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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2017

Boicot, desinversin y sanciones contra Israel
rboles y BDS

Joan Caete Bayle
CTXT (Contexto y Accin)

Hay que acabar con la ficcin del conflicto entre dos pueblos al mismo nivel con idntico derecho sobre la misma tierra. Hay una ocupacin, hay un ocupado, y por tanto, un ocupante. Si se boicote a Sudfrica, por qu no a Israel?



Hace unos das visit Espaa Yair Lapid, diputado israel, dirigente del partido de centro-derecha Yesh Atid (centro-derecha, cuando hablamos de poltica israel, significa muy de derechas). Se person Lapid en el Parlamento con el propsito confeso de explicar a los diputados cmo con dinero espaol se financia, y cito, a organizaciones que dan su apoyo al movimiento anti-israel BDS que apoya el terrorismo y aleja la paz entre israeles y palestinos. Se refiere a ONG que trabajan con contrapartes palestinas que dan su apoyo o forman parte del movimiento del BDS.

Las tres letras. BDS. Boicot, desinversin y sanciones. Esas tres letras son una fuerza creciente en el mundo diplomtico, como la misma presencia de Lapid aleccionando a los diputados sobre a quin da dinero pblico el Estado. Israel considera el BDS, con un peln de sobreactuacin, al menos en estos momentos, una amenaza existencial. Como tal, el BDS se cuela en la agenda diplomtica, gracias sobre todo a la accin de la sociedad civil. Y el BDS tiene muchas virtudes, y algunos inconvenientes, pero una de sus virtudes es que incomoda mucho a los gobiernos, dado que en esencia lo que dice es: eh, que el rey va desnudo. O lo que es lo mismo: Israel vulnera los derechos humanos y vosotros, qu hacis? Por supuesto, siempre con Sudfrica en mente.

UNA DE LAS VIRTUDES DEL BDS ES QUE INCOMODA MUCHO A LOS GOBIERNOS, DADO QUE EN ESENCIA LO QUE DICE ES: EH, QUE EL REY VA DESNUDO. O LO QUE ES LO MISMO: ISRAEL VULNERA LOS DERECHOS HUMANOS Y VOSOTROS, QU HACIS?

Poco antes de la visita de Lapid, hace unos das, la Comisin de Cooperacin del Congreso de los Diputados aprob la iniciativa propuesta por el grupo parlamentario de Unidos Podemos en la que se reconoce de manera especfica el derecho a defender las actividades legales y pacficas de los activistas de derechos humanos palestinos, israeles y de otros pases, protegidas por la libertad de expresin y reunin, como el derecho a promover las campaas de boicot, desinversin y sanciones. De esta forma se trabaja para evitar lo sucedido en otros pases, como Francia, en los que la defensa del BDS se considera como antisemita. En Espaa, hay varios ayuntamientos que han promovido mociones en favor del BDS, y algunos de ellos estn enfrascados en costosos procesos judiciales porque han sido llevados a tribunales por asociaciones proisraeles. El Ayuntamiento de Barcelona, sin llegar a defender el BDS, es el que ha dado un paso ms decisivo de entre los de mayor peso al aprobar una declaracin institucional en la que condena la ocupacin israel y las polticas de colonizacin de los territorios palestinos y defiende los derechos humanos y la legalidad internacional como principios rectores de un modelo de relaciones internacionales que se base en la dignidad de las personas y fomente la justicia global. Derechos humanos. Legalidad internacional. Cunta subversin, la de la nueva poltica!

Nada de esto sera posible sin la labor del movimiento asociativo espaol, muy rico en organizaciones que trabajan en Palestina desde el mundo de la cooperacin y del activismo. El debate de la cooperacin en el marco de la ocupacin es muy complejo, pero no puede negarse que durante aos las ONG espaolas han hecho un gran trabajo a la hora de tender puentes con la poblacin palestina y su sociedad civil. En la imagen y el reconocimiento que tiene Espaa en los territorios ocupados, el papel de las ONG sobre el terreno es crucial.

Y ahora, con el BDS, este movimiento asociativo tiene una misin interna dentro de Espaa: a ellos les corresponde gritar que el rey va desnudo y obligar al gobierno (pero no solo) a actuar en consecuencia. La pregunta es sencilla: si se boicote a Sudfrica, por qu no a Israel? Es funcin de la sociedad civil exigir el BDS, por muy lejos que est una posibilidad realista de este tipo.

Un rodeo: el 6 de marzo del 2002 Miguel ngel Moratinos, en calidad de enviado especial de la UE a Oriente Prximo, lleg a la Mukata de Ramala en visita oficial. La Mukata es an hoy el complejo presidencial de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Entonces, marzo del 2002, Arafat se encontraba aislado y recluido por el Ejrcito israel en ese edificio desde haca semanas. De hecho, hasta su postrero viaje a Pars para morir, Arafat slo abandonara la Mukata una vez, en una infausta visita al destruido campo de refugiados de Jenin. Eran los tiempos de la operacin Muro Defensivo, una de las ofensivas militares israeles de mayor calado poltico durante la segunda Intifada. Arafat, deca, se encontraba sitiado en la Mukata, rodeado de ruinas y edificios bombardeados y agujereados a tiros. All acometa su particular diplomacia mientras poco a poco la Autoridad Nacional Palestina --y con ella los acuerdos de Oslo y el denominado proceso de Madrid-- era vaciada de contenido por la ofensiva militar israel. Aquel da, 6 de marzo del 2002, Moratinos y su nmero dos se personaron en la Mukata. Para hacerlo tuvieron que viajar desde Jerusaln Oeste y cruzar al menos dos puestos de control israeles. Un viaje de este tipo hecho por un diplomtico occidental, obviamente, se coordina con las autoridades israeles. Pues bien, en el preciso momento en que Arafat reciba a Moratinos, helicpteros de combate Apache israeles bombardearon la Mukata. Los proyectiles impactaron en varios edificios, uno de ellos a escasos 20 metros de donde Arafat y Moratinos estaban reunidos.

DE MANERA VOLUNTARIA, EN LA ESFERA DIPLOMTICA, ESPAA SE HA IDO DIFUMINANDO DENTRO DE LA POLTICA GENERAL DE LA UE. COMETE, PUES, EL MISMO ERROR: LA OCUPACIN HA HECHO INVIABLE LOS DOS ESTADOS

Sirva la pequea hazaa blica de Moratinos tan solo para ejemplificar que las relaciones diplomticas con Israel son materia de alto riesgo. Y en este sentido Espaa no es una excepcin. En lo referente a Israel y los territorios ocupados, la poltica espaola es coherente independientemente del color poltico de los gobiernos. No hay, para entendernos, el equivalente de una cumbre de las Azores, un elemento disruptivo, un giro de 180 grados, ni siquiera bajo el mandato de Jos Mara Aznar, pese a las posturas hardlinepro-sionistas que el expresidente ha mantenido como conferenciante despus de abandonar la Moncloa. Desde la conferencia de Madrid de 1991, Espaa se ofrece como mediador privilegiado entre ambas partes. De hecho, el famoso cuarteto cuya hoja de ruta hacia los dos Estados sigue siendo, al menos formalmente, el plan de paz oficial (y cuyas normas establecen el bloqueo de Gaza) se llam en su origen Cuarteto de Madrid, ya que se cre bajo presidencia espaola de la UE con claras reminiscencias del proceso de Madrid.

Diplomticamente, Espaa ha alineado su poltica oficial con la de la UE. Espaa defiende los dos Estados para dos pueblos que vivan en paz y seguridad uno junto al otro. Espaa apuesta por el proceso de paz, no aprueba la expansin de los asentamientos (de ah su votacin en la famosa resolucin de la ONU que impuls la administracin Obama antes de dejar la presidencia) y considera a Hamas un grupo terrorista. Como miembro de la UE, apoya el bloqueo a Gaza. De manera voluntaria, en la esfera diplomtica, Espaa se ha ido difuminando dentro de la poltica general de la UE. Comete, pues, el mismo error: la ocupacin ha hecho inviable los dos Estados; lo que existe hoy en el territorio de la Palestina histrica desde el Mediterrneo hasta el Jordn es de facto un solo Estado, con ciudadanos de primera (los israeles judos), de segunda (los israeles palestinos), de tercera (los ciudadanos de Jerusaln), de cuarta (los palestinos de Cisjordania) y de quinta (los palestinos de Gaza), con los refugiados incluso fuera de esta liga. El llamado proceso de paz es como la rueda de un hmster: no deja de dar vueltas, pobrecito, maltratado por los extremistas de ambos lados, nunca hay forma de reactivarlo, no hay manera ni siquiera de que ambas partes se pongan a hablar. Este es el tpico discursomainstream. Durante mucho tiempo, si el discurso lo haca un poltico o un diplomtico espaol, incorporaba el deseo de reunir a las partes de nuevo en Madrid. Ahora, ya ni eso. El problema, y ese es un problema generalizado y no solo de la diplomacia espaola, es que todo el mundo sabe que es no es cierto. Y los ministros de Exteriores y los diplomticos espaoles, como los de muchas otras nacionalidades, tambin. Hablar con ellos on the record y off the record son dos mundos diferentes.

Pero de saberlo a actuar hay todo un mundo, la diplomacia con Israel es, como decamos, un asunto de alto riesgo. Y ah radica la funcin del activismo desde la sociedad civil: gritar que el rey est desnudo, que la poltica espaola, en tanto que la europea, est rotundamente equivocada. No existe un proceso de paz como tal; la ANP es una ficcin poltica que provee algunos servicios --subvencionados en gran parte por Europa-- en Cisjordania y poco ms; la influencia europea sobre Israel, o sobre EE.UU., es inexistente; su actitud respecto Gaza es criminal; su vara de medir a Israel es laxa hasta la desfachatez; los principios bsicos que deberan regir la poltica exterior (respeto a los derechos humanos y a la legalidad internacional) brillan por su ausencia. El doble rasero con Tel-Aviv es escandaloso.

NO VENDER ARMAS A ISRAEL SERA UN DETALLE. NI COMPRAR LAS QUE PROCEDEN DE ALL BAJO EL SELLO DE CALIDAD DE TESTED IN COMBAT EN LA REPRESIN DE LA POBLACIN OCUPADA

Es realista exigir a Espaa, o al Ayuntamiento de Barcelona, que den su apoyo al BDS? No. Debe por eso el activismo dejar de hacerlo? Tampoco. Porque en el camino, se pueden pedir otras cosas que, comparadas con el BDS, no parecen tan quimricas.

Por ejemplo, de entrada, abandonar la ficcin de proceso de paz que todo el mundo sabe que est agotado, la imposible solucin de los dos Estados. Lo ha hecho Donald Trump.

Citando al Ayuntamiento de Barcelona, defender los derechos humanos y la legalidad internacional como principios rectores de un modelo de relaciones internacionales que se base en la dignidad de las personas y fomente la justicia global. Lo cual lleva obligatoriamente a la condena de la ocupacin. Lo hacen algunos pases nrdicos.

Por supuesto, mantener en el seno de la UE el boicot a los productos procedentes de los asentamientos.

No vender armas a Israel tambin sera un detalle. Ni comprar las que proceden de all bajo el sello de calidad de tested in combat en la represin de la poblacin ocupada.

Pero, sobre todo, acabar con el doble rasero, la normalizacin de Israel, la ficcin del pequeo David rodeado de Goliats, la del conflicto entre dos pueblos al mismo nivel con idntico derecho sobre la misma tierra. Hay una ocupacin, hay un ocupado, y por tanto hay un ocupante. Todo lo dems es dar vueltas al mismo hmster.

Hablemos de rboles: se estima en ms de 400 los pueblos rabes destruidos de Palestina en 1948, cuando Israel gan lo que llama la Guerra de la Independencia y los palestinos, la naqba, el desastre. Cuenta el historiador Ilan Pappe que en muchos de esos pueblos hoy hay rboles, bosques enteros repoblados que ocultan lo que fue, lo que pas. Es un proyecto de reforestacin del Fondo Nacional Judo, premiado en muchas partes del mundo, que en Espaa por ejemplo repobl hace aos la zona del terrible incendio de Horta de Sant Joan. Esos rboles de la naqba crecieron en sangre y en cenizas, las de las vidas de la gente que vivan all, fueron expulsadas y convertidas en refugiados. Esos rboles en Horta de Sant Joan, o un triple del Maccabi de Tel-Aviv en la euroliga o el pinkwashing de la Gay Parade de Tel-Aviv son los rboles que hoy ocultan al Estado, al sistema y a la ideologa que mantiene bajo control desde hace dcadas a miles de personas a una sofisticada red de violencias que controla cada aspecto de su vida en lo que llamamos ocupacin.

Al final, de lo que se trata de exigir al Gobierno es que centre en el bosque y se olvide de los rboles.

Idealista? Qimrico? Ftil? Naf?

Tal vez. Pero la Comisin de Cooperacin del Congreso de los Diputados le ech un capote al movimiento del BDS en un momento muy complejo. Y en el mismo Parlamento Yair Lapid se arrog el derecho de aleccionar a sus seoras sobre qu organizaciones financia el Estado espaol, lo cual implica que a Israel al menos le preocupa su labor.

Y hace bien, el Estado hebreo. Porque su problema es que el rey, efectivamente, va desnudo.

Joan Caete Baylen es periodista y escritor. Redactor jefe de El Peridico de Catalunya. Fue corresponsal en Oriente Medio basado en Jerusaln (2002-2006) y Washington DC (2006-2009). Su ltima novela publicada es Parte de la felicidad que traes (Harper Collins).

Fuente: http://ctxt.es/es/20170712/Politica/13911/CTXT-BDS-Israel-Palestina-congreso-diputados-Espaa.htm



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