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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2017

Catalua desde Amrica Latina

Claudio Katz
Rebelin


La crisis catalana dividi campos en Amrica Latina como en el resto del mundo. La derecha tom partido por Rajoy la izquierda por sus oponentes. Pea ieto y Santos cerraron filas con su colega y Macri fue ms contundente. Mantiene estrechas relaciones con el Partido Popular e intenta reproducir su modelo autoritario-neoliberal. Todo el establishment de la regin comparte negocios con sus pares hispnicos y profesa la misma ideologa reaccionaria.

Vargas Llosa exalt esas afinidades en la marcha de los espaolistas. El principal exponente de la derecha latinoamericana recurri a una curiosa inversin de la realidad [ii]. Acus al catalanismo de originar un conflicto que ha escalado por la negativa de Rajoy a entablar negociaciones. El nacionalismo ha renacido en la periferia del pas como respuesta a ese centralismo castellano.

ENCUBRIMIENTO DE LA PROVOCACIN

Lo que ms entusiasma a los conservadores de Amrica Latina es la firmeza del gobierno. Alaban su aplicacin de la ley para doblegar las movilizaciones y ocultan que utiliza las normas de una Constitucin concertada en 1978 con el franquismo [iii].

El ponderado jefe de estado ha obstruido por la fuerza el derecho a votar, ocupando escuelas y apaleando manifestantes. Destituy al gobierno autonmico, disolvi el Parlamento regional, encarcel a sus dirigentes y condicion a los medios de comunicacin.

La derecha latinoamericana aplaude ese avasallamiento silenciando que Rajoy desconoce las demandas de la regin. Los catalanes solicitaron una y otra vez la extensin de las concesiones fiscales otorgadas a los vascos durante la transicin, para recaudar en la zona y transferir luego las sumas acordadas a Madrid. Como esos reclamos -junto a reglas de mayor autonoma- fueron reiteradamente desodos, comenzaron exigir un referndum para resolver el futuro de la zona. Propusieron seguir el precedente de Escocia.

Inicialmente no estaba en juego la independencia sino la realizacin de esa consulta, pero con su negativa a conversar Rajoy forz la crisis. No slo sabote un acuerdo aprobado por los Parlamentos y la administracin anterior, sino que utiliz una sentencia del Tribunal Constitucional para cerrar toda posibilidad de compromiso.

Esas provocaciones desataron las masivas protestas en las diadas y la paulatina conversin de las propuestas de autonoma en exigencias de independencia. Esta secuencia de lo ocurrido es omitida por los grandes medios de comunicacin de Amrica Latina.

Los intelectuales de la derecha relacionan positivamente la agresividad del PP contra Catalua con su belicosidad hacia el chavismo [iv]. Rajoy ha encabezado la desestabilizacin del proceso bolivariano facilitando recursos y publicidad a las guarimbas. Contribuy al sabotaje de alimentos y a la asfixia financiera del pas, promoviendo el cerco diplomtico y los boicots de la Unin Europea. En un delirante exabrupto sus voceros han acusado a Venezuela (y Rusia) de fomentar directamente las protestas de Barcelona.

Otro exponente de la misma cruzada acusa al populismo argentino de exportar su virus a Catalua, mediante la provisin de argumentos para la invencin de una nacionalidad imaginaria [v]. De todos los disparates que difunde la derecha, esta versin del catalanismo como conspiracin fraguada en el Cono Sur asombra a cualquier lector.

EL TRASFONDO DEL CONFLICTO

Los derechistas latinoamericanos despotrican contra la inadmisible peticin catalana. Sus comunicadores sealan que ningn pas aceptara la fragmentacin del territorio y que en Argentina sera inadmisible una exigencia de Mendoza o Crdoba para formar repblicas. Descalifican el reclamo como una farsa y describen el comportamiento de sus impulsores como propias de adolescentes irresponsables.

Pero si es el reclamo es tan absurdo: Por qu lo asumieron millones de individuos? Quedaron afectados por un enloquecimiento colectivo? Los denostadores simplemente ignoran que la demanda en juego no es un artificio. Est enraizada en la historia de una comunidad con derechos vulnerados.

El sobre-expandido imperio espaol nunca lleg a lleg a constituir un estado-nacin moderno. Qued desgarrado por sucesivos procesos de restauracin del centralismo monrquico, que sofocaron las atribuciones de las naciones sometidas al reino. Luego de la prdida de las colonias de ultramar a fines del siglo XIX, los dspotas de Madrid intensificaron el bloqueo a los pactos federales y las restricciones a las autonomas.

Frente a esa opresin hubo varios intentos de forjar una repblica catalana. El franquismo ahog en sangre esa aspiracin y acentu los hostigamientos a la lengua y a la cultura de la zona.

La Constitucin que emergi de la transicin ratific con algunas concesiones la supremaca centralista. En lugar de reconocer la existencia de distintas naciones introdujo un vago status de nacionalidades e incorpor un paquete de autonomas con variadas competencias de auto-gobierno.

Esos parches son esgrimidos para desconocer las peticiones catalanas. Rajoy resucita los mitos de una Espaa indisoluble y forjada como nacin de naciones, para presentar las prerrogativas legadas por el franquismo como un contrato libremente aceptado por la poblacin.

Pero no se limita a actualizar esa tradicin autoritaria. Subordina las regiones al poder central para asegurar la recaudacin, el control del gasto y el pago de la deuda. De esta forma Madrid asegura a los bancos transferencias de fondos que empobrecen a los trabajadores. Esas cargas se acentuaron en los ltimos aos de crisis bancarias y temblor del euro.

Un gobierno acosado por denuncias de corrupcin intenta, adems, recobrar fuerzas con una alta dosis de demagogia espaolista. Pretende reafirmar el status quo recreando un nacionalismo primitivo y paradjicamente subordinado a la Unin Europea. Ese operativo apuntala el olvido de los crmenes de guerra civil y la negativa a cualquier revisin del pasado.

TRANSICIN Y MONARQUA

Los crticos derechistas afirman que Catalua pone en peligro el modelo consensuado de la transicin, que fue tambin adoptado por varios pases latinoamericanos. Alertan contra esa amenaza a la armona lograda en Espaa e imitada en el Cono Sur [vi]. Pero esas fantasas de convivencia han quedado desmentidas por la represin. En lugar de administrar un idlico status de respeto mutuo, Rajoy reparte palos a los opositores.

Catalua no inaugur las rebeliones contra esa mistificada transicin. Desde el movimiento de los indignados en el 2011 (15 M), una persistente sucesin de movilizaciones ha impugnado el pacto de impunidad con el franquismo, que asegur negocios a los grandes capitalistas.

Amrica Latina ha padecido las mismas consecuencias de acuerdos semejantes. Los resabios de las dictaduras y la virulencia del neoliberalismo -que se verifican en varios pases de la regin- derivan de los pactos concertados durante el pasaje de las tiranas a los regmenes constitucionales. La supervivencia del legado pinochetista en Chile es el ejemplo ms extremo de esos compromisos.

La idealizada transicin es tambin enaltecida por los socialdemcratas argentinos que objetan la lucha de Catalua [vii]. Alaban especialmente el papel del PSOE, sin observar cmo esa formacin repite el nefasto papel que jug durante el pos-franquismo.

La crisis catalana ha sepultado en tiempo rcord el coqueteo renovador de Pedro Snchez (secretario general de ese partido). El nuevo dirigente archiv todas sus promesas de giro progresista, convalid el intervencionismo represivo y retom la regresiva trayectoria instaurada por Felipe Gonzlez.

Las manifestaciones de Catalua reabren perspectivas republicanas que atemorizan al establishment espaol. Esa posibilidad genera la misma irritacin en los socios latinoamericanos de la monarqua. La realeza no slo ha mediado en los multimillonarios negocios concertados entre empresas del Viejo y el Nuevo Mundo. Interviene en los operativos de acoso a los gobiernos radicales. La memorable respuesta de Chvez al exabrupto de Juan Carlos (por qu no te callas) es el episodio ms recordado de esa injerencia.

Tambin en este terreno Macri extrema su genuflexin. En la conmemoracin del bicentenario denigr la independencia americana, con la presencia (y pedido de disculpas) a una realeza borbnica que personifica a los adversarios histricos de esa gesta.

En la crisis de Catalua se corrobor la gravitacin reaccionaria actual de la monarqua. Quienes suponan que Felipe era una figura decorativa para los chimentos de verano pudieron notar cmo incentiv la intervencin de los gendarmes. Su discurso contrast con la condena oportunista que emiti su padre del golpe de Tejero (1981), para fraguar credenciales democrticas. Ese disfraz le permiti presentar desde entonces su reinado como una garanta del bienestar espaol.

Pero tambin ese mito naufrag en los ltimos aos. Toda la sociedad ha podido observar cmo una casta de parsitos despilfarra el erario pblico en corrupcin y caceras. Felipe fue entronado a las apuradas para intentar un cambio de imagen que se diluye aceleradamente.

Catalua desafa las mismas prohibiciones que obstruyen la revisin de la monarqua. Por eso sus demandas y reclamos republicanos abren senderos para la democratizacin de todo el pas.

RESURGIMIENTO DE PROBLEMAS NACIONALES

La burguesa latinoamericana copi los mismos mensajes de solidaridad que emitieron Trump, Merkel y todos los poderosos del planeta. Ningn gobierno quiere discutir temas de soberana en las regiones que controla.

Ese conservadurismo se extiende en el hemisferio americano a cualquier tratativa de recuperacin de territorios amputados por alguna potencia. Los presidentes derechistas han congelado la reconsideracin del status de Malvinas o Puerto Rico.

Sus colegas espaoles adoptan la misma actitud frente a Gibraltar. Mientras gestionan conjuntamente negocios turbios en los parasos fiscales, los altos funcionarios de Espaa e Inglaterra posponen las negociaciones sobre el pen mediterrneo.

Los directivos de la Unin Europea son igualmente reacios a considerar rediseos territoriales en su propio mbito. Enterraron con una categrica negativa las ingenuas ilusiones de muchos catalanes, en un ingreso de su eventual repblica a esa asociacin. Los bancos expusieron ese mismo rechazo en forma ms drstica. Repitieron el antecedente griego de cierres de representaciones y fugas de capital.

Lo ocurrido confirma que el gran capital europeo no quiere dominar fracturando pases. Puede aceptar la segmentacin legada en la ex Yugoslavia o la particin equivalente de la ex Checoeslovaquia, pero rechaza divisiones en los lugares claves del Viejo Continente.

Slo Escocia se mantiene en carpeta ante la incierta negociacin sobre el Brexit. Esa secesin es un fantasma que condiciona las duras tratativas que mantienen Inglaterra con sus socios continentales, para revisar los convenios comerciales e inmigratorios vigentes.

El soberanismo ha cobrado fuerza en Catalua junto al despertar nacional que se verifica en toda Europa. Ese brote expresa el generalizado malestar que produce la unificacin neoliberal de la regin. El rechazo sale a flote cada vez que se vota alguna iniciativa de afianzamiento de la Unin Europea.

En ciertos casos emerge el disgusto de las regiones que receptan los efectos ms empobrecedores de la ciruga capitalista. En otras zonas se rebelan pobladores que no quieren compartir recursos con sus vecinos.

La crtica a Bruselas unifica a todos los cuestionadores. La burocracia de la UE acta al servicio de las empresas multinacionales y es vista como la principal responsable del deterioro social. La reaccin actual se asemeja a las resistencias nacionales que suscitaban los viejos imperios austro-hngaro, ruso o alemn a principios del siglo XX. Frente a ese resurgido rechazo resulta indispensable d istinguir cada caso nacional, para evaluar el carcter progresivo o regresivo de las demandas en juego.

La misma complejidad se verifica en otras reas del planeta. Timor finalmente se separ de Indonesia, pero Quebec se mantuvo dentro de Canad luego de un ajustado margen en las consultas. La posibilidad de tornar divisible tambin a esa regin (a partir de los condados opuestos a la separacin) neutraliz las aspiraciones independentistas.

Pero el establishment europeo teme especialmente la contaminacin del carcter explosivo que asumen las peticiones nacionales, en las reas ms explosivas del planeta. Los dos casos actuales ms emblemticos ilustran la gravedad de esas tensiones.

Por un lado el drama de los palestinos se agrava con el afianzamiento de la ocupacin colonial israel. La expectativa de forjar dos estados ha quedado sepultada, mientras el sionismo imposibilita la gestacin de un estado nico y laico.

Por otra parte la desmembrada nacin kurda intenta construir sus fronteras en el caos blico de Medio Oriente. No slo confronta con los pases que albergan a esa minora y rechazan la secesin (Turqua, Irn, Irak, Siria). Tambin deben lidiar con las potencias que incentivan (Israel), manipulan (Estados Unidos) o cuestionan (Rusia) esa perspectiva, en funcin de su juego geopoltico regional.

Esta multitud de situaciones demuestra que lo ocurrido en Catalua no es un caso aislado, ni obedece al capricho de sus habitantes. Es una manifestacin del resurgimiento general de las demandas nacionales, en un marco de crisis de la globalizacin neoliberal. Con frmulas simplificadas e ignorancias del contexto resulta imposible entender lo que ocurre.

DOS NACIONALISMOS EQUIVALENTES?

Algunos autores estiman que en Catalua confrontan dos vertientes igualmente regresivas del nacionalismo. Una de linaje franquista y otra oportunista o aventurera [viii].

Esa equiparacin es totalmente equivocada. No slo por la simple constatacin de la forma en que Rajoy impide resolver el conflicto por la va democrtica de un referndum. Su nacionalismo centralista agrede, favorece al gran capital y acta con estandartes reaccionarios. En el bando opuesto prevalece en cambio, una contradictoria coalicin de conservadores sobrepasados, socialdemcratas sin brjula y entusiastas radicales. El unionismo espaolista est situado en las antpodas del independentismo cataln.

Muchos analistas igualmente subrayan la trayectoria neoliberal de Puigemont al frente de un partido burgus. Esa pertenencia es indiscutible, pero conviene recordar que los conservadores catalanes nunca estuvieron integrados al sistema monrquico. Llegaron tarde al soberanismo y actan empujados por los acontecimientos. Los principales grupos capitalistas se distanciaron del independentismo y ahora desaprueban su accin.

La movilizacin actual es sostenida por los socialdemcratas de la ERC-que aspiran a recrear el estado de bienestar amenazado por Madrid- y por los radicales de la CUP. La coalicin Juntos por el S protagoniz todas las protestas del ltimo periodo.

Es evidente que Catalua ha quedado ubicada a la izquierda del mapa poltico espaol y por eso concentra un rechazo a la monarqua superior al resto del pas. El PP se asienta en el centro y en zonas esperanzadas con el resurgimiento del consumo de los aos precedentes. Desde la periferia de la pennsula ha cobrado fuerza la oposicin.

Es cierto que el discurso cataln tradicionalista presenta contornos egostas, con mensajes centrados en la exaccin fiscal de Madrid (ellos nos roban). Pero a diferencia de los flamencos de Blgica o la Liga del Norte de Italia, no enarbolan banderas contra las regiones pobres. Dirigen sus demandas impositivas contra el gobierno central. Ese mismo estandarte desencaden en el pasado grandes sublevaciones populares.

El grueso de la izquierda latinoamericana ha percibido la enorme progresividad del planteo cataln. Por eso muchos organismos explicitaron su solidaridad y algunos gobiernos radicales asumieron la defensa de esa lucha en forma contundente.

Especialmente Maduro denunci el avasallamiento de la autonoma catalana y exigi la liberacin de los presos polticos, en un momento de aislamiento internacional de los soberanistas. La violencia de Rajoy demuele su autoridad para criticar a Venezuela. All se utiliza la fuerza contra las guarimbas fascistas y no para desconocer el derecho al sufragio.

Las banderas republicanas de Catalua han sido tambin visibles en las marchas democrticas y sociales de Argentina. Los partidos de izquierda expresaron su apoyo al referndum y algunos exigieron el reconocimiento de la independencia. Pero tambin hay voces disidentes expuestas con argumentos de clase.

DIVISIN DE A LA CLASE OBRERA?

Un marxista argentino cuestiona la validez del catalanismo por sus motivaciones impositivas, en una regin que no afronta sojuzgamientos coloniales. Resalta especialmente los efectos adversos de dividir a la clase obrera por pertenencias nacionales [ix].

Ciertamente el movimiento actual incluye dos rasgos diferentes al pasado. Por un lado se nutre de la clase media y los empleados pblicos y no de la clase obrera, que en gran medida proviene del sur y es relativamente ajena al reclamo soberanista. Por otra parte la lucha nacional y social ha perdido la sintona que presentaba en la poca de Franco, como resultado del ascendente liderazgo burgus y la decreciente centralidad del proletariado.

A diferencia de otras regiones con reivindicaciones del mismo tipo (como era Quebec), el mundo sindical no sostiene al catalanismo. Pero tampoco es hostil a esa aspiracin. Lejos de apuntar contra los trabajadores el reclamo nacional tiende a sumarlos a una misma lucha.

Varias huelgas acompaaron las marchas contra la represin y los estibadores boicotearon el desembarco de los gendarmes. En la masificacin de esa accin Barcelona recupera su gran historia de sublevaciones obreras.

La convergencia de demandas nacionales y sociales es la mejor forma de unificar a los pueblos contra sus opresores. A principio del siglo XX Lenin promovi esa estrategia. Objetaba las especulaciones sobre la factibilidad econmica o poltica de los separatismos y subrayaba el simple derecho de cada comunidad a definir su porvenir nacional. Criticaba a quienes erigan un falso antagonismo entre la resistencia a la explotacin social y a la opresin nacional.

Durante la centuria pasada la izquierda breg por ese empalme en Catalua. Asumi el bilingismo y reconoci los derechos nacionales sin convalidar el independentismo. Postul soluciones federalistas, destacando los modelos de concordancia alcanzados en Suiza o inicialmente la URSS (que podran extenderse en la actualidad al estado plurinacional de Bolivia). Siempre subray el pilar republicano de opciones que suponen alguna iniciativa adicional al socialismo.

Es el mismo tipo de disyuntivas que afronta la izquierda en Medio Oriente frente a demandas nacionales de los kurdos, que son instrumentadas por Israel y Estados Unidos para suscitar tensiones con el mundo rabe. Slo tendiendo puentes entre los oprimidos de ambas partes se puede disolver esa hostilidad.

Al desconocer la legitimidad de una reivindicacin nacional, la izquierda deja un terreno vacante que invariablemente ocupa la derecha. La bandera de Catalua ha sido por ejemplo peligrosamente adoptada en algunos pases europeos por las corrientes reaccionarias.

Ignorar el problema nacional es el peor escapismo, frente a los intrincados escenarios que prevalecen en las regiones con conflictos histricos irresueltos. Las simplificaciones clasistas soslayan esos dilemas imaginando inexistentes escenarios de lucha social purificada.

VACILACIONES DE LA IZQUIERDA

Las movilizaciones de Catalua suscitan intensos debates en Amrica Latina, no slo por los estrechos vnculos histricos que existen con la izquierda ibrica. Una nueva aproximacin entre corrientes radicales de ambos continentes se registr en los ltimos aos, al comps de la emigracin y el impacto generado por Venezuela, Bolivia y el ciclo progresista en los movimientos populares espaoles. Estos procesos influyeron significativamente en la gestacin de Podemos.

Las vacilaciones de esta ltima formacin frente a la lucha catalana han contrastado con su defensa del derecho de esa regin a decidir su futuro. Ese pronunciamiento contradice la ausencia de participacin o la pasividad frente a la irrupcin callejera.

En el pico de las protestas la direccin de Podemos cuestion la legalidad del referndum, mientras que otros integrantes avalaron vagamente la consulta o concurrieron a regaadientes a su realizacin. Esas actitudes han generado una seria crisis con la rama catalana de esa corriente.

Esas indecisiones provienen de las caracterizaciones ambiguas que se han planteado de la lucha en curso. Un intelectual argentino prximo a la dirigencia de Podemos sintetiza esas ambivalencias [x]. Objeta y al mismo tiempo avala las protestas, con argumentos que apuntalan y rechazan esas acciones.

Esa postura no registra la categrica progresividad de un movimiento, que ha golpeado como ningn otro el tejido regresivo de la transicin, desafiando sus pilares neoliberales, autoritarios y monrquicos. En lugar de incentivar esa dinmica de ruptura con el rgimen se titubea, observando al movimiento como un fenmeno pasajero que obstruye el retorno a las reglas polticas del juego previo.

No registran que las soluciones federales o el estado plurinacional -que formalmente propician- nunca se conquistarn al margen de la accin directa. La conducta de gran parte de la izquierda explica por qu razn persiste la hegemona poltica del catalanismo tradicional.

Lo mismo vale para la actitud asumida por exponentes de IU que tomaron distancia de las protestas, subrayando la incompatibilidad del comunismo con el independentismo [xi]. En vez de apuntalar canales de confluencia entre ambos proyectos, suponen que estn separados por infranqueables murallas.

Bajo estas posturas subyace la esperanza de regenerar un patriotismo espaol progresista contrapuesto a los nacionalismos perifricos. Esa expectativa deriva en proximidades hacia el oficialismo y alejamientos de las movilizaciones populares de Catalua.

Slo las tradiciones de la izquierda centradas en el derecho de autodeterminacin son coherentes con la defensa de la repblica y la instauracin de formas federativas de gobierno. El camino opuesto retoma el sendero que sepult al PCE por su aval y compromiso con la transicin pos-franquista.

MAYORAS Y REPBLICA

Los atropellos de Rajoy han convertido una lucha por la autonoma en una batalla por la democracia. La indignacin que gener la represin masific las protestas y muchos sectores reacios al independentismo se sumaron por rechazo a la prepotencia centralista.

Nadie sabe cul es el nivel efectivo de apoyo al separatismo. El referndum -con alta participacin pero en medio de la represin y escollos de todo tipo- no clarific qu porcentaje de catalanes aprueba la soberana y est dispuesto a implementarla.

Las vertientes radicales del independentismo estiman que esa ruptura permitira desmontar la transicin y avanzar en un proceso anticapitalista. Pero es un sendero que requerira la conquista previa de una mayora superior a las propuestas federativas.

Ninguna de las alternativas podr igualmente prosperar sin slidas alianzas con los restantes pueblos de Espaa. La derecha conoce ese requisito y por eso alienta el chauvinismo anti-cataln. No podr lograr esa fractura si despunta una lucha unificada de todos los trabajadores y naciones del pas. Para desenvolver esa convergencia recobra actualidad la bandera de la repblica.

Luego del pico de movilizaciones alcanzado con la votacin prevalece una compleja situacin. La improvisada declaracin de independencia ha desembocado en un gran desconcierto. El PDCAT qued desbordado y nunca concibi algn plan para implementar el proceso soberanista. El PP sostiene su contraofensiva con el auxilio del PSOE y Ciudadanos, pero las manifestaciones han persistido y la prxima pulseada se librar en las elecciones de diciembre.

Rajoy suea con una victoria del campo unionista para debilitar al soberanismo e introducir drsticos cambios en la poltica educativa y lingista de la regin. Si fracasa y emerge una nueva asamblea con mayora catalanista deber negociar o prorrogar su ilegitima intervencin. La libertad de los presos y la anulacin de la intervencin ya ocupan el primer rengln de la agenda popular.

Catalua contina en el ojo de una tormenta que tensiona a todos los demcratas de Amrica Latina. En las dos mrgenes del Atlntico se desenvuelve la misma batalla contra la derecha y cualquier victoria contra Rajoy ser tambin vivida como una gran derrota de sus socios de la restauracin conservadora.

Notas

[ii] Vargas Llosa, Mario. Discurso en la marcha de Barcelona, El Pas, 9-10-2017.

[iii] Sanguinetti, Julio. La ley tiene que aplicarse, La Repblica, 28-10-2017.

[iv] Krauze, Enrique. Amrica Latina ve con preocupacin la crisis catalana, El Pas, 6-10-2017.

[v] Pagni, Carlos. Independentismo cataln con acento argentino, El Pas, 2-10-2017.

[vi] Fernndez Daz, Jorge. El referndum de la pos-verdad, jorgefernandezdiaz.cienradios.com/tag/nacionalismos/

[vii] Sarlo, Beatriz. Amrica Latina ve con preocupacin la crisis catalana, El Pas, 6-10-2017.

[viii] Aguilar Camn, Hctor. Amrica Latina ve con preocupacin la crisis catalana, El Pas, 6-10-2017,

[ix] Astarita, Rolando. Sobre nacionalismo y autodeterminacin en Catalunya, https://rolandoastarita.blog, 2017/10/0.

[x] Alemn, Jorge. Espaa y Catalua, Pagina 12, 29-9-2017.

[xi] Garzn, Alberto. "No es coherente ser independentista y comunista en el contexto cataln", Pblico, 23-10-2017.

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Claudio Katz es economista argentino, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI.
Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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