer comparaciones sera ms frtil comparar lo que tenemos con lo que podramos tener si el 62% de la riqueza total que hoy est en manos del 10%[5] de la poblacin fuera un activo social comn o si el 40% del total del ingreso que hoy es apropiado por el 10%[6] ms rico estuviese equitativamente distribuido.

HI: Desde los sectores ms crticos, se seala que en un marco de depreciacin de los productos primarios que el Uruguay exporta, y sin una alteracin de la estructura de poder y propiedad de la economa interna, el escenario en el mediano plazo es el de un ajuste sobre los sectores trabajadores con consecuencias de desempleo y marginacin. Qu piensa de esta proyeccin? Cules son los escenarios que cabe esperar en el corto y mediano plazo? Qu lineamientos de poltica econmica habra que llevar adelante para afrontarlos?

RA: Sin recomposicin relevante del flujo de renta tarde o temprano habr ajuste, pero sobre todo habr un asentamiento de un capitalismo que estructuralmente asumir rasgos ms regresivos. A medida que aumenta la escala de la acumulacin mundial y se ampla la brecha de productividad que nos separa de otros espacios de acumulacin, es necesario un flujo cada vez mayor de renta para sostener nuestra economa. Si este flujo no crece al ritmo necesario o directamente cae, en primer lugar quienes administran empiezan a comprar tiempo captando flujos de deuda, cuando esto ya no da para ms lo previsible es el inicio el deterioro del tejido econmico nacional con capitales que perecen, estancamiento o retroceso de los salarios y el incremento de la poblacin obrera sobrante. Las bienintencionadas propuestas de blindar derechos formalizndolos en leyes u otros mecanismos por el estilo no sern suficientes para garantizarlos porque un marco legal es incapaz de resistir el empuje de una necesidad orgnica del patrn de acumulacin.

Al momento, las respuestas a esta deriva que se colocan desde algunos sectores de izquierda ponen el foco en el fomento de la demanda agregada (ampliar poder adquisitivo de los salarios y promover la inversin pblica) como forma de sostener la economa. Una suerte de keynesianismo perifrico a ser financiado con el incremento de algunos impuestos al capital. A mi juicio, este tipo de medidas, en una fase de renta del suelo baja, solo es posible en el marco de continuar con el ciclo de endeudamiento y por tanto apenas si nos permiten ganar un poco de tiempo al precio de incrementar el tamao del ajuste antipopular necesario. En Sudamrica, sin boom de materias primas, carecemos de la materialidad necesaria para que sea viable un capitalismo virtuoso de inspiracin cepalina. Intervenciones desde la poltica que van en contra de lo que el capital efectivamente requiere pero que tampoco avanzan sobre l, tienden a caotizarlo. Por otro lado, la posibilidad de avanzar por la va impositiva sobre el capital tiene lmites inmediatos, porque como veamos, el capital en Uruguay precisa diferentes mecanismos de compensacin para continuarse reproduciendo, entre ellos las exoneraciones o la baja carga impositiva. No es que no haya margen de accin por ese lado, sino que es poco y no resuelve el problema de fondo.

Varios de los ejes de lucha que hoy en da desarrollamos (lucha presupuestal, salarial, etc.) son de carcter inmediato y en el caso hipottico de triunfar nos pueden permitir evitar retrocesos en el corto plazo pero en el mediano trasladan el problema a otro mbito (dficit fiscal y deuda; o inflacin), por tanto no resuelven la contradiccin sino que a lo sumo la postergan y la trasladan de lugar. Si solo damos peleas de registro tctico e inmediato podemos avanzar en organizacin y confianza y evitar retrocesos, pero debemos ser conscientes que con ello vamos a estar desordenando el metabolismo del capital y por tanto aumentando la necesidad del ajuste posterior. Es imperioso profundizar el debate sobre los lmites del capitalismo en Uruguay.

Por otra parte, aparecen expresiones polticas que ponen el foco en el extractivismo como el problema central. En el corto y mediano plazo es inviable que Uruguay renuncie a los dlares que resultan de sus exportaciones primarias, por lo que lo que se llama extractivismo continuar siendo una realidad que se impone por la fuerza de la actual divisin internacional del trabajo. Oponer a ello una propuesta basada en la pequea propiedad semi artesanal sera insostenible poltica y econmicamente.

El problema planteado es cmo le oponemos a la deriva del capital un proyecto de base productiva capaz de sostener un pas con su gente adentro. Esto no se resuelve en el campo de la poltica econmica. En ltima instancia la llave maestra de la cuestin econmica est en la agenda dura de la poltica: el problema del poder, la propiedad y la matriz productiva. No es un asunto de tecncratas o gestores.

La forma de reproduccin de la economa uruguaya contiene en si misma su propio lmite. Al dinamizar la acumulacin cambiando renta del suelo por bienes importados abaratados a travs de un dlar bajo se inhiben las posibilidades del desarrollo de sectores productivos capaces de competir internacionalmente. Lo que dinamiza al capitalismo uruguayo al mismo tiempo lo confina a reproducir su matriz productiva. Es un problema congnito del cual solo puede salirse con una redefinicin del poder poltico de clase que sea capaz de apropiarse de la renta del suelo y ponerla al servicio de sectores con capacidad de una insercin sostenible a escala mundial, algo que es solo posible en el marco de la agregacin de una escala continental, por lo que la integracin regional es fundamental. La llave entonces para un proyecto sostenible est en utilizar los flujos de renta y lo que hoy se dilapida en consumo suntuario por parte de las lites como un fondo de acumulacin productiva a escala continental, lo que hace necesario pensar la poltica ms all del propio Uruguay.

En el mediano plazo y en un plano ms concreto aparecen algunos frentes especficos sobre los que intervenir con propuestas de fondo. A modo de ejemplo: el problema del poder adquisitivo de los salarios requiere un Plan de Abastecimiento Nacional que asegure el suministro efectivo de los bienes salario que componen la canasta de consumo de los trabajadores; la poltica inmobiliaria actual (o mejor dicho su ausencia) implica un enorme problema de acceso a la vivienda pero tambin es de las mayores fuentes de transferencia regresiva de recursos de trabajadores a propietarios a travs del flujo de alquileres. En este plano se requiere una estrategia que vaya ms all del control de precios para garantizar el acceso a la vivienda. En general, los diferentes frentes posibles deben ser abordados desde la introduccin de niveles de planificacin econmica que le disputen al mercado la conduccin del metabolismo econmico. Esto es, una poltica transversal de desmercantilizacin de la economa que tenga como punto de apoyo la planificacin del Estado en articulacin con espacios de poder popular organizado.

En el horizonte se visualiza un perodo de enlentecimiento o meseta de la acumulacin, que pautar el ingreso del capital a una fase ms regresiva, incrementando tensiones que probablemente se arrastrarn hasta hacerse insostenibles. Llegado ese punto la ofensiva del capital ser abierta sobre los salarios y el gasto del Estado orientado al salario indirecto y la contencin de la poblacin sobrante. En ese lapso hay que construir las capacidades polticas para contraponer a la crisis del capital una perspectiva socializante capaz de avanzar sobre su metabolismo.

Norbert Lechner deca que crear un orden es una forma de crear continuidad; del mismo modo podramos decir que crear continuidad es dar sentido a un orden. La promesa que nos sita rumbo a un capitalimo primermundista es el gran metarrelato que se ha cultivado en Uruguay y que en este nuevo escenario empieza a desgajarse. De seguir por este rumbo en el horizonte no est escandinavia sino otro 2002 a resolverse con confiscacin salarial y expulsin de ms uruguayxs del pas o del modelo, seguido de la canonizacin impostada de nuevos Batlles y Atchugarrys como smbolos de la concordia nacional.

La realidad nos golpea la puerta ante la cada del flujo de renta y nos enfrenta al hecho de que desde la crisis del neo-batllismo en adelante, el Uruguay progresista ha sido la excepcin y no la regla. Son necesarias altas dosis de realismo para comprender que el capitalismo como la gente en el largo plazo tiende a desfondarse, porque hacia ah vamos.


Notas

[1] Esta perspectiva con centralidad en la renta agraria fue desarrollada inicialmente por el economista argentino Juan Iigo Carrera. Por un mayor desarrollo de la misma ver entrevista a Juan Iigo Carrera realizada por Hemisferio Izquierdo https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2017/04/17/%E2%80%9CNo-son-dos-modelos-contrapuestos-sino-dos-caras-de-una-misma-moneda%E2%80%9D-con-Juan-I%C3%B1igo-Carrera-a-prop%C3%B3sito-de-los-ciclos-pol%C3%ADticos-en-Am%C3%A9rica-Latina o entrevista a Gabriel Oyhantcabal en el semanario Brecha http://brecha.com.uy/una-sociedad-base-agraria/.

[2] INE

[3] INE

[4] En base a documento sobre quincemilpesistas del Instituto Cuesta Duarte.

[5] Ver tesis de grado de Mauricio de Rosa: https://es.scribd.com/document/337999723/Tesis-Mauricio-de-Rosa-Distribucion-de-La-Riqueza-en-Uruguay

[6] Instituto de Economa de la Universidad de la Repblica.

Fuente: https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2017/07/12/%E2%80%9Cla-llave-maestra-de-la-cuesti%C3%B3n-econ%C3%B3mica-est%C3%A1-en-la-agenda-dura-de-la-pol%C3%ADtica-el-problema-del-poder-la-propiedad-y-la-matriz-productiva%E2%80%9D

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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