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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-11-2017

Fuerza de ley
Algo me huele a podrido en Catalunya

Mikel Angulo Tarancn
Rebelin


La opinin crea su propio tiempo histrico. Es la Modernidad. En el reino de la opinin, donde lo personal se confunde con lo colectivo, existe una eterna contienda entre dioses y gigantes, entre tiranos y sbditos, entre legalidad y legitimidad, pero el problema es que no sabemos quin es quin. Difcilmente podemos saber a quin asiste la verdad, a quin el fraude, a quin la miseria moral. Porque es en el combate mismo, en el fragor de la cruda batalla, donde se decidir en favor de unos u otros y donde la victoria terminar confundindose con la justicia, como deca Kafka en El proceso. No hay perspectiva exterior que valga. En la lucha por la hegemona hay que mojarse, vamos. El tiempo parece entonces poder contraerse hasta caber en una cscara de nuez. El fin est cerca. Y as lo anuncia el coro de la opinin pblica, esa caterva de voces ya casi mtica o tan mtica, al menos, como esa nacin soberana bajo cuya estrella se vio forzada a nacer.

Pongamos el caso de Juan Luis Cebrin, por ejemplo periodista de vocacin, empresario de oficio y Padre de la Patria en sus ratos libres: La ms prolongada etapa de libertad y el ms alto nivel de vida de su historia llegaron en Espaa, con la proclamacin de la independencia de Catalunya, a su fin, segn l. Catastrofismo o vanidad? Su conclusin es demoledora: En cualquier caso, la democracia hoy necesita ser salvada. Para los defensores del statu quo, en el mayor peligro est lo que nos salva. Pero ms impactante an es el punto de partida de su reflexin: Si la justicia no es fuerte, es preciso que la fuerza sea justa, dice ah, refirindose a la cita ya clsica del pensador francs, Franois Fenelon (1651-1715) que lo acompaa desde temprana edad en sus reflexiones polticas [...]. La alusin a la fuerza justa viene a cuento, por desgracia, ante el terremoto institucional, cvico y poltico que se ha desatado en Catalua, opina Cebrin. La alusin a la fuerza.

Pero si nos limitramos al reino de la opinin, o al de sus inquisidores profesionales, a lo sumo no haramos sino obsesionarnos, aturdirnos constantemente con juicios burdos, precipitados. Escuchemos mejor la voz del Fhrer, que es precisamente quien segn Schmitt protege el Derecho contra la huera legalidad: Haremos cumplir la ley con toda la fuerza de la Ley, adverta Rajoy a principios del mes de septiembre. Sin levantar la voz, con moderacin, con proporcionalidad y con total firmeza y determinacin". Puede parecer una incoherencia, una paradoja flagrante o incluso una especie de nuevo captulo de la post-verdad: Cmo es eso de que la ley en minscula se va a hacer cumplir con toda la fuerza de la Ley ahora en mayscula? Acaso no es la ley la que impera por s sola en el Estado de derecho? Acaso no es la propia ley la que dispone de medios y mecanismos suficientes para defenderse? Pero espera un momento: qu resonancias son sas? Y toda esta vorgine de embustes, artimaas y juegos retricos?

De verdad que no os huele a podrido en Catalunya? Sinceramente, a m tambin. Y no es porque clame al cielo por el dilogo, por la negociacin, por una democracia que necesita ser salvada, etctera. Exijo una explicacin, un argumento uno bueno me basta en favor de la idiosincrasia, la peculiaridad, la esencia misma de la ley (o de la Ley). Dnde reside su fuerza? Y si la tiene, por qu ha de ser impuesta con moderacin, con proporcionalidad y con firmeza y determinacin? Por qu no por la fuerza y punto? Hay algo que debe de estar en proceso de descomposicin, pues contra un poder que se justifica a s mismo, no hay argumento que valga. Nos estamos viendo pues abocados a una compleja coyuntura en la que la Democracia, la Ley, el Estado de Derecho deben ser restaurados mediante su propia fuerza, en aras de su propia conservacin, ante una amenaza al orden constitucional de dimensiones inslitas y cuyo desenlace an no estamos en calidad de advertir.

Pero no nos entusiasmemos demasiado, ni tan deprisa. El anuncio del tan deseado fin, la recurrente alusin a la fuerza, la paradoja, son rasgos distintivos del pensamiento poltico occidental y de su sagrado, maravilloso reino de la opinin. Elementos de una cuestin irresuelta, que sobrevive a toda contingencia y que, como un ro subterrneo, discurre bajo la superficie de los acontecimientos. Es la pregunta por la fuerza de la ley: por el origen, la sede, el fin de esa violencia legal. Ni el telogo catlico Fenelon, ni el viejo y astuto Cebrin, ni ese honrado simulacro del Caudillo que es Mariano Rajoy pueden responder con visos de credibilidad a esta pregunta. Porque si os fijis, lo mismo da decir haremos lo que debemos hacer que decir es preciso que la fuerza sea justa. Lo mismo da abogar por el imperio de la Ley que por el de la Justicia y sin embargo, no, en absoluto son idnticos. La opinin se ampara en el devenir histrico, en el espritu de una hipottica libertad que celebra conquistas al tiempo que vaticina tempestades. Pero mientras tanto la guerra contina, el conflicto est ya dado en las entraas mismas de la Ley.

Son las elecciones del 21 de diciembre el llamado mal menor, como se han apresurado a decir algunas? O es una pequea guerra lo que se est librando en Catalunya y por lo tanto habr que mojarse? Y en ese caso, mojarse cmo? No ser que la gran guerra la verdadera guerra, la nuestra, la de cada da es una guerra contra el Derecho mismo? En otro artculo postreferndum poda leerse, a propsito, lo siguiente: Es inconcebible que se pueda calificar de error o torpeza que las fuerzas del orden encargadas de ejecutar la resolucin judicial de impedimento del referndum cumplieran, precisamente, con su cometido. Cul es el error? se pregunta .Que usaran la fuerza? Oigan continuaba el iluminado articulista, un antidisturbios no es un filsofo de la palabra que aborde su tarea por el mtodo deliberativo de disuadir con argumentos a quien con su comportamiento delictivo se apodera ilegalmente de locales pblicos. La fuerza del orden interviene cuando el delincuente, persistente en su conducta, ya se ha desentendido de la fase deliberativa, que precisamente ha concluido con una resolucin judicial que ha sido desatendida: por eso slo queda el recurso de la fuerza [...]. Y he aqu la verdad al desnudo, el juicio final, la respuesta que ansibamos: Porque el Derecho no es ms que fuerza: es la regla que determina quin en un conflicto puede usar la fuerza y cunta. Intelectualmente no se puede estar, como Pedro Snchez, a favor de la legalidad pero en contra de su efectividad.

Impecable. Sencillamente impecable. Y es que lamento tener que reconocerlo hoy somos testigos de la encarnacin del poder mismo en la forma de un simple argumento de uno dudosamente vlido, pero en fin. Hay que saber llevarlo. Al menos podemos contentarnos con que somos las vctimas de alardes retricos sin parangn alguno en nuestra historia reciente o cmplices. Y de una historia, asimismo, de la que el mundo entero de la opinin global parece haberse hecho eco de paso. No en vano, al otro lado del Atlntico va despertando paulatinamente el inters del pblico el debate sobre la pertinencia o no de la nacin (o de su independencia) en el siglo XXI. Y en las ms altas instancias europeas, por su parte, fue el polaco Donald Tusk uno de los primeros en reaccionar a la Declaracin de Independencia de Catalunya, diciendo lo siguiente: Para la Unin Europea nada cambia. Espaa sigue siendo nuestro nico interlocutor. Espero que el Gobierno espaol favorezca la fuerza del argumento y no el argumento de la fuerza.

Ms de lo mismo, como se echa de ver. Qu haremos, en definitiva? Votarem? Votarem again? Votemos, pues, para acabar con el rgimen del 78, heredero del franquismo deca el qumico y filsofo Santi Lpez Petit aquel ya mtico 1 de octubre, o sea hace apenas un mes, en Lundimatin. Votemos porque en estos momentos hacerlo constituye un desafo al Estado, y este desafo nos har un poco ms libres. Pero no olvidemos jams el grito de no nos representan, ni el hecho de que la lucha de clases contina existiendo bajo la apariencia de aquello que es ms homogneo. Cul es esa apariencia? La de un pueblo unido, la de una comunidad poltica soberana, la de una nacin libre? Qu os deparar a vosotros, hijos de la noche, esta lucha entre dioses y gigantes? Qu desenlace os espera? Paciencia, paciencia. Dejemos que la alianza interclasista, esa tctica profana y popular prosiga su esforzada marcha hacia la gloria. La Gran Marcha, la Gran Yihad, la Guerra Santa, tiene lugar en la noche.

Y esta noche no ha hecho ms que empezar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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