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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2017

Las Vegas: el enemigo interno

Editorial de la Jornada
La Jornada

No podra ser casual el hecho de que el pas ms belicoso del mundo tenga en su poblacin a ciudadanos que deciden matar a varias decenas de personas.


La opinin pblica mundial se vio conmocionada por la masacre perpetrada ayer en Las Vegas, en la que murieron al menos 59 asistentes a un festival musical y otros 500 resultaron heridos. A decir de las autoridades fue obra de un individuo solitario que se atrincher con mltiples fusiles y abundante parque en una habitacin del piso 32 del hotel Mandalay Bay, desde donde se domina el predio en que tena lugar el concierto.

Segn la versin oficial, tras disparar indiscriminadamente contra los asistentes, el asesino, un empresario inmobiliario de 64 aos llamado Stephen Paddock, se suicid antes de que los agentes de seguridad llegaran al cuarto. El jefe policial de Las Vegas, Joseph Lombardo, asegur que el multihomicida se aloj en esa habitacin desde el 28 de septiembre lo que le habra dado tiempo suficiente para el acopio de armas y para planear el acto de barbarie y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en ingls) descart que Paddock hubiese tenido vnculos con alguna organizacin fundamentalista.

Todo indica, pues, que el paroxismo de violencia criminal que tuvo lugar en Las Vegas, fue quiz la peor masacre de este tipo en la historia de Estados Unidos, pero fue una ms, en el mismo patrn de las perpetradas en Columbine, Newton, Blacksburg, Edmond, San Ysidro y muchas otras que han marcado el mapa del pas vecino con tragedias aparentemente absurdas y, lo peor, indetenibles. En efecto, el episodio de uno o varios individuos sin antecedentes penales que un buen da deciden disparar la mayor cantidad posible de balas sobre la mayor cantidad posible de personas, y que despus de cometer la atrocidad se quitan la vida o son abatidos por efectivos policiales, se repite una y otra vez, y se ha vuelto incluso un lugar comn de la cultura cinematogrfica, sin que hasta ahora las instituciones hayan sido capaces de formular una estrategia orientada a evitar, prevenir o cuando menos reducir la frecuencia y la mortandad de esa clase de masacres.

Una obviedad es el dato de que la sociedad estadunidense es probablemente la ms armada del mundo. En el pas vecino es lcita y hasta constitucional la acumulacin de un verdadero arsenal de guerra en un domicilio cualquiera, y todos los esfuerzos de los gobiernos demcratas por acotar en alguna medida la posesin de armas de fuego por particulares se han estrellado con el empecinamiento de organizaciones de derecha y libertarias, particularmente la Asociacin Nacional del Rifle, la cual ha conseguido, mediante un intenso cabildeo legislativo, torpedear todas las iniciativas para establecer alguna suerte de control sobre la venta de armas y para disminuir el poder de fuego y la cantidad de armamento que puede estar en manos de la ciudadana en general.

Por otra parte, no puede dejar de relacionarse la violencia criminal que se traduce en matanzas casi peridicas con la violencia blica que caracteriza al Estado en su relacin con el mundo. En efecto, no podra ser casual el hecho de que el pas ms belicoso del mundo tenga en su poblacin a ciudadanos de ese talante, que deciden matar a varias decenas de personas, incluso sin que haya de por medio una afectacin mental reconocible.

Paradjicamente, el pretexto estelar de la poltica guerrerista estadunidense en el mundo es la necesidad de erradicar amenazas en contra de su poblacin, cuando la ms grave de esas amenazas proviene precisamente de Estados Unidos, como lo muestra la sucesin imparable de atrocidades como la perpetrada ayer en Las Vegas.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/10/03/opinion/002a1edi



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