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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2017

A propsito de Catalunya: hiptesis desborde

Emmanuel Rodrguez
El Salto

La vuelta de los problemas no resueltos de la historia de Espaa viene acompaada de dos etiquetas, "pop" y "postmo", acordes con los tiempos de crisis financiera global que corren


Poco a poco en Catalua vamos saliendo de la representacin teatral, del entretenido minuette que enfrentaba a las dos partidos-administracin, para ir metindonos en otra cosa. Lo sucedido en estos cinco o seis ltimos das, tiene algo de repeticin histrica, como si la inercia de los viejos problemas patrios (la "cuestin catalana", la inflexibilidad-irreformabilidad del Estado) nos metieran en una suerte de repeticin pop o postmo de 1934. En ese ao una declaracin de independencia de Catalunya termin en varias decenas de muertos, al tiempo que se encenda la insurreccin obrera de Asturias; fue el prolegmeno de la guerra civil. La cuestin (toda la cuestin) est, sin embargo, en esos adjetivos: "pop" y "postmo".

En cierto modo, la clave es terica, y esta requiere situarse con cierta distancia respecto a lo ocurrido en estas jornadas (guste o no, aqu tambin es necesario distancia). Lo que venimos observando desde la crisis iniciada en 2007 y convertida en poltica en 2011, se puede resumir en una pregunta, cmo se organiza y produce el conflicto en las sociedades post-bienestar o sociedades post-clase media? A este respecto, Espaa (o Catalua) son un laboratorio excepcional.

Recordemos que estas sociedades son el resultado de la integracin de la vieja sociedad de clases y de la aniquilacin del enfrentamiento capital-trabajo por medio de una particular alquimia poltica: una sntesis de metales relativamente estable que se le puede dar el nombre de sociedad de clases medias. Recordemos tambin que el artfice de esta sntesis fue el Estado, convertido en la instancia fundamental en la reproduccin de las clases medias, ya sea directamente (empleo pblico, nobleza de Estado), ya indirectamente por medio de la fiscalidad, la legislacin social, los salarios indirectos y los beneficios sociales. El llamado neoliberalismo fue un proceso de erosin sostenida de esta funcin de Estado, sin proponer a su vez ninguna otra forma de regulacin social, siquiera comparable a las que destrua.

Una parte no pequea de los conflictos en los Estados del centro capitalista, y prcticamente todos los procesos que amenazan con mover sus cimientos, tienen que ver con estos desplazamientos. Pero esto no quiere decir, ni mucho menos, que estos conflictos se expresen de una forma inmediata (nunca existe una relacin poltica directa entre malestar y discurso), sino a travs de una serie de mediaciones (discursos, sentidos y autoexplicaciones) que se anclan en tradiciones polticas nacidas en contextos completamente distintos.

As por ejemplo, el propio democratismo que es, de otro lado la ms sofisticada y progresiva de las expresiones polticas de las sociedades clase medias en descomposicin, reclama "democracia". Pero lo hace de acuerdo con un "ideal", que se puede traducir en trminos radicales como democracia directa (aunque ciertamente se sabe poco acerca de lo que pueda ser eso) o conservadores, como la restauracin de la meritocracia; esto es, como la restauracin de las clases medias. Meritocracia en ltimo trmino es que "qu hay de lo mo, denme lo que merezco".

De igual modo, los nacionalismos de distinto tipo (tambin entra aqu la ilusin nacional catalana) reivindican un ideal de Estado que hoy resulta imposible: el Estado soberano, capaz de restaurar el justo reparto interclasista entre la comunidad nacional, de garantizar a todos un lugar, unas seguridades. Problemas nuevos enfrentados con respuestas viejas, esto es tambin parte de esa particular condicin contradictoria de nuestras sociedades.

Ejemplo de la condicin "pop" de la poltica es tambin lo sucedido estos das en Cat. Valga decir que lo que enciende la mecha catalana es la represin de una acto organizado en torno al "oficio sacro" de la democracia, el voto; importa poco aqu que fuera ilegal o no. Del mismo modo, la represin, a su vez, se teatraliza sin muerte (recordemos de nuevo cmo acaba 1934, o ms cerca, el terrorismo de Estado frente a ETA-MLNV). Lo que no deja de ser un acto de insurreccin en un territorio de un Estado y que en medio planeta (o simplemente hace cincuenta aos) hubiera sido casus belli que dara pie a una represin con centenares de muertos, se queda aqu en una representacin: la ocupacin policial de Catalunya y una secuencia de porrazos, que por crueles o indignantes que resulten, no responden a la gravedad de lo que aparentemente significa la palabra sedicin o insurreccin.

Conviene mantener bien el foco en los lmites del conflicto: ste todava se resuelve en la ilusin democrtica y en el acuerdo fundamental del conflicto atemperado o teatralizado, esto es, el conflicto "pacfico", sin muerte.

Esta misma condicin "postmo" de la poltica se observa de igual modo en los sujetos. En Catalua, como en todo el pas durante el ciclo 15M, se observa el mismo protagonismo de los sectores sociales medios. As quienes constituyen el motor de la protesta son curiosamente un sector institucional (la mitad de la clase poltica) que se extiende a todos los aparatos de Estado que rodean a la Generalitat (alta administracin, medio de comunicacin nacionales, universidades, etc.). A su vez las fuerza de choque son sin sorpresa estudiantes, profesores, algunos cuerpos profesionales, y sobre todo las clases medias y medias-bajas de comarcas que entraran sin duda en el grupo de los "perdedores de la globalizacin". Valga al caso la participacin en estos das de los tractoristas como exponente casi folclrico de una realidad que sobre todo comprende un tejido industrial (y agrario) de medianas y pequeas empresas sobreexplotado y en crisis permanente desde hace 20 aos.

Incluso cuando a partir del domingo en la masividad de la protesta ha reaparecido el componente 15M (el democratismo) frente a la represin de Estado, el predominio ha vuelto a ser de los mismos segmentos medios (profesionales, clases creativas, etc.). Esto no quiere decir que ocasionalmente y como ha ocurrido en estas jornadas entren en juego otros sectores sociales; que aparezcan sindicalistas, organizacin en barrios, etc. Pero cabra discutir mucho si este es el elementos activo, o motor, de la movilizacin.

Como ocurri en el 15M, los "segmentos populares" (la clase obrera convertida en precarios de los servicios, los migrantes, etc) distan de haberse constituido como sujetos polticos autnomos. Siguen siendo en todo subalternos al gigantesco marco ideolgico que todava conforma la sociedad de clases medias.

Sobre estos mimbres, y no sobre ninguna presuncin ideolgica, conviene plantear las posibilidades de la consigna "desborde". De acuerdo con muchas de las intervenciones de estos das, se puede decir que el desborde ha sucedido ya. Lo ocurrido en Barcelona y metrpoli nos habla de lgicas de movilizacin y apelacin tan masivas que van mucho ms all del marco de la independencia. Pero por no extendernos (cabra discutir mucho la anterior afirmacin), el desborde localizado territorialmente no es desborde.

Desgraciadamente, lo que puede ser acotado territorialmente y codificado en trminos territoriales (nacionales) puede ser empleado en trminos funcionales al conflicto que aparentemente se expresa entre dos legitimidades enfrentadas con sus respectivas parroquias: la constitucional-espaola y la nacional catalana. El Estado espaol y tambin las lites polticas catalanas tienen una largusima experiencia en lidiar con este tipo de enfrentamientos, incluso en modalidades agnicas.

Por esta va parece en principio difcil (aunque Catalunya arda durante meses) que la situacin descarrile. Se podr decir, y tienen razn, que el principal contraargumento a este marco est en que el conflicto puede escalar a los niveles de la vieja poltica (conflicto "con muerte"), esto es, ms all del permetro de lo legtimo en la sociedad de clases medias. Si eso ocurriera entraramos en un terreno oscuro e interesante, pero que ya no se dejara comprender del todo en este marco de la poltica "pop". Hay razones para pensar, de todos modos, que esto no es probable.

Seguimos. Como en el 15M, "desborde" implica un juego de reflejos y proyecciones que comunican e impulsan movilizaciones de distintas ciudades, ms all incluso de las fronteras de los Estados. Por simplificar, en la metrpolis espejo de Barcelona, Madrid (y este artculo, no se esconde, se escribe por y para Madrid), el desborde implicara el desarrollo de un ciclo de movilizacin propia. Pero si nuestra hiptesis poltica en relacin con Catalua es la de explorar las posibilidades de su desborde en otros territorios, empezando por esta ciudad, conviene comprender bien dos o tres puntos que en estos das no resultan obvios:

1. El primero es recordar un viejo adagio del 15M, "no somos ni de izquierdas ni de derechas". Todava ms en un contexto como el actual, las retricas de la izquierda son impotentes como fuerza de movilizacin (la solidaridad con Catalunya, la autodeterminacin de los pueblos, etc.), pero tambin de anlisis (procesos "nacional populares", el ensalzamiento de la "movilizacin de los clases populares"). La nica solidaridad real, tambin en las sociedades "postmo" es la que convierte una lucha ajena en una lucha propia. Si se quiere reflejar lo que ocurre Catalua sobre el resto del Estado, el elemento comn es la lucha contra el autoritarismo de Estado, el abuso de Estado en relacin con la ilusin democrtica.

Las jornadas insurreccionales de la ciudad de Madrid en los ltimos 15 aos (movilizaciones contra la guerra, 11-13M de 2004, 15M de 2011) se han producido siempre como un levantamiento contra los abusos y las mentiras de Estado. Si Madrid (o Sevilla, o Zaragoza o Valencia) puede estar al lado de Barcelona, no lo har en pro de los derechos nacionales de los catalanes, sino contra el exceso de arbitrariedad vivido en propia carne. Los automatismos ideolgicos de la izquierda ayudan aqu poco o nada.

2. Jugamos a un juego retrico que en buena medida es falso en trminos polticos. Falso en poltica quiere decir que es impotente, que no reconoce aquello a lo que realmente nos enfrentamos. Este juego se ha anclado en torno a palabras fetiche como rgimen del 78; palabras que que dejan transpirar sin dificultad viejos debates como monarqua o repblica. Por ir rpido, desde 2011, en plena crisis, hemos perdido capacidad de localizar los poderes reales y de enfrentarlos materialmente. En 2011-2012, el problema no era Rajoy o Zapatero, o lo eran, pero slo como lo es un mediador de un poder real: un portero, un polica o un cobrador de deudas. El poder localizado y enfrentado materialmente (vase PAH y Mareas) era la dictadura financiera europea.

La recomposicin del mando europeo ha pasado por una renacionalizacin de la poltica, que vuelve a estar recluida en sus contenedores nacionales. Esto implica una clausura de la opinin pblica alrededor de los actores polticos locales. Tanto es as, que incluso la nueva poltica que naci del 15M se ha vaciado rpidamente de potencia convirtiendo la "representacin de la oposicin democrtica", la alternativa en el marco nacional al rgimen del 78, en su nica razn de ser. Paradjicamente, la nueva poltica no tiene espacio propio en un conflicto nacional que adems se dirime en contraposiciones nacionales. Por eso el problema, una vez ms, se encuentra ms all del sistema de partidos, ms all de su propia impotencia para representar el juego de afirmacin y reforma del rgimen. Desbordar quiere decir desbordar el sistema partidos, incluida la nueva poltica, vuelta impotente en una situacin de este tipo.

3. Caso de desborde efectivo, la consigna "proceso constituyente" puede convertirse en la consigna poltica de una movilizacin democrtica. Pero esto supone al mismo tiempo un avance y un retroceso. Las propuestas tradicionales en relacin a la forma de Estado (repblica) y a la circulacin de lites (reforma electoral) pueden contentar a la vieja y a la nueva izquierda (incluida la nueva poltica). De igual modo, los elementos de reforma territorial y de limpieza y transparencia democrtica tambin pueden satisfacer a las formas de expresin de descontento de unas clases medias en descomposicin.

En este marco "constituyente" se comprende el "bloque histrico" que los neogramscianos proclaman de una forma ms bien anacrnica. No obstante, estos elementos de movilizacin no suponen ningn avance sobre los ciclos de protesta iniciados en 2011. Estos contenidos del "proceso constituyente" sirven para agrupar y reunir, pero no preparan la situacin a una crisis que est llamada a prolongarse durante dcadas. Los aspectos dinmicos de la movilizacin (la incorporacin de nuevos sujetos y demandas), as como la propia democratizacin (que siempre ser muy relativa) del Estado, son las nicas palancas que puede hacer de la consigna tambin elementos de "desborde". En trminos formales la consigna est vaca. En trminos polticos (y paradjicamente la insurreccin catalana es una confirmacin) seguimos dentro de los lmites del 15M.

Por terminar, la sobrerreaccin de una parte de las lites polticas apenas esconde su debilidad, una voluntad decidida de supervivencia y reanimacin que les otorga una energa extraordinaria, al igual que un condenado a muerte cuando se emplea en una posibilidad de fuga. En ese propsito pueden ir poco a poco abandonando la teatralizacin del conflicto propia de las formas de una democracia pacificada en direccin hacia nuevas formas de excepcionalidad y autoritarismo. El escenario que nos prometen es el de una vuelta a los ochenta, sobre la base de la codificacin de toda lucha (por derechos, democracia) en las claves Constitucin / Caos, esta vez en forma de independentismo cataln.

No obstante, conviene reconocer que estos actores son dbiles, carecen de legitimidad y tampoco pueden sortear los marcos tanto de esa democracia de clases medias, como de su condicin de actores subordinados de una provincia europea. La partida es tan compleja para ellos como para cualquier otro. En este sentido, el "desborde" es posible si se atina en encontrar los resortes adecuados. Se vienen meses interesantes, lo cual no quiere decir necesariamente buenos.

Fuente: http://www.elsaltodiario.com/opinion/emmanuel-rodriguez-catalunya-hipotesis-desborde


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