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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2017

Las palabras y los hechos en Virginia

Editorial de La Jornada
La Jornada


Hace poco ms de un mes varias decenas de manifestantes de la ms rancia y violenta ultraderecha estadunidense protestaron, en la virginiana ciudad de Charlottesville, porque las autoridades locales haban decidido retirar de un parque pblico la estatua del general Robert E. Lee, histrico conductor de los secesionistas defensores de la causa esclavista. Los quejosos, pocos pero vehementes, se reivindicaron como integrantes del Ku Klux Klan (KKK), la funesta coalicin de organizaciones racistas que desde su fundacin, en la segunda mitad del siglo XIX, ha sido punta de lanza del supremacismo blanco en Estados Unidos. Sealamos en esa ocasin que su reaparicin pblica resultaba inquietante pero no sorprendente, habida cuenta del discurso discriminatorio que impregna al conjunto de la administracin Trump, con su presidente en primer lugar.

Ayer, en la misma localidad de Virginia, las huestes del KKK volvieron a salir a las calles, ahora ms nutridas y beligerantes, agitando banderas confederadas (smbolo de quienes en la Guerra de Secesin estadunidense defendan la esclavitud) y gritando consignas nazis como Sangre y tierra, lema del Ministerio de Agricultura de Hitler, y terminemos con la inmigracin. El tono de la demanda derechista fue subiendo en intensidad y se convirti en abierta violencia fsica contra un grupo de contramanifestantes: el saldo provisional del episodio fue de al menos un muerto y alrededor de 30 heridos.

Como era previsible, no tardaron en producirse las expresiones oficiales de reprobacin y condena a los disturbios en general, como si se tratara de un enfrentamiento entre facciones igualmente fanticas e intolerantes, y no de una confrontacin entre quienes propugnan la descabellada supremaca de una raza sobre las dems y quienes se oponen a ella en nombre de la razn.

Destacan, especialmente, las declaraciones del propio Donald Trump en torno a los hechos, porque ponen al desnudo una vez ms, por si hiciera falta la incapacidad que tiene para relacionar los contenidos de su prdica diaria con los comportamientos que sta fomenta. Parece ignorar que cada una de las observaciones ofensivas y descalificatorias que hace respecto de nacionalidades, etnias, minoras o personajes contra los cuales tiene arraigados prejuicios, estimula las peores pasiones de un cuerpo social que posee una larga historia en materia de excesos, arbitrariedades e injusticias raciales. Cuando se refiere a los hechos de Charlottesville como una exhibicin indignante de odio, fanatismo y violencia olvida (o al menos eso parece) que esos son, precisamente, los ingredientes que su discurso distribuye a diario entre sus seguidores ms recalcitrantes. Por eso cuando exhorta a sus compatriotas a estar unidos y condenar todo aquello que el odio representa, sus palabras suenan ms a frmula de compromiso que a conviccin verdadera.

Porque conviene insistir en que Trump, en sus expresiones de censura, no seal como responsables del enfrentamiento a los organizadores de la manifestacin, sino que prefiri aludir a la divisin entre los estadunidenses, emparejando de ese modo nada menos que al Ku Klux Klan aejo perpetrador de crmenes con el puado de jvenes que se limitaban a estar parados cerca de la rotonda de la Universidad de Virginia sosteniendo pancartas en las que se lea Estudiantes de Virginia contra el supremacismo blanco.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/08/13/edito



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