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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2017

Clase, capital y repblica democrtica

Ignazio Aiestaran
Rebelin


Hace meses que el ciclo poltico cambi en la configuracin y reaccin del Rgimen del 78 espaol. Si la aparicin del 15-M pudo ser parte de una poca de variaciones dentro de la Segunda Restauracin Borbnica, ese ciclo finaliz y empez otro, marcado por el trayecto final del proceso constituyente en el Principado de Catalua y la proclamacin de la Repblica Catalana, que ha sacudido los cimientos del Estado espaol. Frente a una cierta nostalgia quincemayista que todava se observa en cierto dominio poltico y frente al izquierdismo espaol, bien de viejo cuo, bien de nueva inspiracin, conviene remarcar ciertas caractersticas de este nuevo ciclo, tanto en el caso espaol como en el cataln.

Para empezar, hay que destacar que el referndum del 1 de octubre y las semanas previas fueron un ejercicio que desbord ampliamente lo que haba pretendido el 15-M. Ya no se trataba de ocupar las plazas, ni de rodear las sedes parlamentarias, como en la convocatoria madrilea Rodea el Congreso de septiembre de 2012 o en la iniciativa catalana Aturem el Parlament de junio de 2011. Ahora la cuestin no era decir simplemente que no nos representan, ni rodear las instituciones, sino horadarlas, arrebatarle al rgimen una de sus herramientas ms preciadas de su democratismo: el voto, sus urnas. Durante semanas se tuvieron que esconder urnas y papeletas para que el Rgimen del 78 no se apropiara de ellas. Esas mismas urnas tuvieron que ser defendidas con los cuerpos de miles de vecinos y vecinas ante la feroz represin del Estado en los colegios electorales. El efecto que provoca que el voto y las urnas pasen por una nueva soberana popular que decide en referndum, ms all de la movilizacin reivindicativa ciudadanista, es algo que resta legitimidad a la legalidad estatal y que el rgimen no se puede permitir en su rigidez heredada de los mecanismos de la Transicin.

Otra caracterstica en la que el nuevo sujeto constituyente cataln desborda los registros del 15-M es la espacialidad. El 15-M fue mayoritariamente un movimiento de las grandes metrpolis, con un xito en ncleos como Madrid y Barcelona. Es verdad que tambin tuvo su expresin en otras ciudades, casi siempre capitales de comunidades autnomas o de provincias, pero difcilmente traspas el umbral de las grandes urbes o de algunas medianas. El sujeto constituyente cataln, sin embargo, participa tambin de la territorialidad extra-urbana y se reproduce y afianza en los pueblos, no solo en las capitales. Eso le confiere un valor aadido en su proyeccin y una resistencia de la que carecen los movimientos urbanitas modernos, atacando uno de los pilares del rgimen, pues el bipartidismo espaol se proyecta con soltura en pequeas localidades en su mapa territorial estatal. En esto, el caso cataln es diferente.

Una novedad a destacar tambin de los acontecimientos en el Principado de Catalunya es que han introducido la cuestin de las clases sociales. El 15-M se desentendi del eje de clase. En primer lugar, porque quera distanciarse de la izquierda tradicional. De ah su lema No somos ni de izquierda, ni de derecha. En segundo lugar, intent hablar solo de ciudadana y evit el lenguaje de clase y el anlisis material de la clase trabajadora. A lo ms que se lleg es a usar la crtica a las lites o el lenguaje de los de arriba y los de abajo. Con ello el 15-M no consigui subsumir la cuestin del trabajo y del valor de cambio del capital. A lo ms que se lleg es a reivindicar cosas como no somos mercanca en manos de polticos y banqueros y a limitarse a hablar de la corrupcin de las lites, con excepcin de alguna iniciativa de mayor calado, como puede ser la conexin entre cooperativismo y quincemayismo. Por lo general, cuando el 15-M ha intentado concretar sus medidas en el campo poltico y econmico ha encontrado aqu un problema de fondo: se ha limitado a la micro-escala (municipalismo en grandes ciudades) o a la macro-escala (crtica de la Unin Europea y del Banco Central Europeo, por ejemplo), sin articular una respuesta efectiva en las escalas intermedias del territorio y del Estado. En esto el caso cataln tambin es diferente.

El proceso constituyente del sujeto republicano cataln ha obligado, adems, a posicionarse a la clase capitalista. La patronal espaola y la catalana se posicionaron desde el comienzo en contra del referndum del 1 de octubre, mientras la gran mayora sindical se manifest claramente a favor del mismo. La CEOE, el Crculo de Empresarios, Foment del Treball Nacional, CEPYME y la Cmara de Comercio de Barcelona han declarado en diferentes ocasiones que no aceptaban el referndum. La CEOE tambin respalda las medidas posteriores del artculo 155 aprobadas por el partido de la gobernacin espaol. Por el otro lado, CCOO de Catalunya y UGT de Catalunya se posicionaron a favor del referndum, aunque los secretarios generales de CCOO y UGT a nivel estatal no lo hicieron. Desde Catalua tambin apoyaron el referndum la CGT, la CNT, la Coordinadora Obrera Sindical de los Pases Catalanes, el Sindicat dEstudiants dels Pasos Catalans, la Intersindical Confederaci Sindical Catalana (I-CSC) y la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC). Otros sindicatos tambin lo hicieron: la Intersindical Valenciana, el Sindicat de Treballadores i Treballadors-Intersindical de les Illes Balears (STEI), la Confederacin Intersindical de Castilla, la Confederacin Intersindical Galega, la Corriente Sindical de Izquierda de Asturias, la Central Unitaria de Trabajadoras/es de Galiza, el Colectivo Unitario de Trabajadores de Aragn, la Intersindical de Canarias, diversos sindicatos vascos (ELA, LAB; ESK; STEILAS), as como el SAT y la CUT desde Andaluca de manera conjunta. El nico sindicato que se posicion en contra del referndum, considerndolo ilegal, fue la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF). Por otro lado, desde Catalunya tambin hubo un posicionamiento a favor del referndum que cabe destacar por su significacin especial: el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes y del Espacio del Inmigrante. As pues, el proceso constituyente cataln ha incorporado los conflictos de clase a travs de las dinmicas sindicales. Esto es algo que desborda tambin los planteamientos del 15-M y de la nueva poltica populista que no consiguen conectar con el sindicalismo de clase a gran escala.

Est claro, por tanto, que sostener que el proceso republicano cataln solo es una cuestin de la burguesa no solo es incorrecto, sino que es una forma de falsear los posicionamientos de clase que se han producido. Este proceso ha obligado al empresariado y a la banca a manifestarse de manera contraria, lo cual quiere decir que el Estado heredado de la Transicin espaola en su ordenamiento legislativo y judicial actual le es totalmente favorable a la clase capitalista. Como deca el marxismo clsico, el Estado es una herramienta de clase y en el caso del Reino de Espaa esto ha quedado ms que demostrado. Por eso mismo, no es suficiente con plantear que el nico problema con el Estado espaol es el partido de la gobernacin con su trama corrupta. La forma de acumulacin del sistema patrimonial espaol se sustenta hasta tal punto en ese Estado y sus instituciones que una iniciativa republicana es considerada como una ruptura y una amenaza.

En el contexto actual la posibilidad de una repblica no es una amenaza para la clase trabajadora. Una necedad que se ha divulgado contra el proceso republicano cataln es que divide a la clase trabajadora por su carcter nacional. En realidad, lo que de verdad divide a la clase trabajadora es no tener conciencia de clase, no organizarse y no colectivizar los medios de produccin. Que la clase trabajadora se mantenga unida no quiere decir que renuncie a sus diferentes aspiraciones nacionales. De hecho, para eso se cre la Primera Internacional: para que la clase trabajadora de diferentes naciones y pases se reuniera y comunicara, pero sin renunciar explcitamente a cada nacionalidad. Por lo dems, la propia existencia de los sindicatos en diferentes pases demuestra que no es preciso renunciar a la nacionalidad para la lucha anticapitalista. Ms an: no tiene sentido que hubiera un solo sindicato para todos los pases. En la medida en que hay diferentes legislaciones, diversos desarrollos econmicos y distintas singularidades sociales, es necesario que en cada pas o Estado la clase trabajadora se agrupe en diversos sindicatos. Otra cosa es, por caso, que ello no deba obstaculizar la unidad sindical de clase, clave para el triunfo de la clase trabajadora. De hecho, en principio tampoco es negativo que dentro de un mismo pas haya diferentes organizaciones sindicales, mientras estas sean de clase y no pierdan el horizonte de la lucha contra la clase capitalista. Incluso, si se piensa en medidas como la nacionalizacin o la colectivizacin de los medios de produccin o de financiacin, es lgico que estas se hagan por pases o territorios, ya que es inimaginable que se produjera una colectivizacin de golpe y a la vez en todo el mundo. Si el proceso republicano cataln se organiza finalmente como un Estado efectivo, la propia realidad laboral con su marco legal y las dinmicas del capital habran de ser analizadas sindical y laboralmente desde esa referencia, sin perder la conexin con la realidad del capital y los sindicatos de otros pases y continentes.

En este sentido hay que destacar algunas orientaciones de inters en el proceso republicano cataln. En junio de 2016 la CUP-Crida Constituent present una mocin para constituir una banca pblica catalana, que fuera independiente de la banca privada y que estuviera sometida a control democrtico. Hace poco ulalia Reguant tambin apuntaba la necesaria socializacin de la banca en la construccin de la repblica catalana, dado que el modelo de rescate a la banca del Estado espaol haba sido otra forma de expolio y estafa. Segn su propuesta, el proceso constituyente haba de servir para la socializacin de la banca y su integracin en los servicios pblicos (cf. La banca de la Repblica, eina indispensable de transformaci social, Crtic, 20/VII/2017). Con todas las dificultades que la realizacin de este cambio supone en una Europa sometida al Banco Central Europeo y sus mercados financieros, por lo menos da la oportunidad de volver a pensar el campo de la colectivizacin de los medios de produccin y de financiacin. Frente a ello, tenemos a la patronal de la gran banca privada, AEB y CECA, declarando su compromiso con la Constitucin y la legalidad espaola vigente, conservando sus intereses empresariales y las dinmicas del capital (cf. su Declaracin institucional conjunta del 29 de octubre).

Un par de apuntes sobre republicanismo antes de terminar. El eje independentismo/unionismo y el eje espaolidad/catalanidad tienen su propio fundamento, pero aportan poco. Sin embargo, el eje monarqua/repblica aporta un grado de universalidad que juega en favor del proceso cataln. Por eso fue un gran acierto que el referndum del 1 de octubre de 2017 expresara claramente en la pregunta de base que la forma de soberana elegida o rechazada fuera en forma de repblica, a diferencia de la consulta del 9 de noviembre de 2014, que no inclua esta especificidad. Al contraponer la posibilidad de un ordenamiento republicano, diferente de la tradicin monrquica heredada de la dictadura franquista, se consigue un efecto de ruptura y de democracia que no puede controlar el actual Estado espaol y que desborda tanto el planteamiento limitado del 15-M como del izquierdismo espaol, en su versin socialdemcrata o en su versin populista, que ha olvidado el republicanismo, fuera de la nostalgia de las celebraciones anuales del 14 de abril y del folclorismo tricolor.

El Marx tardo, el que ya haba escrito El Capital, expres una posicin poltica relevante en su Crtica al Programa de Gotha. All Marx atacaba al Partido Obrero Alemn por limitarse al Estado nacional de la poca y no reconocer que la soberana del pueblo solo cabe en una repblica democrtica. Como bien ha mostrado Felipe Martnez Marzoa, estas dos facetas del Marx maduro, la crtica a la economa poltica del capital y el establecimiento de la repblica democrtica como paso previo a la emancipacin del Estado por el proletariado, iban unidas en un entorno capitalista. Por eso mismo, que en el mundo de la civilizacin capitalista aparezca una repblica democrtica no puede ser una mala noticia, sobre todo, si esta repblica democrtica sirve para romper con una monarqua instalada por una dictadura y su sistema patrimonial. Basta que esa repblica no pierda su horizonte universal. O dicho con los versos de un poema de Miquel Mart i Pol: El poble s tothom, el poble s ning.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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