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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2018

Resea
Habitar el presente: una lectura de Ahora, del Comit Invisible

Amador Fernndez-Savater
eldiario.es

La libre eleccin es hoy nuestra jaula. La imposibilidad para vivir aqu y ahora es su consecuencia


La asombrosa realidad de las cosas / es mi diario descubrimiento / Cada cosa es lo que es, / y es difcil explicarle a nadie cmo me alegra esto / y cunto me basta. / Basta existir para sentirse completo

(Alberto Caeiro)


El pensamiento crtico reprocha a nuestra sociedad vivir aplastada en un presente perpetuo: un presente cerrado sobre s mismo, sin apenas memoria del pasado ni proyecto de futuro. Nuestro problema, desde esta perspectiva, es que vivimos a corto plazo, en lo inmediato, con el presente como nico horizonte posible. Sobre todo la gente ms joven. Y lo que nos hace falta es recuperar el sentido histrico -porque slo el pasado esclarece el presente- y la facultad de la esperanza, la apertura a otros futuros posibles.

Pero, estamos seguros de esto? Vivimos realmente instalados en el presente, es ese nuestro problema?

No se dira si consideramos la cantidad de gente que acude hoy a terapia para que le ayuden a recuperar la capacidad de vivir aqu y ahora porque su cabeza no para nunca de viajar entre lo pendiente y lo posible: mails por contestar, entregas que acabar, nuevos proyectos que abrir, etc.

No se dira si consideramos lo extendido que est el llamado sndrome FOMO (fear of missing out), esa sensacin recurrente de estar perdindote algo, de que la vida de los dems es ms interesante que la tuya, de que algo va a pasar y no es ah donde t ests; la compulsin bulmica a consumir experiencias de vida, a pasar de una a otra sin estar nunca aqu y ahora.

No se dira si consideramos la multiplicacin de cronopatologas: la percepcin de que el tiempo se acelera, de que no hay suficientes horas y de vivir permanentemente en una fuga hacia adelante que hace imposible la experiencia de un tiempo pleno y completo, el disfrute de una duracin (estar con gusto, estar en algo).

No. No vivimos excesivamente instalados en el presente. Es un error del pensamiento crtico contemporneo, un desfase entre la teora y la experiencia cotidiana. Nuestro problema ms bien es el contrario: la incapacidad generalizada para estar aqu y ahora, la erosin de la atencin. No vivimos encerrados en ningn presente perpetuo, sino en un tiempo contrado entre los pendientes y los posibles.

Este me parece que es el corazn y uno de los hilos centrales del ltimo libro del Comit Invisible, titulado significativamente Ahora. Un libro abarrotado, como los anteriores, de poderosas imgenes, reflexiones y sugerencias para captar el presente en clave de transformacin social.

Ni la mejor terapia, ni el mejor cursillo de mindfulness pueden modificar las condiciones de vida que nos generan tanto malestar. En el mejor de los casos, nos ayudan a elaborar de un modo ms positivo nuestra relacin con ellas, minimizando los daos. En el peor, nos ensean a vivir bien en un mundo que est mal, fomentando la anestesia y la desconexin de lo comn como vas de salida y curacin.

La propuesta del Comit Invisible es muy distinta: entender lo que nos pasa desde una crtica radical de la vida cotidiana y pensar el cambio social como un ejercicio de atencin plena a las potencias que laten ya en las situaciones que atravesamos (y nos atraviesan). Revincular la regeneracin de nuestras capacidades y la transformacion de nuestras condiciones de vida, la sanacin y la revolucin.

La uberizacin del mundo

Qu est pasando? Cmo hemos perdido el presente, quin nos lo ha robado? Segn el Comit Invisible, la explicacin hay que buscarla en la expansin del dinero como mediacin de toda relacin social, la mercantilizacin generalizada.

Pensemos en lo que representa por ejemplo la llamada economa colaborativa, Uber o Airbnb. Es la extensin de la racionalidad instrumental en mbitos y espacios donde an no haba penetrado: a partir de ahora un cuarto vaco en casa o un asiento libre en el coche sern vistos como ocasiones de negocio aprovechadas o perdidas. Se puede calcular sobre cualquier trozo de la realidad... y la precariedad azuza.

Existencialmente, el trabajo ha perdido centralidad en nuestras sociedades porque ya no lo hay, es precario e intermitente, no estructura slidamente la vida. Pero a la vez todo se ha vuelto trabajo: una fiesta es la ocasin de hacer contactos, estar en las redes sociales es un modo de ganar visibilidad, las relaciones sociales son consideradas un recurso (hay que distinguir primero entre relaciones que aportan y relaciones txicas), etc.

Nuestras destrezas, capacidades y saberes son capital humano que debemos cuidar y gestionar. Somos a la vez el producto, el productor y el vendedor del producto. Cada cual su propia empresa, guiada por el esfuerzo constante de autovalorizacin.

El Comit Invisible cita la novela de Bernard Mourad Los activos corporales, que recrea la ficcin de un capitalismo extremo en el que las personas pueden salir a bolsa como sociedades unipersonales en el marco de la Nueva Economa Individual. Pero no se trata de ninguna ficcin, sino de la exageracin de la realidad que ya vivimos. Especulamos constantemente sobre nuestro valor: hay que hacerse creble, merecer crdito, que nos acrediten; aumentar nuestra apreciacin, atractivo y reputacin. Por cierto, Mourad fue consejero especial de Emmanuel Macron en las ltimas elecciones francesas.

El capital se hace mundo y produce su humanidad. Y quienes llevan esta tendencia al extremo son curiosamente nuestros hroes (y heronas): los futbolistas, los actores, los youtubers, los autores de xito, etc. Compadezcmoslos, nos dice el Comit Invisible, porque viven peor que nadie: en un tour de auto-promocin permanente, encadenados a un capital-reputacin que gestionar sin tregua, obligados a gustar a un pblico cada vez ms abstracto. Son dinero viviente.

En definitiva, la humanidad se vuelve optimizadora. El clculo prdida-ganancia, la bsqueda de rentabilidad y la evaluacin utilitaria de todo (nuestro cuerpo, nuestros saberes, etc.) se aplican en cualquier momento y lugar. Incluso los pocos gestos gratuitos que nos permitimos -un regalo, un don, un favor- se valoran en vistas a un beneficio futuro. Hacemos fracking en el subsuelo de la tierra y en el subsuelo de nosotros mismos.

Pero, cmo se relaciona todo esto con la cuestin del tiempo, del presente, del aqu y ahora?

Es muy sencillo: ya nada es lo que es, sino lo que podra ser, lo que podramos ganar con ello. Siempre puede haber algo ms, algo mejor. Mejor que la persona que tengo al lado, mejor que el lugar en el que me hallo, mejor que lo que estoy haciendo. Vivir aqu y ahora implica una renuncia insoportable a lo que podra ser, es de losers.

El dinero todo lo difiere, dice el Comit Invisible. Vivimos escindidos: estamos aqu, pero tambin all, al acecho de algo ms. Nada alegra o basta por s mismo, nada es completo y redondo en s mismo. La vida est en otra parte. Lo existente se nos aparece en forma de opciones, equivalentes e intercambiables, y siempre puede haber una mejor. La libre eleccin es hoy nuestra jaula. La imposibilidad para estar-ah y la incapacidad para estar-con son sus consecuencias.

El tejido de las situaciones

Contra qu atenta esta expansin totalitaria del mercado? Qu perdemos de vista cuando optimizamos? Con qu dejamos de tener relacin?

No es el yo o el verdadero yo, como nos dicen tantas filosofas teraputicas o New Age, sino el mundo y la vida entendidos como una multiplicidad infinita y concreta de situaciones que nos atraviesan y constituyen.

Como explica Juan Gutirrez, somos seres abiertos y engarzados a otros seres. Vivimos vinculados con los otros, pero tambin con las cosas, los lugares, las mquinas y los dems seres vivos. La memoria nos engarza con los muertos y los no-nacidos heredan las consecuencias de nuestros actos. Somos engarces, siempre singulares, de un tejido del que tambin somos tejedores.

Por tanto, el territorio de resistencia no es el Yo, sino los entramados materiales y simblicos en los que estamos inscritos, que somos. Lugares vivos por los que sentimos apego, situaciones de vida que nos conciernen, vnculos que nos hacen y deshacen. Todo lo que nos afecta, nos concierne, nos apasiona, nos sostiene o nos ata a la vida. Ese tejido es nuestro aqu y ahora. El primer gesto de revuelta es percibirnos inmersos en esa trama, en esa gigantesca malla.

Segn el Comit Invisible, la actual fragmentacin del mundo es una ocasin para percibirnos mejor en ese plano de realidad. En qu sentido?

Por todas partes estallan las formas de lo Uno: las formas trascendentes, centralizadoras y homogneas de organizar la vida en comn. La Ley y el Derecho, ideadas para una ciudadana indistinta y abstracta, se pulverizan en mil decretos, normas y legislaciones de excepcin con vistas a cuestiones o sujetos especficos; el Estado-nacin se ve hoy superado por arriba (debe doblegarse a poderes globales) y cuarteado por pulsiones independentistas, secesionistas o autonomistas por abajo; las identidades fuertes (la Humanidad, el Trabajador) ya no funcionan como polos de identificacin; y la biografa, como narrativa unitaria y coherente del Yo, se desmigaja en una sucesin de estados, como nuestros perfiles de Facebook.

Podemos sin duda lamentar este desmantelamiento. Deplorar la disolucin de las viejas formas de pertenencia e identidad. Criticar, desde el resentimiento hacia el presente, el caos que emerge y prolifera por todos sitios. Hay buenas razones: la fragmentacin es tambin choque y guerra civil entre distintas formas de vida, multiplicacin de burbujas autorreferenciales, aislamiento y babelizacin.

Pero tambin es posible, como sugiere el Comit Invisible, abrazar la fragmentacin. En el fondo, las formas de lo Uno recubrieron siempre con abstracciones los vnculos situados que somos: territorios, apegos, comunidades, hermandades y sororidades. La fragmentacin los pone por el contrario al descubierto, los hace visibles.

En lugar de quejarnos de lo que ya no hay y debera haber (Estado, padre, sindicatos), podemos sumergirnos en el caos del presente, ver tambin sus potencias, aprender a relacionarnos con l sin distancia, la distancia de un Ideal, de un Modelo de cmo deberan ser las cosas. Partir de lo que hay para generar los vnculos, los lugares, los saberes y las comunidades que nos hagan ms fuertes, ms libres y ms felices.

La poltica y lo poltico

El Comit Invisible nos dice: el tejido de las situaciones de vida es el plano de realidad donde habitan las potencias de transformacin del mundo. Es decir, la potencia est ah donde estamos, no en otra parte.

Pero la concepcin clsica de la poltica nos dirige todo el rato hacia esa otra parte. Nos tienta siempre en un mismo sentido: abandonar las situaciones de vida, juzgadas como demasiado limitadas, pequeas o aisladas, para empezar a jugar en otro dominio ms serio, ms global: el poder poltico, el Estado, las instituciones, etc.

"La poltica se piensa as como una esfera particular, separada y diferente de la vida cotidiana, donde se decide sobre lo general, sobre lo de todos. Una esfera que es siempre propia de especialistas y expertos: los polticos o los militantes revolucionarios que aspiran a sustituirlos, tanto da.

Lo importante nunca est aqu y ahora, en este pedazo de realidad concreta que comparto con estos otros tambin concretos, sino siempre ms arriba, ms all, ms tarde. En el Estado, en la dimensin europea de las luchas, en la revolucin venidera...

Este planteamiento reproduce las condiciones de espera en dos sentidos al menos:

En primer lugar, se abandona el plano vital donde habitan las potencias, instrumentalizndolo y vacindolo para mejor asaltar los cielos, pero pronto se descubre que el cielo del poder es un lugar de pura impotencia. Es intil esperar por ejemplo que Manuela Carmena o Ada Colau vayan a detener por s solas la gentrificacin que vuelve inhabitables nuestras ciudades mientras los dems seguimos con nuestra vida igual. Y es intil tambin criticarlas por ello: es la queja del consumidor iluso al que le haban prometido otra cosa. Criticar es otra manera de esperar.

En segundo lugar, se genera una militancia permanentemente insatisfecha, ansiosa y que salta de una cosa a otra sin profundizar en nada. Se crean y se abandonan colectivos, los vnculos se vuelven muy instrumentales, la angustia es permanente. Porque nada vale en s mismo, todo es medio para un fin (que nunca llega). Y si todo es medio para un fin, nunca hay verdadera presencia, nunca hay verdadero presente, nunca hay verdadera plenitud.

De ese modo, el militante poltico est aquejado finalmente de los mismos males que el empresario de s mismo neoliberal: agobiado en mil proyectos, corriendo como el hamster en la rueda, siempre proyectando "algo ms", desea secretamente que lleguen las vacaciones para desconectar. Es muy importante pensar esto a fondo: el mercado y la poltica son dos figuras del nihilismo, es decir, dos formas de la desvalorizacin del aqu y ahora en nombre de un ms all. Dos figuras de la falta.

El Comit Invisible sugiere distinguir la poltica de lo poltico. Lo poltico no sera una esfera o un dominio propio. No sera un nombre, sino un adjetivo. Es decir, no ocurre ms all de las situaciones de vida, sino que es una cierta intensificacin o declinacin de estas.

Lo que hay aqu y ahora no es restringido, limitado o pequeo, como nos dice la concepcin clsica de la poltica, sino infinito. Slo desde aqu podemos entender lo que ocurre all, como slo tras el atentado de 2004 en Madrid pudimos entender lo que ocurra a diario en Irak. Slo desde ahora podemos relacionarnos de forma viva con el pasado, que tambin fue un ahora y slo puede volver a cobrar vida si lo leemos desde las bsquedas del presente.

No se trata de pasar de lo pequeo a lo grande. Porque eso que llamamos grande, general o global no es sino un compuesto de situaciones particulares, un efecto de conjunto de una multitud de interacciones inmediatas y minsculas. Cada situacin contiene en s mismas todas las potencias: se trata de desplegarlas. Y de producir nuevos compuestos, nuevos entrelazamientos entre ellas.

Desmercantilizar

Recapitulamos: nuestro problema no es vivir excesivamente instalados en el presente, sino en un tiempo contrado entre la lista de los pendientes y la proyeccin de los posibles.

Esta contraccin del presente tiene que ver con la expansin totalitaria de las relaciones de mercado a toda la vida social: cualquier espacio, cualquier momento se vuelve una ocasin de negocio. Nunca es lo que es, sino lo que podra ser.

Vivir el presente pasa por percibirnos inscritos en situaciones y vinculados con otros, engarces de una inmensa malla donde tambin tejemos y destejemos. La fragmentacin actual del mundo es una oportunidad para percibir con ms claridad los aqu y ahora concretos que nos constituyen.

La potencia de transformacin late en esas situaciones de vida y no en otra parte. Pero la concepcin clsica de la poltica redirige siempre nuestra atencin y nuestro deseo hacia un ms all: ms lejos, ms arriba, ms tarde.

"Lo poltico es un adjetivo y no un nombre. Es una cierta elaboracin de las situaciones. Cul? La fuga de la economa: la desmercantilizacin radical de la vida y el mundo. La experiencia del comunismo.

El Comit Invisible habla mucho de amor en Ahora, lo que seguramente incomodar, sorprender o irritar a ms de uno. A qu viene mezclar el amor con la poltica? No es la emancipacin una cuestin de voluntad, compromiso militante, estrategia y poder (o contrapoder, que es lo mismo pero al revs)?

La emancipacin es caracterizada en este libro como una experiencia de continuidad con los otros y con el mundo. No estamos solos, no empezamos y acabamos en nosotros mismos, nos prolongamos unos a otros y prolongamos el mundo. Lo comn es una experiencia de continuidad sensible a travs de los vnculos. Pero, qu vnculos?

Si el Comit Invisible habla tanto de amor -tambin de amistad, pero menos que en A nuestros amigos- es porque se trata de la experiencia ms comn y masiva de un vnculo en interioridad. El amor nos ensea que no slo existen las relaciones instrumentales.

Mientras que la relacin instrumental es de quita y pon (la quitamos y nos quedamos igual), el vnculo en interioridad nos constituye: duele si hay separacin porque perdemos un trozo de nosotros mismos.

Mientras que el vnculo instrumental est animado por el clculo prdida-beneficio (o la estrategia medio-fin), el amor no echa cuentas: es un vnculo des-interesado, afinitario, apasionado.

Mientras que el vnculo instrumental es libre como el de un contrato (siempre revocable), el vnculo en interioridad nos compromete, nos implica, nos obliga como un pacto.

Desmercantilizamos la vida y el mundo cuando construimos situaciones de vida a travs de los vnculos en interioridad. Vnculos entre los seres, entre los seres y los lugares, entre los seres, los lugares y los objetos, entre los seres, los lugares, los acontecimientos, etc.

En las zonas desmercantilizadas, las cosas pueden resplandecer de nuevo porque son inconmensurables. Pueden permanecer singulares porque no tienen precio.Pueden volverse concretas porque ya no son equivalentes ni intercambiables.Llevan la recompensa en s mismas. Estn aqu y ahora.

Es el comunismo. No un rgimen poltico, sino un mundo. El mundo ms all de la economa en el que la riqueza se define por la abundancia de tiempo y de vnculos. El mundo que se puede habitar plenamente y no slo a medias, el mundo de la presencia. No un horizonte utpico, sino una experiencia. La experiencia de continuidad con los seres y el mundo. Una experiencia presente, una experiencia del presente.

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/habitar_plenamente-Comite_Invisible_6_726237396.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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