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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2017

El movimiento obrero en una encrucijada

Guillermo Caviasca
La Tecla Ee


El General Pern insisti siempre a los dirigentes obreros y a los trabajadores en general que mantuvieran la unidad, que preservaran sus organizaciones. Que si as lo hacan no podran ser vencidos en los periodos en que se desataba una ofensiva contra la clase trabajadora y sus estructuras. Ese consejo fue asumido como una verdad y principio fundante del movimiento obrero argentino. No era nuevo en realidad, desde sus orgenes socialistas y anarquistas, las organizaciones obreras fundaron confederaciones que expresaban esa tendencia a la unidad. Tambin es cierto que en la mayora de nuestra historia esa unidad fue ms terica que real. Una expresin de deseos. O una muestra de conciencia de clase y su dificultad de hacerla organizacin concreta Salvo bajo los gobierno de Pern, siempre hubo divisiones. Si no explcitas en la existencia de dos o mas confederaciones de gremios; implcitas, de tal forma que operaban en la poltica nacional diferentes agrupamientos ad hoc para negociar o pelear por separado. Combativos y vandoristas. Participacionistas, clasistas, etc. actuaban con dinmicas propias. As tuvimos CGT Azopardo y de Los Argentinos, JTP, Coordinadoras, Los 25, Gestin y Trabajo, etc. Hasta que la CGT de Ubaldini unific a los trabajadores y los reclamos populares, fue la ltima experiencia de unidad que extendi su manto a todo el pueblo con los famosos (y justos) 26 puntos.

En el pasado ms reciente, la dcada menemista, la CGT (que venia unificada desde el periodo alfonsinista bajo la direccin de Ubalidni) de dividi en tres sectores. La CGT permaneci oficialista, o conciliadora, y surgieron en MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos, conducido por el tndem Moyano-Palacios de los sindicatos del transporte) y la CTA (Central de Trabajadores Argentinos: una experiencia nueva propensa a la libertad sindical y a aglutinar otros sectores no asalariados, articulada en trono a docentes y estatales). Esas dos expresiones dieron batalla en la segunda mitad del gobierno de Menem, siendo fundamentales en la reaglutinacin de la nueva resistencia popular, aunque faltaron a la cita en la crisis del 2001 (o fueron a otra).

Con el kirchnerismo, la hegemona de Moyano y su prestigio ganado en la oposicin al neoliberalismo permiti una reunificacin (aunque sin la CTA, que continu como una confederacin menor, atractiva para activos militantes marginados de las direcciones de las grandes estructuras). Moyano condujo la unidad en el periodo expansivo de la economa kirchnerista: millones de trabajadores se incorporaron al empleo formal y los salarios aumentaron. Esto no fue homogneo y la clase obrera no recupero su homogeneidad del periodo pre-neoliberal, pero sin dudas se expandi en varios sentidos. Uno, de ellos es el de engorde y/o fortalecimiento de las estructuras sindicales que, bajo la legislacin argentina son depositarias de un poder y de una representacin directa de los trabajadores de su sector econmico.

La coincidencia de la crisis poltica entre MO y el kirchnerismo con la primera crisis econmica pos 2001 no debe sorprendernos. All se desnudaron perspectivas distintas de construccin poltica y de concepcin de cmo se construye poder social. Sin entrar a profundizar, el sindicalismo reclamaba para s el tradicional peso de la clase obrera organizada sindicalmente en las estructuras del peronismo y dentro del Estado. El kirchnerismo buscaba una representacin multisectorial de sujetos sociales con sus reclamos en pie de igualdad. El kirchnerismo triunf sobre el MO, ya que representaba una tendencia de la sociedad pos fordista: la ruptura de la homogeneidad de trabajador asalariado, la dispersin de los sujetos oprimidos, la diversidad. Aunque en ese triunfo fue gran parte de su poder real y de la sustancia que hacia al peronismo un poder social que iba mas all de su nmero electoral.

Frente al nuevo gobierno de Cambiemos, el MO argentino tiene un desafo novedoso: es la primera vez que encuentra como antagonista a un gobierno plenamente antiobrero y antisindical con amplia legitimidad electoral. Para muchos eso deba indicar que la unidad de la CGT era un hecho cantado. Era la nica alternativa racional para enfrentar lo que aparece como un indudable proyecto que tiene como objeto deshacer las estructuras legales, institucionales y sociales que hicieron del MO argentino un factor de poder ineludible, una corporacin de peso institucional, casi una parte del Estado; o como dijo Antonio Gramsci estado en sentido amplio. Pero la unidad fue ms difcil de lo previsible. Subsistieron, aunque en decadencia prolongada, dos CTAs, diversas corrientes de izquierda y fracciones de derecha con el nombre de 62 organizaciones directamente vinculadas al gobierno y las patronales.

Igualmente la CGT se reconstruy con un hipottico poder de fuego en condiciones de parar el pas con facilidad. Para lograr la unidad reflej a varias tendencias y con la novedad de incorporar a organizaciones que representan a la amplia fraccin de trabajadores excluidos del sistema de salario formal. Pero las estructuras sindicales si bien conservan su poder institucional, han cambiado en consonancia con ya varias dcadas de primaca de un nuevo modo de acumulacin Que implica esto: en cada etapa histrica el capitalismo transforma las relaciones con el asalariado, para organizar la extraccin de plusvala acorde a su propia acumulacin y a las transformaciones materiales, sociales y polticas. Tambin transforma las relaciones entre capitalistas y entre Estados. En relacin con esto se transforman las instituciones estatales y sociales que expresan ese nuevo modo de acumulacin. El capitalismo neoliberal no pudo en Argentina transformar radicalmente a los sindicatos, en su forma, pero cambi su representatividad y transform (o alter la relacin de fuerzas) al interior de su capa dirigente y con sus bases.

La estructura sindical argentina es una fuerza social no solo por sus bases obreras, sino por que los sindicalistas constituyen una capa que cumple muchas funciones y que estn a la cabeza de un enorme aparato. Al interior de esa capa se consolido una tendencia que concibe al sindicalismo cono gestin, en algunos casos como funcin ordenadora del trabajo para el capital y en otros como parte del Estado. Es la ideologa de los antiguos participacionistas. Es la salida que le dio en Menemismo a una parte mayoritaria de las direcciones, crecer como aparato, como mediadores entre el capital y el trabajo, como socios en empresas, aun `perdiendo en algunos casos el grueso de sus afiliados. Solo en caso de la Unin Ferroviaria, socia de la privatizacin y desguase del sistema ferroviario, dejo 60 mil trabajadores en la calle y al gremio con solo 8000 afiliados. No fue solo corrupcin personal, sino una concepcin de adaptacin de la funcin sindical a la nueva lgica del capital.

Es imposible entender el comportamiento de la direccin sindical si no damos cuenta de las transformaciones estructurales del capitalismo y como operan en la forma concreta de organizacin sindical argentina. El macrismo tiene como objetivo estratgico transformar tanto la legislacin laboral como la organizacin sindical. O sea alterar el balance de poder entre las clases dando cuenta jurdicamente de lo que el capitalismo actual a nivel global (no necesariamente nacional) considera ptimo. Es una identificacin con los modelos tipo chileno y brasileo, pero en Europa la cuestin es similar. En realidad la historia del MO argentino es muy diferente a la de los latinoamericanos, es ms poderoso en todos los sentidos, y es un actor indiscutido de la lucha poltica y de la pelea econmica. Y lo es por peso propio.

En estos ltimos dos aos se esta implementando un modelo de pas que pretende ser un cambio radical y profundo que termine con la argentina populista. Amparado en caballitos de batalla como la corrupcin, lo que se realiza es, en primer instancia, una transferencia de ingresos de los asalariados a los propietarios, en segunda de los sectores de la economa mercado internistas a los globalizados, y en tercera desde el pas hacia en extranjero. Pero esto, que dicho as solo prueba a ofensiva del capital en el terreno econmico, aspira a ser sancionado como una transformacin estructural que cierre el ciclo abierto en 1976. Lo cual implica barrer lo que queda de las viejas conquistas hechas instituciones por el peronismo. Adecuar Argentina al mundo es hacer de nuestro pas un espacio de negocios, es hacer dogma la idea de mercado como mejor regulador de la economa, la moneda, el trabajo y la naturaleza. Y por lo tanto eliminar las trabas a ese sistema, una de ellas es el sindicalismo tal como lo concibi el peronismo. O sea terminar con el poder sindical autnomo y con capacidad de veto. Permitirn los dirigentes esto? Muchos indicios dicen que si, pero la pelea en el mundo sindical esta desarrollndose en este momento. Depender de la habilidad el gobierno para negociar con una mayora dispuesta a moderar y preservar mediante el dilogo.

Sin embargo en el MO hay una amplia cantidad de militantes que ven con claridad el problema y tambin un conjunto de dirigentes que lo expresan pblicamente. Los agrupamientos y tendencias son diversos, desde Pablo Moyano hasta las CTAs, desde la Corriente Federal hasta el triunviro Shmid. Pero la relacin de fuerzas muestra que sindicatos como UOM, SMATA, por mencionar dos de los industriales, se encuentran en la vereda de la pacificacin. Lo de SMATA es lamentable ya que su integracin a los intereses del complejo automotriz es total. Pero la UOM no muestra tener nada que ganar, parece condenada a una cada libre que no se refleja en una resistencia acorde. Aunque algunas ramas esta insertas en ncleos dinmicos del capitalismo argentino como los siderometalrgicos. Los gremios del transporte, que fueron el pilar de la resistencia sindical al menemismo y claves en cualquier plan de lucha, tiene una baja importante la UTA conducida por Fernndez. Esta organizacin es socia privilegiada del ministro de transporte Dietrich. Si en los 90 la UF fue el paradigma de la integracin como socio de negocios y abandono a sus bases (amen renunciar a toda retrica de defensa del patrimonio nacional), hoy se suman los colectiveros dejando al mundo del transporte dbil para garantizar un paro. Y as podramos extendernos en corrientes como la expresada por la UOCRA tradicional gremio participacionista y los estatales de UPCN, los del agua, etc. etc.

O sea si antes se acusaba de reformismo burocrtico al sindicalismo vandorista hegemnico, hoy avanza una tendencia que tiende a la hegemona y se reorienta hacia la gestin de recursos humanos autnoma para amoldarse al capitalismo, tal es el lugar que se le reserva en el modo de acumulacin actual. Sin embargo la resistencia es fuerte, como lo expresan Palazzo en la conduccin de bancarios, los sindicalistas de Seguridad Social como Fabre, los Camioneros y la izquierda. Pero insuficiente para ganar la disputa y hacer jugar el aparato en un plan de lucha y parar el pas por una decisin orgnica. Quizs haya que reemplazarla por la lucha.

El 23 de setiembre el mximo organismo representativo de los trabajadores (o de los dirigentes, que asumimos con un grado de legitimidad aunque no nos guste en numerosos casos) el Comit Central Confederal, se reunir para ver como enfrenta al macrismo. Estamos ante una coyuntura estratgica. El proyecto que expresa Cambiemos puede ser revalidado electoralmente.

Vivimos una situacin enrarecida. La desaparicin de Maldonado en coincidencia con el desarrollo de las PASO se instala como centro de discusin con cada vez mayor fuerza. Ha dejado en un segundo plano a temas como el plan econmico y laboral del gobierno, la corrupcin y la inseguridad. Es un tema ms enrarecido an por la fantasiosa creacin de la comunicacin oficial de una guerrilla indgena en el sur, y por la cada vez mas fuerte certeza de participacin la gendarmera en una desaparicin forzada y en un operativo dirigido directamente por el gobierno contra siete personas que cortaban una ruta. Cunto puede afectar esto la decisin de lucha de la direccin sindical? Eso depende de si apuestan a la gobernabilidad, a calmar el ambiente, a colaborar que las cosas fluyan lo ms encauzadamente para Cambiemos y los polticos que aspiran a una reproduccin ordenada del statu quo; o si apuestan a patear el tablero. Entre dos elecciones nos encontramos en una situacin clave para desgastarlo, Los sindicatos son la nica estructura organizada del pueblo argentino con la capacidad de darle una batalla real y ponerle palos en la rueda, y hasta derrotarlo.

Parece difcil con las expresiones de direccin existentes. Pero, en muchos casos, la poltica del gobierno y la burguesa ensoberbecida, logran lo que la organizacin conciente no. Si el macrismo y las patronales van por todo por sentirse demasiado fuertes o porque se sienten ante una oportunidad histrica, quizs generen una reaccin que vuelque a los acomodaticios tras las fracciones dirigentes dispuestas a luchar. Por otro lado la presin de las bases, de las organizaciones de base, de las regionales, y algunos sindicatos pueden ayudar a crear un clima que altere la correlacin de fuerzas hacia el polo de la confrontacin.

Hoy la unidad sindical proclamada por Pern parece ms bien un ancla que un poder. La unidad construida en la CGT depende de un equilibrio de tendencias que se mantienen unidas a partir de un punto en el cual se impone no romper lanzas con el gobierno. Se lleva la idea de presin/negociacin al plano exclusivo del dilogo. Cuando la amenaza de plan de lucha llega a la CGT los dialoguistas apelan al dialogo o amenazan con la ruptura. Y el gobierno dialoga, eso es verdad, avanza y dialoga. Los planes de lucha se desinflan, se reducen a la retrica, el pueblo se desalienta y pierde confianza. El enorme poder del MO expresado, an en esta situacin calamitosa, en tres grandes movilizaciones y un paro general masivo, es dilapidado. Pero an Pern, apstol de la unidad, que tanto llena la boca de los sindicalistas (aunque cada vez menos), sabia que cuando algunos negociaban demasiado y ponan sus intereses de grupo por sobre los del movimiento haba que romper y potenciar lneas de mayor dureza.

El futuro no es predecible. Los que apostamos a la lucha sabemos que las clases no son pasivas receptoras de maniobras de los dirigentes. All tarde o temprano se dirn las palabras que barrern (o no) a este proyecto macrista y a los que lo acompaan desde los sitiales que no deberan ocupar en los sindicatos.

Fuente: http://www.lateclaene.com/guillermo-caviasca-movimiento-obrero

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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