Portada :: Argentina
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2017

El espectculo de la intemperie

Sandra Russo
Pgina/12


El cctel molotov de este invierno estalla dentro de los cinco mil cuerpos que yacen en la noche, en la intemperie portea. No son cuerpos annimos, sino cuerpos con historia y con recuerdos de otros tiempos con techo. Por ese techo se pagaba con el trabajo que el macrismo ya deshizo o destruy. Lo novedoso del macrismo es una disposicin a la impiedad frontal. Una pulsin visceral a la despersonalizacin del otro, que ya no es la patria, porque el macrismo florece en un mundo trasnacional que vomita fronteras y rinde culto al off shore. No necesita de nada que se denomine patria. El dinero no tiene a sus padres enterrados en ninguna parte. El alma buitre del macrismo tampoco se detiene a pensar cmo habr sido la eterna ltima noche bajo cero que un padre o una madre vieron convulsionar de fro a sus hijos. El alma buitre no es conmovible. Est diseada con un dlar siempre atrasado como molde. Se alimenta de dolor y de entraas ruidosas por el vaco que guardan. El alma buitre no es alma: es espina, es garrote, es balazo o es gas, es patada y sealador de desechos humanos.

Ese es el toque que caracteriza a este fascismo democrticosegn describe Alain Badiou en la figura revulsiva de Donald Trump que corona la irrupcin al poder de gente que a muchsima otra gente le parece inconcebible y que sin embargo no slo gobierna en ciudades y pases de varios continentes, recalculando hasta dnde debe entrar la cuchilla de la crueldad en la carne de los otros, y que se hace ms fuerte, se autoafirma, cuanto ms hondo se muestra capaz de herir y malograr. De pronto, el mundo volvi a ser el Coliseo romano, pero en lugar de cristianos o de esclavos hay pobres, viejos y nuevos, y en lugar de leones hay multimillonarios a los que centenares de falsos periodistas untan minuto a minuto con la fascinacin electrnica, lavndoles los pies de toda culpa, cubrindoles los crmenes con tapaojeras, como si fueran vedettes del mal.

El estupor general suele ganarle a la indignacin. Porque funciona. Ellos buscan votos enarbolando no banderas, sino motosierras humanitarias. Y los encuentran. Haber los hay. Les sigue garpando el asunto de la herencia pesada, la yegua, Bonadio, esas letanas de corrupcin que de paso toman otros mediocres aspirantes a ser un poco menos crueles que stos. Si algo de hallazgo poltico tiene Macri, es haberle sacado el velo al viejo sentido comn que nos devolva la imagen de un pueblo solidario y sensible, que donaba colchones o alimentos no perecederos en las catstrofes. La Argentina entera hoy es una catstrofe, pero no slo porque gobierna Macri, sino sobre todo porque se lo tolera, porque se deja corromper, igual que otros pueblos, por ricos rsticos que slo usaron alguna vez sus manos para contar lo propio. Macri no tiene idea de qu es un guante de trabajo. Se los pone al revs. Rodrguez Larreta nunca anduvo en el barro: l tambin se pone las botas de lluvia al revs. No disimulan porque no haber trabajado con las manos ni haber recorrido el territorio que gobiernan es parte de su lgica: no hay equivocacin. Han logrado que la manada de repetidores con sobre por debajo de la mesa los muestre autnticos, y la masa peinada con spray mastica esa autenticidad mientras le llega el turno de ser su vez masticada por ellos.

Este invierno, que atraves esta semana sus das ms crudos hasta ahora, recibi con sus brazos glidos a cinco mil expulsados irredentos del sistema que ofrece coqueteras a las mascotas y dedica una Direccin General a los ciclistas. Quienes los contaron llegaron a ese nmero que quintuplica el nmero oficial, pero desde el invierno pasado hemos visto cada uno de nosotros cmo en la esquina, en la puerta del bar ya cerrado, o en el umbral de la casa en venta, o en el cajero automtico de la avenida, o bajo el alero del hipermercado, o en la recepcin abierta del edificio sin terminar ellos se iban acomodando. Qu palabra insolente. Pero s, acomodaban sus dos o tres bolsas de plstico, su colchn manchado de viejo o de sucio, su frazada tosca, su pila de diarios. Hemos visto que un da amanecieron ah, muchos de ellos conciliando el sueo con alcohol, y otros con los ojos todava asombrados de que sta sea la vida que les toca. Algunos antes vendan artesanas o hacan changas que ya no hay. Casi todos conocan la miseria, pero fue entre el invierno pasado y ste en curso que comenzaron a formar parte del ejrcito rendido de los que slo pueden dar la pelea de esta noche, los que deben llegar con vida hasta maana. Han sido reducido por los jbaros macristas a esas sobras que cuando Macri era jefe de gobierno de esta ciudad, la UCEP echaba a patadas porque deslucan el espacio pblico. Un sin techo no puede competir con una linda mascota que se ha hecho la manicura. En la ciudad macrista los perros o los gatos son mejor vistos que los seres humanos de piel oscura.

De los 90, cuando los sin techo eran legin y casi plaga, recuerdo una nota que escribi Gabriel Giubellino en Clarn. Era una crnica muy buena sobre un matrimonio entre un hombre sin techo que dorma en las escalinatas de una iglesia, y una mujer a la que se haba unido y con la que se haba casado gracias a una colecta que les haba permitido costear el trmite. Me qued grabado a fuego el final de aquella nota, cuando el cronista, antes de irse, le preguntaba al novio: Con qu sos?, y el novio contestaba: Sueo con cerrar una puerta. Y en esas cinco palabras sencillas a uno se le vena encima esa intemperie, que no slo implicaba las noches heladas o las noches trridas, sino que adems indicaba, sin exageracin ni grandilocuencia, la total desnudez en la que vivan aquellas pobres criaturas que quiz, encima, sintieran culpa de tener tan poco. No tener ni una sola puerta para abrir o cerrar. Estar en situacin de calle es, adems de lacerante, obsceno.

Cada vez habr ms. Y si no los hay, es porque inventarn alguna forma de levantarlos en un camin y mandarlos a otra parte. Lo ha hecho siempre la derecha. Desde la dictadura. Despejar, despejar. En la hondura de la noche y cuando nadie ve. Sacarlos de circulacin. Llevarlos lejos. De eso se quejaba esta semana un funcionario marplatense: deca sobre una mujer que muri de fro en esa ciudad, que ya la haban llevado a un hospital varias veces pero que la mujer volva como un perrito a ese lugar que le gustaba.

Son as de bestiales y se dirigen a gente que comparte su gusto por la impiedad. Como los que les gritaban a los despedidos de PepsiCo que vayan a laburar. Idiotas que se quejan cuando se les dice idiotas. Gente que cree que ha venido al mundo mejor dotada que otra gente que se merece sufrir o en todo caso no es su tema, y es su tema, porque ese electorado vota el castigo al dbil. Hay maneras ms complejas e inteligentes de decirlo, pero con esta alcanza por hoy, que hace fro. Mientras tipeo acalambrada de rabia, ac en la esquina ya s que estn las dos bocacalles ocupadas por los colchones que los sin techo de este barrio tiran despus de las diez de la noche, cuando ya casi nadie camina por la calle. Tengo fro en mi cuarto pero me hiela adentro cuando pienso que ellos estn ah, y que no se lo buscaron, no lo eligieron, no pudieron hacer nada contra todas las vallas que el macrismo interpuso entre la vida digna y ellos. Buenos Aires est helada en su tutano. Ha perdido la gracia que supo tener en otras pocas, ha perdido su aventura, su magia, su don de gentes.

Esta ciudad, que alguna vez fue progresista, envejeci. Ha adquirido el rictus de una vieja mala con anillos de oro en cada dedo, que mira displiscente a los desamparados.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/51652-el-espectaculo-de-la-intemperie



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter