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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2017

Proyecto de pas

Antonio Antn
Rebelin


La sociedad espaola,y particularmente la ciudadana catalana, ha dado muestras en las ltimas dcadas de madurez cvica, compromiso democrtico y valores solidarios y de justicia social. Nuestro pas, o mejor pas de pases, es complejo y diverso, especialmente en sus identidades nacionales. Espaa es un pas plurinacional, constituido por distintas naciones (nacionalidades segn la Constitucin) y regiones, aunque sus pueblos tampoco son homogneos. La frontera entre naciones y regiones no est clara. Esa pluralidad identitaria, cultural y poltica, no se da solo en el conjunto sino tambin alcanza al interior de los mismos territorios, sobre todo en Catalua (y Euskadi). No hay varias naciones compactas y completamente diferenciadas entre s. Lo espaol, la pertenencia espaola, atraviesa transversalmente a la mayora de sus poblaciones y se combina, en diversos grados, con el sentimiento o pertenencia a cada Comunidad.

Veamos algunos datos de la realidad identitaria en el conjunto del Estado de la mano del CIS (Estudio n 3191 Barmetro de octubre de 2017). A la pregunta (n 26) Cul de las siguientes frases dira Vd. que expresa mejor sus sentimientos?, las respuestas son: Se siente nicamente espaol/la, 16,1%; se siente ms espaol/la que (gentilicio C. A.), 7,5%; se siente tan espaol como (gentilicio C. A.), 53,7%; se siente ms (gentilicio C. A.) que espaol/la, 10,2%; se siente nicamente (gentilicio C. A.), 6,2%; ninguna de las anteriores (se sobrentiende localista o cosmopolita), 5,1%, y no sabe/no contesta, 1,3%. O sea, sumandos los tres segmentos que sienten una doble pertenencia, espaola y gentilicia de la propia Comunidad, llegan al 71,4%, frente a las otras dos (o tres) minoras (en el conjunto aunque relevantes en varias de ellas) con una identificacin exclusiva espaola o nacionalista perifrica (o cosmopolita)-.

El concepto de plurinacional hay que matizarlo: no solo hay varias naciones sino que esa doble identificacin mayoritaria las atraviesa; el sentimiento espaol es compatible y est presente, con diferente intensidad, en todas las nacionalidades y regiones. Espaa no es solo una suma (institucional) sino un componente de la identificacin interna y combinada que caracteriza a segmentos mayoritarios, incluso en Catalua (y Euskadi), como luego veremos.

Por tanto, ms all de la pertenencia al Estado espaol, Espaa existe como cultura transversal identificadora, o sea, recorre internamente las distintas Comunidades y conforma una sustancia compartida: es base de un pas de pases. La dificultad (o la pugna interpretativa y normativa) es definir cules y qu profundidad tienen los rasgos comunes, el significado de la experiencia compartida, el peso de los sentimientos de pertenencia y los componentes identitarios respecto de un proyecto comn, y cmo se entremezclan con otros sentimientos gentilicios o nacionales, otras identidades socioculturales y los intereses compartidos.

Adems de los nacionalismos perifricos, parte de cuyos seguidores (no todos y diferenciando posicin independentista de nacionalista) son opuestos a la identificacin espaola, hay, al menos, dos ideas de Espaa en pugna histrica y con una distinta actitud respecto de la articulacin del conjunto: Una, conservadora y centralizadora, dominante y dirigida por la oligarqua espaola y la derecha (y el franquismo) que, en estos dos siglos, han fracasado en su idea de homogenizacin nacional-cultural total, al estilo de otros pases europeos, y que han solido tratar de imponerse con rasgos prepotentes o autoritarios; otra progresista y federativa (o confederal), con mayor relevancia en algunos territorios y momentos histricos, como en la I y la II Repblica y la transicin democrtica (Libertad, amnista y Estatuto de Autonoma!). Aunque dentro de la derecha ha habido posiciones descentralizadoras y dentro de las izquierdas, jacobinas (como manifiestan algunos dirigentes socialistas). Aqu, cabe aadir que la tradicin dominante del republicanismo, las izquierdas y el movimiento obrero en Catalua, desde la II Repblica (CNT, POUM) y el antifranquismo (PSUC, PSC) hasta ahora (Catalunya en Com-Podem, CCOO), ha sido federal o confederal con componentes soberanistas.

El pacto intermedio de la Constitucin de 1978 con el llamado Estado Autonmico, ha mantenido un equilibrio inestable que ha empezado a agotarse con la mayor presencia de las tres dinmicas contrapuestas, con sus apoyos institucionales y de poder: centralizadora, federativa e independentista. Ya en el proceso de su elaboracin, un padre constituyente de centroderecha, Herrero de Min (UCD) hablaba de nacin de naciones. Cules son? Espaa no es la cuarta nacin compuesta por el resto del Estado Espaol excluidas las llamadas nacionalidades histricas: Catalua, Pas Vasco, Galicia; Andaluca ya se gan en aquellos tiempos y mediante referndum su derecho a similar capacidad de autogobierno. Pero tambin tienen una singularidad especial zonas como Comunidad valenciana, Les Illes, Canarias, Navarra, incluso Aragn y Asturias. Por citar a todas las Comunidades, qu queda: ambas Castillas con Comunidades limtrofes (Extremadura, Regin Murciana, Rioja y Cantabria) y Madrid. Desde luego, ese segundo resto tampoco es Espaa, a veces simbolizado por el Madrid-Espaa, hecho en gran media de aluvin migratorio del resto del Estado como en mi caso, de origen aragons-; en todo caso, en una Espaa nueva bien podra aspirar a ser un distrito federal renovando los smbolos y compartiendo proyectos e instituciones estatales con otras capitales (por ejemplo, el Madrid de Manuela Carmena y la Barcelona de Ada Colau podran colaborar en ello).

Por tanto, (dejando aparte la significativa presencia de inmigrantes, muy diferenciados entre s por su origen latino, magreb, del Este europeo- y con caractersticas culturales y problemticas de integracin especficas) nos encontramos con una gradacin de identidades nacionales o comunitarias. stas tienen mayor o menor peso (o ninguno, en sectores cosmopolitas o a-nacionales) en distintas personas y grupos sociales, segn momentos y circunstancias. Y no necesariamente son soporte de un movimiento nacional o nacionalista (tampoco espaolista) como actitud poltico-cultural central. Adems, los nacionalismos (en plural) pueden ser ms o menos densos, moderados, democrticos y excluyentes o inclusivos, as como encajar en distintos diseos institucionales.

Ms all del patriotismo cvico, basado en la democracia y la ciudadana social, tambin los componentes nacionales se entremezclan con otros componentes identitarios (de clase, gnero, generacin, tnicos, culturales, etc.) para plasmarse en actitudes, intereses y comportamientos diversos e interrelacionados. La persona es un ser social, tiene vnculos sociales y, por tanto, experimenta, interacta y se siente partcipe con distintos grupos sociales con los que comparte dinmicas y objetivos. Y aqu el concepto de experiencia en comn, frente al individuo abstracto liberal, es fundamental para reconocer esa situacin relacional de pertenencia grupal y articularla a travs de la convivencia, la solidaridad y el dilogo intercultural bajo una cultura universalista respetuosa de los derechos humanos.

A veces, alguna izquierda ha infravalorado esa realidad (real) multidimensional de las clases trabajadoras y la necesidad de su interpretacin, representacin y conformacin en una dinmica integradora de los legtimos intereses y derechos socioeconmicos, poltico-culturales e identitario-nacionales. Para las fuerzas progresistas de base popular, la accin por la igualdad, la libertad y la solidaridad, frente a la subordinacin, la segregacin y el autoritarismo, debe cubrir todos los campos sociales y culturales. Lo social (no solo de clase) debe ir unido con lo nacional (o cultural), aun con equilibrios y contrapesos diversos. Si lo primero es clave para las clases populares (trabajadoras y capas medias estancadas o en descenso), lo segundo tambin es bsico y forma parte de su vida en comn. Bajo una tica universal democrtico-igualitaria hay que encajar las prioridades estratgicas e institucionales y la conformacin de sujetos colectivos, con sus contextos, combinaciones y preferencias, con un horizonte emancipatorio.

Diversidad nacional y poltica en Catalua

Dejamos aparte el sentido de pertenencia local y europeo (o al mundo). Comparemos esa tendencia dominante en el conjunto de Espaa y la de Catalua. Existen varios anlisis demoscpicos con distintos resultados, coincidentes en sealar esa diversidad, aunque con una asimetra poltica evidente entre la media de Espaa y, en este caso, la de Catalua.

Por ejemplo, segn la encuesta de Metroscopia, del 30-10-2017, entre sus residentes considera: slo cataln, el 19%; ms cataln que espaol, el 25%; tan cataln como espaol, el 46%; ms espaol que cataln el 5%, y slo espaol el 3%. Sumadas las personas que albergan un doble sentimiento espaol junto con el cataln, constituyen una mayora del 76%, similar (algo superior) a la media de Espaa (con el gentilicio correspondiente), y aunque una parte de ellos se haya vuelto independentista instrumental (no identitario). Dicho de otra manera, Catalua no se puede comprender sin esa doble identificacin catalana-espaola. Segn el mismo estudio, el 29% estn a favor de la independencia, el 19% a favor de seguir como ahora, y el 46% formar parte de Espaa pero con nuevas y garantizadas competencias exclusivas.

El barmetro del tercer trimestre (31-10-2017) del CEO, CIS cataln, con un muestreo ms amplio, ofrece otros porcentajes donde hay ms diferencias en el plano poltico: a la pregunta quiere que Catalua se convierta en un Estado independiente?, responde S el 48,7% (el independentismo sube 7,6 puntos desde el anterior estudio de junio), y contesta NO el 43,6% (baja 5,8 puntos) (no sabe/no contesta, el 7,8%). Est por ver el impacto de los hechos de estas ltimas semanas y si se consolida o no esa tendencia.

En la evolucin de los ltimos aos, el porcentaje de independentistas (siguiendo con los sondeos del CEO) ha estado entre 42%/48% y los no independentistas entre el 45%/50%. Ello supone un prctico empate, ya que en estas encuestas el margen de error es de 2,69 puntos arriba o abajo, es decir, el rango puede variar hasta 5,4 puntos. Por tanto, son significativas las variaciones de este ltimo trimestre, aunque hay que ver cmo evolucionan y contando que ya en los aos 2014/15 el independentismo estaba igual de alto, cercano a la mitad pero sin llegar a ser mayora.

Por otro lado, ante el impacto de la aplicacin del Gobierno de Rajoy del artculo 155 de la Constitucin con el cese y encarcelamiento del Govern y la convocatoria de elecciones autonmicas para el 21-D, segn la reciente encuesta de Metroscopia (12-11-2017), ha bajado drsticamente el porcentaje de personas que antes vean la independencia como una posibilidad real en un futuro cercano (51%) y ahora el 66% lo descartan. Habr que volver sobre ello en otro momento.

La diferencia comparativa de los distintos resultados tiene tambin que ver con el tipo de opciones propuestas: si se reducen a dos, con una polarizacin extrema, o a tres, con una propuesta intermedia, que se corresponde ms con la realidad diversa. As, a la pregunta ests de acuerdo con un Estado independiente? dicen S el 40,2%; cuando se les ofrece como alternativa la otra opcin de un Estado dentro de un Estado Federal la escogen el 21,9%, y la del actual estado de autonoma el 27,4% (o una regin de Espaa , el 4,6%). Lo relevante aqu es que ocho puntos y medio se definen independentistas si la nica alternativa a ello se supone que es el inmovilismo o statu quo; pero, si se les ofrece la posibilidad, prefieren una opcin federal (o confederal), llegando junto con una parte del otro bloque no independentista a ese destacable 22% partidario de una opcin de mayor autogobierno sin independencia (y mayoritario en los resultados de Metroscopia).

Por tanto, expresadas las tres opciones, tambin ha crecido ms de seis puntos la opcin independentista este trimestre (desde el 34,7%, porcentaje ms cercano al obtenido por la primera encuesta), pero aun as sigue siendo minora entre la poblacin. Sumadas estas dos posiciones (62,1%) los porcentajes de casi dos tercios de la poblacin coinciden con el bloque que considera que Catalua ha conseguido un nivel insuficiente de autonoma (64,6%), y que desde 2007 se ha mantenido entre el 60% y el 72%; mientras el bloque que cree que ha conseguido un nivel suficiente de autonoma es el 23%, similar durante los ltimos diez aos (5,4%, expresa demasiada autonoma ). O sea, en Catalua es ampliamente mayoritaria la crtica a los lmites de la autonoma y la exigencia de mayor capacidad de autogobierno. La Constitucin y el Estatut cepillado por el Tribunal Constitucional estn agotados entre su poblacin.

Por ltimo, recordar que segn diversas encuestas entre el 70% y el 80% de personas son partidarias de poder decidir sobre sus instituciones y su futuro, dato que se asocia a una posicin soberanista y en la que participan tambin una parte del electorado autonomista del PSC e incluso del PP y Ciudadanos. Es decir, esa corriente catalanista y relativamente transversal, ampliamente mayoritaria, est compuesta por un sector independentista (45%) y otro no independentista (hasta el 35%), con una parte del primero y, sobre todo, del segundo, con doble sentido de pertenencia identitaria, es decir, con sentimientos catalanes y tambin espaoles.

Contrastan estos datos con los del CIS antes comentado para la media estatal, aunque casi la cuarta parte se muestra partidaria de superar el marco actual, sumadas las personas que desean mayor autonoma que en la actualidad (13,4%) y el reconocimiento de la posibilidad de convertirse en un Estado independiente (10,2%) -con un 39,2% de mantenerse igual y un 28,2% con mayor centralizacin-.

Como conclusin, junto a una realidad de identidad nacional exclusiva (en sectores nacionalistas perifricos y tambin en el nacionalismo espaol) lo que predomina es el doble sentido de pertenencia a Espaa y a la correspondiente Comunidad Autnoma. Con ese diagnstico se debe articular, sobre la base de lo comn, un discurso coherente con ambas realidades, con una ptica social y democrtica, un proyecto de pas plural que es el objeto ltimo de esta reflexin.

Antonio Antn. Profesor honorario de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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