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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2017

Siete tesis de urgencia sobre la renta bsica

Manuel Caada
Rebelin


Hasta hace muy poco tiempo apareca como una idea extica, una fantasa propia de ingenuos militantes y de un puado de economistas utpicos. Pero la crisis civilizatoria que atravesamos ha terminado por ponerla en el orden del da. Ha llegado la hora de un nuevo derecho fundamental que corresponde a todos los seres humanos, un derecho universal e incondicional de todos los ciudadanos, como lo son ya el derecho a la educacin o a la salud o, en el mbito poltico, el derecho al sufragio universal (Vctor Ros). Ha llegado la hora de la renta bsica.

La idea se sita en el cruce de caminos de nuestro tiempo, en el centro de las pugnas sociales, ideolgicas, polticas y culturales. Su potencia emana justamente de ah, de su ntima vinculacin con las necesidades y el espritu de nuestra poca, de su nexo con la transicin sistmica en curso. Y, por eso mismo, saqueadores de fino olfato estratgico como el Foro de Davos o el FMI, se han puesto manos a la obra en la usurpacin y jibarizacin del concepto. Las espadas estn en alto, la lucha acaba de empezar. En apretada sntesis, estos son, en mi opinin, algunos de los nudos primordiales de la contienda:

  1. Renta bsica no es el ttulo de un libro, sino el nombre de un hacha de guerra. La renta bsica es lucha de clases.

Hay que quitar los letreros de reservado el derecho de admisin. La renta bsica no puede seguir siendo un juguete acadmico ni tampoco una rareza de guetos militantes. El lugar preferente de los debates no es ya la universidad o el local activista, sino la oficina de empleo, las barriadas sociales o las redes juveniles del precariado. El expertismo y los lenguajes de jerga ahuyentan ms que atraen. No hace falta licenciatura ni trienios de compromiso poltico para entender las cuatro caractersticas consustanciales a la renta bsica: universal, incondicional, individual y suficiente.

Hasta ahora, la renta bsica ha servido para interpretar las contradicciones del turbocapitalismo; de lo que se trata es de transformarlo.

  1. Paro, pobreza y precariedad. Renta bsica contra la normalizacin del crimen social

Petra Parejo, trabajadora autnoma hasta que se qued en el paro en el ao 2011, padece una enfermedad crnica, osteoporosis. Cuando deje de cobrar la renta mnima de insercin, 420 euros, no tendr para pagar el cuarenta por ciento de sus medicinas, por tanto se ver abocada a parar el tratamiento. Es beneficiaria de un programa de alimentos. Cuando entr a Radiotelevisin Espaola a ejercer la protesta, careca de ingresos. Y es un crimen

(Alegato final del abogado Endika Zulueta en el juicio de la renta bsica a 19 militantes de los Campamentos Dignidad).

Paro, pobreza y precariedad se entrelazan, se adensan, con su reguero de dolor y marginacin. En nuestro pas 13 millones de personas -casi el 28% de la poblacin- se encuentra en riesgo de pobreza, 2 millones se ven obligadas a recurrir a los bancos de alimentos y 6 millones, a pesar de trabajar, no alcanzan en cmputo anual, ingresos superiores al salario mnimo. La mquina trituradora del poder se aplica a producir, minuciosamente, exclusin social, a normalizar el atropello. En 2010, el 80% de los parados tenan algn tipo de cobertura, en 2017, su nmero no alcanza siquiera el 56%; cada da se consuman 166 desahucios de vivienda; cada da se producen 10 suicidios. Es la contabilidad del austericidio, la trastienda de la recuperacin econmica, el helio de angustia que eleva el siempre renovado globo de la acumulacin de capital.

La precariedad se constituye en paisaje, en el trabajo y en todos los mbitos de la vida cotidiana. La incertidumbre se erige en ley y el miedo al futuro se naturaliza. Richard Sennett habl de la corrosin del carcter, Bauman de las vidas desperdiciadas, Laval y Dardot le llamaron erosin de la personalidad. Son tentativas de descripcin del hondo malestar, del sentimiento de cerco.

La renta bsica es una necesidad para hacer frente a la banalidad del mal contemporneo: a la violencia del paro forzoso, a la coaccin muda de la miseria, al rgimen de la precariedad y de la inseguridad permanente.

  1. La renta bsica, un freno de emergencia para detener el molino neoliberal

Vivimos un cambio de poca. El calentamiento global, la robotizacin de la economa o la crisis del empleo, son algunas de las seales. Y en el timn de la crisis, para no variar, el capital financiero y la ideologa neoliberal.

El neoliberalismo es mucho ms que un conjunto de recetas econmicas. Se ha convertido en forma de vida, en sentido comn de masas. Como un calabobos ha ido empapando las conciencias, moliendo derechos y comunidades, al tiempo que instauraba la competencia como nuevo principio universal, como mecanismo regulador de las relaciones sociales. Desaparecen las categoras rico o pobre y su lugar lo ocupan las palabras triunfador o perdedor. Nos convertimos en empresarios de nosotros mismos, en peones sin tregua de la sociedad del cansancio. Pero en su fuga hacia adelante, el neoliberalismo va agigantando la crisis. Cada vez necesita ms autoritarismo y ms manipulacin. Ms clientelismo, ms nacionalismo, ms pos-verdad, ms rencor social contra los de abajo, ms populismo punitivo.

Estamos obligados a poner en pie ideas que permitan la transicin hacia otro modelo de sociedad. Frente al cambio climtico, la dictadura financiera y el paro estructural, se imponen medidas que vayan a la raz del desafo, tales como la reduccin drstica de la jornada de trabajo, las polticas de decrecimiento y contra la obsolescencia programada, o la renta bsica. O conseguimos que se abran paso esos caminos de sobriedad y solidaridad o avanzar la barbarie, la guerra entre los pobres, las nuevas formas de fascismo.

  1. Las rentas mnimas son la economa de la miseria, la renta bsica es la economa de la dignidad

Pero, como nos recuerda Ferrajoli, en la historia del hombre, no ha habido ningn derecho fundamental que haya descendido del cielo o nacido en una mesa de despacho, ya escrito y redactado en los textos constitucionales. La posibilidad de la renta bsica emancipatoria se enfrenta en este momento a tres principales resistencias combinadas de variadas formas que, simplificando, podemos identificar como el asistencialismo, el laboralismo y la renta bsica liberal, vestida con los ropajes del universalismo abstracto.

Las rentas mnimas de insercin son el dispositivo primordial del asistencialismo. En los ltimos aos, al tiempo que la renta bsica se popularizaba y ganaba legitimidad social, han proliferado las rentas mnimas de insercin, engalanadas con nombres a cual ms pretencioso (renta garantizada, renta bsica de insercin, ingreso de solidaridad, renta de inclusin). Promocionadas en la mayora de los casos desde el poder como un ejercicio de contencin del conflicto, constituyen precisamente la anttesis de la renta bsica. Son rentas que persiguen controlar a los pobres y estigmatizar la pobreza, renovando el muro de divisin en el seno de las clases populares. Un colectivo disfuncional y excluido en lo ms bajo y luego el feliz resto de todos nosotros, escriba Owen Jones refirindose de modo irnico a la demonizacin de la clase obrera en Inglaterra y la entronizacin del concepto de exclusin social. Pero, a pesar de la apariencia, la selva de las rentas mnimas est muy bien organizada, y responde cabalmente a las necesidades de la poltica neoliberal. El suplicio en la tramitacin, la arbitrariedad y subjetividad en su concesin as como el marcaje humillante de los servicios sociales son una constante en todas ellas. El clientelismo social y poltico va de suyo. Las rentas mnimas son una herramienta de produccin y reproduccin de la exclusin social.

  1. Me matan si no trabajo y si trabajo me matan. La renta bsica contra el dogal del salario

El segundo frente es el del laboralismo y la propuesta que suele presentarse en forma de contradiccin irresoluble es la del trabajo garantizado. A pesar de que acostumbra a enunciarse como una crtica de izquierdas, su incompatibilidad con la renta bsica parte de unos supuestos muy endebles. Para empezar, de una confusin evidente entre trabajo y empleo. Claro que el trabajo es estructurador de la vida y lugar de socializacin, claro que constituye un fundamento ontolgico del ser humano. Pero el empleo asalariado es, solamente, una modalidad histrica del trabajo, la que caracteriza al capitalismo. Que el trabajo, es decir nuestra forma de estar y ser en el mundo, de relacionarnos con la naturaleza, de ser naturaleza, de encontrar en ellas los recursos de nuestra subsistencia, se constituya bajo el capitalismo en una condicin sometida a la voluntad de quienes detentan, usurpan, gestionan y usufructan los medios de produccin es algo totalmente absurdo (Constantino Brtolo). La renta bsica puede ser un resorte contra la desmercantilizacin de la fuerza de trabajo, contra el poder disciplinador del desempleo y, sobre todo, un fondo de resistencia contra la explotacin laboral. Por otro lado, la puesta en marcha de planes de trabajo socialmente tiles (cuidado de dependientes, refuerzo de la educacin y de la sanidad pblica, proteccin y reforestacin de bosques, servicios culturales, deportivos y recreativos, rehabilitacin de edificios) son perfectamente compaginables con la implantacin de la renta bsica.

Pero quizs el adversario ms peligroso lo constituyan las visiones liberales de la renta bsica. El objetivo de los especuladores y mercaderes de Davos, Silicon Valley o el FMI, repentina y sorprendentemente interesados en esta proposicin, est claro: quieren desmantelar los estados del bienestar lo que queda de ellos- a cambio de la renta bsica. Una renta a modo de cheque que sustituya y de paso mercantilice- la educacin, la sanidad o los servicios sociales.

La renta bsica emancipatoria puede y debe responder a los tres envites. Frente a la economa de la miseria, la economa de la dignidad. Frente a la explotacin laboral, un baluarte que garantice las necesidades materiales. Y frente al individualismo posesivo y el slvese quien pueda, la semilla de una sociedad alternativa con fuertes vnculos comunitarios.

  1. O la renta bsica de Davos y la Troika o la renta bsica de las plazas, esa es la partida

Hasta hace bien poco tiempo las objeciones fundamentales que se planteaban a la renta bsica eran tres, a saber, de dnde saldra el dinero, si no era injusto que la percibiesen gentes como Botn y si no se trataba de una utopa. Hoy el debate ya es otro. Nadie sensato duda de la viabilidad econmica tras conocer las cantidades destinadas al rescate a los bancos (60.000 millones de euros), el coste de los delitos de corrupcin (90.000 millones anuales) o el ingente volumen del fraude fiscal (otros 90.000 millones), por poner solo tres ejemplos. Y es fcil de entender que la renta bsica ha de ir acompaada de una reforma fiscal progresiva. Claro que hay dinero para la renta bsica, el problema no es econmico, es poltico. Nos falta la fuerza social para imponerla.

Deuda o renta, los bancos o las personas, austericidio o emancipacin, renta de Davos o renta de las plazas. La disyuntiva no es ya tanto si habr renta bsica o no, sino cul ser la orientacin de la misma. O se impone la de ellos, un subsidio de contencin, un dispositivo ms para continuar el festn de los ricos, o vence la nuestra, una herramienta que una lo urgente y lo deseable, la respuesta a la inseguridad y el empobrecimiento y, al tiempo, una alternativa orientada a promover y a realizar otra idea de sociedad (Ferrajoli). Que la balanza se incline hacia un lado u otro, depender de la fuerza de los contendientes, de su inteligencia y determinacin, de su capacidad hegemnica.

  1. Sin conflicto, no hay cambio. Sin empoderamiento, no habr renta bsica

No soy un cliente, ni un consumidor, ni un usuario del servicio. No soy un gandul, ni un mendigo ni un ladrn. No soy un nmero de la Seguridad Social o un expediente. Siempre pagu mis deudas hasta el ltimo cntimo y estoy orgulloso. No acepto ni busco caridad. Me llamo Daniel Blake, soy una persona, no un perro, y como tal exijo mis derechos. Yo, Daniel Blake, soy un ciudadano, nada ms y nada menos.

Yo, Daniel Blake (Ken Loach)

En Espaa, a lo largo de las dos ltimas dcadas, ha ido tomando cuerpo un movimiento difuso a favor de la renta bsica. Es el producto de una sementera tenaz en la que han participado investigadores y estudiosos como Ramiro Pinto, Jos Iglesias, Daniel Ravents, Carolina del Olmo, Cive Prez, David Casassas, Amaia Prez, scar Jurado, Carmen Castro o Jorge Moruno, entre muchos otros y colectivos como Baladre, la Red Renta Bsica, Arenci, los Campamentos Dignidad o la Fundacin de Investigaciones Marxistas.

Pero ha sido, sobre todo, en los ltimos seis aos cuando la propuesta se ha extendido entre amplias capas de la poblacin. Apareci con fuerza en las plazas, de la mano del 15M y, despus, la ILP estatal y las Marchas de la Dignidad la convertiran definitivamente en una de las puntas de lanza del movimiento popular. En 2015, nacera la Marea Bsica, un movimiento que forman colectivos integrados por personas que sufren el paro o la precariedad, y desde entonces la lucha no ha dejado de crecer. Huelgas de hambre como las de Ramiro Pinto, Juanjo Huerta y -recientemente, reivindicando la renta bsica andaluza- Paco Vega, Demetrio Cano, Mario Arias y Feliciana Mora, y multitud de acciones de protesta y desobediencia por todo el territorio, puestas en pie por colectivos como Parados en movimiento de Valladolid, las Sillas del Hambre de Valencia, los Campamentos Dignidad de Extremadura, la Marea Bsica de Madrid o Catalua, la campaa por el cumplimiento de la Carta Social Europea.

Todo ese riqusimo proceso de organizacin y lucha constituye el embrin de algo mucho ms grande, el sujeto social de la renta bsica. Un movimiento plural, con acentos y ritmos diversos, que no disocian la realidad y las ideas, que pelea el horizonte desde el apoyo mutuo y la pugna por el pan cotidiano. Un movimiento no para la gente comn, sino de la gente comn, en el que adquieren centralidad los procesos de empoderamiento.

La renta bsica puede ayudar a construir una alianza social entre sectores de la poblacin que han estado tradicionalmente de espaldas o se miraban con recelo. La crisis puso patas arriba el imaginario de clase media, la promesa universal de ascenso, el corporativismo, la religin de la meritocracia. Y hundi en la miseria a sectores importantes de las clases trabajadoras. La renta bsica puede ser un cauce de unidad popular, que una al cani y al informtico, al parado de la construccin y a la becaria posdoctoral, a las kellys y a los teleoperadores, a todas las astillas de las clases trabajadoras.

En marzo de 2018, tendr lugar una Marcha Bsica contra el paro y la precariedad. La primera de las columnas ya tiene calendario, saldr el 10 de marzo de Len para llegar a Madrid el 24 de marzo. Esta primavera la movilizacin por la renta bsica y por los derechos sociales puede dar un salto de gigante. El camino se llama dignidad.

Manuel Caada es miembro de los Campamentos Dignidad de Extremadura y de la Marea Bsica

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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