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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2017

Los intelectuales y la cultura

Ramiro Hernndez Romero
Rebelin


Introduccin

El presente trabajo tiene como objeto examinar las concepciones de Antonio Gramsci sobre los intelectuales y la cultura. Dichas concepciones tuvieron gran importancia no slo en el contexto social y cultural del pensador revolucionario, sino del debate poltico y social que se suscit en el pas y en el resto de Europa. Entre otros muchos problemas, la cultura y los intelectuales florecieron expresiones en la vida de Italia de fines del siglo XIX y las primeras dcadas del siguiente siglo que el autor estudi y debati. Las grandes polmicas y luchas sociales que se suscitaron, fueron muy palpables en los espacios pblicos. Gramsci vea en aquella poca, entre otras cosas, que la cultura sera el arma del mundo occidental capitalista para su expansin; que en lo concreto, fue una de tantas expresiones en que se manifest la llamada Guerra Fra. As, en lo que sigue, examinaremos, en primer lugar, las concepciones de Gramsci antes citadas, en segundo lugar, estudiaremos a otros autores que abordaron dichas concepciones, con el fin de compararlas y/o contrastarlas, y dar cuenta cmo se han abordado. Es pertinente decir, por otro lado, que las citadas concepciones de Gramsci sigue siendo una herramienta de anlisis para comprender nuestra realidad social.

I. Las concepciones de los intelectuales y la cultura en Gramsci

El trabajo titulado Cuadernos de la Crcel, se le llamaron as luego de que fueran reunidos y publicados, estn formados por una cantidad de notas que Gramsci escriba, reflexionaba e investigaba mientras permaneca en una prisin durante el rgimen fascista italiano de Benito Mussolini. Un autor cuya intencin era investigar sobre lo que viva y aconteca en Italia y Europa de su tiempo. Se plasm desde las primeras notas cuando analiz algunos autores a los cuales cita y crtica, pero en un lugar poco estable para ser concebidas de manera correcta como muchos le reprocharon. La estructura de su obra se observa por la manera en que fueron hechas las notas, es decir, no tenan una organizacin temtica. Una nota no depende de la otra, sino en cada se expresa por s misma y muestra su complejidad. En cada una hace una reflexin personal sobre la crisis del capitalismo, de algn movimiento, pensador o pensamiento social. Cada una tiene un sentido y quiz entreteje las ideas. Uno de los pensadores del que simpatiz y que luego critic, por ejemplo, fue Benedetto Croce, quien fue un crtico de la filosofa de la historia, entre otras muchas cosas, su planteamiento gir en torno a una parte de la visin de la unidad, pero aquella concebida siempre o casi siempre, en trminos absolutos. Algo que Gramsci luego analizara y criticara. Fue partidario de Croce por lo menos en una parte de su obra y/o pensamiento, y en un periodo determinado; es decir, hasta el momento en que se dio la revolucin rusa de 1917.

A lo largo de los Cuadernos de la Crcel Gramsci remite constantemente el tema de los intelectuales. Aunque no era nuevo cuando se refiere en los Cuadernos, ya lo haba estudiado y referido en otras notas que haban sido publicadas antes de que fuera encarcelado. El tema tena gran importancia, ya que en Italia haba (o hay) una tradicin en la formacin de intelectuales. En cada familia italiana siempre se contaban con algn intelectual. La tradicin manifestaba a alguien, a un integrante de la familia, que se dedicara a las cuestiones intelectuales. A Gramsci no slo se dedic al tema de intelectuales por esta tradicin, sino porque le toc a l ser el representante intelectual de su familia. Pero ms que otra cosa, la intencin era comprender el papel que tenan los intelectuales en la sociedad italiana de su tiempo.

De la misma manera el tema de la cultura resulta abundante. Lo refiere en numerosas notas a lo largo de los Cuadernos. Dentro del tema de la cultura se distinguen muchos aspectos a los que hizo alusin. En algunos pasajes estudio la cuestin del mtodo, los intelectuales, las concepciones de la religin, la lotera, los peridicos, las revistas, etc. De la misma manera mencion en algunos de los pasajes que la guerra impulsada por occidente, se manifestara de manera abierta y decidida a travs de la cultural. Se adelant a su tiempo. Le dio la razn cuando se manifest en lo que comnmente se le ha denominado Guerra Fra Ideolgica y Cultural, en la que se financiaron intelectuales, revistas, congresos, etc., con el fin de enfrentar la expansin del enemigo de occidente: el comunismo de la URSS.

a) Los intelectuales

Antonio Gramsci distingui a los intelectuales dividindoles en tradicionales por un lado, e intelectuales orgnicos por el otro. Se refera al intelectual no como una clase social o un propietario de los medios de produccin sino ms bien como un productor e inventor de conocimientos y de ideas que sirve al mundo de la produccin. Consideraba que en la sociedad en la que emerga estaba dividida en clases sociales. El intelectual expresa una visin del mundo que intenta conformar dicha produccin. Forma parte del mundo de la produccin econmica pero tambin poltica y cultural. El cual est determinado histricamente. La distincin que hace por el lado de los intelectuales tradicionales es que tienen la funcin de fabricar las formas mentales y/o psicolgicas de un mundo pre-moderno. Mientras que los intelectuales orgnicos plantean el horizonte cultural e ideolgico del mundo capitalista. Una parte conforman el sector social dominante, es decir, con la burguesa. Mientras que la otra est con el proletariado o es del proletariado. O en ambos.

En el cuaderno 12 del ao 1932 Gramsci lo titul Apuntes y notas dispersas para un grupos de ensayos sobre la historia de los intelectuales. En l se plantea una serie de preguntas para analizar el papel de los intelectuales. La intencin es conocer quin es y cmo ha sido el intelectual social e histricamente. El tema lo desglosa proponiendo algunos aspectos elementales que son pertinentes destacar. La pregunta versa si los intelectuales es un grupo independiente o tiene sus propias categoras especializadas de intelectuales. En primer lugar, dice, es un grupo social que nace de la produccin econmica, de una sociedad determinada, crea conjunta y orgnicamente una clase de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia a su funcin. Las funciones no solo se dan en el terreno econmico, sino tambin el poltico, social y cultural. En el mundo de la produccin capitalista, en el que el empresario es uno de los personajes dominantes en la economa, es el que crea al tcnico industrial y al especialista en economa poltica. A los organizadores de una nueva cultura, a los creadores del nuevo derecho. En este marco se entiende que los intelectuales no son un grupo independiente, sino que son creados por un sector dominante al instaurar sus propias categoras especializadas de intelectuales. (Gramsci; 1986: p. 353) Los intelectuales nacieron en el mundo de la produccin capitalista. Y a su vez fueron creados o formados por pases o potencias especficas que tenan un objetivo muy particular. Se entiende que no son un grupo independiente, cumplen la dominacin de ciertos gobiernos y/o grupos de poder.

En segundo lugar, destaca que su estructura econmica y su desarrollo histricamente todo grupo social ha encontrado categoras sociales que le dan sustento a una ideologa. Es decir, por medio de la filosofa y la ciencia, con la escuela, la instruccin, la moral, la justicia, la beneficencia, la asistencia, etc., que sostiene todo grupo social. Gramsci analiza y critica que las diversas categoras de intelectuales se han mantenido a lo largo del tiempo como si fueran una idea absoluta. De igual manera la idea de que se vean as mismas como autnomas e independientes del grupo social dominante, sin embargo, esto ha tenido consecuencias en el campo ideolgico, poltico y cultural (p. 354). Esta idea se puede ejemplificar con algunos casos que se manifestaron posteriormente. En los aos sesenta en Amrica Latina se dieron una cantidad de controversias por el financiamiento estadounidense a proyectos de investigacin socio-antropolgicas. En esas polmicas se concibi a los intelectuales como si fueran independientes e inclusive autnomos de la estructura econmica y social del capitalismo. Nunca se consider que los intelectuales, sobre todo los socilogos y antroplogos, no se hayan desarrollado en Amrica Latina sin la conformacin del conjunto de categoras sociales que le dan sustento a la ideologa del mundo de la produccin.

El intelectual se ubica en el conjunto y complejo general del sistema de relaciones. No como comnmente se designa, aquel que slo se dedica a actividades intelectuales. Un trabajador obrero, por ejemplo, se caracteriza no slo por su actividad manual, sino por determinadas relaciones sociales en las que se ubica, y en las que la actividad intelectual est implcita. Es as que se va entendiendo, segn Gramsci, cul es el papel del intelectual. Las relaciones sociales de un determinado mundo de la produccin, pero conformadas histricamente, va formando categoras especializadas para la funcin de un intelectual. (p. 360.) Las cuales estn relacionadas con el conjunto del mundo de la produccin y los grupos sociales, pero no cualquier grupo social, sino por aquellos ligados a los grupos de poder, o por lo menos, con los que tienen una posicin social dominante en el poder poltico, econmico y social.

Una de las caractersticas de un grupo que se impone sobre otro, es la lucha por la asimilacin y la conquista ideolgica y cultural. La asimilacin y conquista es ms rpida y eficaz cuando el grupo que trata de imponerse elabora mejor sus propios intelectuales orgnicos. El desarrollo alcanzado en la actividad y organizacin escolar en el pasado, indica el uso y la importancia que adquiere en el mundo moderno las categoras y las funciones intelectuales. De esta manera, se ha tratado de profundizar en el desarrollo intelectual de los individuos, pero tambin con el fin de aumentar las especializaciones. Lo que da como resultado la generacin de instituciones de diverso grado, con el que adquiere un largo proceso para la formulacin de organismos que promueven la cultura en el campo de la ciencia y la tcnica. La elaboracin de grupos de intelectuales es producto de la realidad concreta, bajo procesos histricos concretos. Los estratos y grupos de intelectuales que se han formado en una sociedad determinada, pero producto de la historia, son los mismos que fueron especializados para la administracin de una economa. (p. 361.) Muchos de estos intelectuales son parte del grupo dominante que posee recursos y poder econmico. Los cuales se desarrollan bajo una distribucin diversa, y en varios tipos de escuelas que se involucran en el mbito econmico. Las cuales le dan forma a la produccin y diversas formas de especializacin intelectual. (p. 362.) De esta forma se observa la estrecha relacin entre los intelectuales y el mundo de la produccin. En este marco, la relacin se da en parte del tejido social, en el conjunto de la superestructura en las que los intelectuales son los comisionados para la funcin del mundo de la produccin. Son creados y financiados, por ejemplo, por instituciones del mundo de la produccin capitalista, por un lado; por el otro, por el mundo de la produccin comunista, en plena Guerra Fra.

El intelectual no existe por s solo. Su actividad de carcter especialmente intelectual involucra diversos aspectos que estn relacionados con la superestructura del mundo de la produccin. Instituciones dedicadas a la actividad cultural. La universidad (o la escuela), academia, instituciones de muy diversa ndole dedicadas a la formacin de personal para la reproduccin de la vida cultural, es parte de donde se nica el intelectual. (p. 366.)

II. Las concepciones de los intelectuales en otros autores

El historiador italiano Enzo Traverso en un trabajo titulado Qu fue de los intelectuales? (2014) plantea desde una perspectiva crtica un tipo de intelectual. En base a un anlisis histrico, ubica al intelectual desde su surgimiento a fines del siglo XIX, hasta la ltima dcada del siglo XX. Destaca el aspecto poltico y social en el que se manifestaron y se desarrollaron, para luego adentrarse a lo que considera su declive hacia el final del siglo XX. En el momento en que se public su trabajo (2013), el autor plantea que el intelectual est ausente de la escena poltico-social contempornea. El intelectual que surgi a fines del siglo XIX y que luego se consolid en el espacio social y poltico, tuvo un lugar en la construccin de la sociedad, pero tambin en la crtica de la misma. Adquiri un compromiso poltico muy respetable en el siglo XX. Para el autor los intelectuales son un conjunto de personas que cuestionan el poder, objeta el discurso dominante, provoca la discordia, genera un punto de vista crtico en su obra y en el espacio pblico (Traverso; 2014: p. 18). Ese es el intelectual que se ha manifestado a lo largo de su existencia. El intelectual como sujeto, segn el autor, ha tenido una participacin muy activa en la sociedad desde el Siglo de las Luces. En aquel periodo, por ejemplo, se dieron una serie de movimientos y polmicas que involucr a lo hoy se considera intelectuales, como el caso de Voltaire que defendi a Jean Calas en la lucha contra el fanatismo y la intolerancia. El intelectual como adjetivo, ocurri a fines del siglo XIX, cuando Georges Clemenceau lo utiliz por primera vez el 23 de enero de 1928 al presentarse en defensa del capitn Alfred Dreyfus en su diario LAurora. En ese contexto se gener todo un debate que, segn Traverso, algunos detractores consideraron al intelectual el espejo de la decadencia. Se deca que el intelectual llevaba una vida puramente cerebral, fuera de la naturaleza, encerrado en un mundo artificial, conformado por valores abstractos: en el cual el mundo se mide y se cuantifica, volvindose mecnico y antipotico (pg. 19). Es la primera consideracin de la concepcin del intelectual. Sin embargo, el intelectual del siglo XX tiene otra cualidad. Segn el autor, acta en una sociedad mucho ms pronunciada, en clases antagnicas, en un mundo dividido entre derecha e izquierda. Su lugar en el mundo cambi gracias a la llegada de la Modernidad: las sociedades europeas conocieron la industrializacin, la urbanizacin y el advenimiento de un espacio pblico en el sentido moderno del trmino (pg. 20). Las nuevas condiciones histricas permitieron al intelectual desarrollarse a niveles no vistos antes. En una sociedad de masas, donde la prensa y la edicin se convirtieron en una industria. El mercado de la industria cultural permite al intelectual vivir de su obra, pues ya haba un consumo de masas que compraba sus libros. La existencia de un poder de consumo, pero tambin poder poltico y acadmico, permiten al intelectual no solo vivir, sino a adquirir un lugar en el espacio social, poltico, cultural e incluso econmico. Con el tiempo, el papel del intelectual en la sociedad se diversific, pero en una parte importante del siglo XX, se manifest un intelectual de derecha y uno de izquierda. Antes lo antecedi un intelectual antifascista y antiautoritario. El intelectual de derecha e izquierda su vio impelido por el contexto social de las ltimas dcadas del siglo XX, en el que muchos de ellos dejaron de tener un papel poltico activo.

Otro de los autores que ha estudiado el tema de los intelectuales es Alfonso Sastre. Su obra titulada La Batalla de los intelectuales, publicada por primera vez en 2003 por la editorial Ciencias Sociales de la Habana, recoge tambin una cantidad de textos en el que aborda de manera crtica la concepcin de los intelectuales. Su temtica refiere a los intelectuales y su funcin social en el capitalismo. En un periodo que abarca el ltimo cuarto del siglo XX. Periodo que el autor analiza a ex marxistas o marxistas arrepentidos que se integraron al mundo conservador y reaccionario dominado por la economa poltica capitalista que comnmente llaman neoliberalismo. A ellos se dirige Sastre. Su anlisis demuele aquel intelectual integrado o cooptado, que de manera presumida muestra y exalta sus ideas polticamente correcto y bienpensante. En un momento en que se celebra con bombos y platillos la supuesta muerte del marxismo y el agotamiento del pensamiento crtico. En un momento dominado por el neoliberalismo y el pensamiento conservador y que a la vez refleja la incapacidad para comprender los principales problemas sociales, que van desde la injusticia social hasta la crisis de los intelectuales y los mecanismos de manipulacin de la conciencia y el pensamiento sociales.

Un apartado importante, no slo por su cualidad analtica sobre los intelectuales, sino porque desat una polmica por su postura radical y adems porque hiri sentimientos de intelectuales que no les parecieron correctas algunas afirmaciones de Sastre, me refiero a Los intelectuales y la utopa. En forma de un dialogo entre l y su sombra, aborda algunos aspectos de los intelectuales que resulta importante destacar. El autor ubica al intelectual en lo que llama sector servicios, por utilizar uno de los conceptos propios de los socilogos. Dice que son gentes, pues, ajenas al mundo de la produccin, de la industria y de la agricultura; al mundo de los constructores de automviles y los productores de naranjas o de berenjenas. Gentes emparentadas, pues, socialmente, con las cuidadoras de los retretes pblicos, y con los barrenderos, los vendedores de caramelos, los mdicos de cabecera y los conductores de los autobuses municipales. (p. 48). Es interesante que para el autor, el intelectual es ajeno al mundo de la produccin, aunque no separado del mismo. En este sentido se distingue de Gramsci. El intelectual slo se dedica a hacer artculos y novelas, los espectculos, las risas que se hacen en la comedia y reflexiones sensacionalistas de la miseria, las msicas de concierto que un pblico pasivo y quiz enajenado las escucha, los cursos y conferencias de universidades y otros espacios culturales. (pp. 48-49.). En este sentido el intelectual se ocupa del ocio de las personas, aunque no necesariamente, pues la mayora de sus actividades estn centrado en las actividades de investigacin y en las universidades y sus laboratorios. No obstante, el autor sin definir tajantemente al intelectual, menciona que los intelectuales se dedican a la universidad y los artistas al ocio. Es decir, en ocasiones separa las actividades del intelectual, pero a la vez lo sita con el artista. Una actitud relativa, si se quiere decir.

En otro apartado del mismo libro titulado Los intelectuales y la prctica, hace en sus primeras lneas, una especie de balance sobre los intelectuales, al volver sobre los artculos que referan a estos (Los artculos son La Revolucin y la crtica de la cultura de 1970 y Los intelectuales y la Utopa de 2002). Su preocupacin est centrada en mirar a los intelectuales de izquierda. Al decir del autor:

Mis dardos han ido contra los intelectuales de izquierda que operaban en la oposicin, antes clandestina, desde el PC o grupos izquierdistas, o desde la declarada independencia, por causas que yo estimaba y estimo- justas; pero que lo hacan o lo hacamos-, a mi modo de ver, mal y hasta muy mal, o que, decididamente, no lo hacan, no lo hacamos. [] En general, ha sido la izquierda o el progresismo de ciertos intelectuales lo que yo he sometido a crtica, anotando y hasta denunciando la prctica de modos y tics indeseables, oportunismos y otros variados males. El desplazamiento masivo a la derecha durante los ltimos aos de intelectuales que ayer formaron decan formar- en la izquierda, me ahorra ahora algunas declaraciones, pues ha quedado visto ahora para todo el mundo algo de lo que quera ver entonces (1970): la no fiabilidad de muchos escritores e intelectuales sedicentemente situados en la izquierda y hasta en la extrema izquierda social y la ultraizquierda poltica de aquel momento. (p. 84).

En las ltimas dcadas del siglo XX, un nmero importante de intelectuales marxistas en aquel momento y luego ex marxistas o marxistas arrepentidos, se haba integrado al orden social, como parte del reacomodo y en el que se posicionaron los grupos conservadores o reaccionarios. Grupos que regularmente se denominan neoconservadores. Los intelectuales, algunos de ellos renegando de su pasado marxista o incluso otros ante la imposibilidad del regreso de un capitalismo humano de posguerra que tanto anhelaban, se vuelven rpidamente defensores del neoliberalismo. Este reacomodo de intelectuales pequeo burgueses marxistas cooptados y reinsertados al sistema, es retomado en sus anlisis por intelectuales que intentan ser coherentes con su realidad y condiciones sociales. Entre los que se encuentra James Petras, Alex Callinicos, el propio Sastre, entre otros. Dice Sastre:

En realidad, yo siempre he mirado con muchas reservas a la ralea llammosla as (casta, linaje) de los intelectuales progre, en sus dos alas, la izquierdista y la que se situaba en un equilibrio intelectual muy respetable; de las cuales he prosperado esta, la bienpensante; pero que coincidan las dos en la sustitucin del pensamiento por un sistema de tics automticos que convertan a los intelectuales y artistas ms libertarios y justicieros en, de hecho, repetitivos autmatas que respondan siempre con la misma cancin: una y otra ala respondan siempre por tics, ya el de la radicalidad ultra, ya el de la gran tolerancia filosfica; ya el del socialismo revolucionario, ya el de la democracia a ultranza; ya el de la sangre y el fuego, ya el de la pacificacin; ya el de la rotura inmediata del sistema capitalista, ya el de una democracia reformadora de las injusticias; ya el del cambio inmediato y radical de las estructuras, ya el del proceso o curso democrtico a una situacin de progreso y modernidad. (pp. 84-85.)

Sastre se limita a analizar un periodo histrico muy importante del papel de los intelectuales en el mundo de la produccin capitalista: el neoliberalismo, el ms reaccionario del siglo XX. El papel de los intelectuales en dicho periodo, muestra de alguna manera al productor de las ideas para la conformacin e imposicin del neoliberalismo. All el intelectual analizado por Sastre, se asemeja a la perspectiva de Gramsci. El intelectual, alejndose de lo que antes era, o quiz lo que nunca fue, ayud a conformar una visin del mundo que se impona poltica y econmicamente.

III. Las concepciones de cultura en Gramsci

Gramsci abord una gran cantidad de aspectos relacionados con la cultura. La obra en torno a sta, resulta compleja y difcil para abordarla en unas pocas lneas. En ese sentido me abocar a examinar slo dos temas: el de la religin y el de los peridicos. Tomo estos dos porque han sido trabajados por los antroplogos durante algn tiempo, sobre todo el tema de la religin. El segundo es utilizado, en pocas ocasiones, como fuente para el anlisis de las investigaciones antropolgicas. Al estudiar el tema de la religin, en algunos pasajes Gramsci lo compara con el de la lotera y el opio de la miseria, cita a algunos autores como Balzac y Marx. En el cuaderno 16 de 1933 y 1934 analiza dichos elementos. Parte del anlisis de Croce cuando este lo destaca de la obra literaria escrita por Balzac. Gramsci enfrenta a Croce en una posicin que segn aquel, resultan bastantes dbiles sus afirmaciones. En un pasaje de la obra titulada La Rabouilleuse de Balzac, Gramsci afirma que en mucho refleja la expresin opio del pueblo, cuando el novelista relacionaba la lotera con el opio de la miseria, que al mismo tiempo haca alusin a la obra de Crtica de la filosofa del derecho de Hegel escrita por Marx en 1843. Deca que la expresin opio del pueblo para la religin, haya sido ayudada por la reflexin sobre la apuesta de Pascal, que compara a la religin con el juego de azar. (Gramsci; 1999: p. 246.). El juego de azar es una manifestacin cuya prctica es comparable con el credo religioso; y entonces su relacin al opio del pueblo, por su similitud y prctica. A la lotera o el juego de azar se le calific como opio de la miseria. La lotera es comparable al mostrar la misma actitud que segn Pascal es idntico con el juego de azar. Gramsci explora el origen de este argumento en la obra de Pascal que, segn l, lo expresaba en la Apologa de la religin cristiana, en la que hace un anlisis al manifestar las debilidades de la razn. Pascal, segn Gramsci, no es ms que un defensor de la fe y crtico de la razn, por lo cual resulta que la afirmacin de que la religin con el juego de azar puede resultar contradictoria. Lo que s es un hecho es que hay una estrecha relacin entre la lotera y la religin, pues los premios que supuestamente se otorgan a un posible ganador muestran que ha sido elegido, que el que ha recibido el premio, recibi una gracia de algn santo o de alguna virgen. La lotera eleva a una posicin abstracta y ajena a la realidad, la relacin que concibe el tan apreciado premio. Esta postura resulta bastante interesante para entender nuestra vida cotidiana, y su importancia para otros autores que lo han trabajado desde hace mucho tiempo y bajo perspectivas muy diversas. Otro aspecto que emprendi Gramsci es el de los peridicos. Dicho aspecto se abordar en el siguiente apartado. Por ahora cabe decir que el periodismo ya era hegemnico en su tiempo, y que ahora en el capitalismo mundializado intenta dominar al mundo imponiendo una realidad social, poltica y cultural.

IV. La concepcin de la cultura en otros autores

El tema de la cultura es, por antonomasia, de los antroplogos. Y en menor medida de los socilogos. Nos centraremos en los antroplogos para estudiar algunos aspectos relacionados con la religin y los peridicos, como ejemplo y en comparacin con los estudios de Gramsci. En este sentido, una de las obras importantes que utilizaron los peridicos y otras fuentes de informacin para construir su investigacin es la obra de la antroploga estadounidense Ruth Benedict titulada El crisantemo y la espada. Patrones de la cultura japonesa. Benedict fue discpula del antroplogo alemn Franz Boas, fundador del llamado relativismo cultural o particularismo histrico en los Estados Unidos. Su discpula se separa del maestro al conformar, junto con otros antroplogos, lo que llamaron cultura y personalidad. En ese proceso de conformacin de otro tipo de enfoque de la antropologa y sin separarse de su maestro, escribe el trabajo arriba citado. La investigacin form parte del proyecto dirigido directamente por el gobierno estadounidense, una estrategia en que se pona a la antropologa al servicio de uno de los Estados ms poderosos del mundo: los Estados Unidos. La investigacin fue realizada durante la Segunda Guerra, ordenada por la Oficina de Informacin y Guerra, con la intensin de comprender la cultura de los que consideraron enemigos, y tener as un mayor control y sometimiento sobre ellos:

Los japoneses, hombres y mujeres, que, nacidos o educados en el Japn, vivan en los Estados Unidos durante los aos de la Segunda Guerra Mundial pasaron por momentos muy difciles debido a la desconfianza de los americanos. Por ello, me complace testimoniar aqu que agradezco profundamente su amabilidad y la ayuda que me prestaron en la poca en que estaba reuniendo material para este libro. [] Tambin tengo que dar las gracias a la Oficina de Informacin de Guerra, que me encomend el trabajo que constituye este libro, y especialmente al profesor George E. Taylor, subdirector de Asuntos del Lejano Oriente, y al comandante Alex H. Leighton, MC-USNR, quien presida la seccin de Estudio de la Moral Extranjera. (Benedict; 2006: p. 8)

La obra inaugur lo que se ha dado en llamar estudio de cultura a distancia. El cual consiste en utilizar tcnicas antropolgicas aplicadas a conjuntos sociales e informantes, en combinacin con el anlisis de productos culturales pelculas, obras de teatro, novelas, trabajos histricos, etc.- a fin de reunir una informacin cultural utilizable para identificar el carcter nacional de una determinada sociedad (Lpez y Rivas; 1988: p. 38). La autora utiliz una cantidad de fuentes de informacin, entre las que cont tambin los diarios de aquel pas, para obtener una visin ms amplia de la cultura. Una gran parte de los antroplogos utilizaron el principal instrumento llamado trabajo de campo, sin embargo para la antroploga, debido a las condiciones de guerra por las que atravesaba el mundo y sobre todo Japn, se vio obligada a utilizar el estudio de cultura a distancia. Es decir, renunci al trabajo de campo que distingua a la escuela boasiana. Las fuentes de informacin eran soldados, pero sobre todo ciudadanos japoneses radicados en Estados Unidos, que se encontraba en campos de concentracin, fueron utilizados como informantes; utiliz todo tipo de material escrito y visual. La informacin recabada la someti a un profundo anlisis con el fin de obtener una visin general de la cultura de un pas, que Estados Unidos combata. El estudio daba importancia a la idiosincrasia y mentalidad de los japoneses. Dice Ezra F. Vogel autor del prefacio de la obra de Benedict:

Los especialistas en ciencias sociales que integraban los equipos de investigacin en la Oficina de Informacin de Guerra (Office of War Information) y la Oficina de Estudios Estratgicos (Office of Strategic Studies) en Washington, preocupados por la imposibilidad de realizar un trabajo de campo de primera mano, fijaron una serie de tcnicas para el estudio de la cultura a distancia. Aunque la cultura a distancia disfrut del prestigio de una moda acadmica vlida, el mtodo no difera tanto del que suele utilizar cualquier historiador: servirse de las fuentes escritas del modo ms creativo e imaginativo posible. Pero aada un componente nuevo: la entrevista. Benedict se benefici de la investigacin que el Gobierno estadounidense llevaba a cabo entonces sobre el Japn y, de hecho, muchos de sus compaeros de trabajo pensaron que no haba reconocido suficientemente sus aportaciones. Su principal herramienta de trabajo eran las entrevistas a los inmigrantes japoneses que llegaban a Estados Unidos. Recuerdo que algunos de aquellos informadores me explicaban cmo se sentan despus de hablar con ella da tras da, a la hora de comer. Admiraban la minuciosidad de sus preguntas pero les atemorizaba el acusado empeo de Benedict en profundizar en todos los aspectos relacionados con sus sentimientos y experiencias. Tenan la impresin de que ella quera escuchar, una y otra vez, hasta el ms mnimo detalle que ellos pudieran rememorar. Recordaban el agotamiento y el alivio que sentan cuando los dejaba marcharse al final de la comida. (p. 5)

Los diarios utilizados en esta investigacin, es posible que se hayan sido utilizados en otras que luego llev a cabo la investigadora. Los estudios de la antroploga puso de manifiesto la continuidad de la antropologa al servicio de las guerras coloniales y neocoloniales organizadas y financiados por las potencias mundiales como Estados Unidos. Incluso la antroploga continuara realizando investigaciones en las que utiliz los estudios de cultura a distancia, y que luego continuara su discpula Margaret Mead y otros antroplogos que persistieron en la misma corriente o escuela antropolgica.

Gramsci entendi los diarios no slo como fuente de informacin, sino tambin como una forma de analizar la ideologa manejada por los grandes diarios de las potencias mundiales publicadas en sus capitales. Londres, Pars, Madrid, Berln, Roma entre otras, las que se construye un trmino ms o menos homogneo, pero que intenta mostrar rasgos ms o menos diferenciados que posibilitara una posible comparacin. En el fondo se mostraba un acontecimiento principal que impona una homogeneidad y un relativo parecido de los otros acontecimientos que se publicaban en otros diarios, y tambin en otros pases. De ese manera se construy un cuadro con el que instituyeron una diversa tendencia para expresar o reflejar las opiniones de la llamada opinin pblica. Los diarios mostraron una diversidad que ocultaban su expresin homognea. Todos no fueron ms que reproduccin de un diario tipo, al seguir el modelo al pie de la letra porque eran (y son) sometidas a un examen que permite su existencia (Gramsci; 1999: p. 252). En ese sentido, qu tanto le permiti a Ruth Benedit construir la cultura japonesa utilizando como una de sus fuentes los diarios de Japn cuando la informacin es posiblemente semejante a la de Estados Unidos. Aqu entraramos en una posible debilidad en su investigacin. De acuerdo con Gramsci, la fuente periodstica no nos permite procurar elementos culturales que permita conocer la sociedad japonesa. Por lo que muestra los lmites de las investigaciones de algunos antroplogos. Es posible que de estas debilidades se reflejen en el fracaso de este tipo de investigaciones, como se demostr en el Proyecto Camelot en Chile luego de un gran debate que gener a nivel mundial, que llev a su cancelacin y manifest un profundo fracaso.

Los antroplogos, por otro lado, que abordaron el tema de la religin son abundantes. Me detendr en Edward Evan Evans-Pritchard. Nacido en Gran Bretaa, quien desarroll la antropologa social y fue representante de esta corriente en su pas. Pero sobre todo, un gran crtico de los estudios de la religin que haban realizado sus colegas y adversarios. Los antroplogos y la antropologa, cabe decir, por mucho tiempo se dedicaron a mirar, desde el origen de esta disciplina en la segunda mitad del siglo XIX y hasta casi el fin del siglo XX, a estudiar y analizar a los pueblos no occidentales, o los que consideraron fuera del dominio occidental. Gran parte de sus investigaciones o si no es que todas se centraron hacia estos pueblos. A fines del mismo siglo y hasta nuestros das, la antropologa y la prctica del oficio del antroplogo cambi, ahora les disputan el espacio a los socilogos. Sin embargo, durante el periodo de vida de Evans-Pritchard, la antropologa se dedicaba a los estudios de los pueblos llamados no occidentales. Toda la obra de ste antroplogo versa en ese sentido. Tiene una idea de la concepcin de cultura, lo que hace necesario destacarlo para ubicar desde dnde hablaba para analizar la cuestin de la religin. En 1962 public un libro en el que reuni una serie de ensayos sobre la antropologa social titulado, luego en espaol, como Ensayos de Antropologa Social en 1974. En el apartado Antropologa Social: pasado y presente, defiende la utilizacin de la historia en el anlisis de la cultura y la antropologa en toda su complejidad. De hecho, durante toda su vida como antroplogo profesional, fue defensor del uso de la historia, y en oposicin de sus colegas britnicos en dejarla de lado y renegar de ella, como Bronisław Malinowski y Alfred Reginald Radcliffe-Brown. En dicho apartado nos habla de su idea de cultura, que se expresa implcitamente al decir que

el antroplogo busca algo ms que comprender el pensamiento y los valores de un pueblo primitivo y trasladarlos a su propia cultura; busca tambin descubrir el orden estructural de la sociedad, los patrones que, una vez establecidos, le permitan verla como un todo, como un conjunto de abstracciones interrelacionadas. De este modo, la sociedad no es solo culturalmente inteligible, como de hecho lo es en el nivel de conocimientos y accin para uno de sus miembros o para el extranjero que ha aprendido sus costumbres y participado en su vida, sino que tambin puede llegar a ser sociolgicamente inteligible. [] He procurado mostrar cmo el trabajo del antroplogo social tiene tres fases principales o, expresadas de otro modo, tres niveles de abstraccin. Primero intenta comprender las caractersticas significativas patentes en una cultura y traducirlas en trminos de la suya propia. Esto es precisamente lo que hace el historiador. [] En la segunda fase de su trabajo, el antroplogo social sube un peldao ms e intenta descubrir, mediante el anlisis, el modelo latente que subyace en una sociedad y cultura. [] En la tercera fase de su trabajo, el antroplogo compara las estructuras sociales que ha revelado el anlisis efectuado sobre determinado sobre determinado nmero de sociedades. (pp. 16-22).

Su trabajo terico se concentr en los aos cincuenta, sustent que los antroplogos casi nunca consiguieron penetrar los sentidos de la gente que analizaban. Lo que se consigui, fue que permitieron motivaciones que en realidad provenan de los propios antroplogos y cultura, en lugar de los pueblos que estudiaban. De la misma manera reivindicaron sus mismos pensamientos, investigaron lo que esperaban hallar, y de esa manera conservaron un etnocentrismo, propio de la cultura europea. Plante que los creyentes y no creyentes se aproximaron de maneras muy diferentes al estudio de la religin. Los ateos, los agnsticos, los irreligiosos o los no creyentes, por un lado, elaboraron teoras biolgicas, sociolgicas o psicolgicas con el fin de explicar la religin como una ilusin. En tanto que los creyentes elaboraron teoras que explicaron la religin como una forma de conceptualizar y relacionarse con la realidad. Realidad que era puesta por su concepcin. Entre la antropologa y la religin, cabe decir, haba generado desde tiempo atrs una larga discusin. Las primeras posturas antropolgicas, por ejemplo el evolucionismo, haba entrado a discutir la evolucin de la naturaleza del hombre con la religin. Las ideas de evolucin natural y la creacin divina haban iniciado esta discusin que no se haba detenido durante muchos aos, incluso hasta hoy, aunque con divergencias y posturas cambiantes (Palerm; 2010: p. 57). En ese contexto se ubica la discusin que Evans-Pritchard anunciaba en varias de sus obras.

En otro apartado del mismo libro tiene el titulo de los Antroplogos y la religin discute en gran medida estas afirmaciones. En primer lugar critica a Montesquieu, dice que

Montesquieu discute frecuentemente la religin, casi siempre con un enfoque naturalista, examinando las creencias de los pueblos simplemente como fenmenos sociales y empendose en determinar solamente cul es su funcin social; y en tanto que sus propias convicciones estn comprometidas, puede ser considerado como un desta, aunque exteriormente continuaba siendo un hijo leal a la Iglesia, a pesar, por otro lado, de sus escritos satricos sobre algunos rasgos de esa institucin (Evans-Pritchard; 2006: p. 30).

A lo largo de todo el ensayo analiza los autores que han estudiado el tema de la religin, desde una posicin neutral. Dentro de la antropologa, cabe decir, Evans-Pritchard es uno de los autores ms especializados no el tema de la religin de las culturas que ha denominado primitivas, sino de quienes han analizado la cuestin de la religin primitiva. Su crtica se centra sobre autores menos especializados y conocedores, que llegan incluso al ridculo para comprender a fondo las religiones primitivas. Todos los autores que han producido investigaciones sobre el tema en aquel momento, segn el autor relata en otra obra de gran importancia, no son antroplogos, por lo que carecen de preparacin y visin que slo al antroplogo le permite percibir.

En 1965 public una importante investigacin con el ttulo Las teoras de la religin primitiva. En dicha obra, el autor es ms severo, y no oculta su posicin crtica, interesante y pertinente sobre todos los autores que analiza. Dice al principio de este trabajo: Estas conferencias tratan de la forma en que distintos autores que pueden considerarse antroplogos, o que en cualquier caso han escrito sobre cuestiones de antropologa, han intentado entender las creencias y prcticas religiosas de los pueblos primitivos y dar razn de ellas (Evans-Pritchard; 1973: 11). Para Evans-Pritchard la importancia de estudiar las religiones de los pueblos simples es no slo porque nunca conocieron la realidad de la religin primitiva, sino la manera en que lo han visto algunos autores que desde un inicio trataron errneamente aspectos de la poltica, la sociedad y la moral: desde Hobbes hasta Durkheim, pasando incluso por Marx y Freud. Algunos le dieron una interpretacin falsa de la religin de dichos pueblos, sobre todo de quienes no comprendieron la complejidad de las relaciones y de las religiones. Dice Evans-Pritchard: En realidad podra ir ms lejos y decir que, para comprender plenamente la naturaleza de la llamada religin revelada, tenemos que comprender la naturaleza de la llamada religin natural, puesto que nada podra revelarse sobre algo si los hombres no tuvieran previamente una idea de algo (p. 13). En otras lneas menciona que mi tarea ha de ser critica que constructiva, a fin de mostrar por qu unas teoras aceptadas en otra poca son hoy insostenibles y debieron, o deben, rechazarse total o parcialmente (p. 16). Uno de los primeros autores a quien se remite para criticarlo firmemente ser a F. B. Jevons, sobre todo cuando analiza su trabajo titulado Introduction to the History of Religion, del que dice que la religin proceda por evolucin uniforme del totemismo pues consideraba al animismo ms una teora filosfica primitiva que una forma de creencia religiosa-, para llegar al politesmo y al monotesmo (p. 18). Segn el autor, en este libro se expresan lo errneas que pueden ser las teoras de la religin primitiva. La argumentacin del Jevons, segn Pritchard, est compuesta de una coleccin de reconstrucciones absurdas, hiptesis y conjeturas insostenibles, especulaciones, suposiciones y sobreentendidos desenfrenados, analogas inadecuadas, errores de comprensin e interpretacin y, especialmente en lo relativo al totemismo, puros desatinos (p. 18). Otros autores no se salvan de sus supuestas deficiencias que segn el autor se manifiestan claramente en sus trabajos. La crtica tambin se dirige hacia sus colegas antroplogos que una gran parte de sus investigaciones se sostuvieron de las interpretaciones pocos sustentadas. Al decir del autor:

Es muy notable el hecho de que ninguno de los antroplogos cuyas teoras sobre la religin primitiva han sido ms influyentes se haya acercado nunca a un pueblo primitivo. Es algo as como si un qumico nunca hubiese considerado necesario entrar en un laboratorio. En consecuencia, para su informacin tenan que confiar en aquello que les contaban los explotadores, misioneros, funcionarios y comerciantes europeos. Ahora bien, quiero que conste que tales testimonios son enormemente sospechosos. No digo que fueran inventados, aunque a veces s lo eran, e incluso viajeros famosos como Livingstone, Schweinfurth y Palgrave mostraban propensin a los mayores descuidos. Pero gran parte de ellos eran falsos, casi todos indignos de confianza y, para las pautas actuales de la investigacin profesional, descuidados, superficiales, sin perspectivas y sin contexto; en cierto sentido esto es aplicable incluso a los primeros antroplogos profesionales. Afirmo con toda conciencia que no se pueden aceptar sin ms las primeras descripciones de las ideas y comportamiento de los pueblos menos complejos, ni mucho menos las interpretaciones que se dan de ellos, y que es preciso un examen crtico de sus pruebas concluyentes que las corroboren, antes de admitirlas (p. 19).

La crtica de Evans-Pritchard difiere totalmente del de Gramsci, sus posturas poltica y social son quiz opuestas y con intensiones ideolgico-culturales hegemnicas enfrentadas. Este antroplogo fue uno ms que otro idelogo de la sociedad britnica de su tiempo. Sirvi a una de las potencias colonialistas europeas que ha existido en el proceso de dominacin del mundo capitalista. El autor se postr no slo en las universidades, sino en los proyectos de investigacin antropolgicas con la intencin de un mayor control y posesin de la potencia britnica en los pueblos que domin. Sus crticas sirvieron para desarrollar otros mtodos antropolgicos que mostraban claramente las deficiencias de su disciplina. Sus anlisis han sido retomados por sus discpulos que hasta hoy siguen desarrollndose bajo el nombre de antropologa social.

Conclusin

Antonio Gramsci elabor sus propias concepciones de intelectuales y de la cultura. Se distingue social, poltica e ideolgicamente del resto de los autores que estudiamos. Aunque en ciertos autores como Traverso y Sastre muestra algunas semejanzas. Refiri a los intelectuales, en primer lugar, como un grupo social que nace de la produccin econmica de una sociedad determinada, la que crea conjunta y orgnicamente una clase de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia a su funcin. Las funciones no solo se dieron en el terreno econmico, sino tambin el poltico, social y cultural. En segundo lugar, destaca que su estructura econmica y su desarrollo histricamente todo grupo social ha encontrado categoras sociales que le dan sustento a una ideologa. Es decir, por medio de la filosofa y la ciencia, con la escuela, la instruccin, la moral, la justicia, la beneficencia, la asistencia, etc., que sostiene todo grupo social. Analiz y critic las diversas categoras de intelectuales se han mantenido a lo largo del tiempo como si fueran una idea absoluta. De igual manera la idea de que se vean as mismas como autnomas e independientes del grupo social dominante, sin embargo, esto ha tenido consecuencias en el campo ideolgico, poltico y cultural. Otros intelectuales como Enzo Traverso concibi a los intelectuales como un conjunto de personas que cuestionan el poder, objetan el discurso dominante, provoca la discordia, genera un punto de vista crtico en su obra y en el espacio pblico. El intelectual como sujeto ha tenido una participacin muy activa en la sociedad desde el Siglo de las Luces. El intelectual como adjetivo, ocurri a fines del siglo XIX, cuando Georges Clemenceau lo utiliz por primera vez el 23 de enero de 1928 al presentarse en defensa del capitn Alfred Dreyfus en su diario LAurora. Sin embargo el intelectual del siglo XX tiene otra cualidad. Actu en una sociedad mucho ms pronunciada, en clases antagnicas, en un mundo dividido entre derecha e izquierda. Las nuevas condiciones histricas permitieron al intelectual desarrollarse a niveles no vistos antes. En una sociedad de masas, donde la prensa y la edicin se convirtieron en una industria, que le permiti vivir de su obra.

Alfonso Sastre ubic al intelectual en lo que llama sector servicios, ajenos al mundo de la produccin, de la industria y de la agricultura; al mundo de los constructores de automviles y los productores de naranjas o de berenjenas. Slo se dedica a hacer artculos y novelas, los espectculos, las risas que se hacen en la comedia y reflexiones sensacionalistas de la miseria, las msicas de concierto que un pblico pasivo y quiz enajenado las escucha, los cursos y conferencias de universidades y otros espacios culturales. Se ocupa del ocio de las personas.

Gramsci al estudiar el tema de la religin lo compar con la lotera y el opio de la miseria. La expresin opio del pueblo para la religin, es la apuesta de Pascal, que compara a la religin con el juego de azar. El juego de azar es una manifestacin cuya prctica es comparable con el credo religioso y su relacin al opio del pueblo, por su similitud y prctica. A la lotera o el juego de azar se le calific como opio de la miseria. Existe una estrecha relacin entre la lotera y la religin, pues los premios que supuestamente se otorgan a un posible ganador muestran que ha sido elegido, que el que ha recibido el premio, que recibi una gracia de algn santo o de alguna virgen. La lotera eleva a una posicin abstracta y ajena a la realidad, la relacin que concibe el tan apreciado premio. Gramsci vio en los diarios como una forma de analizar la ideologa manejada por las potencias mundiales. Dichas potencias construyeron un trmino ms o menos homogneo de la forma de percibir el mundo, pero que intenta mostrar rasgos ms o menos diferenciados que posibilitara una posible comparacin. Una que utiliz los peridicos y otras fuentes de informacin para construir su investigacin fue la antroploga estadounidense Ruth Benedict titulada El crisantemo y la espada. Patrones de la cultura japonesa. La obra inaugur lo que se ha dado en llamar estudio de cultura a distancia. Le permiti a Benedit construir la cultura japonesa utilizando como una de sus fuentes los diarios de Japn. De acuerdo con Gramsci, la fuente periodstica no permiti procurar elementos culturales que permita conocer realmente la sociedad japonesa. De aqu los lmites de las investigaciones de algunos antroplogos.

Los antroplogos abordaron el tema de la religin abundantemente. Edward Evan Evans-Pritchard fue un ferviente crtico de las investigaciones dedicadas a la religin. Su trabajo terico que se concentr en los aos cincuenta, sustent que los antroplogos casi nunca consiguieron penetrar los sentidos de la gente que analizaban. Lo que se consigui, es que permitieron motivaciones que en realidad provenan de los propios antroplogos y cultura, en lugar de los pueblos que estudiaban. En relacin a Gramsci tiene similitudes al criticar a los intelectuales que conforman una parte de la sociedad que la sustentan. Sin embargo Pritchard fue un idelogo de la sociedad britnica de su tiempo. Sirvi a una de las potencias colonialistas europeas que ha existido en el proceso de dominacin del mundo capitalista.

Bibliografa

Benedict, Ruth. (2006). El crisantemo y la espada. Patrones de la cultura japonesa. Madrid: Alianza.

Evans-Prtichard, E. E. (1973). Las teoras de la religin primitiva. Madrid: Siglo XXI.

Evans-Prtichard, E. E. (2006). Ensayos de Antropologa Social. Madrid: Siglo XXI.

Gramsci, Antonio. (1999). Cuadernos de la crcel. Tomo 4. Mxico: ERA. Cuadernos de la crcel. Tomo 5. Mxico: ERA.

Lpez y Rivas, Gilberto. (1988). Antropologa. Minoras tnicas y Cuestin Nacional. Mxico: Aguirre y Beltrn.

Palerm, ngel (2010). Historia de la etnologa. Tylor y los profesionales britnicos. Mxico: Universidad Iberoamericana.

Sastre, Alfonso (2005) La batalla de los intelectuales o el nuevo discurso de las Armas y la Letras. Buenos Aires: CLACSO.

Traverso, Enzo (2014) Qu fue de los intelectuales? Mxico: Siglo XXI.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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