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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2017

El problema del patriotismo sin smbolos: notas para la gente

Luis Fernando Angosto
Rebelin


La democracia espaola arrastra un viejo problema que la crisis catalana ha vuelto a revelar en toda su crudeza. No existe una identidad nacional incluyente de las diversidades constitutivas del pas, que son tanto culturales como polticas. Existe, desde luego, un marco identitario espaolista que la derecha ha impuesto y demarcado a su antojo, en buena parte por el poder absoluto que la dictadura franquista le garantiz. Pero la consolidacin de ese marco excluyente es tambin en buena medida responsabilidad de las fuerzas progresistas del pas, que hasta muy recientemente no han mostrado inters ni capacidad real para impugnarlo de forma consciente y organizada. Dicha impugnacin requiere propuestas alternativas, y ha quedado claro una vez ms, en este caso por la desbordada crisis catalana, que la ausencia de dichas alternativas supone una fuente permanente de debilidad poltica para la construccin de una Espaa ms justa y democrtica.

En los ltimos aos se han realizado esfuerzos por aliviar esta debilidad, en particular desde algunos sectores de Podemos. Pero el problema es que en este esfuerzo se han jugado con cartas que difcilmente permiten ganar el juego. Cuando Podemos comenz a dar expresin al descontento generalizado que los lodos de la revolucin neoliberal y el robo oligrquico haban generado en el pas, varios de sus miembros reconocieron la importancia de comunicar un proyecto de pas, y no slo de desplegar una crtica frontal contra los que lo haban desdibujado. Para entonces ya quedaba claro que haba un sujeto colectivo emergente que se encontraba fundamentalmente en el antagonismo al orden establecido, y que se entrelazaba con facilidad en torno a las demandas de democracia social y poltica. Haba tambin un liderazgo en construccin, y que se ha consolidado con xito, alrededor de la figura de Pablo Iglesias. Pero a toda esta fuerza social en efervescencia le faltaban, y le siguen faltando, unos elementos que son clave en todo proceso de construccin popular: smbolos colectivos (y, en este caso, smbolos nacionales).

El 15M tuvo la valenta de nacer y crecer al margen de banderas, y sin embargo las necesitaba. Es incmodo reconocerlo, pero tambin indispensable. Los lmites al crecimiento del bloque de renovacin democrtica que Podemos canaliz despus del 15M slo se pueden explicar si, adems del reconocer la influencia de los ataques sistemticos de sus rivales (dominantes de la produccin informativa), se le da un nombre a la nica identidad transversal que el partido no ha sabido manejar con solidez en ningn momento, a pesar de sus aciertos con los significantes: se trata de la identidad espaola (que, dejmoslo claro, es plural y democrtica y no es, ni debera ser, la que agita la extrema derecha a su antojo).

Podemos, o por lo menos algunas de sus lderes, con Iglesias a la cabeza, reconocieron aquella debilidad de posicin original, y trataron de corregirla con cierto arrojo pero sin armas de peso. Se apel al patriotismo, reconvertido principalmente en sentimiento de amor y respeto al vecino, al ciudadano y al juego democrtico. No se hizo de este significante una pilar discursivo central, desde luego, pero, utilizado con acierto en momentos clave, por lo menos sirvi para atajar ataques que trataban de encasillar a Podemos como una fuerza anti-nacional una fuerza que, de hecho, ha tenido problemas para hablar de Espaa, y que tampoco ha querido reinventar sus smbolos. Hoy, cuando con la crisis catalana presenciamos un nuevo ejemplo de la fortaleza latente de las identidades nacionales y su capacidad de movilizacin, desde algunos focos de Podemos se regresa a la ofensiva del patriotismo discursivo. Lo hemos visto en las ltima semana con claridad, y quiz es buena seal. Ya que a estas alturas no se puede volver atrs, quedan pocas alternativas para apelar a la identidad nacional democrtica y progresista que late en Espaa. Sin embargo, es previsible que esta tctica de recuperacin del patriotismo como significante no podr llegar ms all de donde ya ha llegado: nos guste ms a menos, ha quedado demostrado que en este pas un patriotismo sin smbolos tiene sus lmites bien afincados. Y, nos guste menos o ms, el escenario que se vive en el pas viene a ilustrarlo una vez ms: bastantes espaoles y espaolas en todo el pas, incluyendo catalanes y catalanas de las clases populares que no encuentran conviccin ni inclusin en el independentismo, siguen encontrando en la bandera espaola eso que Podemos ha querido (sin poder del todo) encapsular en su recuperacin del concepto de patriotismo un concepto que, fatalmente, ha carecido de smbolos que lo materialicen, que son fundamentales en la comunicacin y cristalizacin de identidades.

El problema es enorme, claro est, porque los smbolos de nacionalidad con los que se cuenta en Espaa estn marcados por los lmites de la transicin y del tipo de ruptura de baja intensidad que marc frente a la dictadura. Pero, en cualquier caso, conviene admitir que el problema no va desaparecer, y quiz sea esta la hora en la que de una vez por todas se empiece a buscar vas de solucin entre las fuerzas progresistas de este pas, incluyendo aquellas que aspiran a ver en sus instituciones pblicas smbolos nacionales renovados que representen a la Espaa plurinacional y democrtica, la que sigue ahogada aun siendo mayoritaria. Poner esta Espaa en marcha va a ser difcil con un patriotismo sin smbolos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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