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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2017

Los comisarios del pensamiento nico

Carlos Fazio
Rebelin


Hoy, cuando la canalla meditica est desatada en el mundo occidental, no est de ms recordar que como otros trminos del discurso poltico, la palabra democracia tiene un significado tcnico orwelliano cuando se usa en exaltaciones retricas o en el periodismo habitual, para referirse a los esfuerzos de Estados Unidos y de sus aliados para imponer la democracia liberal representativa a Estados considerados forajidos como la Venezuela actual.

En ese contexto, se ha convertido en un lugar comn que cuando ms democracia y libertades se dice reconocer y defender, ms se reprime la facultad de pensar; sobre todo, la actividad de pensar a contracorriente. Con la novedad de que en la persecucin del pensamiento crtico ya no hay fronteras. Pero sucede, adems, que en el nuevo panptico planetario y en el marco de la guerra de espectro completo en curso, quienes cuestionan el orden hegemnico o no se ajustan al marco del dogma establecido por los amos del universo, pueden convertirse en un objetivo poltico-militar.

Pensar entraa riesgos y trae consecuencias. Ello ocurre en las ciencias sociales y las humanidades, pero tambin en el periodismo. En la actual coyuntura, bien lo saben, entre otros, Atilio Born (Pgina 12, Rebelin.org,) y Luis Hernndez (coordinador de Opinin de La Jornada), quienes por practicar el ejercicio crtico de pensar con cabeza propia, son objeto de mofa, presiones y campaas de estigmatizacin y criminalizacin por un puado de diletantes vigilantes del pensamiento nico neoliberal que responden a un mismo y nauseabundo guin de Washington.

Nicols Maduro dictador emite la voz del amo desde las usinas del poder mundial, y el eco es amplificado urbi et orbi por una cohorte de amanuenses subvencionados y tarifados. El esquema es simple: para el periodismo mercenario, el Maduro dictador sustituye hoy a las armas de destruccin masivas de Sadam Hussein, en 2003. El saldo de la mentira del Pentgono como arma de guerra cost ms de un milln de muertos; pero eran iraques.

El modelo comunicacional est bien engrasado. Permite debates, crticas y discrepancias, en tanto se permanezca fielmente dentro del sistema de presupuestos y principios que constituyen el consenso de la elite. Es un sistema tan poderoso que puede ser interiorizado en su mayor parte, sin tener conciencia de ello. En general, quien tiene ideas equivocadas o intenta romper el molde es apartado o ignorado; pero en ocasiones puede ser satanizado por los llamados intelectuales pblicos, los pensadores polticamente correctos, la gente que escribe editoriales y cosas as, y es colocado frente al paredn de la prensa libre.

Recuerda Marcos Roitman que los idelogos del actual sistema de dominacin han reinterpretado los saberes y el conocimiento bajo una nica racionalidad: la del capital. El capital niega su carcter totalitario. En su dimensin poltica, el capitalismo socializa la violencia y deslastra la historia que le resulta incmoda. Bajo los criterios de la colonialidad del saber, es capaz de eliminar al nazismo y al fascismo −tambin al franquismo, al somocismo, al duvalierismo y el pinochetismo− como fenmenos inherentes a su racionalidad.

W. Lippmann y la ingeniera del consenso

Hace ms de un cuarto de siglo, en Los guardianes de la libertad (Grijalbo Mondadori, 1990), Noam Chomsky y Edward S. Herman develaron el uso operacional de los mecanismos de todo un modelo de propaganda al servicio del inters nacional (de EU) y la dominacin imperial. Nos ensearon a examinar la estructura de los medios (la riqueza del propietario) y cmo se relacionan con otros sistemas de poder y de autoridad. Por ejemplo, el gobierno (que les da publicidad, fuente principal de ingresos), las corporaciones empresariales, las universidades.

Asimismo, diseccionaron a los medios de elite (The New York Times, The Washington Post, CBS y otros) que marcan la agenda de los gestores polticos, empresariales y doctrinarios (profesores universitarios), pero tambin la de otros periodistas, analistas y expertos de los medios de difusin masiva que se ocupan de organizar el modo en que la gente debe pensar y ver las cosas.

Demostraron, en sntesis, cmo mediante la violencia psicolgica o simblica e indignantes campaas de intoxicacin lingstica (des)informativas y supresiones (las peores mentiras son las que niegan la existencia de lo que no se quiere que se conozca, nos alerta a su vez Emir Sader); manipulaciones, normas doble-estndares y duplicidades; sesgos sistemticos, matizaciones, nfasis y tonos, y de la seleccin del contexto, las premisas y el orden del da general, se lleva a cabo el control elitista de la sociedad mediante lo que Walter Lippmann denomin la ingeniera del consenso.

Ese modelo de propaganda −por lo general dicotmico o maniqueo: verbigracia Maduro dictador vs. la oposicin democrtica de la MUD; las hordas chavistas vs. los luchadores de la libertad de D. Trump− deja entrever que el propsito social de los medios es inculcar y defender el orden del da econmico, social y poltico de los grupos privilegiados. Para ello, la frmula es sencilla: los dueos de la sociedad utilizan a una clase especializada −conformada por hombres responsables y expertos que tienen acceso a la informacin y a la comprensin, en particular, acadmicos, intelectuales y periodistas− para que regule las formas de organizacin del rebao desconcertado; para manufacturar el consentimiento y mantener a la chusma a raya.

Todo el sistema de ideas polticas del imperialismo tiende a argumentar su derecho a la dominacin, a la supeditacin del Estado a los monopolios en todas las esferas de la vida; a la manipulacin de las masas y la desinformacin de la opinin pblica. Segn Lippmann, la labor del pblico es limitada. El pblico no razona, no investiga, no convence, no negocia o establece. Por ese motivo, hay que poner al pblico en su lugar. La multitud aturdida, que da golpes con los pies y ruge, tiene su funcin: ser el espectador interesado de la accin. No el participante.

Medios domesticados: la mentira del silencio

Para Chomsky, la tarea de los medios privados que responden a los intereses de sus propietarios, consiste en crear un pblico pasivo y obediente, no un participante en la toma de decisiones. Se trata de crear una comunidad atomizada y aislada, de forma que no pueda organizarse y ejercer sus potencialidades para convertirse en una fuerza poderosa e independiente que pueda hacer saltar por los aires todo el tinglado de la concentracin del poder. Ejemplo? Los 8.089.320 votantes que a despecho de las amenazas imperiales y la ofensiva terrorista paramilitar decidieron empoderar a los/as nuevos constituyentes.

Slo que para que el mecanismo funcione, es necesaria, tambin, la domesticacin de los medios; su adoctrinamiento. Es decir, generar una mentalidad de manada. Hacer que los periodistas y columnistas huyan de todo imperativo tico y caigan en las redes de la propaganda o el doble pensar. Es decir, que se crean su propio cuento y lo justifiquen por autocomplacencia, pragmatismo puro, individualismo exacerbado o regodeo nihilista. Y que, disciplinados, escudados en la razn de Estado o el deber patritico, asuman por intereses de clase o por conservar su estabilidad laboral− la ideologa del patrioterismo reaccionario. En definitiva, el miedo a manifestar el desacuerdo termina trastocando la prudencia en asimilacin, sumisin y cobarda.

Moraleja: no se vale discrepar con el consenso. Solo se debe pensar en una sola direccin, la presentada por el sistema de dominacin capitalista. Y si para garantizar el consentimiento es necesario aplicar las herramientas de la guerra psicolgica para el control de las masas (como azuzar el miedo, fomentar la sumisin y generar un pnico y terror paralizantes), los comisarios del gran hermano entran en operacin bajo el paraguas de lo polticamente correcto, amparados por todo un sistema de ddivas y premios que brindan un poco de confort y poder acomodaticio.

La no noticia y el Consenso de Lima

Ya encarrerado, el pensamiento reaccionario se refuerza bajo un discurso de desprecio y odio clasista, xenfobo y racista. Siete jvenes han sido quemados por parecer chavistas por los demcratas que defienden los 12 presidentes latinoamericanos del Consenso de Lima.

En consecuencia, aduladores de los poderes fcticos que actan en las zonas de penumbra, los social-conformistas de los grandes medios con el peridico El Pas de Madrid como buque insignia de la prensa en espaol− practican a diario el lenguaje operacional del orden sistmico, reproduciendo la lgica de la dominacin de manera expansiva.

As, casi cada da durante los ltimos cuatro meses, en Ciudad de Mxico, Madrid, Bogot o Buenos Aires, el pensamiento reaccionario apuntala la contrarrevolucin en Venezuela. Y ello es as porque el poder real ha creado un ejrcito de hombres y mujeres dedicados a mantener y reproducir la ideologa dominante y desarticular el pensamiento crtico; dedicados a frenar el cambio social y democrtico de los de abajo mediante la mentira del silencio (Sader). Es decir, negando la existencia de lo que no se quiere que se conozca, por ejemplo, en la coyuntura, la formidable victoria del chavismo bravo y los nuevos constituyentes antisistmicos (anticapitalistas y antimperialistas). O, como seala ngeles Dez, sustituyendo la informacin principal por la no noticia: un atentado de los violentos de la MUD se atribuy mgicamente a la represin de Maduro (aderezado con titulares que reforzaban una matriz de opinin con eje en el autogolpe de Estado, la violencia, el caos y la emergencia humanitaria), para difuminar la verdadera noticia: que el 30/J ocho millones respaldaron la Constituyente.

El poder reclama una nica racionalidad, un solo orden, una sola intransigencia verdadera. Es por eso, tambin, que a la manera de divisiones y/o francotiradores de un ejrcito vasallo en el frente externo −y dado que toda intervencin militar es precedida por una campaa de intoxicacin meditica con eje en la guerra psicolgica−, los paraperiodistas tienen la misin de vigilar, hostigar y presionar a quienes, como Atilio Born y Luis Hernndez, se apartan del consenso de la elite reaccionaria.

A la biopoltica del cuerpo se suma hoy la psicopoltica de la mente (Roitman). Y as, los saberes polticamente correctos forman parte del modelo de dominacin y marcan el ritmo de la pulsin del poder: quienes levanten la voz y se aparten de la manada sern denigrados, hostigados y/o castigados. En sentido contrario, y en el marco de la guerra no convencional y asimtrica que libran el Pentgono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra el gobierno constitucional y legtimo de Nicols Maduro y el pueblo de Venezuela, una agenda con la atencin constante hacia las vctimas de la represin de la dictadura venezolana, ayuda a convencer al pblico de la maldad del enemigo y prepara el terreno para justificar la subversin de la MUD y una eventual intervencin humanitaria del Pentgono.

Auschwitz, el trabajo sucio y los neomaccarthistas

El genocidio de Hitler y la Alemania nazi fue un acto consentido por el pueblo alemn; los hornos crematorios funcionaron a plena luz del da. Con distintas modalidades, el horror de Auschwitz y Treblinka se replica hoy en Afganistn, Irak, Libia, Siria, Colombia y en el Mxico de las fosas comunes. Las vctimas mortales de las guerras coloniales del Pentgono y la OTAN en Afganistn, Pakistn e Irak ascienden a cuatro millones. En general, la buena prensa de Occidente ha apoyado o justificado todas esas atrocidades. Es fcil predecir qu ocurrira en caso de estallar una intervencin humanitaria o una guerra civil auspiciada por Estados Unidos en Venezuela.

El uso de la mentira con fines polticos es de vieja data. En 1950, el informe de la Comisin Tydings sobre el senador Joseph McCarthy y el maccarthismo, seal: Hemos visto utilizar aqu por primera vez en nuestra historia la tcnica de la gran mentira. Hemos visto cmo, mediante la insistencia y la mezcla de falsedades (simples habladuras, tergiversaciones, murmuraciones y mentiras deliberadas), es posible engaar a un gran nmero de gente.

Los periodistas, editores y directores de la gran prensa estadunidense, que con frecuencia saban que McCarthy estaba mintiendo, escriban y divulgaron lo que l deca y dejaban que el lector, que no tena ningn medio de averiguarlo, intentara deducir la verdad. Un da, el senador republicano John Bricker, le dijo a McCarthy: Joe, usted es realmente un hijo de puta. Pero a veces es conveniente tener hijos de puta a nuestro alrededor para que se encarguen de los trabajos sucios.

El propsito del maccarthismo fue revertir el pacto social keynesiano (el Estado benefactor) que redistribua parte de las ganancias del capital hacia abajo. Ronald Reagan profundiz el proyecto conocido hoy como neoliberalismo, con epicentro en la liquidacin de los bienes y la esfera pblica y la mercantilizacin y privatizacin radical de todo. El macartismo hizo escuela y lo practican ahora muchos periodistas en el caso Venezuela (estpidos, es el petrleo!), pero las madres no tienen la culpa

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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