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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2018

Ritos desfondados en el choque de los nacionalismos

Jos Antonio Prez Tapias
Ctxt

El traspaso de pretensiones de absoluto o las tentaciones para incurrir en planteamientos fundamentalistas son fuentes de catastrficas recadas en la antipoltica


Hasta los ritos han fallado. En verdad, hemos fallado nosotros, como se reconoce al decir que ha sido un fracaso colectivo que el conflicto entre Catalunya y el Estado espaol haya llegado al punto en que est, incluso tras las elecciones del 21 de diciembre pasado. No es slo cuestin de estrategias y discursos, de reivindicaciones y clculos, de leyes y legitimidades El fracaso es ms hondo, y a ello se apunta cuando a l se vincula la fractura abierta en el seno de la realidad social catalana. Con ese fracaso tiene que ver un vaciamiento de los rituales polticos que, siendo seal de una grave impotencia, es la seal del fracaso de una poltica, como dice el antroplogo Marc Aug al constatar lo que hay de fondo en la incapacidad para que los rituales cumplan su funcin. Porque si el dficit ritual es sntoma de que va mal algo ms que la poltica en su normal desenvolvimiento, el vaciamiento de los rituales es el sndrome de que ha colapsado lo poltico como medio por el que se asegura el sostenimiento del orden social. Motivo aadido de preocupacin, en el caso que nos ocupa, es que ese agrietamiento del orden social, afectando a Catalunya, se extiende al Estado espaol como tal. No debe extraar que as sea, toda vez que el ritualismo poltico es el propio de una actividad extendida hasta alcanzar al conjunto de la sociedad de que se trate. Por ello podemos anticipar que no habr solucin para el conflicto de Catalunya si, adems de articular las necesarias vas legales para una salida y las imprescindibles medidas polticas para avanzar hacia una resolucin del mismo, no hay tambin una recomposicin de los rituales que permita reconstruir todo lo daado en el orden simblico.

Conviene advertir que al reflexionar sobre ritos no estamos hablando de lo superfluo. Si no slo de pan vive el hombre es porque, adems y entre otras cosas, necesita ritos. Es a travs de los ritos como se vehicula simblica y colectivamente el sentido de la vida social hablando de los rituales polticos que en nuestras sociedades secularizadas, aunque no estn del todo ni bien secularizadas. Con los ritos, accin institucionalmente pautada a travs de cuya recurrencia, conmemorando o anticipando hechos, quedan investidos de sentido los acontecimientos a travs de los cuales la comunidad se constituye. Sin los ritos, la vida social se hunde en el marasmo anmico del sinsentido. El socilogo Emile Durkheim insisti en ello machaconamente. Hay que tener en cuenta que todo ritual tiene un componente religioso, sea el de las religiones explcitamente vividas como tales, sea el de una poltica que al solaparse con lo social presenta en sus rituales fuertes analogas con los que la religin ofrece. La articulacin simblica del sentido es lo que siempre est en juego.

No obstante, si hay que ser conscientes de que en lo poltico opera un resto de dimensin religiosa de lo social, no menos ha de tenerse en cuenta lo peligroso que es vivir religiosamente la poltica. El traspaso de pretensiones de absoluto o las tentaciones para incurrir en planteamientos fundamentalistas son fuentes de catastrficas recadas en la antipoltica, incluso en lo totalitario. Ello es as porque al confundirse poltica y religin en sociedades donde qued atrs la indiferenciacin del pasado, se rompe el equilibrio que debe guardar el rito entre la lgica de la identidad que lo mueve y la lgica de la alteridad que requiere. Cuando, por ejemplo, los nacionalismos se exacerban ocurre precisamente que ese equilibrio se pierde, exagerndose lo identitario y perdindose de vista la alteridad a travs de la cual la misma identidad ha de medirse necesariamente como relativa. Pero como nunca hay de hecho un nosotros sin otros, lo que sucede es que la presencia ineliminable de otros activa la reaccin hipertrofiada del nosotros. Ocurriendo eso, tanto por el lado de unos como de otros, ello da lugar al choque de los nacionalismos que se disputan la hegemona sobre una comunidad que, quebrada en su unidad, se ve arrojada a la escisin.

Cuando chocan nacionalismos debido a la desmesura de sus respectivas y desequilibradas pretensiones, el rito, puesto al unilateral servicio de cada parte, deja de funcionar en lo que habra de ser su tarea simblica de mediacin. Dado que dicha tarea no se desempea en un plano supraestructural alejado de la facticidad de lo social, sino en medio de un entramado de tupidas relaciones, organizaciones sociales e instituciones polticas, cuando su funcin se ve bloqueada es porque esos espacios de mediacin a travs de los cuales se teje el orden simblico se ven muy alterados. Se puede apreciar as como, en Catalunya, cuando a la extrema polarizacin de los partidos polticos le acompaa el decaimiento de organizaciones sociales como los sindicatos o la ocupacin por cada parte de espacios que se monopolizan, sea un parlamento o sea la calle, la mediacin simblica que las instituciones estn llamadas a cubrir se hace imposible. Tal impotencia lleg, en Catalunya, a su propio Govern y al mismo Parlament, y, por el otro lado, al propio Estado y a su gobierno central. Y cuando se rompen los cauces de la mediacin simblica, los caminos del reconocimiento resultan cegados y el dilogo, por tanto, es imposible. No hace falta insistir mucho en cmo va con todo eso la construccin de relatos de significado inverso, con lo cual ese mnimo de mito en su mejor sentido de referencia simblica compartida- que se articula con todo rito queda igualmente destrozado. Su papel queda reemplazado por las mitificaciones de cada parte para exaltacin de lo propio en detrimento de lo ajeno, movilizando cada cual parcialmente a los suyos sea en torno a ideas sobrecargadas de contenidos insostenibles por ejemplo, las relativas a la soberana-, sea en torno a objetos saturados de significado como las banderas-, con la acentuada finalidad de mover emociones, aunque se dejen atrs las razones.

No es fcil recomponer un cuadro social y poltico tan maltrecho. Cada parte por s sola no podr hacerlo, pues el mero hecho de buscarlo as, ahuyentando toda mediacin efectiva, conducira a la profundizacin del fracaso inutilizando los mismos rituales que se seguiran desplegando. Ha de saberse que los smbolos no se inventan sin ms; son material sensible de la herencia cultural que llega hasta nosotros. Igualmente, los rituales no se improvisan, so pena de condenarlos a la falsedad de lo vanamente impostado. Y los relatos, cuando se dejan en manos de emociones primarias ajenas a la elaboracin que las transmutaran en positiva pasin poltica, slo sirven para calentar la demagogia de los peores populismos.

Para abrir cauces de dilogo efectivo, que no es mero intercambio de limitados argumentos en torno a intereses segn correlacin de fuerzas, es imprescindible, por tanto, rescatar los ritos polticos en su potencial de sentido, conjugando afirmacin de la identidad y reconocimiento de la alteridad. Quiz muchos puedan reconocer que tal cobertura simblica es la que no han tenido, con todo lo que se les supone como ritual poltico, las elecciones recientemente celebradas, con su resultado de reproduccin a cara de perro de la situacin previamente dada como era previsible-. Y puede que no sean menos los que vislumbren que an queda una oportunidad inmediata para rescatar los ritos requeridos por una vida social en comn articulada en torno a instituciones polticas compartidas. Tal oportunidad es la constitucin del Parlament recin elegido por la ciudadana catalana para proceder a la necesaria investidura de quien haya de presidir el Govern de la Generalitat. Ello es crucial para el porvenir de Catalunya dejando atrs el nefasto 155, por ms que se haya considerado imprescindible-, y no lo es menos para el Estado espaol, pues no en poca medida le va tambin en ello su futuro.

Dir, para concluir, que el invento de Tabarnia, como esa hipottica comunidad autnoma que podra escindirse de Catalunya aduciendo motivos supuestamente similares a los esgrimidos por el independentismo para separarse de Espaa, me parece, aun con sus pretensiones satricas y con la intencin de ser espejo en que los secesionistas vean su caricatura, un mal truco. Su puesta en circulacin no oculta su origen en el resentimiento de un nacionalismo espaolista que se ve adems impotente para ofrecer una alternativa al soberanismo que sea consistente y creble. En este caso, los significados que se articulan a travs de la fantaseada Tabarnia no corren a favor de la reconstruccin de la mediacin simblica que el conflicto de Catalunya reclama, sino en direccin contraria. La parodia, en este contexto, es broma de mal gusto que redunda en la reafirmacin identitaria unilateral, alejando posibilidades de reconocimiento de la alteridad.

Jos Antonio Prez Tapias es miembro del Comit Federal del PSOE y catedrtico y decano en la Facultad de Filosofa de la Universidad de Granada. Es autor de Invitacin al federalismo. Espaa y las razones para un Estado plurinacional. (Madrid, Trotta, 2013)
@japtapias

Fuente: http://ctxt.es/es/20171227/Firmas/16979/perez-tapias-catalu%C3%B1a-21-d-elecciones-independentismo.htm



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