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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-10-2017

Crmenes de odio, una operacin psicolgica

Marcelo Colussi
Rebelin


Los sentimientos humanos nunca estn en estado puro. Todos, absolutamente todos los seres humanos presentamos una compleja mezcla de afectos, donde no hay nada qumicamente no contaminado. Todos, entre otras cosas, amamos y odiamos. El sentimiento de odio no es, necesariamente, un cuerpo extrao, una patologa.

El amor, del mismo modo, no es algo que nos sobre eternamente, que nos desborde, del que tengamos reservas inagotables. La carga de amor -igual que la de odio- es siempre limitada. Pero ms an: el amor, si somos rigurosos en trminos cientficos (tomemos los desarrollos del psicoanlisis, por ejemplo: Jacques Lacan, 1991), encierra siempre una cuota de engao: Amar es, esencialmente, desear ser amado () Como espejismo especular, el amor es esencialmente engao. En tal sentido, no estamos obligados a amar al otro. Eso es un imposible, porque se ama muy puntual y selectivamente, y siempre hay una cuota de engao (insatisfaccin?) en esto. Los amores totales, eternos, desbordantes duran poco. En nombre del amor se pueden cometer las peores atrocidades. Por tanto, no podemos ni estamos obligados a amar absoluta y eternamente al otro, pero s a respetarlo!

La convivencia humana -que es, en definitiva, el hecho civilizatorio, el lazo social- nos permite establecer reglas de juego que fijan el marco dentro del cual nos movemos y vivimos en colectivo, en sociedad. La ley puede ser molesta, inoportuna, pesada pero resulta imprescindible, absolutamente. Sin ley, sin orden, sin marco regulatorio que establece lo que se puede y lo que no, sera imposible vivir. O, en otros trminos, la vida sera un caos. La ley, definitivamente, no siempre es justa: es un ordenamiento que se hace desde el ejercicio de un poder. La ley es lo que conviene al ms fuerte, dir el griego Trasmaco de Calcedonia hace dos milenios y medio. Efectivamente, es as: la ley ordena el caos, aunque sea en beneficio de un pequeo grupo. Pero sin ley no podemos vivir. Y, por supuesto -esa es la buena noticia- las leyes cambian en la historia. La propiedad privada, por ejemplo, es ley pero puede cambiar!

En el medio de ese marco de prohibiciones, los seres humanos desplegamos nuestra humanizacin, nuestro proceso de ingreso a las normas sociales, que es decir: nuestra socializacin. En ese proceso se da esa enorme, interminable y compleja variedad de sentimientos. El odio es uno de ellos.

Nadie vive amando todo el tiempo, ni nadie, tampoco, puede vivir odiando todo el tiempo. Esos son momentos puntuales, pasajeros. En tal sentido, podramos llegar a decir que el odio hace parte de la normalidad, en tanto un momento de la afectividad.

Ahora bien: qu pasa si ese sentimiento en particular se manipula? Porque, y aunque parezca patticamente imposible, eso sucede. De hecho, es parte de ciertas operaciones psicolgicas que tienen por finalidad promover determinadas respuestas.

La guerra psicolgica existe, es una realidad. Para decirlo en palabras de un autor especialista en el tema, el estadounidense Steven Metz: Busca generar un impacto psicolgico de magnitud, tal como un shock o una confusin, que afecte la iniciativa, la libertad de accin o los deseos del oponente; requiere una evaluacin previa de las vulnerabilidades del oponente y suele basarse en tcticas, armas o tecnologas innovadoras y no tradicionales.

Esa Psicologa, como parte de un complejo entramado de acciones poltico-militares, tiene por objetivo controlar poblaciones enteras. Es, ni ms ni menos, un eslabn de una estrategia de dominacin a favor de grupos poderosos. De hecho, los estrategas estadounidenses, desde hace unas dcadas, la vienen denominando guerra de cuarta generacin. Es decir: una guerra donde el oponente es una poblacin completa a la que se bombardea con mensajes ideolgico-culturales. Una guerra sin bombas y sin sangre, pero igualmente daina. O ms an!, por cuanto ni siquiera permite percibir que se es parte de un enfrentamiento feroz. Una guerra, en definitiva, hecha con sutiles tcnicas de manipulacin psicolgica que hasta pueden resultar placenteras a quien es objeto de ellas. Y ah, en medio de esa despiadada guerra (que entra por las pantallas de televisores, computadoras, telfonos celulares, videojuegos) se puede inocular odio.

La geoestrategia de Washington, desde hace tiempo, tiene puesto sus ojos (o sus garras) en Venezuela, dadas las inconmensurables riquezas naturales que anidan en el pas. La nacin bolivariana es poseedora de las cinco fuentes principales de energa natural: petrleo, gas, carbn, hidroelectricidad y solar. A lo que habra que agregar la orimulsin. De hecho, contiene en su subsuelo las reservas petroleras probadas ms grandes del mundo: 300.000 millones de barriles, suficientes para 341 aos de produccin al ritmo actual. Adems, de sus entraas surgen importantes recursos minerales, como hierro, bauxita, coltn (una de las reservas ms grandes del mundo), niobio y torio (quinta reserva mundial. Y valga decir que un kilogramo de torio equivale a 3.000 toneladas de petrleo). A lo que habra que agregar enormes yacimientos de oro y de diamantes. Junto a ello hay que destacar que es el noveno pas del mundo en biodiversidad en su Amazonia (53.000 km2 de selvas tropicales) -utilizable para la generacin de medicamentos y alimentos- y dcimatercera fuente de agua dulce (la enorme cuenca del Ro Orinoco).

Todo ello la convierte en un preciado botn para los gigantescos pulpos multinacionales, estadounidenses en lo fundamental, que ansan no perder esas riquezas. Claro que esas riquezas son venezolanas!, y ahora, desde hace casi 20 aos, con la Revolucin Bolivariana en curso, tales recursos son administrados por un gobierno nacionalista y popular, que ha elevado significativamente el nivel de vida de las grandes mayoras eternamente olvidadas. Esto es lo que tiene en jaque al imperio, a los grandes capitales corporativos que ven perder sus negocios futuros.

Eso es lo que explica la agresividad que desde hace aos se viene dando contra Venezuela, y desde la llegada a la presidencia de Nicols Maduro, creciendo con una fuerza inusitada. Por lo pronto, est en marcha una intrincada operacin poltico-psicolgica-militar para detener el proceso bolivariano y volver a colocar los recursos en manos de una oligarqua verncula tecnocrtico-petrolera afn a los dictados de la Casa Blanca. Ello constituye la Operacin Venezuela Freedom-2 . En pocas palabras, lo que se pretende es:

1. provocar desabastecimiento de productos de primera necesidad

2. impulsar el mercado negro

3. fomentar la inflacin

4. crear violencia callejera con bastantes muertos (es lo que se hizo en meses anteriores, con el saldo de 120 personas fallecidas)

5. difundir mundialmente una matriz meditica que muestre al pas como un caos total manejado por una dictadura sangrienta que hambrea a su poblacin

6. inducir una divisin tajante dentro de Venezuela entre chavismo y visceral antichavismo

7. buscar una guerra civil

8. pedir airadamente por todos los medios posibles (incluyendo la ONU y la OEA) una intervencin extranjera para restablecer la democracia, robada por la actual dictadura

9. no est escrito en el plan, pero es el objetivo real: quedarse con las distintas reservas, las petroleras en principio.

Todas estas estrategias, segn formula una estudiosa de asuntos internacionales como la argentina Ana Esther Cecea, ya estn debidamente probadas en varios lugares, siendo altamente eficaces: Mtodos [terroristas y desestabilizadores] han sido usados en Libia y Siria. Siempre aprovechando y atizando las contradicciones ya existentes y llevndolas a un nivel de confrontacin absoluta, que propicia la introduccin de fuerzas adicionales (fuerzas especiales de mercenarios), de operaciones encubiertas o incluso de bombardeos del exterior, que no slo elevan la tensin sino que garantizan el acaparamiento de los lugares estratgicos (pozos petroleros, puertos, pasos o rutas).

Para lo que nos interesa ahora: fomento del odio! Como se deca ms arriba, todos los seres humanos estamos cortados por la misma tijera, por lo que todos, dadas las circunstancias, podemos odiar (la Madre Teresa de Calcuta tambin; no existe la bondad pura). Incluso todos, dadas esas circunstancias, podemos matar al otro en nombre de algo. Transformando el otro de carne y hueso en un enemigo se le despersonaliza y se autoriza su eliminacin. El ideal en nombre del que se le elimina puede ser loable incluso (guerra revolucionaria), o deleznable (el racismo, por ejemplo), pero siempre funciona.

El odio, repitmoslo una vez ms, es parte de nuestra constitucin psicolgica. Las interminables luchas religiosas que se han dado a lo largo de la historia de la humanidad, por ejemplo, lo patentizan en forma plena. O lo que sucedi en la Alemania nazi, donde se foment el odio de una manera demencial. Quines eran los locos, desequilibrados y fanticos: los jerarcas del rgimen, o una poblacin que en muy buena medida se quiso creer lo de raza superior despreciando/odiando a los inferiores? Y por qu se da cualquier forma de racismo si no fuera a partir de un odio que est latente y se puede explotar?

Lo patticamente desgarrador es que en ese maquiavlico plan urdido para Venezuela, el punto 6) (inducir una divisin tajante dentro de Venezuela entre chavismo y visceral antichavismo) se ha venido cumpliendo a la perfeccin. Hoy, sin que un ciudadano antichavista pueda explicar por qu, odia a muerte a un chavista, odia a muerte el chavismo. Las supuestas razones son tan opacas como el sentimiento en cuestin: el chavismo es castro-comunismo, te van a expropiar tu casa y pondrn a vivir otra familia en tu sala, te habrn de secuestrar los hijos y enviarlos a un campo de entrenamiento comunista en Cuba, el pas lo estn dirigiendo los cubanos y los chinos, Ral Castro -y antes su hermano Fidel- escuchan todas tus conversaciones privadas a travs de las lmparas ahorradoras de procedencia cubana que tienes instaladas en tu casa, etc., etc.

El sueo de la razn produce monstruos, inmortaliz Francisco Goya en su pintura. Absoluta verdad: eso es lo que busca esta malintencionada operacin psicolgica fomentando el odio entre venezolanos. En nombre de esa irracional lgica, se puede linchar y prender fuego a un chavista (eso ya ha pasado varias veces) por la sencilla razn de ser eso: un chavista. Cuando el odio prima, la razn, la civilizacin, las normas sociales caen. As, de ese modo, un chavista pasa a ser la representacin del mal por antonomasia. Todo lo que haga el chavismo -para el caso, el presidente Nicols Maduro, o cualquier chavista- es malo.

Esa irracionalidad se ha venido imponiendo en Venezuela con estas arteras manipulaciones. Oponer al odio inoculado un amor sin lmites es improcedente. Tonto quiz o suicida! A los balazos y a las bombas no se le pueden oponer flores. Como dice el colombiano Estanislao Zuleta: No oponerle a la guerra, como han hecho hasta entonces casi todas las tendencias pacifistas, un reino del amor y la abundancia, de la igualdad y la homogeneidad. () Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposicin al otro conduzca a la supresin del otro, matndolo, reducindolo a la impotencia o silencindolo. 

De lo que se trata es de desarmar la campaa poltico-meditica-psicolgica en juego. Desarmarla, descomponerla en sus elementos, ensear con precisin cientfica cmo est fundamentada. Resuenan ah las enseanzas del creador de todas estas manipulaciones psicolgicas, el Ministro de Propaganda del rgimen nazi, Joseph Goebbels: Miente, miente, miente Una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad. Lo que debemos mostrar es cmo est estructurado el plan, por qu se fomenta ese odio visceral, irracional, loco, entre los venezolanos. Mostrar a quin sirve este divide y reinars.

No debe olvidarse al respecto que esta nueva generacin de guerras preventivas que nace en la geoestrategia de Washington a partir de la montada operacin propagandstica de la cada de las Torres Gemelas, tiene como objetivo bsico: 1) fomentar un odio quasi irracional contra los musulmanes (supuesta encarnacin del mal absoluto), para poder invadir los pases donde anida ese terrorismo sanguinario antes que ellos ataquen a las civilizadas naciones occidentales, sin decir que a esos pases terroristas se les puede 2) arrebatar (robar!) el petrleo que casualmente tienen en sus subsuelos. El fomento premeditado del odio al que hoy asistimos tiene agenda oculta. No olvidar nunca, como dijo Ral Scalabrini Ortiz, que nuestra ignorancia est planificada por una gran sabidura.

Es sabido que las masas no son, precisamente, racionales. Las masas se mueven por sentimientos primarios, inmediatistas, pasionales. Por eso son tan fciles de manipular. Una masa, dijo el psiclogo de las multitudes, el francs Gustave Le Bon, desprovista de toda facultad crtica, no puede ser ms que excesivamente crdula. De ah que esta Psicologa que mencionamos apela a la maleabilidad de las masas para conducirlas hacia donde desee. En vez de fomentar la actitud crtica (que sera tpica del socialismo), el capitalismo engaa, miente, manosea a los colectivos. Por eso hay modas, por eso se repiten clichs, por eso se pueden fomentar los sentimientos que se desee: el amor por el dolo de moda (el actor, el cantante, el deportista) o, en nuestro caso, el odio contra el chavismo y todo lo que represente cambio a favor de las mayoras.

A la inoculacin del odio, a ese adormecimiento de la racionalidad, a esa lgica de muerte que se pretende enseorear, a los crmenes de odio que estamos viviendo hoy da, hay que oponerles la Verdad. Desenmascarar racional y crticamente lo que est atrs de todo esto es el nico camino.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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