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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2017

La derecha crece. El esclavo piensa con la cabeza del amo?
Lucha ideolgica, imprescindible

Marcelo Colussi
Rebelin


Si a alguien que no conoce los intrincados vericuetos de lo humano (pongamos, como ejemplo, un ser extraterrestre), se le intentaran explicar muchas de las conductas que tenemos quienes hollamos este planeta, nos veramos en serias dificultades.

Entre otras, solo para graficarlo: cmo es posible que una pequea minora en el poder pueda manejar a una tan amplia masa de congneres? Porque la historia nos muestra que sta es una estructura dominante desde hace unos cuantos milenios, al menos desde que aparece la idea de propiedad privada. Un muy reducido grupo, a veces una sola persona, dirige el destino de mayoras infinitamente ms numerosas: el monarca (emperador, faran, rey, zar, sultn, Inca, sacerdote supremo o como quiera llamrsele), el mandarn, el seor feudal, el patrn de finca, el estanciero, el empresario capitalista, el banquero -podra agregarse el burcrata de la Nomenklatura?- toman las decisiones y se aprovechan del trabajo de grandes mayoras y nadie de esas mayoras levanta la cabeza!

Aunque -esa es la buena noticia!- de tanto en tanto se producen cataclismos sociales y la sociedad cambia: se cortan las cabezas de los amos y se instaura un nuevo modelo social. Esa es la historia de las sociedades: la perenne lucha de clases. Cuando Marx y Engels lo formularon hace 150 aos, derrumbaron todas las especulaciones metafsicas al respecto del funcionamiento de una sociedad. Hoy da, esa verdad sigue siendo incontrastable. Pero hay un elemento nuevo, no tan evidente un siglo y medio atrs: la lucha ideolgico-cultural alcanz ribetes insospechados, apelando a las tcnicas ms refinadas y eficientes.

El sistema socio-econmico -para el caso: el capitalismo- se mantiene a sangre y fuego. Las luchas de clases siguen tan presentes ahora como antao (de dnde surgi la tamaa estupidez que la historia y esas luchas haban terminado?). Continan absolutamente al rojo vivo, y ah est la represin continuada de la que el campo popular sigue siendo objeto. La preconizada resolucin pacfica de conflictos no puede pasar de ser una frmula polticamente correcta. La roca viva de la propiedad privada de los medios de produccin se mantiene inamovible.

Lo curioso a destacar en este breve escrito es cmo la derecha, las fuerzas conservadoras, aquellas que detentan la propiedad privada de esos medios, y por tanto el poder a nivel social, han profundizado -y de momento ganado- la lucha ideolgico-cultural. Que la ideologa mantiene al sistema y es la otra pata -junto a la represin violenta, junto a las armas- en que se apoya el edificio social, no es nuevo. Que la ideologa dominante es la ideologa de la clase dominante ya es sabido. Expresado de otro modo: que el esclavo piensa con la cabeza del amo. Lo llamativo es el grado de profundidad y eficiencia que ese manejo ideolgico ha alcanzado.

Algunos aos atrs, no muchos, pareca -o, al menos, muchos queramos creerlo as- que el triunfo de la revolucin socialista era inexorable. El mundo viva un clima de ebullicin social, poltica y cultural que permita pensar en grandes transformaciones.

Entre las dcadas del 60 y del 70 del siglo pasado, ms all de diferencias en sus proyectos a largo plazo, en sus aspiraciones e incluso en sus metodologas de accin, un amplio arco de protestas ante lo conocido y de ideas innovadoras y contestatarias barra en buena medida la sociedad global: radicalizacin de las luchas sindicales, profundizacin de las luchas anticoloniales y del movimiento tercermundista, estudiantes radicalizados por distintos lugares con el Mayo Francs de 1968 como bandera, aparicin y profundizacin de propuestas revolucionarias de va armada, movimiento hippie anticonsumismo y antiblico, incluso dentro de la iglesia catlica una Teologa de la Liberacin consustanciada con las causas de los oprimidos. Es decir, reivindicaciones de distinta ndole y calibre (por los derechos de las mujeres, por la liberacin sexual, por las minoras histricamente postergadas, por la defensa del medioambiente, etc.) que permitan entrever un panorama de profundas transformaciones a la vista.

Para los aos 80 del siglo pasado, al menos un 25% de la poblacin mundial viva en sistemas que, salvando las diferencias histricas y culturales existentes entre s, podan ser catalogados como socialistas. La esperanza en un nuevo mundo, en un despertar de mayor justicia, no era quimrico: se estaba comenzando a realizar.

Hoy, cuatro dcadas despus, el mundo presenta un panorama radicalmente distinto: la utopa de una sociedad ms justa es denigrada por los poderes dominantes y presentada como rmora de un pasado que ya no podr volver jams. El Socialismo solo funciona en dos lugares: en el Cielo, donde no lo necesitan, y en el Infierno donde ya lo tienen, es la expresin triunfante de ese capitalismo que, en estos momentos, pareciera sentirse intocable. Lo que se pensaba como un triunfo inminente algunos aos atrs, parece que deber seguir esperando por ahora. En medio de ese retroceso fabuloso de las luchas populares, propuestas de redistribucin -con mucho de asistencialismo, capitalistas en definitiva, como lo que se vive hace unos aos en Venezuela- pueden ser vistas como una avanzada. Eso, pareciera, es lo mximo a que se puede aspirar en este momento como opcin socialista.

El sistema capitalista no est moribundo. Para decirlo con una frase ms que pertinente en este contexto: los muertos que vos matis gozan de buena salud, annimo equivocadamente atribuido a Jos Zorrilla.

Las represiones brutales que siguieron a aquellos aos de crecimiento de las propuestas contestatarias, los miles y miles de muertos, desaparecidos y torturados que se sucedieron en cataratas durante las ltimas dcadas del siglo XX en los pases del Sur con la declaracin de la emblemtica Margaret Tatcher no hay alternativas como teln de fondo cuando se imponan los planes de capitalismo salvaje eufemsticamente conocido como neoliberalismo, el miedo que todo ello dej impregnado, son los elementos que configuran nuestro actual estado de cosas, que sin ninguna duda es de desmovilizacin, de parlisis, de desorganizacin en trminos de lucha de clases. Lo cual no quiere decir que la historia est terminada. La historia contina, y la reaccin ante el estado de injusticia de base (que por cierto no ha cambiado) sigue presente.

Ah estn nuevas protestas y movilizaciones sociales recorriendo el mundo, quiz no con idnticos referentes a los que se levantaban dcadas atrs, pero siempre en pie de lucha reaccionando a las mismas injusticias histricas, con la aparicin incluso de nuevos frentes y nuevos sujetos: las reivindicaciones tnicas, de gnero, de identidad sexual, las luchas por territorios ancestrales de los pueblos originarios, el movimiento ecologista, los empobrecidos del sistema de toda laya (el pobretariado, como lo llamara Frei Betto). Hoy da, segn estimaciones fidedignas, aproximadamente el 60% de la poblacin econmicamente activa del mundo labora en condiciones de informalidad, en la calle, por su cuenta (que no es lo mismo que microempresario, para utilizar ese engaoso eufemismo actualmente a la moda), sin protecciones, sin sindicalizacin, sin seguro de salud, sin aporte jubilatorio, peor de lo que se estaba dcadas atrs, ganando menos y dedicando ms tiempo y/o esfuerzo a su jornada laboral. Muy probablemente, la mayora de quienes lean este texto trabajan en esas condiciones. La idea de sindicato luchador por los derechos de los trabajadores sali de escena. Hoy da, sindicato es casi sinnimo de mafia, de corrupcin, de desproteccin de los trabajadores.

Pero las luchas siguen, sin dudas. Justamente ah est el punto que queremos remarcar: el golpe sufrido en el campo popular ha sido grandsimo, y no solo por las montaas de cadveres y ros de sangre con que se le fren, sino con la monumental lucha ideolgica que se ha impuesto estos aos, que sirve como freno con ms fuerza an que las masacres, las torturas, las desapariciones forzadas.

En esto de la lucha ideolgica, hay que reconocerlo -reconocerlo para, laboriosamente, estudiar el fenmeno y buscar las alternativas del caso- la derecha ha tomado la delantera. La hegemona ideolgico-cultural, en este momento, est de su lado, completamente.

En trminos globales se ha entronizado un discurso derrotista, casi de resignacin, adaptacionista: slvese quien pueda!. Una forma de entender el mundo donde pareciera que la idea de cambio se ha ido esfumando. Claro que eso no se dio por arte de magia: hay un poderossimo y muy bien articulado trabajo detrs, donde se complementa la represin sangrienta, la precarizacin laboral (tener trabajo es casi un lujo, y hay que cuidarlo como tesoro) y los aparatos ideolgico-culturales funcionando a pleno.

Los dueos del capital saben lo que hacen, y sus tanques de pensamiento, todo su monumental aparato ideolgico-propagandstico -realizado con las ms refinadas tcnicas de control social- tienen claro el cometido: mantener el sistema a cualquier costo.

Sin dudas, lo saben hacer muy bien. Los resultados estn a la vista: una pequesima, casi insignificante minora tiene el control del mundo. Las grandes mayoras estamos desorientadas, adormecidas. Por qu no reaccionamos? Porque el trabajo de amansamiento est muy bien realizado.

Cmo podra explicarse que una posicin de derecha, reaccionaria, conservadora, mezquina e indolente ante el sufrimiento de la humanidad, se imponga sobre propuestas progresistas? Cmo es posible, contrariando todo principio de solidaridad y de racionalidad social, que ganen en las urnas propuestas antipopulares como Berlusconi en Italia, o Donald Trump en Estados Unidos? Por qu crecen los grupos neonazis? Por qu los argentinos votan por Macri, o los guatemaltecos por Jimmy Morales? Nueve de cada diez estrellas son de derecha, se mofaba Pedro Almodvar; pero la burla encierra verdad. Por qu las propuestas de derecha conservadora se imponen? Qu ha pasado que buena parte de la humanidad puede pensar que Nicols Maduro es un dictador y que los venezolanos huyen hambrientos de su pas? Cmo ha sido posible que enormes cantidades de ciudadanos latinoamericanos, en vez de buscar su liberacin poltico-social, terminen en iglesias neo-evanglicas fundamentalistas? Por qu interesa ms el ltimo gol de Messi que la situacin de precariedad econmica? Si, como dijera Salvador Allende, la vocacin revolucionaria de los jvenes es una cuestin casi biolgica, por qu hoy las juventudes piensan ms en la droga que en el cambio social? Qu mecanismo obr para que el discurso revolucionario de dcadas atrs de muchos honestos luchadores sociales -con armas en la mano en muchas ocasiones- se tornara un aguado clich posibilista, haciendo el coro de la avanzada neoliberal, siendo cooptados por el sistema con algn cargo menor incluso?

Todo esto se responde con una sola frmula: lucha ideolgica! Ms all de la provocadora bravuconada de Francis Fukuyama que acompa el derrumbe del campo socialista con su triunfal fin de las ideologas, la ideologa es el corazn de la lucha de clases actualmente. La llamada guerra de cuarta generacin -la estrategia del control de mentes y corazones a escala planetaria, hecha desde unos pocos centros de poder global- est en su cenit. Hoy da la lucha ideolgica es de primersima importancia.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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