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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2017

Superar la brecha identitaria

Antonio Antn
mientras tanto


La estrategia del bloque independentista de construir un Estado independiente, una Repblica catalana, ha demostrado sus lmites y su impotencia prctica: insuficiencia de apoyo social y legitimacin popular y limitados apoyos fcticos, o sea, falta de capacidad de contrapoder o implementacin prctica de un Estado propio soberano. La Declaracin Unilateral de Independencia, como expresin poltica, no ha sido capaz de garantizar este paso decisivo del proceso, mostrando el irrealismo de sus dirigentes. Aun con un rechazo popular mayoritario y una fuerte resistencia cvica, la aplicacin del artculo 155, con el cese del Govern, junto con la intervencin estatal de las instituciones catalanas y su autogobierno, se ha impuesto por parte del Gobierno de Rajoy con la inestimable ayuda de Ciudadanos y Partido Socialista. Es una evidencia, sujeta estas semanas a polmica interpretativa, que hay que esclarecer.

Aqu tras explicar los rasgos autoritarios y centralizadores de la opcin de las derechas, me centro en el anlisis de esa incapacidad estratgica del bloque independentista para desarrollar la independencia unilateral ante el persistente bloqueo impuesto por el Gobierno del PP y las fuerzas que le apoyan. El objeto de la reflexin es aportar elementos para, una vez demostradas las dificultades de la estrategia unilateral de independencia, fortalecer una nueva estrategia y un nuevo espacio sociopoltico, superador de la dinmica de los bloques confrontados y que ponga el acento en un cambio de progreso, social y democrtico, en Catalua y en Espaa, como opcin ms realista y transformadora. Se trata de resaltar el respeto a la plurinacionalidad del Estado espaol con una actitud integradora, al mayoritario sentido doble de pertenencia identitaria, as como a la prioridad por una agenda social, la mejora del autogobierno y un acuerdo sobre los procedimientos democrticos (referndum pactado) para resolver el conflicto territorial, con legtimas y distintas opciones sobre la forma de configurar la relacin de Catalua con el resto de Espaa, y con la correspondiente reforma constitucional.

Ello es difcil con la mayora institucional de las derechas. La solucin, por tanto, pasa por la unidad de las fuerzas progresistas y de izquierda, en base a las llamadas fuerzas del cambio, para conformar una nueva mayora social y poltica alternativa que supere la fractura social y la brecha identitaria. El horizonte del cambio es, salvando la ambivalencia de los dirigentes socialistas, construir un Gobierno de Progreso en Espaa y otro en Catalua que abra un nuevo ciclo poltico democratizador, anteponiendo las demandas sociales de las mayoritarias capas populares ante esta persistente crisis sistmica, social, poltica, institucional y europea.

En consecuencia, en primer lugar, explico el concepto y la realidad de plurinacionalidad y el sentido de un proyecto de pas (de pases) desde la constatacin de la diversidad nacional y poltica de Catalua y Espaa; y, en segundo lugar, tras exponer la incapacidad estratgica del independentismo y su va unilateral de implementacin de un Estado independiente, sealo las bases de una estrategia de cambio en Catalua y el conjunto de Espaa.

Proyecto de pas

La sociedad espaola y, particularmente, la ciudadana catalana han dado muestras, en las ltimas dcadas, de madurez cvica, compromiso democrtico y valores solidarios y de justicia social. Nuestro pas o, mejor, pas de pases, es complejo y diverso, especialmente, en sus identidades nacionales. Espaa es un pas plurinacional, constituido por distintas naciones (nacionalidades segn la Constitucin) y regiones, aunque sus pueblos tampoco son homogneos. La frontera entre naciones y regiones no est clara. Esa pluralidad identitaria, cultural y poltica, no se da solo en el conjunto sino tambin alcanza al interior de los mismos territorios, sobre todo, en Catalua (y Euskadi). No hay varias naciones compactas y completamente diferenciadas entre s. Lo espaol, la pertenencia espaola, atraviesa transversalmente a la mayora de sus poblaciones y se combina, en diversos grados, con el sentimiento o pertenencia a cada Comunidad.

Veamos algunos datos de la realidad identitaria en el conjunto del Estado de la mano del CIS (Estudio n 3191 Barmetro de octubre de 2017). A la pregunta (n 26) Cul de las siguientes frases dira Ud. Que expresa mejor sus sentimientos?, las respuestas son: Se siente nicamente espaol/la, 16,1%; se siente ms espaol/la que (gentilicio C. A.), 7,5%; se siente tan espaol como (gentilicio C. A.), 53,7%; se siente ms (gentilicio C. A.) que espaol/la, 10,2%; se siente nicamente (gentilicio C. A.), 6,2%; ninguna de las anteriores (se sobrentiende localista o cosmopolita), 5,1%, y no sabe/no contesta, 1,3%. O sea, sumandos los tres segmentos que sienten una doble pertenencia, espaola y gentilicia de la propia Comunidad, llegan al 71,4%, frente a las otras dos (o tres) minoras (en el conjunto aunque relevantes en varias de ellas) con una identificacin exclusiva espaola o nacionalista perifrica (o cosmopolita)-.

El concepto de plurinacional hay que matizarlo: no solo hay varias naciones sino que esa doble identificacin mayoritaria las atraviesa; el sentimiento espaol es compatible y est presente, con diferente intensidad, en todas las nacionalidades y regiones. Espaa no es solo una suma (institucional) sino un componente de la identificacin interna y combinada que caracteriza a segmentos mayoritarios, incluso en Catalua (y Euskadi), como luego veremos.

Por tanto, ms all de la pertenencia al Estado espaol, Espaa existe como cultura transversal identificadora, o sea, recorre internamente las distintas Comunidades y conforma una sustancia relacional compartida: es base de un pas de pases. La dificultad (o la pugna interpretativa y normativa) es definir cules y qu profundidad tienen los rasgos comunes, el significado de la experiencia compartida, el peso de los sentimientos de pertenencia y los componentes identitarios respecto de un proyecto comn, y cmo se entremezclan con otros sentimientos gentilicios o nacionales, otras identidades socioculturales y los intereses compartidos.

Adems de los nacionalismos perifricos, parte de cuyos seguidores (no todos y diferenciando posicin independentista de nacionalista) son opuestos a la identificacin espaola, hay, al menos, dos ideas de Espaa en pugna histrica y con una distinta actitud respecto de la articulacin del conjunto: Una, conservadora y centralizadora, dominante y dirigida por la oligarqua espaola y la derecha (y el franquismo) que, en estos dos siglos, han fracasado en su idea de homogenizacin nacional-cultural total, al estilo de otros pases europeos, y que han solido tratar de imponerse con rasgos prepotentes o autoritarios; otra progresista y federativa (o confederal), con mayor relevancia en algunos territorios y momentos histricos, como en la I y la II Repblica y la transicin democrtica (Libertad, amnista y Estatuto de Autonoma!). Aunque dentro de la derecha ha habido posiciones descentralizadoras y dentro de las izquierdas, jacobinas (como manifiestan algunos dirigentes socialistas). Aqu, cabe aadir que la tradicin dominante del republicanismo, las izquierdas y el movimiento obrero en Catalua, desde la II Repblica (CNT, POUM) y el antifranquismo (PSUC, PSC) hasta ahora (Catalunya en Com-Podem, CCOO), ha sido federal o confederal con componentes soberanistas.

El pacto intermedio de la Constitucin de 1978 con el llamado Estado Autonmico, ha mantenido un equilibrio inestable que ha empezado a agotarse con la mayor presencia de las tres dinmicas contrapuestas, con sus apoyos institucionales y de poder: centralizadora, federativa e independentista. Ya en el proceso de su elaboracin, un padre constituyente de centroderecha, Herrero de Min (UCD) hablaba de nacin de naciones. Cules son? Espaa no es la cuarta nacin compuesta por el resto del Estado Espaol excluidas las llamadas nacionalidades histricas: Catalua, Pas Vasco, Galicia; Andaluca ya se gan en aquellos tiempos y mediante referndum su derecho a similar capacidad de autogobierno. Pero tambin tienen una singularidad especial zonas como Comunidad valenciana, Les Illes, Canarias, Navarra, incluso Aragn y Asturias. Por citar a todas las Comunidades, qu queda: ambas Castillas con Comunidades limtrofes (Extremadura, Regin Murciana, Rioja y Cantabria) y Madrid. Desde luego, ese segundo resto tampoco es Espaa, a veces simbolizado por el Madrid-Espaa, hecho en gran media de aluvin migratorio del resto del Estado como en mi caso, de origen aragons-; en todo caso, en una Espaa nueva bien podra aspirar a ser un distrito federal renovando los smbolos y compartiendo proyectos e instituciones estatales con otras capitales (por ejemplo, el Madrid de Manuela Carmena y la Barcelona de Ada Colau podran colaborar en ello).

Por tanto, (dejando aparte la significativa presencia de inmigrantes, muy diferenciados entre s por su origen latino, magreb, del Este europeo- y con caractersticas culturales y problemticas de integracin especficas) nos encontramos con una gradacin de identidades nacionales o comunitarias. stas tienen mayor o menor peso (o ninguno, en sectores cosmopolitas o a-nacionales) en distintas personas y grupos sociales, segn momentos y circunstancias. Y no necesariamente son soporte de un movimiento nacional o nacionalista (tampoco espaolista) como actitud poltico-cultural central. Adems, los nacionalismos (en plural) pueden ser ms o menos densos, moderados, democrticos y excluyentes o inclusivos, as como encajar en distintos diseos institucionales.

Ms all del patriotismo cvico, basado en la democracia y la ciudadana social, tambin los componentes nacionales se entremezclan con otros componentes identitarios (de clase, gnero, generacin, tnicos, culturales, etc.) para plasmarse en actitudes, intereses y comportamientos diversos e interrelacionados. La persona es un ser social, tiene vnculos sociales y, por tanto, experimenta, interacta y se siente partcipe con distintos grupos sociales con los que comparte dinmicas y objetivos. Y aqu el concepto de experiencia en comn, frente al individuo abstracto liberal, es fundamental para reconocer esa situacin relacional de pertenencia grupal y articularla a travs de la convivencia, la solidaridad y el dilogo intercultural bajo una cultura universalista respetuosa de los derechos humanos.

A veces, alguna izquierda ha infravalorado esa realidad (real) multidimensional de las clases trabajadoras y la necesidad de su interpretacin, representacin y conformacin en una dinmica integradora de los legtimos intereses y derechos socioeconmicos, poltico-culturales e identitario-nacionales. Para las fuerzas progresistas de base popular, la accin por la igualdad, la libertad y la solidaridad, frente a la subordinacin, la segregacin y el autoritarismo, debe cubrir todos los campos sociales y culturales. Lo social (no solo de clase) debe ir unido con lo nacional (o cultural), aun con equilibrios y contrapesos diversos. Si lo primero es clave para las clases populares (trabajadoras y capas medias estancadas o en descenso), lo segundo tambin es bsico y forma parte de su vida en comn. Bajo una tica universal democrtico-igualitaria hay que encajar las prioridades estratgicas e institucionales y la conformacin de sujetos colectivos, con sus contextos, combinaciones y preferencias, con un horizonte emancipatorio.

Diversidad nacional y poltica en Catalua

Dejamos aparte el sentido de pertenencia local y europeo (o al mundo). Comparemos esa tendencia dominante en el conjunto de Espaa y la de Catalua. Existen varios anlisis demoscpicos con distintos resultados, coincidentes en sealar esa diversidad, aunque con una asimetra poltica evidente entre la media de Espaa y, en este caso, la de Catalua.

Por ejemplo, segn la encuesta de Metroscopia, del 30-10-2017, entre sus residentes considera: slo cataln, el 19%; ms cataln que espaol, el 25%; tan cataln como espaol, el 46%; ms espaol que cataln el 5%, y slo espaol el 3%. Sumadas las personas que albergan un doble sentimiento espaol junto con el cataln, constituyen una mayora del 76%, similar (algo superior) a la media de Espaa (con el gentilicio correspondiente), y aunque una parte de ellos se haya vuelto independentista instrumental (no identitario). Dicho de otra manera, Catalua no se puede comprender sin esa doble identificacin catalana-espaola. Segn el mismo estudio, el 29% estn a favor de la independencia, el 19% a favor de seguir como ahora, y el 46% formar parte de Espaa pero con nuevas y garantizadas competencias exclusivas.

El barmetro del tercer trimestre (31-10-2017) del CEO, CIS cataln, con un muestreo ms amplio, ofrece otros porcentajes donde hay ms diferencias en el plano poltico: a la pregunta quiere que Catalua se convierta en un Estado independiente?, responde S el 48,7% (el independentismo sube 7,6 puntos desde el anterior estudio de junio), y contesta NO el 43,6% (baja 5,8 puntos) (no sabe/no contesta, el 7,8%). Est por ver el impacto de los hechos de estas ltimas semanas y si se consolida o no esa tendencia.

En la evolucin de los ltimos aos, el porcentaje de independentistas (siguiendo con los sondeos del CEO) ha estado entre 42%/48% y los no independentistas entre el 45%/50%. Ello supone un prctico empate, ya que en estas encuestas el margen de error es de 2,69 puntos arriba o abajo, es decir, el rango puede variar hasta 5,4 puntos. Por tanto, son significativas las variaciones de este ltimo trimestre, aunque hay que ver cmo evolucionan y contando que ya en los aos 2014/15 el independentismo estaba igual de alto, cercano a la mitad pero sin llegar a ser mayora.

Por otro lado, ante el impacto de la aplicacin del Gobierno de Rajoy del artculo 155 de la Constitucin con el cese y encarcelamiento del Govern y la convocatoria de elecciones autonmicas para el 21-D, segn la reciente encuesta de Metroscopia (12-11-2017), ha bajado drsticamente el porcentaje de personas que antes vean la independencia como una posibilidad real en un futuro cercano (51%) y ahora el 66% lo descartan. Habr que volver sobre ello en otro momento.

La diferencia comparativa de los distintos resultados tiene tambin que ver con el tipo de opciones propuestas: si se reducen a dos, con una polarizacin extrema, o a tres, con una propuesta intermedia, que se corresponde ms con la realidad diversa. As, a la pregunta ests de acuerdo con un Estado independiente? dicen S el 40,2%; cuando se les ofrece como alternativa la otra opcin de un Estado dentro de un Estado Federal la escogen el 21,9%, y la del actual estado de autonoma el 27,4% (o una regin de Espaa, el 4,6%). Lo relevante aqu es que ocho puntos y medio se definen independentistas si la nica alternativa a ello se supone que es el inmovilismo o statu quo; pero, si se les ofrece la posibilidad, prefieren una opcin federal (o confederal), llegando junto con una parte del otro bloque no independentista a ese destacable 22% partidario de una opcin de mayor autogobierno sin independencia (y mayoritario en los resultados de Metroscopia).

Por tanto, expresadas las tres opciones, tambin ha crecido ms de seis puntos la opcin independentista este trimestre (desde el 34,7%, porcentaje ms cercano al obtenido por la primera encuesta), pero aun as sigue siendo minora entre la poblacin. Sumadas estas dos posiciones (62,1%) los porcentajes de casi dos tercios de la poblacin coinciden con el bloque que considera que Catalua ha conseguido un nivel insuficiente de autonoma (64,6%), y que desde 2007 se ha mantenido entre el 60% y el 72%; mientras el bloque que cree que ha conseguido un nivel suficiente de autonoma es el 23%, similar durante los ltimos diez aos (5,4%, expresa demasiada autonoma). O sea, en Catalua es ampliamente mayoritaria la crtica a los lmites de la autonoma y la exigencia de mayor capacidad de autogobierno. La Constitucin y el Estatut cepillado por el Tribunal Constitucional estn agotados entre su poblacin.

Por ltimo, hay que recordar que, segn diversas encuestas, entre el 70% y el 80% de personas son partidarias de poder decidir sobre sus instituciones y su futuro, dato que se asocia a una posicin soberanista y en la que participan tambin una parte del electorado autonomista del PSC e incluso del PP y Ciudadanos. Es decir, esa corriente catalanista y relativamente transversal, ampliamente mayoritaria, est compuesta por un sector independentista (45%) y otro no independentista (hasta el 35%), con una parte del primero y, sobre todo, del segundo, con doble sentido de pertenencia identitaria, es decir, con sentimientos catalanes y tambin espaoles.

Contrastan estos datos con los del CIS antes comentados para la media estatal, aunque casi la cuarta parte se muestra partidaria de superar el marco actual, sumadas las personas que desean mayor autonoma que en la actualidad (13,4%) y el reconocimiento de la posibilidad de convertirse en un Estado independiente (10,2%) -con un 39,2% de mantenerse igual y un 28,2% con mayor centralizacin-.

Como conclusin, junto a una realidad de identidad nacional exclusiva (en sectores nacionalistas perifricos y tambin en el nacionalismo espaol) lo que predomina es el doble sentido de pertenencia a Espaa y a la correspondiente Comunidad Autnoma. Con ese diagnstico se debe articular, sobre la base de lo comn, un discurso coherente con ambas realidades, con una ptica social y democrtica, un proyecto de pas plural que es el objeto ltimo de esta reflexin.

Independencia o Gobiernos de Progreso?

El Govern de la Generalitat, actualmente cesado y procesado (o exiliado), ha fracasado en su proyecto de implementar ya una Repblica catalana, un Estado independiente. Es un hecho evidente, reconocido por los dirigentes del PDeCat y de ERC. La estrategia del bloque independentista ha mostrado sus debilidades frente al bloque de poder representado por el Gobierno de Rajoy. Sus lderes han comenzado una reflexin y una readecuacin estratgica basada en el reconocimiento de ese desequilibrio en la relacin de fuerzas sociopolticas y fcticas y de control institucional. Esperan reeditar su mayora en el Parlament en las elecciones del 21 de diciembre e insisten en continuar la construccin de la independencia, en el sentido de ampliar su base de apoyo ciudadano, as como econmico, institucional y europeo. Pero descartan (ambiguamente) la va unilateral como constitucin inmediata de un Estado soberano en confrontacin abierta con el Estado. No es la posicin de la CUP que insiste en lo acertado de la proclamacin de la independencia y exige su construccin inmediata desafiando el poder estatal y las dificultades estructurales.

Por mi parte, en un artculo publicado el da 3 de octubre en el diario Pblico (http://blogs.publico.es/otrasmiradas/11103/1-o-el-fracaso-de-rajoy/ ), valoraba el fracaso del Gobierno de Rajoy en su actuacin contra la masiva y exitosa expresin cvica del 1-O, aunque insuficiente para considerarlo un referndum vinculante; pero tambin explicaba ya los lmites del independentismo, sealando las dificultades estructurales para imponer la independencia de Catalunya. En esos momentos las expectativas sobre la proclamacin de la independencia y su implementacin prctica estaban en lo ms alto.

Los nuevos acontecimientos, con una evolucin frentica, estn claros. El Gobierno de Rajoy, con sus apoyos parlamentarios de Partido Socialista y Ciudadanos, ha aplicado el artculo 155 con el cese del Govern, a pesar de la desaprobacin popular mayoritaria en Catalua y las grandes movilizaciones democrticas y soberanistas, y ha bloqueado el despliegue o desarrollo de la Repblica catalana. Al mismo tiempo, se ha mostrado la impotencia fctica de la va unilateral desarrollada por el bloque independentista cuyos dirigentes, finalmente, han reconocido solo su carcter simblico o declarativo con renuncia a su construccin operativa. As, aun defendiendo simblicamente la legitimidad del Govern y el Parlament, han aceptado la participacin en las elecciones autonmicas para el 21-D, convocadas por el Presidente del Gobierno espaol, cuyos resultados representativos, en el marco de la nueva realidad impuesta con los equilibrios de poder manifestados, abrirn una nueva etapa.

Reafirmacin democrtica y percepcin ms realista sobre el Estado independiente

Veamos algunos datos de la percepcin de la ciudadana y su evolucin. Segn la encuesta de Metroscopia, publicada el 12-11-2017, en esas semanas de octubre tras el 1-O y el 3-O (huelga general democrtica contra la represin policial), en torno a la primera aprobacin (dejada en suspenso) de la Declaracin Unilateral de Independencia (DUI) por el Parlament el 10 de octubre y hasta su aprobacin definitiva el 27 de octubre, el 51% de la poblacin catalana consideraba factible la secesin en un futuro ms o menos cercano.

No obstante, tras la aplicacin por el Gobierno del PP del artculo 155, tras su aprobacin por el Senado con los apoyos del Partido Socialista y Ciudadanos ese mismo da, el 62%, casi dos tercios (aunque el diario El Pas transcribe el 66%) de catalanes ve poco probable la independencia de Catalua, es decir, descartan la idea de que Catalua pueda separarse de Espaa y convertirse en un estado independiente en un futuro ms o menos cercano. O sea, de la mitad pasa a un tercio los residentes que confan en la implementacin inmediata de la Repblica catalana, por mucho que la afirmen como objetivo a largo plazo.

Por otro lado, siguiendo con Metroscopia, en Catalua, el 69% de personas encuestadas muestran su desaprobacin con la gestin del Gobierno de Rajoy y, expresamente, el 61% son contrarios a la manera en que se est aplicando el artculo 155. Ya anteriormente, a la pregunta Cree que una aplicacin del artculo 155 sera beneficiosa para apaciguar la situacin actual?, haba contestado NO el 61% y S el 13% (65% entre votantes del PP). Dato que contrasta con el 61% de la poblacin espaola (incluido el 56% de los votantes socialistas) que apoya la aplicacin del artculo 155.

En relacin a la posibilidad de llegar a un acuerdo que permitiera la permanencia de Catalua en Espaa, el escepticismo social es algo asimtrico y muy fuerte, aunque ha descendido ligeramente en ambos casos. Antes, un 56% de catalanes lo vean como algo muy difcil y despus ha bajado al 49%; y otro 49% cree que an hay esperanza, porcentaje que alcanza hasta el 60% para el resto de espaoles.

No obstante, a la cuestin de La mejor manera de resolver el problema entre Catalua y Espaa es que se celebre un referndum pactado y plenamente legal sobre la independencia de Catalua en el que los catalanes decidan si quieren o no seguir formando parte de Espaa, contesta De acuerdo el 82% (la casi totalidad de independentistas y de Catalunya en Com-Podem, e incluyendo el 75% del PSC, el 57% de Ciudadanos y el 49% del PP), y En desacuerdo el 16% (el 21% del PSC, el 41% de Ciudadanos y el 43% del PP).

Por tanto, aunque la mitad de la sociedad catalana ve difcil llegar a un acuerdo es muy mayoritaria (ms de cuatro quintas partes) la aspiracin a poder decidir mediante un referndum pactado y legal su relacin institucional con Espaa. En definitiva, se combina una reafirmacin democrtica referndum pactado- como procedimiento para resolver el conflicto, se mantiene un amplio bloque independentista, cercano a la mitad, pero se rebaja a un tercio la expectativa de poder implementar de forma inmediata una Repblica catalana independiente.

La incapacidad de la estrategia independentista

Volvamos a este ltimo aspecto. La aprobacin de la Declaracin Unilateral de Independencia por la mayora del Parlament que, no olvidemos, representa solo el 47,8% de la ciudadana catalana y la aplicacin del artculo 155 de la Constitucin por parte del Gobierno del PP, junto con la actuacin del aparato judicial, han demostrado los lmites de la estrategia independentista tal como habamos avanzado. Haba, y se han demostrado posteriormente, dos tipos de razones.

Uno de carcter democrtico, derivado de los dficits democrticos de la consulta realizada, sin suficientes garantas al no estar pactada y sin interpelar en condiciones de igualdad y con una actitud inclusiva a la otra mitad de la sociedad catalana. Sus resultados no podan legitimar la independencia, tal como ha sido (y todava es) el ncleo justificativo del bloque independentista. Otro tipo de motivos eran de carcter fctico, los lmites de su contrapoder institucional (y popular) frente al poder del Estado y sus aparatos judiciales, de seguridad y econmicos, as como la falta de reconocimiento internacional.

Es decir, antes de la aplicacin del artculo 155 de la Constitucin, por parte del Gobierno de Rajoy con el apoyo de Ciudadanos y el Partido Socialista, cesando y encarcelando al Govern y procesando a parte de la mesa del Parlament, ya se podan constatar dos hechos verdaderos: primero, la ausencia de una mayora ciudadana reforzada o un consenso social y poltico suficiente que legitimase claramente el paso inmediato a un Estado independiente; segundo, la incapacidad operativa de las supuestas estructuras de la nueva Repblica y la impotencia para convertir las instituciones autonmicas en instituciones ejecutivas independientes en confrontacin con el Estado espaol: desde el propio Govern y el Parlament, pese a la insistencia en su soberana total, hasta las estructuras de seguridad (Mossos desquadra) y administrativas (por ejemplo, de Hacienda) o la capacidad de contrapoder organizado en la calle.

Ambos hechos han sido producto de interpretacin interesada e irrealista. Primero, el embellecimiento de los propios apoyos ciudadanos (que no llegaban a la mitad), confiando en su necesaria tendencia ascendente, en particular intentando absorber, neutralizar o instrumentalizar la autonoma del tercer espacio representado por En Com-Podem (y en menor medida del PSC), con infravaloracin del distanciamiento y la brecha producida respecto de la otra mitad de la sociedad catalana.

Segundo, la sobrevaloracin del poder institucional propio y su capacidad operativa independiente, que slo necesitara una cobertura jurdica propia para instaurar una legalidad contrapuesta a la del Estado espaol y ser soberano en el plano ejecutivo. De ah el idealismo discursivo y formalista del papel (poco) operativo de la Declaracin unilateral de independencia, ahora rebajada a acto simblico.

Tercero, infravaloracin del poder, la capacidad operativa y la legitimidad del contrario, el Estado Espaol, incluido el poder judicial, as como la determinacin del Gobierno del PP apoyado por la alianza del bloque monrquico y la subordinacin del Partido Socialista. No se trataba de un Gobierno fascista y desacreditado que utilizaba la violencia explcita de forma generalizada y, por tanto, fcil de desenmascarar y aislar cvicamente y en la opinin pblica europea. El Estado, que utiliz la represin abierta el 1-0, no ha tenido necesidad de utilizarla para imponer el cese del Govern; solo su gran capacidad de coercin, incluida la judicial, con una aplicacin desproporcionada de la ley vigente, ha disuadido la actitud de desobediencia del aparato administrativo o la rebelda de las fuerzas de seguridad catalanas (Mossos), as como la operatividad de las hipotticas estructuras de doble poder (Comits de defensa de la Repblica).

Cuarto, la movilizacin social democrtica de rechazo al 155 y defensa de las instituciones catalanas se ha expresado masiva y cvicamente, especialmente en las dos grandes manifestaciones, con participacin no solo independentista sino democrtica, vinculada a los comunes. Pero tampoco ha sido suficiente para impedir la intervencin del poder ejecutivo en el Govern, liberar a los presos y revertir el 155. El desacuerdo mayoritario de la ciudadana contra la intervencin del autogobierno se puede convertir en una mayor deslegitimacin del poder estatal, en particular del PP, y una mayor legitimidad para las fuerzas soberanistas, no solo independentistas. Pero en el clculo electoral tambin interviene la credibilidad poltica de las alternativas propuestas y su gestin. Y en eso, he dicho que, en el caso independentista, ha faltado fuerza y coherencia y de ah su perplejidad.

El peso del poder econmico y europeo

A todo ello se han aadido dos elementos que han afianzado la realidad y la sensacin de impotencia en el control de su economa y el aislamiento institucional al no conseguir reconocimiento internacional. As, el desplazamiento de la sede social de varios miles de empresas (ms de mil, su sede fiscal, con su impacto presupuestario), ha supuesto una demostracin de desconfianza en el proceso independentista de la oligarqua empresarial y financiera catalana, en gran parte imbricada con el capitalismo espaol, vinculada a su mercado, conectada con las estructuras econmicas europeas -y mundiales- e insertada en sus lites dominantes.

Adems, el Govern ha demostrado su impotencia reguladora, as como las desventajas de un proceso incierto fuera de la UE, que contrastaba con una supuesta superioridad y mejora econmica como pas independiente sin la rmora de Espaa, menos modernizada. Pero ese relato se ha dado de bruces con la realidad. En la lgica subyacente de la hegemona neoliberal de sus principales responsables econmicos, el Govern mantena la creencia de la bondad de las mismas polticas econmicas de austeridad y prdida de derechos laborales y sociales, es decir, de conectar mejor con las estructuras de poder econmico europeas y el poder liberal conservador al que est inscrito el dominante (hasta ahora) PDeCAT.

La gran frustracin popular por la crisis social y la responsabilidad del Govern de Mas y, despus, de Puigdemont haba sido hbilmente trasladada hacia la cuestin nacional. Su salida no era cambiar las polticas de austeridad del Gobierno de Rajoy y el bloque de poder representado por Merkel, sino esperar que un Estado independiente construyese una Catalua prspera, separada de la atrasada Espaa. La ausencia de pacto fiscal y la solidaridad impuesta en la distribucin interregional, completaban el discurso de las ventajas de la independencia: estar en mejores condiciones econmicas y materiales, beneficiosas para el conjunto de la ciudadana, incluido sus capas populares, y as constituir una alternativa de salida a la crisis con toda su secuela de desigualdad y empobrecimiento. Aqu, conviene separar dos dinmicas contrapuestas: una la econmica, con orientacin neoliberal; otra, la social de carcter progresivo. Pero el modelo social de la Repblica catalana no est claro; ms bien es el de continuidad con las polticas dominantes en Espaa y la UE. Motivo aadido para la desconfianza en amplios sectores de las capas populares.

Y la alternativa social, aparte de hacer ajustes redistributivos de lo existente, es terminar con la austeridad y los presupuestos restrictivos de gasto pblico e incrementar el porcentaje de gasto social por habitante; es decir, aumentar el conjunto de la tarta presupuestaria (incrementando los ingresos) a repartir entre las Comunidades Autnomas que, sobre todo, va a gasto pblico social (sanidad, educacin, dependencia) y que est infradotada en los presupuestos (Espaa gasta unos siete puntos de PIB menos que los pases de la UE-15, los ms avanzados de la UE). La salida debe ser progresista, no de competencia interregional-comunitaria.

En el plano internacional, la ilusin del apoyo europeo tambin ha prevalecido y se ha ido desvaneciendo. No hay ningn inters fundamental de ningn pas importante para apoyar a la nueva Repblica catalana (como fue Alemania y la OTAN- para la independencia de Eslovenia y Kosovo o las repblicas blticas para aislar a Rusia-). El Gobierno de la derecha es fiel aliado al bloque de poder europeo y la integracin poltica, econmica y geoestratgica una realidad que interesa a todos los poderes en la UE, todava ms en la incertidumbre estratgica de sus alrededores (Rusia, Oriente Medio, Norte de frica) y de las dinmicas centrpetas y xenfobas en el interior de muchos Estados. Sin una negociacin o salida pactada, la unilateralidad aada incertidumbre para los poderes europeos (y mundiales), institucionales y econmicos, que se han manifestado en contra de una Repblica catalana.

Mayoras sociales tras una nueva agenda social y plurinacional

Por tanto, el proceso independentista necesitara ms legitimidad democrtica y/o ms poder poltico-institucional (y de seguridad) y control econmico, con mayores aliados (en Espaa y en Europa), o bien un fuerte debilitamiento del poder de las derechas en el Gobierno central. En estos momentos, su debilidad comparativa es evidente: el Estado espaol es ms fuerte, especialmente en lo segundo y con suficiente respaldo legtimo, legal e internacional, en parte derivado del apoyo de la direccin socialista.

La perspectiva independentista, tras el 21-D, y aunque vuelva a ganar la mayora parlamentaria e incluso una ligera mayora de votos, todava no tendra un nivel suficiente de las dos condiciones bsicas legitimidad y poder- para desafiar con otra va unilateral al Estado Espaol, al menos con la suficiente credibilidad para ganarle. Su posible reajuste estratgico pasa por controlar el Govern, ensanchar su apoyo social y conformar estructuras soberanas como acumulacin de fuerzas y medio para negociar un acuerdo ventajoso de incremento del autogobierno. Pero, para ello, bajo la previsible nueva hegemona de ERC en el campo independentista, tendra que activar una agenda social que permitiese acercar posiciones con Catalunya en Com-Units Podem, aunque le llevase al distanciamiento con el PDeCAT, y dejar aparcada la va de la imposicin de la unilateralidad. Se abrira la nica va realista y trasformadora de verdad, progresista en lo social, democrtica y pactada en el conflicto nacional, superando las brechas identitarias, y unitaria y solidaria con el cambio poltico en Espaa (y Europa).

En definitiva, ante el conflicto en Catalua y el bloqueo autoritario y regresivo del Gobierno de las derechas de Rajoy (y Rivera), se ha demostrado las dificultades de la estrategia independentista. Solo cabe una nueva estrategia, una salida de cambio ms democrtico y ms operativo (aun con sus enormes dificultades, incluido la ambivalencia del PSOE): echar al PP por parte de las fuerzas progresistas, ganar a las derechas unas elecciones generales, con un Gobierno de Progreso en Espaa, junto con otro Govern progresista en Catalunya, con nuevas mayoras sociales y polticas que aseguren el avance hacia una agenda social (tambin en el marco europeo), una fuerte democratizacin (empezando con la lacra de la corrupcin) y un mayor acuerdo en la cuestin territorial, con una respuesta democrtica, pactada y social en Catalua y una reforma sustancial de la Constitucin.

Antonio Antn es Profesor Honorario de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid y autor de El populismo a debate, de la editorial Rebelin

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-163/ensayo/superar-la-brecha-identitaria

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