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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2017

El Museo Trotsky, insuficiente para la cantidad de asistentes a la pltica del novelista cubano
"Es fundamental recuperar la utopa de un mundo justo", plantea Leonardo Padura

Blanche Petrich
La Jornada


Sobre Ro Churubusco, frente al Museo Casa de Len Trotsky, se form este viernes a las cinco de la tarde una cola tan larga que llegaba a la esquina y daba la vuelta. Se anunciaba, para las 18:30 horas, una pltica de Leonardo Padura, el novelista cubano, sobre su obra El hombre que amaba a los perros, libro que ya tiene un trayecto de ocho aos desde que se public en Mxico. Sera la fama del popular escritor habanero. O quiz la fascinacin de escuchar a quien escribi con tanta maestra la compleja historia del asesinato del gran revolucionario sovitico justo en el sitio donde hace 77 aos se cometi el crimen del piolet.

El caso es que el auditorio del museo, las salas aledaas y hasta el jardn resultaron insuficientes para dar cabida a un pblico tan vido que poco falt para que diera portazo.

Ni siquiera las bisnietas del famoso opositor a Josep Stalin alcanzaron asiento en el atiborrado local donde Padura describi lo que muchos de sus lectores quiz se hayan preguntado: cmo diablos le hizo para investigar tan a detalle las mltiples historias que se entretejen en esta saga que tiene al homicida Ramn Mercader en el centro, pero que recrea con pasmosos y precisos detalles a muchos otros personajes? Y cul fue el motor de esta novela?

Flanqueado por Esteban Volkov, director del museo y nieto de Trotsky, y por Allan Woods, el fillogo gals reconocido por ser uno de los grandes estudiosos de las antagnicas figuras de Stalin y su declarado enemigo, Padura explic los resortes que movieron este libro.

La trama de El hombre que amaba a los perros no es Mercader. Ni Trotsky. Ni Stalin. Es la perversin de la utopa; eso que nace en 1917 en Rusia y que es la posibilidad de concretar la gran utopa de un mundo justo. Explica: Es entender por qu Stalin quera matar a Trotsky. No slo por esa parte enfermiza de su ser, sino sobre todo por querer callar la verdad; por callar la determinacin con la que Trotsky se empe en denunciar la traicin.

Ah es donde Leonardo Padura, siempre cuidadoso y evasivo en las definiciones polticas, confiesa: Tuve que asumir que al abordar estos temas entraba en un tema profundamente poltico. Y se lanza: En un mundo cada vez ms desigual, donde se han roto todos los cdigos ticos, pensar en los vientos heroicos de la Revolucin de Octubre en San Petersburgo nos hace pensar hasta qu punto es necesario recuperar esa utopa. Y concluye: Es fundamental.

La primera comezn de la curiosidad por averiguar algo sobre Len Trotsky le dio al novelista Leonardo Padura cuando vio aquella fotografa de 1917, con Vladimir Lenin al centro, en un pequeo pdium de madera en una plaza en San Petersburgo. A su izquierda, unos escalones ms abajo, aparecan los otros lderes bolcheviques Trotsky y Kamenev. Ya haba visto esa misma imagen, pero sin los dos personajes que no slo fueron purgados de la foto y de la propaganda oficial sino de la historia oficial de la revolucin. Y entonces quise saber qu tan malo era Trotsky.

As empez. Busc primero en la Biblioteca Central de La Habana. Encontr slo dos libros sobre su personaje: Trotsky, el traidor y Trotsky, el renegado. Aqu qued durmiente esa curiosidad inicial. Pero la vida trajo a Padura a Mxico; ms concretamente a Coyoacn. Y una visita a la Casa Museo del lder desterrado. Ver con sus propios ojos los muros de la casa que habit, las puertas blindadas, el despacho donde fue atacado, las gafas sobre su escritorio, le causaron, dice, una conmocin. Era octubre de 1989 y 15 das despus de esa visita cay el Muro de Berln. Fue como una semilla que cay en algn rincn propicio de mi sensibilidad.

Muy pronto Padura averigu que Ramn Mercader, bajo el nombre falso de Ramn Lpez, vivi cuatro aos en Cuba, en la misma ciudad que l habita. Era como si esta historia me estuviera tocando el hombro. De ah siguieron dos aos de obsesiva investigacin, de sortear mentiras y mitos. Hasta lograr el libro que hoy se ha traducido a 30 idiomas. Menos al ruso.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/11/12/cultura/a06n1cul



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