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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-07-2017

Venezuela, con respeto y solidaridad

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


En la prctica totalidad del universo poltico y comunicativo vasco y espaol defender hoy al gobierno venezolano y los progresos habidos respecto a las condiciones de vida que el proceso de transformaciones ha supuesto en ese pas para las grandes mayoras populares, puede abocar directamente al linchamiento. Ver supuestos debates en determinados canales televisivos o tertulias radiofnicas, as como escuchar declaraciones de la clase poltica tradicional es como or un discurso monotemtico que no se sale ni un pice de la supuesta verdad: Venezuela es un rgimen dictatorial y la oposicin solo lucha por la democracia perdida. Aunque para ser justos, ms que el linchamiento de quien disienta de ese discurso dominante, lo que prima hoy en da en esta democracia ibrica es la invisibilizacin absoluta, no vaya a ser que dar cabida a alguna duda razonable pueda abrir resquicios en el muro poltico y meditico construido en estos aos. El fin, evidentemente, ahogar la ms mnima objetividad sobre lo que est ocurriendo en ese pas latinoamericano. Sin duda, cualquier observador independiente podr apreciar el sustrato de tics coloniales que todava subsisten y que la vieja madre patria peridicamente saca a la luz con su ntimo convencimiento de alumbrar el camino de todo un continente atrasado y no civilizado, como si todo se hubiera quedado parado en el siglo XVI o XVII.

En esta misma lnea, una hipottica defensa del sistema venezolano se equipara automticamente, y se descalifica y anula, mediante el recurso fcil de la comparacin con otros regmenes ya condenados, cuando no con los mismsimos infiernos. Romper, o simplemente cuestionar el discurso monoltico de ataque ciego a Venezuela es como ponerse del lado del rgimen norcoreano, del Irn de los ayatols o de la ltima fase del rgimen de Sadam Hussein, cuando ste dej de ser til a los intereses de las potencias occidentales que tanto le cuidaron y animaron en los aos de su enfrentamiento con Irn.

Como sealbamos antes, escuchar los discursos, comentarios, declaraciones y tertulias polticas es como recuperar del bal ms oscuro de la historia (y esto escocer, pero djenme exponerlo) a Joseph Goobels, ministro nazi de propaganda; por cierto, ttulo bastante ajustado a sus funciones y hoy recuperado por muchos que se dicen analistas polticos. Una de las frases ms famosas, a l atribuidas, es aquella que seala que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Se hizo constantemente con Hugo Chvez quien gan hasta quince elecciones y referndums, siempre con la aprobacin de observadores internacionales, y a pesar de ello permanentemente se le etiquet como un tirano y as cal entre diferentes sectores sociales. Habr que aadir a este principio de la propaganda poltica que a una buena mentira siempre ser bueno acompaarla con una potente dosis de manipulacin continua. Solo as se entender que se defiende, sin tica alguna, que en Venezuela una consulta de la oposicin es algo altamente democrtico y una victoria para sta y se llenen las portadas de peridicos, se abran informativos y se copen declaraciones polticas como si hablramos de nuestra realidad ms cercana, por ejemplo las elecciones al parlamento vasco o al congreso espaol, aunque eso ocurra en un pas a 8.000 kms de distancia y la consulta se realizara al margen de la constitucin que ahora esos sectores dicen querer defender, aunque siempre combatieron por ser, segn ellos y stos, una constitucin chavista. Todo, sin cuestionar en ningn momento la inexistencia de censos, de mesas de votacin, sin urnas, en suma, sin ninguna de las ms mnimas garantas de cualquier proceso electoral y dando por vlidos de forma inmediata los ms de siete millones de votos que proclama la oposicin. A pesar de curiosidades como el hecho de que en el estado espaol en enero de 2017 estaban censados poco ms de 60.000 venezolanos y venezolanas (nias y nios incluidos) y, milagrosamente, en la consulta votaron ms de 90.000. Y, curiosamente, habr que decir aqu, pues se oculta permanentemente, que dicha consulta pese a no ser legal, no fue obstaculizada ni prohibida por el tirnico gobierno de Maduro.

En paralelo, desde el alto pedestal que otorga creerse an la madre patria y poco menos que la cuna de la democracia aunque an se arrastren tics y consecuencias de la reciente dictadura, no hay duda alguna, por parte de esa misma clase poltica y meditica tradicional, para tildar de ilegal y propio de quienes han perdido todo contacto con la realidad la propuesta de ejercicio del derecho a decidir que ha planteado el gobierno y la sociedad de Catalunya. Lo que en la dictadura de Venezuela es legal y se aplaude como un ejercicio democrtico, en el democrtico estado espaol se declara ilegal y se amenaza de todas las formas posibles para su no celebracin. La democracia tiene poder para evitar el referndum (Saenz de Santamara, vicepresidenta); no se celebrar porque va en contra de todas las leyes (Rajoy, presidente); recuerden que el ejrcito est para defender la integridad y la soberana (Cospedal, ministra de defensa). Todos ejemplos de declaraciones que no tienen relacin alguna con la consulta realizada por la oposicin en Venezuela sino con la propuesta de referndum en Catalunya. Y esto, aunque est demostrado que casi el 80% de la ciudadana catalana est a favor de ejercer ese derecho. No cabe sino la perplejidad ms absoluta ante esta comparacin de dos realidades que deben de pertenecer a universos paralelos. Sin duda alguna, si resucitara Goobels estara altamente satisfecho del amplio eco alcanzado en la prctica poltica por sus enseanzas mediticas.

Y en otro orden, aunque siempre en el marco de la misma hipocresa y manipulacin, se podra hablar de la alta preocupacin que estas clases polticas y mediticas expresan continuamente por la democracia y en defensa de la oposicin venezolana como si en ese pas se jugara el planeta su futuro de paz y bienestar. Mientras ignoran, invisibilizan y esconden lo que ocurre en otras democracias tambin latinoamericanas. Donde est sino la preocupacin por las 23.000 muertes violentas producidas solo en 2016 en Mxico, por los continuos, constantes y reiterados asesinatos (varios cientos) de lderes sociales, indgenas y mujeres defensoras de los derechos humanos frente a oligarquas y transnacionales en pases como Guatemala, Colombia o Brasil. Dnde las portadas, aperturas de informativos y declaraciones de tertulianos por los golpes de estado contra gobiernos democrticos como los de Honduras (2009), Paraguay (2012) y Brasil (2016). Esos tambin fueron atentados a la democracia y sin embargo nunca hubo interrupcin de las relaciones diplomticas, exigencias de restablecimiento de los gobiernos elegidos y mucho menos rupturas de las relaciones econmicas, ni cruzadas por la democracia.

Pero, estn tranquilos. Si algunos al inicio de este texto temieron encontrarse con una defensa ciega de la revolucin bolivariana en Venezuela, y si a pesar de ello llegaron hasta aqu en su lectura, quizs se sientan frustrados, pues nunca quiso ser eso este texto. Encontrarn de todas formas razones fciles en sus discursos nicos para descalificar esta disidencia de la norma. Pero la pretensin no era aqu la defensa del gobierno venezolano, pues se parte del respeto a su soberana y de la capacidad y derecho del pueblo de este pas para que decida su camino. El fin era y es la denuncia de la hipocresa, casi monoltica, que reina en la clase poltica tradicional y meditica vasca y espaola con respecto al proceso poltico y social de ese pas latinoamericano. Los mismos que siempre censuraron, a veces con razn, la construccin de un discurso homogenizante y nico por determinados regmenes pasados o presentes, aplican esas frmulas para descalificar lo que hoy ocurre en Venezuela y respaldar ciegamente a su oposicin sin cuestionar su legitimidad ni sus referentes polticos o ideolgicos, adems de econmicos. Oposicin que, por cierto, est llena y esto es objetivo y demostrable de ultraderechistas a quienes la democracia no import nunca salvo que sirviera a sus intereses de clase. Y, a pesar de la condena fcil, la descalificacin prepotente o la invisibilizacin absoluta, no pedir disculpas por disentir del discurso dominante y por molestar a muchos con este texto.

Jesus Gonzlez Pazos. Miembro de Mugarik Gabe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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