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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2017

Catalua: la democracia herida

Vicky Torres
Rebelin


"Pasan y pasan los aos, la herida no se ha cerrado

Pablo Neruda


Una vez ms en Espaa y ms precisamente en Catalua, est en juego el futuro de la democracia en Europa.

Desde los primeros aos de la transicin espaola, el pueblo cataln ha venido planteando la necesidad de llevar a cabo un referndum que resite a Catalunya respecto del marco poltico, administrativo, econmico y cultural que estableci la Constitucin de 1978 y el Estatuto redactado por el parlamento cataln que, modificado en aspectos esenciales por la Cortes generales, fue finalmente aprobado en el referndum de 2006.

Las imgenes de las condiciones en que se realiz el referndum del pasado 1 de octubre impactaron la conciencia democrtica de millones de ciudadanos en todo el mundo. Las aspiraciones republicanas e independentistas que expres el pueblo cataln en este referndum distan mucho de una ideologa nacionalista estrecha y xenfoba como se ha intentado hacer creer. Su raigambre estrictamente democrtica qued demostrada el 1 de octubre con el voto depositado por dos y medio millones de catalanes, en las urnas que lograron esquivar el saqueo del enorme contingente policial enviado por el gobierno espaol y en las multitudinarias manifestaciones realizadas posteriormente en toda Catalua, de manera notablemente ordenada y pacfica.

El bloque poltico constituido por el gobierno espaol para enfrentar la crisis catalana - Partido Popular, Partido socialista y Ciudadanos, con el aval de Felipe VI y el apoyo de la prensa espaola y sus informaciones tendenciosas y mendaces-, no slo invalid la legtima demanda catalana, sino que en los ltimos das ha declarado que aplicar una medida draconiana que retrotrae la incipiente democracia pactada espaola al franquismo del cuo ms puro y duro: la aplicacin del artculo 155 de la Constitucin. Tal como sealara recientemente el juez Baltazar Garzn, el artculo 155, hasta ahora totalmente vaco de contenido y por ende difcilmente aplicable, hoy, por obra de Rajoy y sus aliados en un acuerdo cuyos trminos se desconocen, se llena de un contenido autoritario, represivo y de sumisin, al decretar anticipadamente que destituir al presidente Carles Puigdemont al que se amenaza de una pena de crcel de 30 aos- y la suspensin del Parlament cataln.

Una actitud sensata, mesurada y dialogante es lo menos que la ciudadana de cualquier pas espera de un gobierno democrtico. Todo lo contrario de lo que ha sido la conducta del gobierno de Rajoy, empeado en echarle aceite al fuego a la crisis, con declaraciones amenazantes, concilibulos polticos y dictmenes represivos de carcter conspirativo por cuanto sus contenidos se mantienen hasta hoy en la mayor reserva. A las equivocadas decisiones polticas del gobierno se ha sumado la evidente subordinacin de los rganos de la justicia espaola central, el encarcelamiento de Jordi Snchez y Jordi Cuixart, acusados de sedicin, las medidas cautelares aplicadas a Josep Lluis Trapero, mayor de los Mossos dEsquadra y la amenaza de destituir a los representantes de las instituciones catalanas, electos e investidos democrticamente.

Hay que reconocer que Mariano Rajoy se mantiene fiel a lo que hace ms de una dcada sostena en su condicin de lder del PP: Yo creo en Espaa, como la inmensa mayora de los espaoles, y voy a poner toda mi voluntad y toda la energa de mi partido en defender que Espaa sea y que siga siendo lo que es. [1] Y como si esto fuera poco, ha resucitado los viejos rencores nacionales contra Catalua que el franquismo alimentara en el pasado, esa ideologa del odio que tan bien expresara el dictador en 1939, cuando defini el sentimiento de sus tropas al ingresar a territorio cataln: lo hacen no como tropas victoriosas, sino animadas por el odio a Catalua, odio a los catalanes.

La deriva europea a la derecha y al debilitamiento de la democracia

Es innegable que en los ltimos aos el nacionalismo basado en la ideologa del odio ha ido ganando terreno en numerosos pases europeos, de la mano de las victorias electorales alcanzadas por los partidos de derecha y ultraderecha que se han instalado en los parlamentos y jefaturas de gobierno. Esta deriva europea a la derecha ya haba sido denunciada hace dos dcadas por el periodista sueco Stieg Larsson en sus artculos sobre la presencia de grupos nazis que agitan la banderas de la xenofobia, el racismo y la intolerancia en muchos pases europeos. [2] Es ilusorio creer que esta derechizacin silenciosa y progresiva no amenace seriamente a la democracia, en una poca de cambios econmicos y culturales profundos cuyas consecuencias no podemos predecir a ciencia cierta.

Sin embargo, a quienes acusan hoy a los catalanes de promover una ideologa nacionalista, habr que decirles que no han de buscarla en las masas catalanas ni en las calles de Barcelona, sino en la mayora conservadora del Parlamento de Madrid y en la casa real donde se atrinchera un monarca nacido en cuna franquista. Y que debern buscarla tambin en la absoluta falta de solidaridad de los gobiernos y pueblos europeos con el pueblo cataln que el 1 de octubre fue brutalmente agredido en su integridad fsica y violentado en la expresin democrtica de su voluntad republicana e independentista.

Cabe entonces preguntarse: Era factible que la causa catalana suscitara expresiones de solidaridad democrtica en los gobiernos de derecha que hoy proliferan en toda Europa? Es une hecho que el nacionalismo propugnado por los partidos de derecha y ultra derecha domina progresivamente los parlamentos europeos: el N-VA en Blgica, el Partido por la Libertad (PPV) holands, el Partido del Progreso (FrP) noruego, el Partido de la Libertad de Austria, etctera, algunos de estos fundados por reconocidos partidarios de la ideologa nazi. Son partidos que suman adherentes a programas de gobierno que incluyen la expulsin o el cierre de fronteras a los inmigrantes que huyen del hambre y de las guerras, tan lucrativas para las empresas de armamento de los pases que integran la OTAN. Partidos que captan el voto de miles de electores seducidos por los cantos de sirena de lderes que les aseguran una renovacin poltica y que con una mano les ofrecen rebajarles los impuestos mientras con la otra les escamotean derechos bsicos e inalienables, como el derecho a la educacin, a la salud, al trabajo, a pensiones dignas y garantizadas, al respeto por la diversidad poltica, cultural, religiosa, de gnero.

Una muestra ms de esta deriva a la derecha es la falta de solidaridad de las democracias europeas con Catalua y su silencio cmplice frente a la campaa de virtual terrorismo de estado desatada por el gobierno espaol en los das previos al referndum del 1 de octubre y la amenaza explcita, hoy, de aplicar el artculo 155 de la Constitucin.

Una tendencia que, amparada en el estado de derecho, presagia un futuro incierto y peligroso para los ciudadanos del viejo continente, y que les plantea la tarea urgente de asumir su vocacin democrtica de manera activa y responsable, rompiendo con el letargo y la indiferencia poltica de las ltimas dcadas.

Notas:

[1] Mariano Rajoy, en Una cierta idea de Espaa, diario ABC, 6 febrero de 2005.

[2] En la recopilacin de sus textos periodsticos publicados en 2011 bajo el nombre La voz y la Furia, Larsson cita la investigacin de Expo de 1997 que arroj que en 25 de los 37 pases europeos analizados existan grupos de extrema derecha con representacin parlamentaria. Ya entonces haba 7 eurodiputados de extrema derecha.

Vicky Torres. Activista de DDHH.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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