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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2017

El triunfo de los mediocres

Gregorio Morn
Crnica Global


Ni saben a dnde van, ni a dnde nos llevan. Preguntarse el cmo, resulta como un chiste narrado por un idiota, de esos que empiezan explicando el final y que aaden luego que ellos no saben hacerlo pero que contado por alguien con gracia es para desternillarse de risa. Y es verdad, aunque no toda. Hemos vuelto al infantilismo letal de los tiempos de Pujol, el gran ausente de todos los anlisis. Esta es una sociedad que no acaba de aceptar la realidad y as nos va.

Tendramos que preguntarnos de dnde han salido estos genios, de qu botella de alta graduacin. Ni siquiera en sus soliloquios son capaces de construir un discurso coherente. Que si la declaracin unilateral de independencia, que si las elecciones autonmicas, que si el dilogo. Padecemos del virus de la mediocridad que lo ha infectado todo. Desde que un delincuente anunci un viaje a taca, y que a miles de payasos a cargo del erario pblico les pareciera de perlas, hemos recorrido todos los caminos del imaginario colectivo, hasta volver al punto de llegada y descubrir que no nos habamos movido del sitio de salida.

De verdad no hay nadie en la sociedad catalana, ni en sus autosuficientes medios pblicos o subvencionados, ni en su desvada caspa intelectual, ni en los centenares de talentos mediticos, que ose pedir que el supuesto president de la Generalitat, seor Puigdemont, y su abad misacantano Oriol Junqueras, deben irse al carajo, dimitir y dedicarse a la petanca, que es deporte para jubilados? Para hacer el fantasma no se necesita ni la colaboracin de Rajoy ni la del Partido Popular. Para ese viaje al ridculo se bastan solos, siempre que los jalee una sociedad complaciente consigo misma, que olvida el hecho incontrovertible de que ha sido gobernada por una familia de mafiosos durante veintitantos aos, alabada hasta la vergenza ajena por los palmeros del anlisis.

Pas el tiempo del dilogo, ese mantra de los perezosos para alegra de presuntos implicados. Sobre qu van a dialogar? Qu entendemos por dilogo? An recuerdo el homenaje a Ernest Lluch donde una meditica apelaba a hablar con los asesinos. A tamao pedazo de mediocridad parlante nadie le replic si caba imaginar a Lluch tratando de escapar de sus ejecutores armados diciendo, un momento, caballeros, vamos a dialogar y as evitamos que me matis. Cmo se puede mentir tanto y tan reiteradamente sin que la sociedad exija un mnimo nivel de verosimilitud! No hay nadie que les recuerde que son una tribu de mentirosos recalcitrantes que atienden a una sociedad conservadora en un punto que alcanza lo reaccionario?

Una buena parte de la sociedad catalana ha sacado del armario la frustracin que llevaba dentro. Est en su derecho, siempre y cuando no le niegue a los dems el deber de contarlo e incluso de sobrevivir a esta oleada de xenofobia ideolgica. Se ha traspasado el nivel de la lucha de ideas y se embadurnaron de un supuesto pacifismo construido en base a la intimidacin y la violencia . Se ha abierto en canal una sociedad que se jactaba de su capacidad integradora, una mscara. O te callas o nos veremos obligados a hacerte callar llenndote la boca de rosas y claveles, los suficientes para que te ahogues en silencio.

Pattica situacin donde te dan a escoger entre el mambo o la vida. Nunca nos imaginamos que el buenismo poda matar y que el divertido ritmo de baile se convirtiera en un rquiem. Los temerarios muchachos de la eterna sonrisa nos estn haciendo la vida imposible a la mayora de una sociedad acostumbrada a callar, que slo pa cuando los mafiosos y sus sicarios tocan a rebato y echan el alpiste. Las gallinas no son gastrnomas ni se sientan a la mesa; para comer han de inclinarse y picotear del suelo, al fin y al cabo tierra patritica.

No s si a algunos nos dar tiempo a verlo, o nos lo impedirn los clavelazos con los que nos amenazan los de las eternas sonrisas mortuorias, pero habr un da que cada cual asumir su cuota de vergenza y de mentira. No hay dilogo posible con quien te est acogotando a bofetadas para que te reubiques y seas un buen cataln, una estupidez totalitaria que creamos superada tras muchos aos de que intentaran infructuosamente que furamos espaoles fetn. Yo no quiero ser espaol, ni cataln, ni un equidistante del partido de los cnicos. Me conformara con que me dejaran escribir, vivir y comportarme como un ciudadano que tiene el derecho -y como intelectual, el deber- de no comulgar con ruedas de molino.

Fuente: https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/sabatinas-intempestivas-gregorio-moran/triunfo-mediocres_96092_102.html



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