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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2017

Cmo ayudar y alentar al tuitero en jefe
Guerra de insultos en Washington

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Yo no tuiteo, sin embargo tengo un breve mensaje para nuestro presidente: Podra usted, por favor, quitarse de en medio unos minutos? Usted y sus payasos no nos dejan ver este maldito mundo, y este es un mundo al que deberamos prestarle atencin!

Tal vez el momento fue, hace algo ms de una semana, cuando me descubr a m mismo leyendo un tweet de Donald Trump dirigido a Joe Scarborough y Mika Brzezinski, de la MSNBC, quienes haban sugerido en Morning Joe que el presidente estuviera quizs mentalmente incapacitado.

O que, tuite el presidente, el despreciable @Morning Joe habla mal de m (no lo miro ms). Despus la Loca Mika y Psico Joe... vinieron a Mar-a-Lago cerca de Fin de Ao tres noches seguidas e insistieron en verme. Ella estaba sangrando feo de un lift de cara.Les dije que no!

En respuesta a la inquietante fascinacin de Trump por la sangre femenina, Brzezinski tuite la frase que esta en el dorso de una caja Cherrio: Hecha para Manos Pequeas, Y ah empez todo, varios das de lo mismo, incluyendo el apresurado anti-ciber de la Primera Dama a su marido (aunque indirectamente) va el director de comunicaciones de ella, quien dijo: Como declar pblicamente la Primera Dama, cuando su marido fuese atacado, l devolvera el golpe multiplicado por 10.

Pero hubo un tweet que realmente me llam la atencin, aunque fue en el comienzo mismo de una gresca que con tuits y devoluciones, entre ellos reclamos por intento de chantaje a la Casa Blanca por un artculo del National Enquirer y rplicas de todo tipo por parte de Trump llegara a monopolizar durante varios das los titulares y espacios de chismorreo de la televisin por cable. Ese tweet haba sido enviado por el dolo conservador Bill Kristol, editor por libre para el Weekly Standard. Deca: Querido @realDonaldTrump. Eres un cerdo. Atentamente, Bill Kristol.

No vemos nuestro planeta y sus problemas

Extraamente, en ese entonces otro momento tan distante que bien podra haber sido de otro planeta o, como por cierto fue el caso, de otro siglo vino a mi mente. Donald Trump estaba terminando sus aos de estudiante universitario en una academia militar y yo era un novato en Yale. Quiz fuera un fin de semana del final de la primavera de 1963. Uno de mis compaeros de habitacin era un chico de la clase obrera nacido en Detroit; algo muy raro en esa escuela de elite exclusivamente masculina, este judo de Nueva York (en los aos en que Yale estaba eliminando su cupo de judos). Otra rareza ms: ambos tenamos cita con dos chicas del Instituto Catlico de New Haven.

Aquella noche, debido a nuestra ignorancia, violamos las normas que regulan las visitas de personas del sexo opuesto a los dormitorios de la residencia de estudiantes de Yale algo propio del siglo pasado que hoy ya nadie conoce. Aquellas jvenes se quedaron en nuestra habitacin ms tiempo del que la escuela consideraba adecuado; en ese mundo de blancos, anglosajones y protestantes, puede que legal no sea la mejor palabra, pero el lector sabr lo que quiero decir. Permtame que me apresure y le diga que, en esos minutos prohibidos, no creo que siquiera le diera un beso a mi amiga.

Nota: sed pacientes. Pensad en que esto podra ser mi versin de un cuento del perro lanudo (o tal vez el de un repeinado Donald). Pero podis estar seguros de que no me he olvidado ni un segundo de nuestro tuitero en jefe. Cmo podra olvidarle?

De todos modos, los cuatro dejamos nuestra habitacin justamente cuando un guardin del campus estaba dejando entrar a un estudiante que haba olvidado la llave de su cuarto, enfrente del nuestro. Cuando nos vio, el guardin nos pidi el nombre a mi compaero y a m y los anot en su libreta por haber violado las normas de visita (lo que significaba que estbamos en un verdadero problema). Cuando bajaba por la escalera, mi compaero de habitacin probablemente un poco bebido se asom sobre la barandilla y empez a gritar al guardin. Ms de medio siglo despus, no recuerdo qu fue exactamente lo que le grit; excepto una palabra. Como Bill Kristol hizo el otro da con nuestro presidente, l llam cerdo al guardin.

Ahora bien, yo no era un muchacho de la clase trabajadora. En la peor poca de mi familia los dorados cincuenta cuando mi padre estaba cargado de desudas y a menudo sin trabajo, yo ya estaba preparndome para subir en la escalera social de Estados Unidos. Espiritualmente, yo perteneca a la clase media superior tal como era entendida entonces. Era maravillosamente educado. Era un autntico buen chico de esa poca. Y los buenos chicos no imaginan eso; en la vida real, incluso con un par de cervezas entre pecho y espalda, nadie llamara cerdo a la versin universitaria de un polica. Nunca en mi vida haba odo algo parecido. Sencillamente, no era la forma en que uno hablaba a un polica en ese entonces ni (hasta hace una semana) la forma en que uno se diriga a un presidente de Estados Unidos; tampoco la forma de hablar de un presidente estadounidense. Ni siquiera Donald Trump.

En otras palabras: cuando Kistol hizo eso, me escandaliz. Lo que significa que para eterna vergenza ma yo debo seguir siendo un buen chico, si bien ahora de un tipo completamente antidiluviano. Cuidado!, pocos aos despus de ese incidente, entre los activistas de izquierda (sin embargo, debo admitir, que a m nunca me pas), el llamar cerdo a un polica; ms an: los cerdos a aquellos que en la calle fastidiaban a los manifestantes contra la guerra, a los militantes negros y a otros se convirti en un lugar comn.

Entonces, he aqu una pregunta que hoy me hago a m mismo: si Kristol puede hacerlo impunemente, por qu no lo hara Tom Engelhardt? Por qu no yo, despus de tantos aos de presidentes estadounidenses permitiendo las prisiones clandestinas y la tortura; invadiendo y ocupando pases en todo el mundo; enviando robots asesinos a cualquier sitio del planeta para ejecutar con apenas su visto bueno a aquellos identificados como terroristas o enemigos (y de paso a cualquiera que ande por ah, incluso nios); ayudando a desarraigar a poblaciones enteras en nmeros que no se vean desde la Segunda Guerra Mundial; supervisando la creacin de un estado de vigilancia global y nacional cuyo quehacer habra asombrado a los gobernantes totalitarios del siglo XX; y proporcionado ms dinero al presupuesto de las fuerzas armadas de Estados Unidos que el que gastan los otros ocho pases ms importantes del mundo juntos por supuesto, esto es apenas el comienzo de una larga lista?

En estas circunstancias, por qu no traer una animal de corral para que en el siglo XXI se ocupe de la presidencia, un cargo que en sus das de gloria hace unas dcadas acostumbraba llamarse la presidencia imperial? Despus de todo, como ya he escrito alguna vez, Donald Trump no es una anomala en el Despacho Oval, aunque incluso, como pas con Scarborough y Brzezinski, tuitee y despotrique de una forma pasmosamente anmala para un presidente. Por el contrario, l es un extravagante sntoma de la decadencia de Estados Unidos, da la mismsima cuestin por la que apostara en su carrera hacia la presidencia: el hecho de que este pas ha dejado de ser grande.

Por supuesto, si hablamos en trminos de tctica, involucrarse en un intercambio de insultos con Donald Trump es fundamentalmente ayudar y alentar su presidencia (algo que los medios hacen cada da, incluso hora tras hora). La infantil mentalidad del presidente y sus asesores postula aquello de A palabras necias, odos sordos. Tal como inform recientemente el Washington Post, ellos piensan que esta guerra de insultos es una manera de ganar y la forma de tener continuamente enganchados a los medios especializados en noticias falsas, en un terreno que ellos consideran favorable, para proporcionar alimento incesante a la base que todava sigue siendo fiel al presidente.

Sin embargo, pienso que eso est muy lejos del problema fundamental de este tipo de lenguaje. Yo sospecho que los tweets y los insultos tanto los de Trump como los de Scarborough o de Kristol son una especie de cortina de humo. Respecto de lectores y televidentes, por supuesto, son man cado del cielo para esos mismos medios especializados en noticias falsas a los que Trump odia cordialmente. Tambin son ganancias. En el proceso, sin embargo, la sangre, los cerdos y todo el resto de insultos manejados en esta guerra de Washington ayudan a que nuestros ojos se mantengan eternamente pegados a la imagen del presidente y no veamos ninguna otra cosa de nuestro mundo. Nos dejan ciegos para con nuestro planeta y sus problemas.

Puede negarse que el mayor talento de Donald Trump es su permanente habilidad para vaciar el espacio meditico. Fue una destreza que l demostr sorprendentemente durante la campaa electoral de 2016, acumulando un monto sin precedentes unos 5.000 millones de dlares en cobertura gratuita en su camino a la Casa Blanca. Creo que se puede decir sin temor a equivocarse que jams en la historia ha habido tantas cmaras, tantos periodistas y tantos ojos centrados durante tanto tiempo en un solo hombre. En nuestro mundo lleno de pantallas, parece ser ms importante que la vida, ms importante que cualquier otra cosa. Fundamentalmente, l impide ver, da y noche.

En este sentido, hace poco lo catalogu probablemente lo ms cerca que haya estado de un insulto como nuestro pequeo gran hombre. Es mezquino, nfimo, pero con cada maldito tweet da la impresin de ser tan grande, que por el rbol que arde resulta difcil ver el bosque en llamas.

El recalentado presente y un futuro recalentado

Fijmonos en Corea del Norte. El jueves 30 de junio, cuando el revuelo Scarborough-Brzezinski estaba bullendo, Trump se encontr con el nuevo presidente surcoreano, Moon-Jae-in; ambos hablaron con los medios en el Rosedal de la Casa Blanca sin responder preguntas. Los comentarios del presidente respecto de la situacin coreana fueron sorprendentemente sombros y categricos. La paciencia estratgica con el rgimen norcoreano, dijo, ha fracasado. Francamente, la paciencia se ha acabado. Y despus, agreg: Respecto de Corea del Norte, tenemos muchas opciones.

Da la casualidad que sabemos (o al menos podramos saber) algo sobre la naturaleza de esas opciones. Apenas un da antes, el asesor presidencial en materia de seguridad nacional, teniente general H.R. McMaster, confirmo la informacin de que ciertamente se haba preparado un nuevo conjunto de opciones para el presidente. Lo que debemos hacer, dijo a un comit asesor de Washington, es preparar todas las opciones ya que el presidente ha sido claro: no aceptaremos una potencia nuclear en Corea del Norte ni una amenaza dirigida a Estados Unidos y a su poblacin. El propio McMaster fue claro: todas las opciones implicaban las militares, supuestamente golpear duramente a ese pas y su programa nuclear.

Ahora, recordemos que, aparte del todava modesto pero amenazante arsenal nuclear, se cree que el poder de fuego convencional que Corea del Norte ha dispuesto en su frontera con Corea del Sur apuntando a la capital de este pas, Seul, una ciudad con 25 millones de personas a solo 48 km, es potencialmente devastador. Agreguemos a esto la presencia de 28.500 soldados de EEUU acantonados en este pas, la mayor parte de ellos relativamente cerca de la frontera, por no hablar de los 200.000 civiles estadounidenses que viven all; sin duda, tenemos aqu uno de logares ms explosivos del mundo. Si estallaran hostilidades y estas escaparan a todo control, como bien podra ocurrir, morira una incontable cantidad de gente; ciertamente, podran emplearse armas nucleares por primera vez desde 1945 y grandes zonas de Asia podran (entre ellas, algunas de Japn) podran quedar asoladas. Lo que podra significar una segunda guerra de Corea est ms all de lo imaginable.

En el encuentro Trump-Moon del Rosedal, el presidente tambin anunci sanciones contra un banco chino vinculado con Corea del Norte y una venta de armamento a Taiwan por un monto de 1.400 millones de dlares; ambos anuncios significan claramente unas bofetadas al liderazgo de China. Para decirlo de otra manera, en tanto se trataba de conseguir la ayuda de China en relacin con la situacin coreana, la paciencia estratgica de Trump empez a desgastarse a principios de abril en su encuentro de Mar-a-Lago con el presidente chino Xi Jinping y parece haberse agotado muy rpidamente.

En este contexto, si el lector crea que la pelea Trump-Scarborough-Brzezinski era una caja de yesca, vuelva a pensarlo. Pero dgame, se ha enterado usted de las noticias sobre Corea? Si me dice que no, de ninguna manera me sorprende. En la maana de ese sbado, el peridico de mi ciudad, el New York Times ya sabis; ese pasqun que pretende ser imparcial y no lo es hizo que La Batalla de Morning Joe: una pelea presidencial fuese la nota central de la primera plana (que continuaba en toda una pgina interior. Adems, aparecan una segunda nota sobre el tema y la principal nota editorial, El seor Trump es muy criticado).

En cuanto a la cuestin coreana, apareci en el final de la pgina 8 (Trump adopta una posicin ms agresiva con los aliados de Estados Unidos y los adversarios en Asia) y hasta el prrafo 16 no mencion los comentarios del presidente acerca de su paciencia estratgica (en la pgina 8, tambin haba una nota sobre las sanciones de Trump a un banco chino y el acuerdo de venta de armas a Taiwan).

Y lo del Times no fue la excepcin. Dadas las circunstancia, debera perdonarse al lector por haber pensado que la ms grandiosa historia de nuestro mundo (y su mayor peligro) se encuentra en la esfera del tuiteo. Hizo falta que Corea del Norte hiciese su primer ensayo de un misil balstico intercontinental cuidadosamente programado para el 4 de julio para que las noticias de ese pas irrumpieran en el campo de lo perceptible, e incluso entonces los tweets de Trump estaban en el centro del reportaje.

Del mismo modo, si Trump y sus payasos no hubiesen cogido tanto espacio en nuestro actual mundo estadounidense, podra ser ms fcil captar muchos otros peligros potenciales en un planeta en el que parece haber tantas cerillas y astillas preparadas pare el incendio. Echemos una mirada a Oriente Medio, por ejemplo, y la veloz transformacin de la guerra contra el Daesh, que podra en poco tiempo convertirse en una hoguera encendida por la administracin Trump en la que se veran envueltos Turqua, Irn, Arabia Saud, Qatar e incluso Rusia, entre otros pases y organizaciones. Otra cuestin alarmante en el futuro es el posible pasaje a una versin republicana de programa de cuidado de la salud y las ms de 200.000 muertes evitables que probablemente producira este programa en la prxima dcada.

O podramos centrarnos en un presidente que ha abandonado el acuerdo climtico de Pars y ahora machaca no solo con la independencia energtica de Amrica del Norte sino tambin con el dominio energtico de Estados Unidos en un planeta para el que l promete una nueva era dorada estadounidense alimentada con combustibles fsiles. En una era como esta, con un presidente como este, que acapara la atencin de todo el mundo, quin piensa acaso en los aproximadamente 1.400 millones de refugiados climticos que podran producirse por la inundacin de las tierras costeras ms bajas del mundo? Por hacer una comparacin, segn el organismo de Naciones Unidas que se ocupa de los refugiados, el nmero calculada en 2016 de personas forzosamente desplazadas en el mundo al terminar la Segunda Guerra Mundial fue de 65.600.000 una cifra pasmosa, que sera apenas una gota en el cubo lleno de agua de nuestro recalentado futuro si los guarismos previstos para 2060 resultan cercanos a la exactitud.

El mundo de un tuitero en jefe y algunos musulmanes alborotadores

Los recientes tweets de Donald Trump dejaron en claro una cosa: en las ltimas cuatro dcadas hemos estado en un viaje totalmente estadounidense, un viaje que en cierto modo puede ser el que va de Brzezinski (el asesor en seguridad nacional de Jimmy Carter Zbigniew, que falleci hace poco tiempo) a Brzezinski (Mika, su hija).

En cierta forma, el lector podra decir que regresando a 1979 Brzezinski padre nos introdujo en una nueva poca global de conflicto imperial. Despus de todo, l fue el responsable mayor de hacer que Estados Unidos se implicara en una guerra en Afganistn para que la Unin Sovitica tuviese su propio Vietnam o, lo que el lder sovitico Mihail Gorvachev llamara ms tarde su herida sangrante. Lanz lo que se convertira en un gigantesco programa organizado por la CIA y respaldado por Arabia Saud y Pakistn para financiar, adiestrar y armar el ms fundamentalista de los fundamentalismos afganos y otros yihadismos antisoviticos, incluyendo a un joven saud conocido como Osama bin Laden (un tiempo despus, el presidente Ronald Reagan llamara a esos rebeldes islamistas afganos el equivalente moral de nuestros Padres Fundadores). Al hacerlo, Brzezinski puso en movimiento un proceso que metera profundamente una cua islmica en el corazn de la Unin Sovitica y, despus de que la intervencin rusa en Afganistn se tradujera en una desastrosa guerra que durara una dcada, mandara de regreso a casa a un renqueante y derrotado Ejrcito Rojo, todo lo cual a su vez sera fundamental en el derrumbe de la Unin Sovitica. De esta cuestin, Brzezinski jams se arrepentira; en 1998, dira, Qu es ms importante para la historia del mundo: el Taliban o el colapso del imperio sovitico?, algunos musulmanes alborotadores o la liberacin del centro de Europa y el final de la Guerra Fra?. Y respecto de esos millones de afganos que acabaran muertos, heridos o arrancados de su casa y su vida, bueno... en realidad, a quin le importaba?

Por supuesto, ahora estamos de lleno en ese mundo de musulmanes alborotadores y, casualmente, Estados Unidos contina peleando una guerra en Afganistn mientras la nueva administracin se prepara para intervenir militarmente en ese pas, quizs por cuarta o quinta vez desde octubre de 2001; hay alguien que le preste atencin a esto? Quin podra hacerlo con los ltimos tweets presidenciales ocupando los titulares de la prensa y todo el mundo en Washington esperando su turno en la guerra de insultos?

Si en 1978 el lector hubiese vaticinado que entre 1979 y 2017 Estados Unidos se vera dos veces envuelto en una guerra (durante ms de un cuarto de siglo, hasta ahora) en entre todos los lugares posibles Afganistn, y sin un final de su segunda guerra afgana a la vista, todo el mundo se habra redo de usted. Y si hubiera intentado explicar que, casi 40 aos ms adelante, un presidente milmillonario, literalmente un capitalista de timba, estara gobernando en la Casa Blanca como adjunto de sus negocios familiares y enviando extravagantes mensajes sobre la hija de Zbigniew Brzezinski que se constituiran en las noticias de ese momento, con toda seguridad lo ingresaran en un establecimiento de salud mental por considerarlo loco de remate. Unos medios obsesionados por las labores de Mika Brzezinski, la hija de Zbigniew, en las febriles manos del presidente Donald Trump? Quin pensara en eso?

Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande? Usted debe estar bromeando. Ya es hora de dejar de insultar a los cerdos y centrarse en cambio en la situacin del mundo.

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176304/tomgram%3A_engelhardt%2C_aiding_and_abetting_the_tweeter-in-chief/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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