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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2017

Viglietti, el trovador muerto por exceso de solidaridad

Aram Aharonian
Rebelin


Daniel Viglietti montevideaneaba habitualmente, con su guitarra-compaera y era fcil cruzarse con l por la calle, o encontrrselo en cualquier caf del centro. Lejos de cualquier prototipo de artista exitoso, era popular, querido.

Quin era Viglietti? l se autodefine: Soy eso, una especie de referencia de una etapa que se ha venido viviendo, con aciertos, errores, desajustes, con emociones, con valenta, con miedos, una etapa de hallazgos, de prdidas Seguimos buscando lo humano, eso que el Che simbolizaba como el hombre nuevo lo seguimos buscando, an cuando seamos generacionalmente veteranos Creo que no hay conciencia sin emocin.

En realidad, deca, uno siempre se est componiendo, porque se est pensando, soando, sufriendo, respirando la porcin de realidad que al trovador le toca vivir, siempre se est como afinando ideasPero tampoco creer que uno es una mquina de cantos polticos. As como me nacen canciones de opinin, me nacen otras sobre el paisaje, sobre el amor, sobre seres entraables, siempre desde un modo de concebir la vida.

Y hablaba de una vida igualitaria, lo ms parejita posible, sin soberbia, sin codicia, defendiendo la alegra, como nos peda nuestro entraable Mario (Benedetti); la ternura, el compaerismo. Defendiendo las arenas rochenses de Valizas al cantar El vals de la duna, defendiendo el amor al cantar Anaclara, defendiendo la educacin al recordar a la maestra uruguaya desaparecida Elena Quinteros, cuestionando la impunidad al cantar mi msica para el poema de Circe Maia "Otra voz canta".

Y defendiendo nuestra cultura cuando abordamos a Violeta Parra o a Atahualpa Yupanqui o a Mario Benedetti o a Eduardo Galeano, defendiendo la libertad de pensamiento cuando evocamos al sacerdote colombiano Camilo Torres que, en su momento, cambi la sotana por un fusil, o al capitn Carlos Lamarca que cambi la puntera del suyo, defendiendo la memoria de Salvador Allende, de Miguel Enrquez, de Vctor Jara en Chile, como en mi pas la de Ral Bebe Sendic, o en el mundo la del nuestroamericano que fue el argentino Ernesto Guevara.

Quiz el lacnico ttulo de la primera pgina de La Diaria lo expresa todo: Slo digo compaero.

Muchos lo recuerdan por A desalambrar, un himno popular desde hace 50 aos: Ese verbo que invent en 1966 es un smbolo que me naci del Reglamento de Tierras que Artigas cre en 1813. Se trata, todava hoy y no solamente en Uruguay, de desalambrar los latifundios. Y con Viglietti llegamos a la conclusin ron mediante, en Caracas- que ahora haba que desalambrar tambin los latifundios mediticos.

Permanece el latifundio, sobrevive, se realimenta, se redimensiona. El yugo de la banca internacional nos sigue sometiendo, salvo rarsimas excepciones como son los casos de Cuba y del proceso bolivariano, o una experiencia altamente positiva como la de Bolivia con Evo Morales. Todos esos elementos que permanecen hacen que la cancin -en el caso mo- tenga un eco y pueda encontrar nuevos odos, deca a principios de octubre en Chile.

Seis dcadas

Lo conoc hace 60 aos, por su amistad entraable y creativa con mi hermano Corin. Quiz por eso se me hace difcil escribir. Recuerdo el estuche de su guitarra que anteceda a su enorme jopo mientras bajaba por la empinada Susviela, all en El Prado, en el norte montevideano.

Dice La Diaria que cuando cantaba no tena edad. La memoria del cuerpo, ejercitada en la escuela exquisita de Abel Carlevaro, lo despojaba de los aos y era cada vez el de siempre, como iluminado en integracin perfecta con la guitarra, como si aquel mechn de pelo joven le cayera todava sobre la frente.

Era parte de aquel renacer cultural uruguayo de los aos 1960, junto a Los Olimareos, a Alfredo Zitarrosa, al Sabalero (Jos Carvajal), el payador Carlos Molina, y tantos otros, que deca l- cantaban a coro sin saberlo [...]. Todos amantes de la libertad en el sentido ms profundo y menos manoseado del trmino; me gustara decir libertarios. Ojo: no estoy olvidando a los luchadores annimos. Todos son una especie de sujeto colectivo que impulsa a seguir.

Recorri medio mundo llevando su humildad y su solidaridad, su rebelda y esperanza, su excelsa guitarra y su canto. Compuso hitos como A desalambrar, Cancin para mi Amrica, Declaracin de amor a Nicaragua, La Patria Vieja, Duerme Negrito, Cancin para el hombre nuevo

Nicols Casullo comentaba, en setiembre de 1971, el recital en el Teatro pera de una revolucionada Buenos Aires: De pronto cientos de voces cobijadas por las estrellitas del cielo raso: Lucha, lucha armada, viva el Che Guevara. De golpe: la toma del escenario, muchedumbre sobre las tablas suben y suben. Solo dejan un pequeo crculo en el centro, vaco. Iluminado, con tres micrfonos apuntndolo. All se ubica, recibido por miles de palmas que aplauden, Daniel Viglietti.

El uruguayo cantar, sin ningn tipo de histrionismo ni histerismo. Le cantar a Guevara, a Camilo Torres, a los estudiantes, a las guerrilleras. Contar de los tupamaros sin nombrarlos, hablar del Sendic, del chueco Maciel, dir con msica, con una guitarra pausada, que crece, que desaparece, dir con una letra, coherente en lo poltico e ideolgico, zonas de la epopeya de una liberacin que se asume un continente, narraba en la revista Nuevo Hombre.

Cuando lo detuvieron en 1972, los estudiantes rodearon en una manifestacin relmpago la Jefatura de Polica y volantean una imagen con dos manos y una leyenda que dice en Jefartura se est torturando a un patriota, que obliga a las autoridades a visibilizarlo. Lo que permite la protesta internacional y su posterior liberacin y exilio.

La tarea ms dura en su exilio francs, fue abastecerlo de jalea y licor de ptalos de rosa negra, manufacturados por doa Victoria, la madre de su amigo Corin. A ste se le dio por morirse tres semanas antes que Daniel, rompiendo seis dcadas de amistad. El jueves ltimo, lo record cenando comida armenia con su compaera Lourdes (mexicana y para peor psicoanalista) y Nair, la hija de Corin, extraando a su propia hija, Trilce, quien vive en Pars.

Nuestroamericano soy

Recordaba El Flaco que en 1982 en la Nicaragua sandinista inicial, se me ocurri el trmino nuestroamericano en la letra de mi cancin Declaracin de amor a Nicaragua; me naci de un sentimiento de siempre que nos viene de Bolvar, de Mart, del Che, del propio Artigas, la idea de la unidad latinoamericana. Pero con el tiempo me doy cuenta que esto no borra las identidades, en sus aspectos positivos y negativos, de cada una de nuestras patrias.

Somos todos uno, pero cada una de nuestras historias es un mundo y tiene sus coordenadas propias. Pienso que hay que lograr aunar toda esa diversidad y los logros obtenidos, remarcaba, grabadora en mano, dispuesto para hacer su prxima entrevista.

ltimamente se haba decidido mezclar temas de vieja y nueva cosecha es una despedida en continuado, me dijo a principios de octubre-, como en su ltima presentacin en Piripolis, en Santiago de Chile, en Vallehermoso, un paseo por diferentes estilos de msicas, seres que est prohibido olvidar, historias de amor y resistencia, algo de humor, con canciones en su mayora de mi autora, que voy a elegir desde mis comienzos en 1957 hasta este 2017, en que conmemoramos los cien aos del nacimiento de la nica violeta que naci de una parra.

Le gustaba estar al tanto de la realidad y le preocupaba mucho el terrorismo meditico: nos abarcan y nos manipulan en una hipnosis que rompe conciencias, que adormece el sentido crtico. No es fcil ni es habitual ejercitar la contralectura de lo que vemos, de lo que leemos, de lo que escuchamos en esa suerte de nueva iglesia inquisidora que son los medios. Las imgenes intentan dominar el imaginario colectivo, y muchas veces lo consiguen. Y lo cultural es infiltrado por la seduccin de los mensajes del poder.

Si un da crece la rebelin popular, ah est siempre latente la amenaza de la represin, de encarcelar, torturar, y si la situacin se agrava, aplicar la receta de los misiles y las bombas, ahora muchas veces en ataques annimos desde los siniestros drones no tripulados. En nuestro sur esto fue muy claro en los aos de plomo, aunque sin la guerra generalizada. Y hoy contina este otro conflicto, la guerra invisible, la de los medios sin olvidar las de destruccin y las desesperadas migraciones de tantas poblaciones, como en campos de concentracin mviles, sealaba a principios de este octubre, 100 aos despus del otro.

Como mnimo son cinco las prioridades para un mundo mejor: la alimentacin, la vivienda, la salud, la educacin y el trabajo: es un buen resumen de la sed de estos tiempos. Como los cinco dedos de la mano izquierda. En ese caso, de puo abierto, le deca a periodistas curiosos.

Eleg recordar dos ancdotas, una de 1971 y la otra de 2005.

La patria chueca

Nelson El Chueco Maciel, a quien la prensa sensacionalista montevideana lleg a bautizar como el enemigo pblico nmero uno, naci en Tacuaremb y recal junto con su familia en los cantegriles del barrio Marconi, por Aparicio Saravia, en la periferia de Montevideo.

Cantegril era una zona de ms lujo en Punta del Este y el pueblo con ese humor crtico que lo caracteriza, le aplic a los lugares ms pobres, a las villas miseria, el trmino cantegril. Y all creci un muchacho que vena del interior del Uruguay, en el proceso de migracin campo-ciudad, que se llamaba Nelson Maciel y le decan Chueco, porque all nombran as a los que caminan con los pies un poco hacia adentro, recuerda Viglietti.

Este muchacho comenz a hacer algunos asaltos para acercar comida a los miembros del cantegril. Asalt camiones de comestibles y bancos para conseguir dinero para ayudar a los del cantegril y as se convirti en un smbolo creciente. Se le defendi mucho en el cantegril, hasta que un da de 1971 fue capturado y asesinado dentro de una camioneta. Esto despert una enorme cantidad de sentimientos. As yo hice la cancin. Tuve la oportunidad de cantarla incluso delante de la madre del propio Chueco Maciel.

Era poca de persecucin poltica, de medidas prontas de seguridad. En ese 1971, el general Lber Seregni, lder del recin fundado Frente Amplio, fue a visitar el comit de base que se haba formado en el cantegril, mientras Viglietti compona con mucho cuidado su cancin, para que no sirviera de excusa para alguna represin o prisin por ejemplo por apologa del delito. Por eso, el Chueco aprieta el gatillo y no quiere matar.

Con Chvez, va Al Primera

Viglietti lleg por primera vez a Venezuela en 1974 para encontrarse con el cantautor Al Primera. Yo capt la autenticidad, profundidad, y el hecho de que no haba que detenerse en dos o tres canciones para juzgar una obra. Cuando empec a recorrer su obra, en la medida que lo conoc hablando de cosas polticas, ideolgicas, en seguida me sent cerca, amigo. Si alguien lo cuestionaba yo era de los que defendan, explica, 40 aos despus de esos das de playa, cuando Viglietti dio algunos recitales en la aula magna de la Universidad Central de Venezuela.

En 1983, Daniel y Al arriba de un avin de combate, sobrevolando el cielo de Nicaragua junto a la chilena Isabel Parra, y el cura y poeta sandinista, Ernesto Cardenal, cuatro aos despus de aquel ingreso triunfal rojo y negro por las calles de Managua, de la victoria revolucionaria. En cuartel de San Carlos, en la zona de frontera con Costa Rica, Al tom su cuatro y cant a un grupo de milicianos sobre las luchas de ese pas en revolucin, que resista contra una guerra dirigida desde Estados Unidos.

Ese recuerdo lo llev de regreso a Venezuela, cuando se conmemor un aniversario de su muerte, y se lo particip en 2005 al presidente Hugo Chvez, cuando lo conoci, frente a frente, guitarra en mano y asado y vino adelante, en los quinchos del Pepe Mujica. Al Primera es la banda sonora del chavismo, me coment entonces. Estaba la larga mesa en U, con ministros, ex guerrilleros, dirigentes, trabajadores, disfrutando del asado y la presencia del comandante, y venezolanos y uruguayos intercambian opiniones y tarjetas. Chvez ya haba anticipado que iba a estar un ratito, y que quera descansar.

De repente, con el postre ya servido y el vino mermado, aparece un flaco melenudo con una guitarra, sentado delante de Chvez, los embajadores Jernimo Cardoso y Mara Urbaneja y otros homenajeantes, tocando unos acordes, en espera del silencio. Chvez miraba con cara de no entiendo nada, hasta que como si hubiera un protocolo preestablecido se fue haciendo silencio en la concurrida sala.

Obvio: ni un micrfono, ni una cmara de video, ni un grabador. Apenas tenedores y cuchillos. Hubo que explicarle silenciosamente a Chvez quin era ese seor tan serio que insista con su guitarra. La segunda cancin fue una de Al Primera ("Techos de Cartn", si no recuerdo mal) y a Chvez se le fue enseguida el cansancio y termin cantando las coplas de Florentino y el diablo.



Numerosas veces Viglietti visit, desde entonces, Venezuela. Siempre solidario, siempre presente. Siempre buscando material para sus audiciones de radio y televisin. Y su ltimo mensaje a Chvez fue: "Los combates de la vida son tantos, tantos y tantos, por ellos canto".

Mi deseo de cantar de nuevo en Venezuela, Cuba, Chile, Ecuador, Colombia, Bolivia, Per, El Salvador, siempre es fuerte, pero se pospone por razones de organizacin, de produccin, o porque no hay eventos que hayan requerido de mi solidaridad. Siempre ando navegando a dos aguas; la de la solidaridad y la de mantenerme con mi trabajo. Es evidente que no formo parte del show business... Ms de la mitad de mis actuaciones son por causas solidarias, recapitulaba dos semanas atrs.

Ya no habr ms A dos voces con Benedetti, ni actuaciones donde la solidaridad lo reclamara. Todos saben que El Flaco muri de exceso de solidaridad, a las 78 aos, en la misma Montevideo, cuando "La Cumparsita" cumpla cien aos. Pero la ciudad no era la misma: ya no estaban Benedetti ni Galeano, haca mucho que se haban ido Zitarrosa, El Sabalero, Capagorry, Carlitos Molina, Lazaroff. Y reciencito noms, se fue Corin


Daniel Viglietti y Mario Benedetti, cartula del disco "A Dos Voces" (1985).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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