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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-10-2017

El Che, medio siglo despus

Atilio A. Boron
Rebelin


Por la noche di una pequea charla sobre el significado del 26 de Julio; rebelin contra las oligarquas y contra los dogmas revolucionarios.

El socialismo econmico sin moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienacin.

Las dos citas del epgrafe que preceden este trabajo resumen admirablemente el pensamiento del Che. La primera est contenida en su clebre Diario redactado durante la campaa guerrillera en Bolivia. La segunda en una entrevista que le hiciera Jean Daniel en Argelia. Ambas delimitan los contornos de su proyecto poltico integral, irreductible a las estriles frmulas del marxismo sovitico imperante en aquellos tiempos y a la redefinicin en clave economicista de la gigantesca empresa de construir un hombre y una mujer nuevos. Es necesario recordar estos planteamientos en vsperas del quincuagsimo aniversario del asesinato del Che en Bolivia. Las circunstancias del crimen son archiconocidas y no tiene sentido reiterar aqu lo que es por todos sabido. Noms basta con recordar que cado en combate, el da anterior, las heridas del Che no ponan en riesgo su vida. Pero la orden emanada de la CIA fue terminante: mtenlo y desaparzcanlo. Que no haya un santuario donde descansen sus restos y se convierta en un lugar de peregrinacin para sus seguidores de todo el mundo. Que siga la suerte de Patrice Lumumba, habrn pensado sus asesinos. El asesinato del comunista congoleo fue an ms vil y canallesco que el del Che. A ste lo mataron de un balazo, uno slo, disparado a quemarropa. Al africano lo acribillaron a balazos, lo enterraron en un lugar secreto y, poco despus, dos oficiales de la polica belga, expertos en esta clase de crmenes, exhumaron el cadver, lo cortaron en trozos y lo sumergieron en cido sulfrico para disolver sus restos y eliminar cualquier posibilidad de encontrarlos. La obsesin del imperio y sus aliados, en el caso de Lumumba los britnicos y los belgas, era no slo matar sino hacer olvidar. La misma obcecacin perturbaba el sueo de los estadounidenses cuando capturaron al guerrillero heroico. El plan funcion con el congoleo, pero fracas por completo con el Che. An desaparecido su presencia se torn cada da ms gravitante y el guerrillero heroico se convirti en un cono revolucionario mundial, una bandera de todas las luchas en cualquier lugar del planeta. All donde un explotado o un oprimido se levanta contra una injusticia la imagen del Che -inmortalizada en aquella fenomenal fotografa captada por Alberto Daz (Korda)- se convierte de inmediato en el smbolo universal de la lucha, en bandera de combate contra toda forma de opresin. Treinta aos despus de su asesinato los restos del Che aparecieron en una fosa comn en Valle Grande de donde fueron enviados de regreso a Cuba y hoy descansan para siempre en Santa Clara, la ciudad en donde libr y gan la decisiva batalla que abrira de par en par las puertas para el triunfo de la Revolucin Cubana.

Decamos que los trazos principales de su biografa son de sobra conocidos. [1] Baste con decir que si bien el Che provena de una familia y un ambiente social progresista, claramente identificado con los republicanos durante la Guerra Civil espaola y por ello netamente antifascista, su proceso de formacin ideolgica tuvo un vuelco decisivo con la constatacin in situ de la lacerante situacin de las clases populares durante sus dos viajes por Amrica Latina en los cuales Bolivia fue una necesaria estacin de su odisea continental. Dueo de una curiosidad inagotable y de una inmensa capacidad de trabajo, sus numerosas lecturas fueron dando forma a una cosmovisin revolucionaria que la asumira ntegramente (y la profundizara) el resto de su vida. [2]

El Che: terico de la prctica, prctico de la teora

Cabe preguntarse, en tiempos dominados por el eclecticismo posmoderno y la desilusin con la poltica y la democracia burguesas, qu es lo que queda del mensaje del Che para las actuales generaciones? Muchas cosas, por supuesto. Por algo sigue siendo fuente de inspiracin para los luchadores sociales de todo el mundo. Queda su inquebrantable coherencia, la inescindible unidad entre teora, pensamiento y prctica que rigi toda su vida; su absoluta conviccin de que este mundo es inviable y que slo una revolucin a escala planetaria podr salvarlo de la nmesis que lo lleva a su autodestruccin. Suficiente para comprobar la excepcional actualidad del Che y la vigencia de sus enseanzas, de sus escritos, sus discursos, su ejemplo.

En esta ocasin quisiera adentrarme un poco ms en su legado terico forjado, como decamos ms arriba, por su prctica poltica que arranca con sus dos viajes por Latinoamrica donde establece su primer contacto orgnico con el marxismo a travs de un mdico sanitarista peruano, el doctor Hugo Pesce Pescetto, especialista en el tratamiento de la lepra. Pesce haba sido, junto a Jos Carlos Maritegui, co-fundador del Partido Socialista Peruano y a la sazn era uno de los mximos dirigentes del Partido Comunista del Per. El Che lo conoce en su primer viaje cuando arriba a Lima, en Mayo de 1952, y es a partir de ese dilogo que se profundiza su conocimiento del marxismo. Esto lo reconoce el Che quien, aos despus, al enviarle de obsequio un ejemplar de La Guerra de Guerrillas. escribe en su dedicatoria lo siguiente:

Al Doctor Hugo Pesce, que provocara, sin saberlo quizs, un gran cambio en mi actitud frente a la vida y la sociedad, con el entusiasmo aventurero de siempre pero encaminado a fines ms armoniosos con la necesidades de Amrica.

Y firma, Faternalmente, Che Guevara.

Su vnculo con Hilda Gadea, peruana radicada por entonces (ao 1953) en Guatemala profundiza su familiarizacin con los clsicos del marxismo. Los dramticos acontecimientos que tienen lugar en 1954 en ese pas: la invasin organizada por la CIA al mando del coronel Castillo Armas y el derrocamiento de Jacobo Arbenz habran de completar con las duras lecciones de la praxis el proceso formativo del joven mdico argentino. La continuacin de su viaje hacia Ciudad de Mxico, luego del afortunado encuentro en Guatemala con el moncadista cubano Antonio ico Lpez (que sera quien rebautizara a Guevara con el Che que lo hara clebre) lo pone en contacto primero con Ral Castro Ruz y luego con su hermano, Fidel. Tal como lo cuenta el mismo Guevara, bast una noche de conversacin con el Comandante para que se convirtiera el mdico de los expedicionarios del Granma y sin atisbarlo, iniciara el camino que lo transformara en el ms famoso guerrillero del mundo. En sus propias palabras, segn una confesin que le hiciera a Jorge Masetti y que la reprodujera en una carta que enviara a sus padres desde Mxico: Charl con Fidel toda una noche. Y al amanecer ya era el mdico de la futura expedicin. La admiracin que se prodigaban recprocamente era extraordinaria, y se hizo patente en esa larga conversacin de diez horas a mediados de Julio de 1955 en Ciudad de Mxico. El Che percibi rpidamente que Castro era un hombre extraordinario. Tena una fe excepcional en que una vez que saliera hacia Cuba, iba a llegar. Que una vez llegado iba a pelear. Y que peleando, iba a ganar. Compart su optimismo. Haba que hacer, que luchar, que concretar. Que dejar de llorar, y pelear.

En las pginas que siguen echaremos un vistazo a una de las facetas menos conocidas -o, tal vez, la ms olvidada- de este personaje extraordinario. Su condicin de recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como el guerrillero heroico, por la productividad de su praxis histrica que, lgicamente, eclipsa todas las dems. Valiente hasta el punto de llegar a la temeridad, como lo reconocera Fidel, y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos, el Che guerrillero ejerce tal fascinacin que desplaza hacia las sombras al fecundo terico marxista. Este extrao combatiente, este hombre de accin, luchaba con las armas en la mano mientras cargaba en su mochila las poesas de Len Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana haba ms de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue entonces casualidad su capacidad para recibir crticamente algunas de las categoras del marxismo sovitico y para someter a implacable crtica la grotesca deformacin que ste haba sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de marxismo-leninismo. [3] Hay un sugestivo paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones escolsticas del marxismo, sean stas de la Segunda o la Tercera Internacional. Gramsci, burlndose de la interpretacin cannica de El Capital instaurada por la Segunda Internacional. Lo hace en su breve escrito a propsito del estallido de la Revolucin Rusa, La revolucin contra El Capital. El Che, haciendo lo propio con los manuales soviticos que tambin decretaban la imposibilidad de la revolucin en los pases atrasados.

Tanto uno como el otro libraron una batalla sin cuartel contra el economicismo dcadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y descubrieran el determinismo economicista que, segn ellos, condenaba irremisiblemente la teora marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas del marxismo y en lugar de repensarlo creativamente arriaron sus banderas, borraron su propia historia y su identidad y optaron por adherir a la ideologa del nuevo bloque dominante o, en el mejor de los casos, por un estril eclecticismo.

Heredero de una noble tradicin, de la cual Jos Carlos Maritegui fue el gran precursor, el Che conceba al marxismo en sintona con la Tesis Onceava de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, crea que el marxismo no era un dogma sino una gua para la accin. Por eso, si la teora se daba de bruces con la realidad aqulla deba ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le haca lugar a la revolucin socialista en la periferia haba que liberarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al nio junto con el agua sucia de la baera, recrear la teora para dar cuenta del indito desafo prctico que no haba sido previsto por los padres fundadores. Y si los manuales soviticos postulaban una visin etapista y mecanicista segn la cual no poda haber revolucin socialista sin que antes hubiera una revolucin democrtico-burguesa liderada por la burguesa nacional, lo que haba que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo. En esta operacin el Che demostr, al igual que los grandes clsicos del pensamiento marxista, que la teora no es un edificio acabado sino una obra en construccin y, por lo tanto, en permanente revisin y reconstruccin. Demostr tambin que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos poltico-prcticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo; la teora de la plusvala como la viga maestra que revela el carcter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Y que el proyecto socialista trasciende el marco econmico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, una nueva economa, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad efectiva y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material; pero si en este todava sobreviven los elementos constitutivos del capitalismo el proyecto socialista habr muerto antes de nacer.

El legado terico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo est lejos de haber sido realizada. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la doctrina de la coexistencia pacfica proclamada por la URSS, fueron profticas. La guerra de las galaxias de Reagan y la ofensiva final de George Bush (padre) terminaron destruyendo a la Unin Sovitica y evidenciando el yerro de aquella doctrina; su visin de que no se puede construir el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo es irrebatible a la luz de la experiencia. Su premonicin de que la URSS ya haba iniciado el retorno hacia el capitalismo, formulada a mediados de los sesentas, revela el incisivo carcter de su mirada. Adems, sus anlisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo fueron corroborados sin solucin de continuidad. As lo prueban las atrocidades perpetradas en Hiroshima y Nagasaki pasando por los horrores perpetrados durante once aos en la Guerra de Vietnam, los bombardeos humanitarios de Bill Clinton en los Balcanes, el criminal bloqueo primero y la destruccin despus de Irak, el posterio saqueo y destruccin de Libia -con linchamiento de Muammar el Gadafi incluido- el brutal ataque a Siria, la invencin del ISIS y, entre nosotros, su no menos criminal ofensiva lanzada contra la Revolucin Cubana desde sus inicios y, posteriormente, contra cuanto gobierno haya tenido la pretensin de luchar por la autodeterminacin nacional y la justicia social. La brutal escalada violenta lanzada contra la Revolucin Bolivariana en Venezuela es apenas el ltimo eslabn de una siniestra cadena de crmenes. Por esto, y por muchas otras razones, a cincuenta aos de su asesinato el Che es nuestro contemporneo y sigue siendo permanente fuente de inspiracin.

Crtica de la Economa Poltica del capitalismo y del socialismo

El Che fue un implacable crtico del capitalismo como sistema, y de los diversos proyectos que en Nuestra Amrica trataron de presentarlo con un rostro amable y progresista. En ese sentido sobresalen las reflexiones volcadas en el brillante discurso que pronunciara el 8 de Agosto de 1961 en la Conferencia del Consejo Interamericano Econmico y Social de la OEA celebrada en Punta del Este. [4] La reunin haba sido impulsada por la Administracin Kennedy con dos objetivos: organizar el cordn sanitario para aislar a Cuba y lanzar con bombos y platillos la Alianza para el Progreso (ALPRO), como alternativa a los ya inocultables xitos de la Revolucin Cubana. En el tramposo marco de esa conferencia el Che no slo refut las calumnias lanzadas por el representante de Washington, Douglas Dillon y sus lenguaraces latinoamericanos, sino que tambin hizo gala de su notable irona para dejar en ridculo a quienes proponan como panacea universal para Amrica Latina a la ALPRO, la mal nacida, como la fulminara en su obra el inolvidable Gregorio Selser. [5] Anticipndose a una crtica que posteriormente adquirira generalizada aceptacin el Che dirigi sus dardos en contra de los proyectos de desarrollo pergeados por la tecnocracia internacional del Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial o el FMI, obra de tcnicos muy sesudos -deca, mientras su rostro se iluminaba con una sarcstica sonrisa- para los cuales mejorar las condiciones sanitarias de la regin no solo era un fin en s mismo sino un requisito previo de cualquier programa de desarrollo. Guevara observ que, en lnea con esa premisa, de 120 millones de dlares en prstamos desembolsados por el BID la tercera parte corresponda a acueductos y alcantarillados.

Y aada que Me da la impresin de que se est pensando en hacer de la letrina una cosa fundamental. Eso mejora las condiciones sociales del pobre indio, del pobre negro, del pobre individuo que yace en una condicin subhumana; vamos a hacerle letrinas y entonces, despus que le hagamos letrinas, y despus que su educacin le haya permitido mantenerla limpia, entonces podr gozar de los beneficios de la produccin. Porque es de hacer notar, seores delegados, que el tema de la industrializacin no figura en el anlisis de los seores tcnicos (entre los cuales figuraba con prominencia Felipe Pazos, economista cubano que haba buscado refugio en Estados Unidos ni bien triunfara la revolucin). Para los seores tcnicos, planificar es planificar la letrina. Lo dems, quin sabe cundo se har! Y remataba su irona diciendo que lamentar profundamente, en nombre de la delegacin cubana, haber perdido los servicios de un tcnico tan eficiente como el que dirigi este primer grupo, el doctor Felipe Pazos. Con su inteligencia y su capacidad de trabajo, y nuestra actividad revolucionaria, en dos aos Cuba sera el paraso de la letrina, aun cuando no tuviramos ni una de las 250 fbricas que estamos empezando a construir, aun cuando no hubiramos hecho Reforma Agraria. [6]

Al exponer las falacias de la ALPRO, mismas que con diferentes imgenes hoy sostienen los idelogos del neoliberalismo y del libre cambio, el Che atac tambin la pretensin de los economistas que presentan sus planteamientos polticos como si fueran meras opciones tcnicas. La economa y la poltica, deca, siempre van juntas. Por eso no puede haber tcnicos que hablen de tcnicas, cuando est de por medio el destino de los pueblos. Al insistir en la inherente politicidad de la vida econmica el Che subrayaba una verdad que la ideologa dominante ha ocultado desde siempre, haciendo que las opciones de poltica econmica que deciden quin gana y quin pierde, quin se empobrece y quin se enriquece, aparezcan como meros resultados de inexorables ecuaciones matemticas, objetivas, incontaminadas por el barro de la poltica. Si hoy en la Argentina o Brasil, como en Estados Unidos o Europa, crecientes sectores de la poblacin son arrojados al desempleo o por debajo de la lnea de la pobreza mientras que la rentabilidad de las grandes empresas y los salarios de sus mximos ejecutivos se miden en millones de dlares esto no puede ser adjudicado a ningn factor poltico sino que es el glido corolario de un juicio estrictamente tcnico. Si el ajuste neoliberal empobrece a los pobres y enriquece a los ricos no es porque se haya tomado una decisin poltica en contra de los primeros sino porque as lo dicta un argumento tcnico, optimizador de los equilibrios macroeconmicos requeridos para el crecimiento de la economa. Slo un espritu estrecho podra pensar que una tal decisin refleja las prioridades de una clase dominante interesada en promover ese resultado y para la cual es preferible salvar a los bancos antes que salvar a los pobres. Guevara destruy implacablemente estos argumentos, predecesores de los actuales que hoy resurgen con fuerza en la Argentina de Mauricio Macri y en el Brasil de Michel Temer en donde las ideas que el Che combati con enjundia en Punta del Este reviven bajo nuevos ropajes pero con las mismas intenciones.

Pero ms all de su crtica a estos proyectos ensayados en Nuestra Amrica el Che someti al escalpelo de su incisiva inteligencia la burda codificacin de la teora econmica de Marx realizada por la Academia de Ciencias de la Unin Sovitica y que se plasm en un Manual que, como observara el economista cubano Osvaldo Martnez, se convirti en los aos sesenta en una especie de Biblia econmica que en la prctica, sustitua a El Capital . Ese ladrillo sovitico planteaba lo que segn sus autores era nada menos que la economa poltica de la transicin al socialismo y perfilaba, en grandes rasgos, los contornos del socialismo desarrollado. [7] Huelga decir que dicho texto no era otra cosa que la exaltacin del proceso nico e irrepetible seguido por la experiencia de la Unin Sovitica durante el estalinismo, elevado a la categora de modelo de ineludible implementacin por todos los pases que iniciaran el escabroso sendero de la revolucin socialista. El Che se impuso la tarea de examinar los problemas, falencias y desviaciones de la experiencia sovitica que pasaban inadvertidos para la mayora de los observadores y militantes- con el mayor rigor cientfico posible y con la mxima honestidad. Agregaramos que, tambin, con la mxima discrecin. Sus crticas a la Unin Sovitica, sobre todo a su modelo econmico y a la teora de la coexistencia pacfica, eran bien conocidas y compartidas in pectore por Fidel y buena parte de la dirigencia del Partido. Pero Fidel, en cuanto Jefe de Estado, no poda decir lo que, una vez desvinculado de sus cargos formales en Cuba en el Partido, en las fuerzas armadas revolucionarias, en el aparato estatal- el Che poda ya decir sin impedimentos. La Cuba bloqueada y agredida, sometida a atentados permanentes y a una ofensiva diplomtica, poltica y meditica brutal tena demasiados enemigos y no poda darse el lujo de criticar abiertamente a los pocos amigos con los que contaba en este mundo. La URSS lo era, ms por razones de conveniencia geopoltica para Mosc que por una genuina identificacin con la Revolucin Cubana, y hubiera sido un gesto de enorme irresponsabilidad que Fidel, como Jefe de Estado, diera a conocer pblicamente su concordancia con las crticas del Che. [8]

Es preciso reconocer la coherencia de la actitud del Che y la responsabilidad con que manej sus crticas porque para ese entonces la URSS era la aliada estratgica casi diramos que nica- de Cuba y lo ltimo que quera era deteriorar con sus crticas las relaciones de cooperacin econmica que exista entre ambos pases. [9] Adems, tampoco quera llevar agua al molino del imperialismo con sus crticas al modelo sovitico, a diferencia de tantos izquierdistas de cafetn, como dice lvaro Garca Linera, que en su afn de criticar los procesos emancipatorios en curso en Amrica Latina no dudan un instante en asumir como propias las crticas del imperialismo a aquellas experiencias. Un ejemplo: la absoluta irresponsabilidad con que infantoizquierdistas como los trotskistas, autonomistas y anarquistas cantan a coro que Maduro es una dictadura, para beneplcito de la embajada y la prensa canalla de Argentina y toda Amrica Latina.

Con certera mirada el Che dice algo que es vlido, segn mi parecer, al da de hoy, a saber: que la investigacin marxista en el campo de la economa est marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la poca de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. [10] En lnea con esta capacidad de anlisis el Che pronostica, precozmente, que los cambios producidos a raz de la Nueva Poltica Econmica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa (por lo cual) se est regresando al capitalismo. Tal como ocurriera en otros mbitos de la vida social y poltica de la URSS lo que al principi surgi como una imperiosa necesidad, la NEP, poco despus se convirti en virtud y en modelo a emular. Como observa con razn Osvaldo Martnez, de la reflexin guevariana se desprende la falsedad del mito manualesco sobre la irreversibilidad del socialismo una vez establecido, y la suprema leccin de que es en la conciencia y no en el estmulo material de los humanos donde el socialismo puede hacerse irreversible, si esa conciencia se educa y se alimenta con valores de solidaridad. Tal como l lo estableciera en numerosas ocasiones, la divulgacin de esta cosmovisin socialista choca contra cinco siglos en los cuales el capitalismo socializ a la poblacin en sus propios valores individualistas, egostas, consumistas, y cambiar esa conciencia no es tarea sencilla. El capitalismo recurre a la fuerza -dice el Che- pero adems educa a la gente en el sistema y lo viene haciendo desde hace quinientos aos!

Producto del economicismo que inficionaba al modelo sovitico esa tarea refundacional en materia educativa y cultural, esa batalla de ideas, no se pudo hacer en la URSS y, ms cercana a nuestra experiencia, tampoco se llev a cabo en las experiencias emancipatorias o progresistas de Amrica Latina a partir de finales del siglo pasado. Frei Betto lo sintetiz magistralmente cuando dijo que por ms que aquellas hubieran obtenido significativos logros en la reduccin de la pobreza y en otras materias derechos humanos, democratizacin de los medios de comunicacin, igualdad de gnero, etctera- se fracas en la tarea de crear una nueva cultura y construir ciudadanos. Lo que se construy fueron consumistas, y ese es uno de los talones de Aquiles de todos estos procesos, sin excepcin. Consumistas que, en el plano poltico, se fueron inclinando progresivamente hacia la derecha en las recientes elecciones. Porque, la historia lo ensea una y otra vez, la otra cara de la ideologa del consumismo es el conservadurismo poltico.

El imperialismo y las contradicciones del sistema internacional

Medio siglo despus, los anlisis del Che lo pintan como un personaje dotado de una clarividencia fuera de lo comn. Imposible enumerar en estas pocas lneas tanta sabidura condensada. En su Mensaje a los pueblos del mundo a travs de la Tricontinental el Che realiza un par de significativos aportes para la comprensin del mundo actual. [11] Entre otras brillantes iluminaciones esa que sostiene que en Nuestra Amrica la sumisin de las clases dominantes a los dictados del imperialismo nos impide hablar de burguesas nacionales. En Latinoamrica, esas clases carecen por completo de capacidad (o voluntad) de oponerse a los designios de Estados Unidos y estn resignadas a funcionar como su furgn de cola de los imperialistas. Por eso propone hablar ms bien de burguesas autctonas porque eso de nacionales les queda grande y no se ajusta a su insignificante capacidad de librar una lucha por la autodeterminacin nacional.

Segn su anlisis Amrica constituye un conjunto ms o menos homogneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primaca absoluta. Los gobiernos tteres o, en el mejor de los casos, dbiles y medrosos, no pueden imponerse a las rdenes del amo yanqui. Es obvio que medio siglo ms tarde esta caracterizacin debera matizarse porque otros capitales europeos, chinos, japoneses, coreanos, canadienses, etctera- han penetrado en algunos casos muy profundamente en las economas de la regin. Pero pocas dudas caben de que la voz cantante la llevan los norteamericanos, y esto por una simple razn: porque cuentan detrs suyo con el respaldo del nico gendarme mundial del capitalismo. Tal como lo demuestran Leo Panitch y Sam Gindin en numerosos trabajos, en el complejo entramado del condominio imperialista global hay un primus inter pares y este es precisamente Estados Unidos. [12] Su formidable capacidad militar (aproximadamente la mitad del total del gasto blico mundial), sus mil y tantas bases militares establecidas en todos los rincones del planeta, sus mltiples instituciones interamericanas de carcter militar, poltico, econmico o cultural que amarran con fuerza a los pases de la regin le otorgan un peso decisivo, sobre todo en Latinoamrica que, a ojos de Fidel y el Che, constituye la reserva estratgica del imperio.

Y es por eso que en esta parte del mundo el Che no ve demasiadas alternativas. En sus propias palabras: No hay ms cambios que hacer; o revolucin socialista o caricatura de revolucin. El paso del tiempo permite apreciar con ms elementos esta disyuntiva radical del guerrillero heroico. Por cierto que no hubo ninguna revolucin socialista despus de la cubana. Pero sera injusto caracterizar a los acontecimientos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador como meras caricaturas de revolucin. Son procesos que bregan contra un conjunto de fuerzas retardatarias de enorme poder, desde las oligarquas locales, las burguesas autctonas, la canalla meditica que envenena el alma de nuestros pueblos y, por supuesto, detrs de todo ello, la embajada que trabaja incansablemente para desbarrancar esos procesos. El voluntarismo se estrella contra la dura realidad de una formidable constelacin de fuerzas conservadoras que libran batalla en todos los frentes. A diferencia del caso cubano, donde el triunfo militar y poltico de la Revolucin produjo el desplome del estado burgus, en los procesos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador las fuerzas dirigentes tropiezan contra aquella muralla defensora del orden, inexistente cuando Fidel, el Che, Ral y Camilo entraron a La Habana. Cuando lo hicieron el Ejrcito estaba derrotado y sus jefes haban huido al exterior, lo mismo que buena parte de los miembros del Poder Judicial, los grandes empresarios, la prensa reaccionaria, la clase poltica tradicional y, en general, la clase dominante en su conjunto. A medida que el Movimiento 26 de Julio avanzaba sobre La Habana los bastiones del viejo orden se derrumbaban, dispersaban y buscaban refugio en Miami; en el caso de los procesos que arrancan con el triunfo de Chvez en 1998 los enemigos de la revolucin se atrincheraron y dispusieron a dar batalla, cosa que siguen haciendo hasta el da de hoy. Por eso sera injusto caracterizar a estos procesos como caricaturas de revolucin, pues tuvieron que vrselas con una resistencia interna que en Cuba no existi, aunque luego vendra desde afuera una vez que el imperialismo reagrupara los fragmentos dispersos del viejo bloque neocolonial e intentara recapturar Cuba apelando al terrorismo, la guerra, las sanciones econmicas y el bloqueo. Por otra parte, la revolucin jams estuvo en la agenda de las fuerzas dirigentes de procesos como los que se vivieron en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. En estos casos el objetivo era la inverosmil construccin de un capitalismo serio, supuestamente amigable con la equidad social que, como era de esperar, jams lleg a consumarse.

Como decamos ms arriba, en este y otros escritos el Che fue muy crtico de la poltica de coexistencia pacfica propuesta por la Unin Sovitica, a la que conden duramente. En el trasfondo de esta actitud se encontraba la heroica lucha del pueblo de Vietnam que, segn Guevara, se debata en una trgica soledad en su lucha contra la mayor superpotencia de la historia. Hay una frase que sintetiza magistralmente su pensamiento: La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga irona que significaba para los gladiadores del circo romano el estmulo de la plebe. No se trata de desear xitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompaarlo a la muerte o la victoria. Y los efectos perniciosos de la coexistencia pacfica se hacen sentir cuando la agresin del imperialismo no encuentra una solidaridad efectiva en otros pases presuntamente socialistas que, en el momento de definicin vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista. Culpabilidad que principalmente les cabe a la Unin Sovitica y China que mientras mantienen una guerra de denuestos permiten que el imperialismo yankee haga sus estragos en Vietnam. Concluye premonitoriamente Guevara que el imperialismo se empantana en Vietnam, pero que una derrota definitiva requiere de la solidaridad activa de los pueblos, comenzando por las naciones que se autoproclaman socialistas y sobre todo la URSS que gracias a la poltica de la coexistencia pacfica pergeada para evitar una conflagracin mundial y una guerra termonuclear con Estados Unidos deja al Vietnam indefenso. [13] Y los pueblos explotados del mundo, contina el Che, deben aprender la leccin que se escenifica en Vietnam y atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontacin al enemigo imperialista. Esa, dice Guevara, debe ser la tctica general de los pueblos resumida en la frase crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna.

La Carta finaliza con una reflexin final sobre nuestra regin, en donde segn su autor Washington tiene tropas dispuestas a intervenir en cualquier lugar de Amrica Latina en donde sus intereses se vean amenazados. Y agrega, con palabras que conservan una vibrante actualidad, que esa poltica cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una mscara cmoda, por desprestigiada que est; la ONU es de una indiferencia rayana en lo ridculo o en lo trgico. [14] Y traza una sugestiva comparacin entre Amrica Latina y Asia cuando dice que si en sta Estados Unidos tiene poco que perder y mucho que ganar en Nuestra Amrica la situacin es exactamente la inversa. Aqu Washington tiene mucho que perder y poco que ganar, habida cuenta de su exitoso proceso de recolonizacin lanzado con fuerza desde fines de la Segunda Guerra Mundial.

Conclusin

Estas observaciones sobre los legados tericos del Comandante Guevara pretenden estimular el estudio sobre su obra, honrar la integralidad de sus contribuciones a la construccin de una sociedad socialista teniendo en cuenta no slo su heroico ejemplo como guerrillero sino tambin sus aportes al desarrollo del pensamiento marxista. En su carta dirigida a don Carlos Quijano, director de la revista uruguaya Marcha, el Che anotaba con razn que la mercanca es la clula econmica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harn sentir en la organizacin de la produccin y, por ende, en la conciencia. [15] La superacin del capitalismo, una impostergable necesidad histrica, no podr consumarse tan slo como producto de sus contradicciones objetivas. Estas son un prerrequisito indispensable, pero para que fructifiquen en la construccin de una nueva sociedad se requiere la accin consciente de las masas. De ah que la pretensin de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas del capitalismo termina en un callejn sin salida. Para construir el comunismo concluye con razn el Che- simultneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo. Sin ello, sin esta gigantesca batalla cultural, la inalterada perpetuacin de la mercanca y la consecuente mercantilizacin de la vida social harn que la empresa de construir una sociedad poscapitalista se vea acosada por innumerables obstculos y termine en un callejn sin salida. La China y el Vietnam de hoy pueden ser los bancos de prueba en donde se verifique la certeza, o el error, de los diagnsticos y los pronsticos del Che. [16]

Elegimos, para terminar, una sentencia ms vlida hoy que cuando fuera originalmente expresada: una nueva etapa comienza en las relaciones de los pueblos de Amrica. Nada ms que esa nueva etapa comienza bajo el signo de Cuba, Territorio Libre de Amrica. Y ante los cantos de sirena que hoy como ayer pregonan la armona de intereses entre Washington y las naciones sometidas a su imperio nos adverta que (E)l imperialismo necesita asegurar su retaguardia. [17] Una retaguardia, recordemos, pletrica en recursos naturales (petrleo, gas, agua, energa, biodiversidad, minerales estratgicos, alimentos, selvas y bosques) que segn informes de los estrategas norteamericanos constituyen insumos esenciales para el mantenimiento no slo del modo de vida americano sino tambin de la seguridad nacional estadounidense. [18] Y, el Che ya lo adverta en Punta del Este, la preservacin de esa retaguardia era (y es) un objetivo no negociable del imperio. Los hechos confirmaron plenamente sus pronsticos, y hoy estamos asistiendo a esta avasalladora contraofensiva (la restauracin conservadora denunciada por el ex presidente Rafael Correa) tendiente a regresar a nuestros pases a la condicin existente en vsperas de la Revolucin Cubana. Golpes blandos en Honduras, Paraguay y Brasil; acoso interminable contra los gobiernos de izquierda (Venezuela y El Salvador, principalmente, aunque este caso sea el menos conocido); articulacin continental de la prensa (grfica, TV, radio) para satanizar a dirigentes y procesos contestatarios; organizacin y financiamiento de la oposicin en pases hostiles a Washington, incluyendo tentativas de invencin de lderes opositores; programas interamericanos de buenas prcticas para formatear el cerebro de jueces, fiscales, periodistas, legisladores, acadmicos y lderes polticos y sociales, actores fundamentales del golpe blando que reemplaza al anacrnico golpe militar de antao; el ominoso rosario de bases militares con las cuales Estados Unidos ha cercado nuestra regin (ochenta oficialmente reconocidas hasta ahora, ms otras tres en ciernes negociadas en absoluto secreto por el gobierno de Mauricio Macri con la Casa Blanca), y la reactivacin de la IV Flota para patrullar nuestros mares y ros interiores, confirman que, una vez ms, el Che tena razn. No olvidemos su consejo y actuemos en consecuencia. Y no olvidemos ni por un instante cuando deca que al imperialismo no se le puede creer ni un tantito as, nada! Eso fue cierto en su tiempo y es an ms cierto en el nuestro.

Notas:

 

[1] Hay una enorme cantidad de obras sobre la vida del Che. A mi juicio la ms completa y veraz es la de Paco Ignacio Taibo II, Ernesto Guevara. Tambin conocido como el Che (Buenos Aires: Planeta 2016). Meritorio tambin es el estudio de Jon Lee Anderson, Che Guevara. Una vida revolucionaria (Madrid: Anagrama, 2006). Desde otro ngulo, el libro de Carlos Calica Ferrer, amigo de la infancia y compaero del segundo viaje del Che por Amrica Latina aporta datos de muchsimo inters. Ver su De Ernesto al Che (Buenos Aires: Editorial Marea, edicin revisada y actualizada: 2017). Una visin ms terica sobre el Che y sus enseanzas se encuentran en el incisivo texto de Nstor Kohan, Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder (Buenos Aires, Editorial Nuestra Amrica-La Rosa Blindada, 2003. Segunda edicin corregida y aumentada que incluye un nuevo prlogo de Michael Lwy. Buenos Aires, Editorial Nuestra Amrica, 2005); Che Guevara, un marxismo para el siglo XXI

(Caracas, Oficina de publicacin del consejo de la presidencia, 2009); y En la selva (Los estudios desconocidos del Che Guevara. A propsito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia)   ( Caracas (Venezuela), Misin Conciencia, 2011).  Por supuesto, la extensa obra del recientemente fallecido Fernando Martnez Heredia no podra estar ausente en esta breve enumeracin. Ver El Che y el socialismo (Mxico: Editorial Nuestro Tiempo, 1989); Che, el argentino (Ediciones De Mano en Mano, 1997); El corrimiento hacia el rojo (La Habana: Letras Cubanas, 2001); y Las ideas y la batalla del Che (Ruth Casa Editorial 2010), aparte de los numerosos artculos y entrevistas dedicadas al tema.

[2] Dicho esto sin olvidar que el joven Guevara se haba dado a la tarea de redactar un pequeo diccionario filosfico del que, lamentablemente, hasta ahora no ha podido hacerse ninguna publicacin.

[3] Manuales que el Che apostrofaba llamndolos ladrillos soviticos. Ver su Apuntes crticos de la Economa Poltica (La Habana, Cuba: Ocean Press, 2006)

[4] Cuba no admite que se separe la economa de la poltica, disponible en https://www.marxists.org/espanol/guevara/escritos/op/articulos/puntadeleste/discurso.htm En las pginas que siguen nos referiremos repetidamente a este texto.

[5] Ver su Alianza para el Progreso. La mal nacida (Buenos Aires: Ediciones Iguaz, 1964)

[6] Op. Cit., p. 16

[7] Cf. Osvaldo Martnez, Presentacin del libro Apuntes Crticos de Economa Poltica de Ernesto Che Guevara (La Habana, Casa de las Amricas: 14 de Junio de 2006)

[8] Por conversaciones sostenidas muchos aos despus con el Comandante no nos cabe la menor duda que el Che deca lo que Fidel pensaba. Este lo expres, si bien oblicuamente, cuando la Crisis de los Misiles (Octubre de 1962) y, de manera transparente, mucho despus, cuando se derrumb la URSS ante la total indiferencia de la poblacin sovitica, lo que, a su juicio, fue el indicio definitivo de la derrota intelectual, moral y poltica, no slo econmica, que haba sufrido la Revolucin Rusa desde haca mucho tiempo.

[9] Por eso estos apuntes recin vieron la luz pblica en el 2006, si bien las crticas del Che a la economa sovitica eran conocidas por la dirigencia de la Revolucin Cubana.

[10] En sus Apuntes Crticos de Economa Poltica el Che incluye varios escritos ocasionales anteriores. Entre ellos el prlogo que, con el ttulo de "La necesidad de este libro", escribiera para el libro de Orlando Borrego Che, El Camino del fuego (Buenos Aires: Editorial Hombre Nuevo, 2001). El pasaje al cual refiere esta nota est planteado en aquel prlogo y reproducido textualmente en sus Apuntes. Ver, http://www.rebelion.org/hemeroteca/cultura/che041101.htm

[11] Mensaje a los pueblos del mundo a travs de la Tricontinental, Ediciones Varias, 1967. 

[12] Leo Panitch y Sam Gindin, American Empire or Empire of Global Capitalism, en Studies in Political Economy, N3, 2014

[13] No obstante, hay que decir que informaciones posteriores que salieron a la luz pblica despus que el Che escribiera este mensaje demuestran que la URSS no slo se solidariz retricamente con Vietnam sino que tambin le brind un importante apoyo militar y logstico.

[14] Medio siglo despus los hechos ratificaron rotundamente sus pronsticos: EEUU militariz su poltica exterior, y eso impact fuertemente en Amrica Latina y la OEA transit cada vez ms aceleradamente hacia la ignominia, como lo prueba la repugnante conducta de Luis Almagro, su actual Secretario General, convertido en un descarado lobista a sueldo de la Casa Blanca.

[15] Ver El Socialismo y el Hombre en Cuba, Carta dirigida a Carlos Quijano, Director de Marcha. Publicada en Montevideo, 12 de marzo de 1965, pg. 4.

[16] Muchos aos despus, en 1995, el recientemente fallecido Itsvn Mszros publicara una obra monumental: Ms all del Capital. Hacia una teora de la transicin (edicin en castellano: Caracas, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2009) en donde desarrollara una tesis fundamental de claras reminiscencias guevarianas. El problema, deca Mszros, ms que el capitalismo es el metabolismo del capital, que si bien es el que prevalece sin contrapesos en el capitalismo puede tambin sobrevivir, medrar -y, si no se lo neutraliza- controlar la lgica de funcionamiento de formaciones socioeconmicas hbridas, como las de China y Vietnam en donde el metabolismo del capital sigue vigente -si bien no en todos los sectores de la economa- y bajo condiciones en principio menos favorables que en las sociedades integralmente capitalistas. Pero su potencial de expansin es capaz de producir una verdadera metstasis de las clulas econmicas del capitalismo, para usar la expresin del Che, e inficionar cualquier sistema econmico, an el que persiga la construccin de una sociedad pos-capitalista.

[17] La sirena entona ha ido ensayando distintas melodas pero siempre con la misma finalidad. Llmese la poltica del buen vecino de Franklin D. Roosevelt, la Alianza para el Progreso de John F. Kennedy; las doctrinas de la seguridad nacional con las dictaduras de los aos setenta; el Consenso de Washington de los noventas o la fallida Alianza para el Libre Comercio de las Amricas (ALCA). Ahora, con Donald Trump el imperio est a la bsqueda de una nueva meloda pero an no la ha encontrado. La debacle econmica que el neoliberalismo ha causado tambin al interior de la economa norteamericana explica esta indefinicin.

[18] Hemos estudiado esta situacin, en el contexto de la decadencia imperial, en nuestro Amrica Latina en la Geopoltica del Imperialismo (Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2013), libro reproducido en otros pases de Amrica Latina.

Atilio Boron: Profesor Titular Consulto, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Coordinador del Ciclo de Complementacin Curricular en Historia Latinoamericana, Universidad Nacional de Avellaneda. Investigador Superior del Conicet y Director del Programa Latinoamericano de Educacin a Distancia en Ciencias Sociales, PLED.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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