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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2018

La fuente de la violencia en la Argentina

Atilio A. Boron
Rebelin


En pocas de crisis como los que vive la Argentina se clarifican las posturas de los actores polticos y sus representantes intelectuales. Si en tiempos de paz social estos pueden ocultar con la ayuda de los medios las contradicciones sociales recurriendo a alambicadas argumentaciones y a las abstrusas categoras tericas del posmodernismo, cuando el orden social comienza a crujir los intelectuales del sistema arrojan por la borda toda pretensin de imparcialidad y objetividad y se embanderan sin recato alguno en la defensa de uno de los gobiernos ms conservadores y oligrquicos que haya tenido la Argentina a lo largo de su historia. Si se sola sealar la experiencia de la dcada infame o de los gobiernos oligrquicos a partir de 1880 para ilustrar lo que era una dictadura clasista -dictadura no tanto por su forma como por el contenido de sus polticas- con el macrismo se produce una reencarnacin de aquellos modelos anteriores al proceso de democratizacin fundamental que, pese a sus contradicciones, trajo aparejado la irrupcin del peronismo en la Argentina.

Lo anterior viene a cuento de una nota publicada das pasados por Luis A. Romero en La Nacin en donde nos alerta sobre los peligros que el resurgimiento de la violencia entraa para la democracia argentina. [1] La rigurosidad que este autor exhibe en sus escritos acadmicos se desvanece por completo en este verdadero panegrico del macrismo. Cmo puede decirse, por ejemplo, que ( E)n la plaza, grupos de manifestantes agredieron a las fuerzas de seguridad y pretendieron invadir el recinto donde deliberaban los diputados? No vio acaso que, pocos das antes, el Jueves 14 una manifestacin completamente pacfica fue acosada y brutalmente agredida por la Gendarmera y cuyo desproporcionado despliegue de fuerza desat la respuesta violenta de una fraccin minscula infiltrada por algunos agentes provocadores como se constat al da siguiente- de los centenares de miles que haban asistido a expresar su rechazo al procedimiento profundamente anti-republicano empleado por el gobierno para sacar de prepo una ley fundamental. El maniquesmo o la ceguera de que hace gala nuestro autor se horroriza por la violencia cuando un condenado por el sistema arroja una piedra pero contempla con buenos ojos cuando el gobierno militariza por completo la zona del Congreso, reprime manifestantes indefensos y extorsiona a gobernadores, senadores y diputados para conseguir una votacin favorable a su proyecto. Esto no es violencia (simblica, poltica, institucional), lo otro s.

Mal que le pese a Romero y a los intelectuales y publicistas amigos de la Casa Rosada quien promovi este infausto espiral de la violencia fue el gobierno de Mauricio Macri. Para vergenza de la bancada oficial fue sta quien solicit al presidente de la Cmara de Diputados que impidiera la presencia de organizaciones sociales de jubilados y pensionados y de excombatientes de Malvinas en las galeras para que el pueblo fuese testigo directo del debate. Cuando se discuti la famosa Resolucin 125, en el 2008, hubo pblico en las galeras pero, claro, en ese momento segn los apstoles del macrismo la Argentina viva bajo el influjo de una asfixiante dictadura. Ahora que supuestamente estamos en democracia el pblico no pudo hacerse presente en la Cmara, se qued afuera y encima lo apalearon y gasearon. Es por eso que, estrictamente hablando, este gobierno debe ser caracterizado como una democradura, hbrido que contiene algunos elementos de carcter democrtico (el acceso a la Casa Rosada se realiz por la va electoral) pero con crecientes inclinaciones de sus principales personeros para adoptar las metodologas autoritarias de control poltico propias de las dictaduras. Por ejemplo, el avance en el amordazamiento de la prensa y, desgraciadamente, operaciones como la realizada la noche del Lunes 8 de enero cuando una reedicin de los siniestros grupos de tarea de la dictadura irrumpieron con violencia en las oficinas de abogados defensores de los derechos humanos, destruyeron equipos y archivos, robaron laptops y documentacin, y dejaron un claro mensaje: quienes se opongan a los designios del gobierno debern estar dispuestos a sufrir esta clase de represalias y otras an ms severas. Desde los tiempos de la dictadura no se haba producido un hecho de estas caractersticas, frecuentes en aquella poca pero desterrados desde 1983. Sin duda, estamos en presencia de una tenebrosa involucin que ha sido cuidadosamente ocultada ante los ojos de la opinin pblica por los medios hegemnicos. [2]

Por eso la distincin entre las mltiples formas de la violencia es un requisito fundamental para realizar un anlisis serio del asunto. Se dir que esto es un anacrnico reflejo setentista, pero tal insinuacin slo medira la magnitud de la ignorancia de quien opine de esa manera. En la tradicin socialista, comunista y anarquista hace ms de ciento cincuenta aos que se maneja esa distincin entre la violencia legalizada e institucionalizada del Estado que acalla, somete, encarcela o liquida a sus enemigos siempre apelando a la ley, y la violencia reactiva, defensiva, del pueblo, que a veces se rebela y no se resigna a ser enviado al matadero. Hay que recordar adems que la violencia legal del estado se ejerce casi siempre con el acompaamiento de formas paralegales de violencia privada, tolerada y en muchos casos subrepticiamente promovida y amparada por el estado. Tal fue el caso en la Argentina de la Liga Patritica que realiz pogromos y matanzas obreras en la primeras dcadas del siglo veinte; o en la Alemania de finales de la Primera Guerra Mundial la actividad de los Freikorps que apaleaban a militantes socialistas y comunistas y que luego asesinaron a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht con la complicidad del gobierno socialdemcrata de Friedrich Ebert; y en Estados Unidos, esa vibrante democracia tan admirada por los voceros del macrismo, fue el Ku Kux Klan (ahora informalmente rehabilitado por Donald Trump) quien se encarg de poner en su lugar a los negros que luchaban contra la herencia de la esclavitud y postergar por cien aos su incorporacin a la vida poltica del pas. Esta violencia oficial y paraoficial, decamos, no puede ni debe ser equiparada a la respuesta defensiva de las vctimas, invariablemente los pobres, los explotados, los subyugados.

Siendo esto as, cmo obviar la responsabilidad en el inicio de la violencia de un gobierno que pretendi nada menos que nombrar por medio de un Decreto de Necesidad y Urgencia a dos miembros de la Corte Suprema. No es acaso violencia atentar contra el estado de derecho como lo hace la Casa Rosada, que entre otras cosas ha prohijado una deplorable involucin jurdica que hace que en este pas todos sus habitantes se encuentran en libertad condicional, por lo que cualquiera puede ser enviado a prisin sin juicio previo y sin condena alguna? Pese a la reprobacin universal de esta prctica aberrante y tan poco republicana y el reclamo de la Comisin Interamericana de Derechos Humanos el gobierno nacional no se arredra y prosigue con su poltica. Ah estn los casos de Milagro Sala, dos aos presa sin condena, y buena parte de los detenidos en Ezeiza y Marcos Paz en situacin similar. Un gobierno, adems, que por boca de la Ministra de Seguridad le confiri a las fuerzas de seguridad interna una especie de licencia para matar, como el famoso agente 007. El resultado: Santiago Maldonado, muerto a consecuencia de un operativo de la Gendarmera y todava hoy caratulado por el juez como desaparicin forzada y el fusilamiento por la espalda de Rafael Nahuel, en Bariloche en un supuesto combate contra guerrilleros mapuche.El ex Ministro de la Corte Suprema de la Nacin y actual juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Eugenio Ral Zaffaroni, enumer 32 violaciones al estado de derecho en una carta dirigida al actual Secretario de Derechos Humanos, Licenciado Claudio Avruj que an espera respuesta. Esas transgresiones son la fuente de la cual brota la violencia. Sin embargo, ninguna de ellas fue tomada en cuenta por Romero en su nota. El fervor ideolgico oficialista someti la rigurosidad del historiador. [3]  

Alarmado por la gran movilizacin popular en contra de una ley profundamente impopular (aproximadamente el 75 por ciento en todas las encuestas conocidas se manifest contrario a la reforma previsional) y los pacficos y masivos cacerolazos que tuvieron lugar varias noches en numerosos barrios de la ciudad de Buenos Aires, olmpicamente ignorados en su artculo, Romero exhuma la vieja desconfianza de las elites oligrquicas ante el protagonismo plebeyo y nos recuerda que la Constitucin Nacional ( E)stableci taxativamente que el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes. En efecto, el nefasto (por antidemocrtico) artculo 22 de la Constitucin Nacional dice, textualmente, que ( E)l pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitucin . Toda fuerza armada o reunin de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de ste, comete delito de sedicin. O sea, prohibido deliberar, dejemos que la clase dominante y sus representantes polticos e ideolgicos se encarguen de ello; y prohibido tambin peticionar a las autoridades porque tal osada configura el delito de sedicin. En otras palabras, la parte dogmtica de la Constitucin, redactada en 1853 y que qued al margen del proceso de reforma de 1994, condena al pueblo a convertirse en una variante especial de los metecos de la Antigua Grecia que ser extranjeros carecan de derechos ciudadanos. En la Argentina actual an los nacionales son metecos, pues derechos elementales de reunin, deliberacin y peticin a las autoridades les son vedados y considerados actos sediciosos. Pero existen las clases sociales y hay gobiernos y gobiernos. En el pasado reciente la ferocidad represiva ejercida a mediados de Diciembre estuvo ausente. Primero, porque la protesta social no estaba criminalizada en aquellos aos y adems porque quienes se reunan y pugnaban por obtener una legislacin favorable a sus intereses eran gentes de bien: los sojeros y sus inslitos aliados de una izquierda extraviada que trat de darle un cierto tono plebeyo a sus reivindicaciones oligrquicas cuando durante cuatro meses cortaron rutas y amenazaron con no liquidar el producto de sus exportaciones si se aprobaba la Resolucin 125; o las grandes marchas convocadas por el Ingeniero Juan C. Blumberg exigiendo una reforma del Cdigo Penal que instituyera la mano dura para evitar la reiteracin de crmenes como el perpetrado contra su hijo Alex. En ninguno de estos dos paradigmticos casos quienes hoy se rasgan las vestiduras por la insolencia de empleados, obreros y jubilados de pretender frenar una legislacin reaccionaria dijeron una sola palabra de condena ante aquellas manifestaciones y sus correspondientes peticiones que abiertamente contrariaban los preceptos constitucionales. Pero eran gentes de bien y el kirchnerismo no criminalizaba la protesta social. Hoy quienes toman las calles son gentes del comn, trabajadores, y el gobierno s criminaliza la protesta social. Es lamentable que la reforma de la Constitucin realizada en 1994 no hubiera abolido este artculo que contradice la letra y el espritu de la democracia: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, segn la conocida frmula de Abraham Lincoln, hasta ahora insospechado de simpatas kirchneristas o izquierdistas.

Es que fiel al ideario del liberalismo y a la tradicin republicana estadounidense, la derecha verncula siempre concibi al pueblo como una amenazante gran bestia que debe ser mantenida a raya sin compasin ni miramientos. Esta imagen reaparece peridicamente en la derecha argentina, desde el desprecio por el negro y el gaucho en distintos momentos del siglo diecinueve. No trate de economizar sangre de gauchos aconsejaba Domingo F. Sarmiento a Bartolom Mitre, fundador del diario La Nacin. Descrdito y odio que luego se dirigira, a comienzos del siglo veinte, hacia el conglomerado criollo inmigratorio examinado por Jos Luis Romero en sus estudios sobre la historia argentina. Tambin la infame caracterizacin del peronismo como un aluvin zoolgico hecha por el diputado radical Ernesto Sanmartino hasta llegar a la formulacin ms edulcorada de Romero hijo cuando observa que la multitud que pretende sustituir a sus representantes se expresa con vehemencia o que en las jornadas motivo de su anlisis el pueblo hablaba a travs del reducido grupo de violentos, organizados para provocar a las fuerzas de seguridad. En otras palabras: el pueblo no delibera ni dialoga sino que vocifera, se expresa a los gritos y apela a la violencia, verbal o fsica. [4] Los centenares de miles que se manifestaron pacficamente no cuentan para el historiador, estn invisibilizados; como tampoco cuentan quienes se expresaron en los cacerolazos nocturnos durante varios das durante la discusin de la nueva ley. La asociacin del pueblo o lo popular con la violencia tambin se expresa en la desafortunada intervencin periodstica de Romero cuando dice que en el peronismo no hay mucha teora, pero s una rica experiencia prctica, cultivada por guardaespaldas, barrabravas y otros afines. Ofuscado por los acontecimientos el riguroso historiador quem toda su biblioteca y escribi esa frase autodescalificatoria reveladora de una profunda incomprensin de la historia argentina. Y como un bonus track nos ofrece un parrafito para la RAM, invento de los servicios y de la prensa canalla para estigmatizar a los mapuche y justificar la militarizacin de la poltica y la brutalidad con que ese pueblo originario es tratado por el gobierno. Tan ridcula es toda esta historieta de la RAM, la Resistencia Ancestral Mapuche, un grupo presentado como terrorista y la versin local del jihadismo islmico, que en un gesto lindante con el suicidio el presidente Macri fue a tomar sus vacaciones en la zona de influencia de esa supuesta organizacin guerrillera. Es como si Donald Trump hubiese ido a vacacionar en Al Raqa, la capital del califato. Por favor, un mnimo de seriedad!

Romero tampoco parece haber considerado positivamente una de las principales enseanzas de Nicols Maquiavelo en Los Discursos cuando deca que ... quienes condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma, y que se fijan ms en los ruidos y gritos que nacan de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeron. En toda Repblica hay dos espritus contrapuestos, el de los grandes y el del pueblo, y todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunin de ambos. [5] Obviamente que el republicanismo de los macristas nada tiene que ver con la tradicin republicana de Maquiavelo sino que es tributaria de la codificacin profundamente antidemocrtica del republicanismo gestada por los padres fundadores de los Estados Unidos, como ha sido observado por numerosos analistas norteamericanos, entre los cuales Noam Chomsky y cuya tesis hemos reseado en la nota a pie de pgina precedente.

La alusin a la desprestigiada democracia representativa ocupa un lugar central en la argumentacin de Romero y, en general, de todos los intelectuales adscriptos, de una u otra manera, al macrismo. Cabe preguntarse: Representativa de qu, o de quienes? Son pocos los politlogos que hoy se atreven a defender el carcter representativo de las democracias capitalistas. Por empezar, la composicin clasista de los representantes poco o nada tiene que ver con la de sus supuestos representados. Tomemos el caso de Estados Unidos, la autoproclamada democracia ejemplar del planeta. All nada menos que el 50 % de los senadores y representantes (268 sobre un total de 535 de ambas cmaras) son dueos de una fortuna de un milln de dlares o ms. Representativos? S, del 1.5 % de la poblacin estadounidense que tambin es duea de un milln de dlares pero no del resto. En la Argentina hay aproximadamente un 30 % de pobres y el 12 % de la poblacin habita en villas de emergencia. Pero entre los 257 diputados no hay ni un pobre, ni uno que venga de las villas o de la economa popular. [6] Una simple comparacin entre los sueldos de los diputados que votaron esa ley y lo que ganan las vctimas de esa pieza legislativa sirve para ilustrar lo inmoral y escandaloso de esta legislacin. Quienes percibieron en el ao 2017 un sueldo de137.610 pesos mensuales (ms 20.000 pesos de gastos de representacin) no tuvieron el menor escrpulo para ensaarse con los haberes de los jubilados que en su mayora perciben el haber mnimo de 7.246 pesos que con la nueva ley pasaran a tener un incremento de 413, llegando as a un ingreso mensual de 7.659 pesos, la vigsima parte de lo que embolsa un representante del pueblo y menos que la mitad de la canasta bsica de consumo de los jubilados, estimada en 17.500 pesos segn declaracin de Eugenio Semino, Ombudsman de la Tercera Edad. [7] En un pas en el cual desde tiempos inmemoriales los ricos evaden o eluden el pago de impuestos; en el que las grandes fortunas y las grandes empresas encuentran mil y una maneras de burlar al fisco, fugar capitales y hallar refugio en parasos fiscales; en el que el gobierno suprimi las retenciones en el agro y redujo la de las exportaciones sojeras y elimin las de la minera y el petrleo; en suma, pudiendo extraer los recursos necesarios para reducir el dficit fiscal entre los ms ricos, los que concentran la riqueza, los representantes del pueblo se volvieron contra los sectores ms dbiles e indefensos y descargaron sobre ellos todo el peso del ajuste. Difcil encontrar una inmoralidad mayor en la historia contempornea de la Argentina.

Si por la composicin social de los parlamentarios, tan distinta a la de sus presuntos representados, la idea de la representacin queda desmentida por los hechos, las polticas concretas que respald el Congreso tampoco permiten hacerse demasiadas ilusiones acerca de su vocacin por representar los intereses del demos. La legislacin aprobada en estos dos aos a partir de proyectos enviados por la Casa Rosada tuvo un sesgo permanente: redistribuir en un sentido regresivo ingresos y rentas, favoreciendo a los sectores adinerados y recortando los de la gran mayora de la poblacin. Es por consideraciones similares a esta que en Estados Unidos ya son cada vez ms los que hablan de la involucin poltica desde una democracia hacia una plutocracia. Y en la Argentina, pas de extremos, esta degradacin es an ms marcada. Si algo faltaba para comprobarlo fue la designacin que hiciera la revista Forbes de Marcos Pea, Jefe de Gabinete de Marcos Pea, como el CEO del ao. El nico detalle disonante es que la Argentina no es una empresa sino una nacin. Pero el hecho de que una revista como Forbes le otorgue esa dudosa distincin habla bien a las claras que para la comunidad internacional de negocios y para los grupos dominantes de la Argentina esta es un mercado y no una nacin, y que sus jefes polticos son apenas CEOs y nada ms que eso. Por eso la defensa que hace Romero de la democracia representativa es el canto del cisne de una forma sociopoltica que hace mucho tiempo pas a mejor vida. Si algo ha hecho e macrismo es transparentar con una claridad inigualable la naturaleza de clase de su proyecto de refundacin regresiva del capitalismo. Una suerte de menemismo recargado pero en condiciones ms difciles tanto por el contexto internacional, enrarecido por la inocultable declinacin de la hegemona norteamericana y las turbulencias que esta provoca, y por la temprana reaccin popular ante el ajuste, los tarifazos y la escalada inflacionaria que devora el poder de compra de gran parte de la poblacin. La respuesta combativa demor casi siete aos en adquirir un carcter masivo durante la gestin de Menem: los piquetes de Cutral C y Plaza Huincul son de 1996 y 1997, y si bien hubo algunas protestas organizadas por los gremios afectados por las privatizaciones y la desregulacin de la economa estas fueron dbiles, aisladas y carecieron resonancia nacional. [8] Ahora, en cambio, los tiempos se acortaron sensiblemente en esta tercera tentativa de refundacin neoliberal del capitalismo argentino, luego de la dictadura (Martnez de Hoz) y el menemismo (Alsogaray y Cavallo), y en menos de un ao ya se desat un crescendo de movilizacin popular que alcanz un pico impresionante en las jornadas del 14 y 18 de diciembre del 2017. La prensa hegemnica y los escribas del macrismo se empearon en ocultar a esos dos grandes hechos de masas convirtindolos en una noticia policial. Lo importante, lo nico de lo que hablan la prensa canalla y los voceros oficiales y oficiosos del gobierno es de la refriega entre un pequeo sector de manifestantes (infiltrados por agentes provocadores, como ya se dijo) y no de las dos grandes manifestaciones populares y los cacerolazos nocturnos.

Un par de consideraciones finales: uno, cmo es posible soslayar un dato tan duro como el que un significativo nmero de integrantes del gabinete presidencial de Mauricio Macri proceden del sector financiero o de las ms grandes corporaciones transnacionales? [9] No se le puede escapar a la mirada de un historiador que esa fraccin de la clase capitalista ha ejercido una influencia nefasta en nuestro pas, especialmente desde los aos de la dictadura cvico-militar de 1976 en adelante. Y que si esa gente hoy gobierna a la Argentina lo hace, fiel a su historia y consciente de sus intereses, a favor de los ms ricos y en detrimento del resto, poblacin sobrante en el mejor de los casos o masa de indeseables para la cual la mejor poltica es la que est aplicando el macrismo: una inhumana limpieza social, equivalente a la srdida limpieza tnica que tuvo lugar en los Balcanes en los aos noventas. En la Argentina de Macri indigentes, jvenes sin educacin ni trabajo, pobres de varias generaciones y adultos mayores estn siendo progresivamente sometidos a una variante de lo que el ya aludido jurista Eugenio R. Zaffaroni ha denominado genocidio por goteo. En su tiempo Martnez de Hoz deca que a este pas le sobraban diez millones de habitantes. Actualizada, la cifra sera hoy el doble. No le dice nada esto a Romero? Puede ignorar que quienes protagonizaron las grandes manifestaciones reprimidas y dispersadas por las fuerzas del orden (de qu orden nos hablan?) fueron impulsados a tomar las calles ante la conviccin de que el gobierno planea su lento, silencioso pero implacable exterminio. De qu otra manera podemos llamar a una poltica que va progresivamente reduciendo los haberes jubilatorios a la vez que se suprimen del PAMI gran parte de los medicamentos gratuitos que antes se les entregaba a jubilados y pensionados? Con menos dinero para alimentacin y gastos esenciales y menos dinero para adquirir medicamentos los jubilados y pensionados estn condenados a muerte. Y encima de eso se planea elevar la edad mnima para poder acceder a los beneficios de la jubilacin.

Segunda y ltima consideracin: atendiendo a las razones arriba expuestas, dnde se encuentra la gnesis de la violencia, quin es el que la ejerce bajo una diversidad de formas? El que aplica unas polticas conducentes a un verdadero holocausto social de enormes proporciones o el que se resiste a morir y se enfrenta con piedras y palos a las fuerzas de seguridad? Romero es un fiel exponente del sentir de gran parte de la galaxia cultural del macrismo: los intelectuales plegados al proyecto y el inmenso ejrcito de publicistas y medios de comunicacin que bombardean sin pausa a la sociedad con su desinformacin programada. Unos y otros cultivan con inusual malicia y perversidad las artes de la posverdad y la plusmentira. Por eso la batalla cultural, uno de cuyos componentes es la lucha por la democratizacin de la informacin y de los medios de comunicacin, es crucial para el futuro de las democracias. En la Argentina el desafo violento a la democracia nace en las entraas del gobierno y solo podr ser neutralizado si este abandona sus polticas que conducen a un holocausto social a favor de los ricos y poderosos y, en lugar de ello, se preocupe como dice el Prembulo de la Constitucin Nacional, de promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino. Nada de esto es lo que est haciendo el gobierno y es esa, y no otra, la fuente de la cual brota la violencia. Est en sus manos acabar con ella, y ser su responsabilidad ante la historia haberla promovido e incentivada con sus polticas y su estilo desptico y prepotente de gestin gubernamental.

Notas:


[1] La democracia enfrenta un nuevo desafo de la violencia poltica, disponible en http://www.lanacion.com.ar/2097259-la-democracia-enfrenta-un-nuevo-desafio-de-la-violencia-politica  

[2] Ver https://www.pagina12.com.ar/88153-un-robo-con-el-tufillo-de-los-servicios Ni Clarn ni La Nacin informaron a sus lectores sobre un hecho tan grave como este.

[3] La citada carta se encuentra disponible en: https://www.pagina12.com.ar/sites/pagina12/files/inline-files/cartazaffaroniavruj.pdf

[4] Sobre este tema de la gran bestia ver la entrevista que el autor de estas lneas hiciera a Noam Chomsky en Tras el Bho de Minerva. Mercados contra Democracia en el Capitalismo de Fin de Siglo (Buenos Aires: Fondo de Cultura Econmica, 2000) En esa entrevista Chomsky subraya el talante profundamente antidemocrtico de la tradicin republicana estadounidense. Hablando de uno de los padres fundadores, Alexander Hamilton, el lingista norteamericano afirma que fue l quien plante el tema con toda su crudeza: el pueblo es la gran bestia que debe ser domada. Por eso aconsejaba ensear a los farmers independientes y dscolos de las rebeldes colonias americanas an recurriendo a la fuerza en caso de necesidad que los ideales contenidos en los panfletos revolucionarios no deban ser tomados al pie de la letra. En suma: la gente comn no deba ser representada por otros de su misma clase sino por la aristocracia, los comerciantes, los abogados y otros de probada responsabilidad y patriotismo en el manejo de los asuntos del estado.

[5] Cf. Discursos sobre la Primera Dcada de Tito Livio, Libro I, captulo IV

[6] Cf. Martn Granovsky, entrevista a Juan Grabois: El vicio de Macri es la violencia, en Pgina/12, 2 Enero 2018. Disponible en:

https://www.pagina12.com.ar/86373-el-vicio-de-macri-es-la-violencia Por supuesto, no todos los diputados y senadores provienen de las clases adineradas de este pas. Queda todava un buen grupo que procede de las capas medias y algunas del universo popular. Pero los que prevalecen son los otros.

[7] Entrevista de Luis Novaresio a Eugenio Semino en Radio La Red: https://www.lared.am/novaresio-910/eugenio-semino-la-canasta-basica-jubilados-esta-encima-los-17-mil-pesos-es-inexplicable-querer-decir-que-se-puede-vivir-7-mil-20171213-n1523181.html

[8] Hubo un antecedente a lo de Cutral Co y Plaza Huincul: la poblada conocida como el santiagueazo de diciembre de 1993 que hizo devorar por las llamas la sede de los tres poderes del estado provincial y las casas de los principales polticos de Santiago del Estero. Pese a la radicalidad de la protesta, no logr convertirse en un hecho poltico nacional y desencadenar reacciones similares en el resto del pas como s ocurri con las acciones que se escenificaron en Cutral Co y Plaza Huincul.

[9] Cf. Paula Canello y Ana Castellani, Todo el poder para los CEOs, en http://www.nuestrasvoces.com.ar/entendiendo-las-noticias/poder-los-ceos/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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