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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2017

Decisin y enroque

Miguel Len
Rebelin


Hace unas semanas escrib un artculo reflexionando sobre nuestro orden constitucional y la cuestin territorial. Tambin presentaba una pequea propuesta sobre los trminos en que sera jurdicamente viable y polticamente til realizar un referndum sobre el derecho de autodeterminacin que, adems, dotara de contenido propio a la reivindicacin del derecho a decidir.

Reflexionando sobre este tema, leyendo las opiniones de otros, y comentndolo con amigos en la vspera del 1-O, se me ocurra pensar en que, conforme se tensa la cuerda, el ciudadano derecho a decidir se va tiendo de decisionismo soberano. La verdad es que no es algo sorprendente, pero conviene explicitarlo, porque a veces lo ms evidente es lo menos visible.

No es sorprendente, adems, que la cuestin decisoria tome tanto ms peso cuanto ms se demuestra insuficiente la perspectiva positivista de acuerdo con la cual la ley es la ley porque es la ley y, precisamente porque es la ley, la ley hay que cumplirla. El ordenamiento jurdico hunde sus cimientos en las instituciones, y se hace real en la medida en que las instituciones lo acatan y lo ejecutan. Y al mismo tiempo las instituciones pueden actuar al margen de la legalidad o dar una apariencia de legalidad a lo que en realidad carece de ella, dando lugar a aberraciones jurdicas.

En Catalua hemos visto recientemente unas pocas de esas, empezando por la ley de referndum y la de transitoriedad jurdica. Y desde posiciones de izquierdas uno puede estar de acuerdo o no con estas formas de desobediencia, que no es solamente civil sino tambin institucional, y que a veces se queda a medio camino por las contradicciones que se dan en el seno del bloque autodeterminista.

Lo que importa ms, y es ms grave, es que esas aberraciones tambin se dan en el lado opuesto. De hecho, dira que el bloque centralista fue el primero en retorcer la ley. Ya habl, en ese artculo anterior, del Estatut y de cmo eso rompi el consenso interpretativo. Pero t ambin podramos hablar de la reciente reforma del TC. Y, antes de eso, de la Ley Mordaza y la institucin de un derecho administrativo del enemigo. Y de la reforma del Cdigo Penal que establece la cadena perpetua revisable. Y de la reforma del artculo 135 de la CE. Lo ms reciente, sin embargo, es el modo en que el bloque centralista ha ido tomando medidas para aplicar el 155 de facto, evitando el debate parlamentario, el coste poltico que esto tendra, los mecanismos de control que ese artculo prev . Todava se est explorando la posibilidad de recurrir, como alternativas al 155, a la Ley de Seguridad Nacional, o a la declaracin del estado de emergencia.

Todas estas aberraciones jurdicas estn conectadas: la judicializacin del conflicto poltico es inseparable de su transformacin en un problema de orden pblico, y queda a su vez afectada por el corrimiento desde la jurisdiccin penal hacia la administrativa. El nico motivo por el que el bloque centralista puede plantear legtimamente no usar el 155 e intervenir la autonoma catalana por otras vas es que previamente ha quedado destruido el consenso interpretativo sobre qu era el Estado autonmico y cmo funcionaba. Y el nico motivo por el que el bloque centralista ha podido intervenir con tanta facilidad la autonoma catalana es porque, mediante reforma de artculo 135 y otras leyes de ordenacin econmica, el Ejecutivo ha ido reforzando su poder durante estos aos.

Un inciso, antes de seguir. Hablo de bloques y evito metonimias del tipo Barcelona y Madrid o Espaa y Catalua porque, en realidad, los dos bloques tienen una geografa ms difusa de lo que pretenden. Hay defensores decididos del derecho a decidir, incluso decididos por la independencia, en todo el pas. Y hay defensores decididos del centralismo en Catalua. Adems, ninguno de los dos bloques es monoltico; especialmente heterogneo es el autodeterminista: todos defienden la autodeterminacin, pero no necesariamente la secesin; todos asumen cierto tensionamiento de las leyes, pero no todos apoyan los desaguisados jurdicos y procedimentales de la Generalitat; todos reconocen la realidad nacional catalana, pero no todos lo hacen sin recurrir a esencialismos que dan mal rollo; etctera.

Vuelvo al argumento. Creo que es claro que estamos ante un decisionismo cuya cobertura jurdica es un cachondeo. Habr que contemplarlo tambin, por tanto, a pesar de lo que diga la ley (pero no independientemente de ello). En una primera aproximacin encontramos, por un lado, al bloque centralista decidiendo que hay cosas sobre las que no se puede decidir, y por otro al bloque autodeterminista decidiendo que hay cosas sobre las que s se puede decidir.

Si entramos un poco ms en detalle, encontramos cosas curiosas. Primero, una parte importante del bloque autodeterminista ha decidido, y en eso est de acuerdo con el bloque centralista, que hay cosas sobre las que no se puede decidir. La Unin Europea, el euro, o la OTAN, por ejemplo. Y otra parte igualmente significativa del bloque autodeterminista simplemente plantea que hay ciertas cosas sobre las que no se puede decidir todava . Est por ver cundo se podr decidir sobre ellas, y qu se decidir en concreto.

Ms paradojas decisionistas. Quienes reivindican la declaracin unilateral de independencia lo hacen porque han decidido que la nacin catalana es titular de una soberana tal que puede hacerlo; la propia decisin, si se ejecuta con xito, sera la verificacin emprica de que dicha soberana existe. Ahora bien: tambin nos piden a los ciudadanos del resto de Espaa que les dejemos proceder de ese modo. Es decir, nos piden que soberanamente decidamos no decidir. Lo cual por cierto es una forma muy rara de ejercer el derecho a decidir. Por eso la DUI parece ser ms tctica que estratgica. Y est bien que as sea.

Otra ms. Aqu est todo el mundo decidiendo sobre lo que se puede y no se puede decidir. Y adems decidiendo el sentido en el que se va a decidir sobre aquello sujeto a decisin. Sin embargo, en el fondo, todo el mundo est en realidad esperando a que se decida el PSOE. El PSOE tiene que decidir si est con Podemos y los nacionalistas, o con PP y Ciudadanos. Con los autodeterministas o con los centralistas.

Es normal que les suene: esto ya le pas a Pedro Snchez en 2016. En realidad lo que estaba en discusin era lo mismo: la campaa electoral fue estrechando cada vez ms el abanico de problemas sobre los que Podemos haba decidido que se poda decidir, y cuando lleg el proceso de investidura result que lo nico sobre lo que caba decidir era sobre Catalua. En 2016 defenestrar a Pedro Snchez fue necesario para que el PSOE se decidiera. Pedro Snchez volvi y el PSOE vuelve a tener problemas para decidirse. Por eso era necesaria la intervencin del Rey.

Un apunte. Nuestro orden poltico, nuestra Constitucin en sentido amplio y completo, es altamente oligrquico y jerrquico. Oligrquico porque mandan pocos que tienen mucho. Jerrquico porque, adems, en esa oligarqua existen algunos mecanismos, eficaces, de ordeno y mando. Uno de esos mecanismos es el Rey.

En mi artculo sobre el Estado autonmico evitaba valorar la viabilidad poltica de mi propuesta de referndum pactado. Simplemente defenda su constitucionalidad y su utilidad. Esa omisin deliberada me impeda plantear algo importante. En este pas una reforma constitucional es casi imposible si no cuenta con el apoyo del Rey. Que el Rey apoye una reforma constitucional es sntoma de que todos los sectores de nuestra oligarqua estn razonablemente de acuerdo en su conveniencia; y sirve de acicate para los posibles reticentes. Visto el asunto desde nuestro sistema de partidos, se puede decir que, si PP y PSOE estn de acuerdo, entonces el Rey est de acuerdo. Esto puede significar que el Rey facilita el acuerdo entre ambas fuerzas, o que el Rey asume el acuerdo que ya existe entre ambas. La nica alternativa a este esquema de pacto entre sectores de la oligarqua es que se articule un movimiento popular suficientemente fuerte como para hacer los bascular, desde su base hasta su cspide. Como en Abril del 31, vamos.

Estos das estamos siendo testigos de una enorme movilizacin del bloque autodeterminista. Especialmente en Catalua, donde la logstica clandestina del referndum ha sido un xito maysculo a pesar de todo. Pero tambin fuera de ella, aunque sea organizativamente mucho ms dbil y menos masiva. Es preciso subrayar que coincide adems en el tiempo con las grandes movilizaciones que estn teniendo lugar en Murcia, y hay conatos de coincidencia reivindicativa en contra de la represin y en la constatacin del vaco que separa al pueblo de las instituciones.

Todo esto, que es notable, es sin embargo insuficiente en comparacin con el tipo de presin popular necesaria. Mientras tanto, por arriba, PP y PSOE estaban todava lejos de alcanzar un acuerdo. Y no haba tiempo ni tal vez posibilidad de defenestrar de nuevo a Pedro Snchez, porque el problema del PSOE no es de liderazgo, sino orgnico. El principal partido del rgimen se descompone a cmara lenta al mismo tiempo que el rgimen muta.

Por eso el Rey ha intervenido. Para marcarle el camino al PSOE. Aunque probablemente no hiciera falta, y una gran coalicin en este mbito fuera solamente cuestin de tiempo. El Rey ha desperdiciado una oportunidad de oro, y parece ser que pintan bastos. El error ha sido garrafal. Le ha puesto en bandeja a Puigdemont emitir en televisin un discurso en el que no ha dicho nada de entidad y, sin embargo, ha estado brillante. El nico problema que comparten los dos discursos es que ambos ignoran la realidad social y poltica representada por el otro, aunque el del Rey adems lo haga en grado sumo. Salvo por eso, el discurso de Puigdemont tiene todo aquello que el Rey debera haber puesto sobre la mesa: uso de ambas lenguas, reafirmacin clara de su postura, rechazo del recurso a la fuerza y vocacin de negociacin con mucha flexibilidad.

No me sorprende que el Rey haya tomado partido por el bloque centralista. Entre otras cosas porque el Rey es el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, y las Fuerzas Armadas tienen el cometido constitucional de velar por la integridad territorial y defender el ordenamiento constitucional. Dira que en el texto constitucional es ms importante la autoridad militar del Rey que el cometido de defender la integridad territorial. Pero la ley fundamental es mucho ms que texto, y en la prctica integridad territorial es sinnimo de indisoluble unidad de la nacin espaola. As que mal vamos.

Otra razn por la que no me sorprende la postura del Rey es que Su Majestad ya mostr, cuando todava era Prncipe, su escasa capacidad para asumir las responsabilidades institucionales que le corresponden como monarca hereditario. Especialmente el hecho de que el monarca no puede expresar deseos propios, individuales, sino que solo puede interpretar y manifestar los deseos de la nacin a la que encarna. Y cuando la nacin, que es la espaola y por tanto una nacin de naciones, est tan atravesada de contradicciones y enfrentamientos como ahora mismo, su obligacin institucional es tratar de conciliar todas las posturas y sintetizarlas en una sola y coherente. Precisamente porque es imposible que un individuo y sus descendientes sean congnitamente capaces de representar de forma vitalicia a su nacin es por lo que los Estados se han ido perfeccionando y se han dotado de mecanismos electivos para el nombramiento del Jefe del Estado.

Digo que no me sorprende que el Rey haya tomado partido por el bloque centralista. Lo que s me sorprende es que lo haya hecho en este momento. Y de esta manera. Bsicamente, lo que ha hecho el Rey es enrocarse. En ajedrez, el enroque es una jugada que solamente se ejecuta una vez. Sirve para proteger al Rey, es decir, revela que el jugador tiene miedo. Tambin lo arrincona, es decir, limita su capacidad de movimiento, incluso si en general el rey se mueve poco.

Soy un psimo jugador de ajedrez. Difcilmente hago una correcta valoracin de los riesgos y por eso acabo perdiendo. En el mejor de los casos consigo quedar en tablas. Un sntoma de mi poca habilidad es, creo, que recurro al enroque antes de tiempo.

El Rey se ha enrocado demasiado pronto. Turno de los autodeterministas. Queda mucha partida por delante. Y muchas cosas sobre las que decidir si podemos decidir, y qu decidimos.

Blog del autor: http://fairandfoul.wordpress.com/2017/10/05/decision-y-enroque/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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