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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2017

Sindicatos y poder

Teodoro Boot
Revista Zoom

Cmo se construy el sindicalismo reciente? Qu implicancias tuvo la distancia entre la CGT y los trabajadores informales? Una mirada a la Historia para iluminar problemas del presente.


Alguien tir la banana que ella pis sin querer,

y justito, cuando vi que se vena, ya decbito dorsal,

me la agarr!


Parece inevitable que al producirse alteraciones tan profundas del normal discurrir de la vida, como la que tuvo (y sigue teniendo) lugar tras la derrota de Daniel Scioli en el plebiscito de 2015, no sean slo las formaciones polticas las que deban adaptarse a la nueva situacin. Se hace hincapi en ellas, en sus dificultades para dar cuenta de nuevos hechos, en los discursos petrificados, cada vez ms vueltos hacia adentro, en las trabas e impedimentos para el surgimiento de nuevas figuras. Como si fuera sencillo, como si no hubieran pasado tan slo dos aos, apenas un suspiro.

La urgencia y la histeria hacen el resto por medio de su invalorable aporte a la confusin general. De ah que hoy se sealen dirigentes, cuadros y agrupaciones, ya como culpables de culpabilidad absoluta, ya como promesas y efmeros auspicios de una utpica salvacin automtica. Pero pasarn las elecciones y la poltica volver a su relativa normalidad.

Los espacios polticos no son los nicos que chapotean en la confusin, el desconcierto y la inanidad. Ni su caso es el ms grave, en tanto su incidencia en la vida cotidiana, por espordica, resulta menor. Con las (mal) llamadas organizaciones sociales pasa otro tanto y la ausencia de redes de contencin y articulacin comunitaria no se debe nica (ni principalmente) a las deficiencias estratgicas y conceptuales de las organizaciones polticas.

Pero donde ms duramente golpea esta ausencia de diagnstico y prescripcin es en el movimiento obrero, si es que tal cosa existe. Una suma de sindicatos, por ms fuertes que sean (y no es este el caso) no constituye un movimiento obrero: hace falta un proyecto, un programa unitario de reformas sociales, una propuesta no slo frente al gobierno o las entidades empresarias, sino ante el conjunto de la sociedad.

Los dirigentes gremiales estn hoy muy lejos de eso, y varios pasos por detrs de los espacios polticos en los que, cuando menos, se est en disputa por el liderazgo, lo que no es poca cosa.

La situacin no es nueva y en este intento oficialista de retorno hacia un lejano ayer, los sindicatos quedan atrapados entre los dilemas de otras pocas y un fenmeno novedoso: la desaparicin del trabajo como organizador de la sociedad.

En este marco, en el que es sencillo personalizar responsabilidades, atribuir propsitos siniestros e imaginar conspiraciones, lo nico ms o menos razonable es el anlisis y la reflexin. Los que se han llevado a cabo en pocas intelectualmente ms frtiles no reemplazan la necesaria reflexin actual, pero a veces pueden orientarla o, al menos, inspirarla.

Un rubio peronista

En 1967, la editorial Sudestada dio a conocer un notable trabajo del socilogo Roberto Carri. Con prlogo de Rodolfo Ortega Pea y Eduardo Luis Duhalde, llevaba por ttulo: Sindicatos y poder en Argentina. Tras el prlogo y la debida introduccin, un repaso del ndice nos da una idea de las inquietudes, ambiciones y expectativas del trabajo:

La etapa peronista

La Revolucin Libertadora

La etapa sindical (1958-1966)

La Revolucin Argentina y la crisis del movimiento sindical

Perspectivas para el movimiento nacional y el sindicalismo en la situacin poltica actual

Ya fuera por los prologuistas para los chuscos activistas de algunos sectores del peronismo revolucionario, tenidos como Rmulo y Remo, por haber sido abogados de la UOM y, en consecuencia, alimentarse de la loba o por no caer en la simplificacin y el anatema fcil la crtica a la burocracia sindical ya era antigua entonces, muchos despistados miraron el trabajo de Carri como influenciado por el vandorismo.

En uno de sus captulos, Sindicatos y poder analiza las protestas gremiales de 1963, y muy especialmente, la formidable huelga metalrgica de ese ao que, por sus consideraciones, nos parece de suma actualidad, particularmente en cuanto a la problemtica que enfrentaba el movimiento obrero y la paradjica situacin a la que lo arrastraba la lucha por el salario y la ausencia del proyecto o programa a que hacamos referencia anteriormente.

Y dice Carri

En 1963 hubo un conflicto gremial de mucha importancia, provocado por razones exclusivamente salariales. Nos referimos a la huelga metalrgica que dur alrededor de un mes. Esta huelga, realizada en el mes de julio, tena como motivo principal la demora de la patronal en firmar el nuevo convenio colectivo.

En el gremio metalrgico haba ms de 50 mil desocupados y el salario real estaba entre un 30 y un 40% por debajo de los salarios reales de la rama en 1948. Esta es la situacin del gremio cuando comienza la discusin del convenio. Las empresas afectadas por la crisis se ven obligadas a disminuir la produccin, excusa que les viene de perillas para despedir obreros. Decimos que es una excusa puesto que, reanudada la produccin normal de la industria, sta no contrata mano de obra nueva ni vuelve a tomar a los obreros despedidos, en razn de que en el trienio 1959/61 las fbricas se han reequipado con nueva maquinaria, que les permite mantener y superar los niveles de produccin anteriores, con menos personal y acentuando la productividad del trabajo obrero.

En la situacin de crisis en que se mova la industria, el sindicato centr la discusin con la patronal en el problema de los salarios, dejando en segundo plano el de los desocupados; por otra parte, acept las imposiciones de la patronal acerca del aumento de la productividad y la racionalizacin de las actividades en las fbricas.

La beneficiada de este proceso fue la gran industria metalrgica. Menos obreros, mayor productividad y mayor control sobre los trabajadores a cambio de un aumento de los salarios.

La pequea y la mediana empresa no se favorece con la nueva situacin, sino que sale perjudicada por el convenio. Ellos luchaban por el mantenimiento de bajos salarios. Realmente la pequea empresa haba sufrido las consecuencias de la crisis y despedir obreros a cambio del aumento no es un negocio para ellas puesto que tienen bastante pocos trabajadores por unidad. Aumentar la productividad en la pequea industria se hace casi exclusivamente sobre la base del esfuerzo fsico y era previsible que los obreros no aceptaran. Al no renovar maquinaria debido a su debilidad econmica, tampoco se aprovechaba de esta clusula del convenio. El aumento del control y la racionalizacin no tiene ningn significado en la pequea industria, puesto que el patrn generalmente trabaja en la fbrica cerca de sus obreros.

Este ejemplo es slo uno de una tendencia generalizada en la industria argentina, y es que los monopolios controlan cada vez en mayor grado los resortes del poder econmico y poltico, mientras la pequea y mediana empresa se convierte en una rmora y no se encuentra en condiciones de hacer retroceder el proceso de concentracin del poder y el capital en manos de los monopolios. Por otra parte, el movimiento sindical en general no se adecua en su estrategia puramente gremialista a los cambios que se producen en la estructura productiva. Tener la responsabilidad de conducir polticamente a las clases trabajadoras del pas produce una desatencin relativa de los problemas estrictamente gremiales y los dirigentes no responden correctamente a las necesidades econmicas de los obreros. Luchar exclusivamente por el aumento de los salarios es correcto en una poca donde la ocupacin aumenta masivamente, a un ritmo que iguale o supere los cambios demogrficos que se operan en la zona de influencia de la industria, como sucedi en la poca 35/45 y en el primer gobierno de Pern. Pero cuando los monopolios controlan el mercado de la industria, esta lucha tiene que acompaarse con la lucha contra la desocupacin; este aspecto de la lucha sindical se introdujo en la estrategia de los sindicatos despus de la crisis 1962/63, con la defensa y fortalecimiento de las comisiones internas de fbrica que deben incidir en la organizacin y reglamentacin de las actividades en las mismas y con la defensa del ritmo de trabajo del obrero. Desenmascarando al mismo tiempo la naturaleza de los monopolios e introduciendo la poltica directamente al mbito de las relaciones obrero-patronales, y no mantenindola separada como ocurre entre nosotros.

Pan con manteca

La dcada kirchnerista supuso un casi incesante aumento de la industria y la ocupacin. Seis millones de nuevos puestos de trabajo no son una tontera ni cosa de todos los das. De acuerdo al enfoque de Carri, la lucha por el salario en que se centraron la mayora de los sindicatos habra sido una estrategia correcta. De alguna manera de alguna relativa manera lo fue: la creciente ocupacin, la presin sindical y el apoyo gubernamental elevaron el salario real de los trabajadores registrados hasta un punto tal que el principal reclamo de los gremios termin centrndose en el mal llamado impuesto a las ganancias que, a su modo de ver, reduca el salario de los trabajadores de mayores ingresos.

No es materia de este artculo la tozudez con que el gobierno de entonces defendi un recurso que podra haber reemplazado por otros, o modificado, tanto en su esencia como en su modo de aplicacin, pero su mencin vale porque su resultado fue reafirmar a los sindicatos en un reclamo moralmente discutible y estratgicamente errneo: siempre siguiendo el razonamiento de Carri, si bien la desocupacin descenda vertiginosamente, la estrategia sindical de incrementar el ingreso real de los asalariados no poda ser correcta mientras cerca del 45% de los trabajadores estuvieran precarizados. Carentes de salario registrado, de obra social sindical, de adecuados aportes previsionales, no amparados por ningn convenio, el 45% de los trabajadores eran ajenos a las conquistas sindicales, de las que reciban poco o ningn beneficio. Fue, de alguna manera, la adaptacin de la teora del derrame al mundo del trabajo, y la profundizacin de las diferencias sociales y econmicas al interior del propio movimiento obrero, en tanto por movimiento obrero entendamos la expresin organizada de la clase trabajadora.

Aquel error estratgico de la UOM que describa Carri se generaliz durante la ltima dcada, trasladndose a la prctica totalidad de las entidades gremiales, para las que la clase trabajadora qued reducida a la suma de los empleados registrados de cada sector. Aun no habindose todava manifestado en todo su alcance y dimensin, las consecuencias de este error son devastadoras: la dirigencia gremial no slo no procur evitar sino que colabor activamente con la profundizacin de la brecha econmica y social dentro de la propia clase trabajadora. Presentada como consecuencia natural de un nuevo modelo productivo y no enfrentada por los sindicatos (a riesgo de ser reiterativos, unnimemente empeados en la defensa del salario registrado), quebr el ncleo esencial, el cimiento sobre el que se construye la ms elemental accin sindical: la solidaridad.

El resultado?

Si, por un lado, el desinters por los trabajadores precarizados y desocupados estableci una distancia insalvable entre la dirigencia y la mitad de la masa trabajadora, la ruptura de la solidaridad separa crecientemente a esa dirigencia de los registrados a los que defendi preferentemente ya que, sin esa identidad y destino comn nutridos de una ya desaparecida solidaridad, no hay gremios ni sindicatos ni organizacin humana posible.

Pero si ya desde haca tiempo la dirigencia gremial vena en falsa escuadra, sin poder ubicarse ante los cambios estructurales provocados a medias por los monopolios trasnacionales y el propio desarrollo del capitalismo financiero, las nuevas reglas que el mundo de los negocios intenta imponer en la sociedad tras la derrota electoral del FPV en el 2015, llevan a las conducciones sindicales a incurrir en el segundo error que apuntaba Carri: la despolitizacin.

La actividad gremial centrada en la conservacin y hasta incremento del poder adquisitivo del salario que Lucio Garzn Maceda llama sindicalismo de pan con manteca tiene razonabilidad, como apunta Carri, en pocas en las que la generacin de empleo supera el ritmo del crecimiento demogrfico, pero es muy desaconsejable en tiempos de ajuste y retraccin, cuando el destino de los trabajadores est ntimamente ligado a la fortuna de proyectos polticos fundados en la justicia o, cuando menos, cierta equidad social. Es entonces cuando desconectar la accin gremial de las luchas polticas, as como resignarse a la existencia de una clase de subhombres de vida, derechos y trabajos precarizados, no slo es contraproducente, sino tambin suicida, sino para la clase, seguramente s para las dirigencias gremiales.

Fuente: http://revistazoom.com.ar/sindicatos-y-poder/



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