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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-02-2018

Qu estrategia para la izquierda?

Juan Dal Maso
La Izquierda Diario

A propsito del artculo de Javier Balsa Pensar la estrategia poltica a partir de los aportes de las nuevas lecturas sobre la obra de Gramsci


En un reciente artculo publicado en Batalla de Ideas, Javier Balsa (en adelante JB) recapitula sobre los aportes de algunos estudios gramscianos recientes para repensar el problema de la estrategia poltica desde la perspectiva de una izquierda popular.

Parte de una afirmacin que parece razonable: en ciertas experiencias recientes, asociadas con las construcciones polticas de los gobiernos progresistas latinoamericanos, o relacionadas con ellos, el rol de las bases se limita al plano de lo tctico (combates parciales), mientras las cuestiones que se podran denominar estratgicas (utilizacin de los combates parciales para ganar la guerra) quedan reservadas a las conducciones.

El objetivo del autor es entonces retomar la discusin estratgica, partiendo de resaltar su pertinencia y necesidad. Para esto, intenta dar una visin sobre los problemas del Estado, la poltica y las alianzas de clases, recurriendo a ciertos conceptos gramscianos tal cual han sido analizados y reconstruidos en estudios de los ltimos aos. El objetivo del artculo es ambicioso en tanto busca plantear fundamentos tericos para pensar la accin poltica de una izquierda popular.

El artculo es una invitacin al debate ya que busca realizar un uso de la teora gramsciana para realizar una indagacin poltico-estratgica ligada al pasado reciente y al presente y al mismo tiempo incorporar lecturas de Gramsci que persiguen una mayor precisin filolgica que la cita de ocasin. Iremos analizando algunas de sus principales afirmaciones.

Relaciones de fuerzas, Estado integral y sindicatos

JB destaca particularmente que en los Cuadernos de la crcel Gramsci desarrolla una lectura del marxismo en la cual el par conceptual estructura-superestructura (entendido en lneas generales como que la economa determina la poltica) es superado. En su lugar, Gramsci establece una construccin conceptual ms compleja y flexible al mismo tiempo que es la de las relaciones de fuerzas, segn la reconstruccin filolgica realizada por Giuseppe Cospito en su libro El ritmo del pensamiento de Gramsci [1]. Asimismo, entre otras categoras, toma la del Estado integral (dictadura + hegemona) como una conceptualizacin que permite superar la distincin rgida (l dice fuerte) entre sociedad poltica y sociedad civil.

Desde esos fundamentos, siempre segn el autor, se podra pensar los procesos de cambio social revolucionario estableciendo una relacin complementaria entre movimientos sociales y Estado. Si bien seala que la perspectiva de Gramsci no excluye la lucha directa por el poder, ni la lucha poltico-militar [2], lo central del artculo pasa por repensar la hegemona en los marcos de la democracia pero buscando algunas alternativas para ir ms all de un progresismo superficial.

Desde una concepcin no instrumentalista del Estado, JB rescata la interpretacin de Giuseppe Vacca, quien sostiene que para Gramsci no es el instrumento de dominio de una clase, sino la organizacin territorial de la comunidad que toma forma del conjunto de la superestructura compleja a travs de la cual se ejercita la hegemona de una parte sobre el conjunto de la nacin.

La contraposicin entre el Estado como organismo de una clase y como organizacin de un sistema hegemnico no tiene mucho sentido en la medida en que todo sistema hegemnico reviste determinaciones de clase. La organizacin misma en Estado supone que la representacin del inters de clase no puede ser solamente corporativa, sino que debe revestirse con un discurso que postula algn tipo de universalidad (derechos del hombre y el ciudadano en la forma liberal, temticas del pueblo o la nacin en las variantes populistas). En la discusin del Estado integral entran a jugar sin embargo otras cuestiones, principalmente la necesidad de modificar las formas estatales ante la irrupcin de las masas en la primera posguerra y la ocupacin por el Estado de los espacios que antes pertenecan a la sociedad civil. En este sentido, Gramsci sealaba:

Parece que el nico camino para buscar el origen de la decadencia de los regmenes parlamentarios es ste, o sea investigar en la sociedad civil; y ciertamente que en este camino no se puede dejar de estudiar el fenmeno sindical; pero una vez ms, no el fenmeno sindical entendido en su sentido elemental de asociacionismo de todos los grupos sociales y para cualquier fin, sino aquel tpico por excelencia, o sea de los elementos sociales de nueva formacin, que anteriormente no tenan vela en este entierro y que por el solo hecho de unirse modifican la estructura poltica de la sociedad. Habra que investigar cmo ha sucedido que los viejos sindicalistas sorelianos (o casi) en cierto punto se hayan convertido simplemente en asociacionistas o unionistas en general. Quiz el germen de esta decadencia estaba en el mismo Sorel; o sea en un cierto fetichismo sindical o economista (C15 47, redactado en mayo del 33) [3].

Reforma del parlamentarismo o rgimen representativo de nuevo tipo?

Relacionada con esta reflexin se encuentra su hiptesis de que en estas formas de ejercicio del poder, los sindicatos y partidos juegan un rol de polica. Y ms en general se puede pensar el surgimiento del Estado integral, con su superacin relativa de la distincin entre pblico y privado, como una forma de llevar hacia el corporativismo las tendencias a la democracia sovitica que se dan en la Revolucin rusa y el posterior ascenso de lucha de clases 1917-1923, dado que son precisamente esas formas de auto-organizacin de masas las que plantean antes que el propio Estado, la necesidad de superar la divisin entre pblico y privado bajo la forma de la divisin entre ciudadano y productor. Hacia fines de los aos 30, tanto en EE. UU., la URSS, los pases fascistas o democrticos de Europa y Amrica Latina, las organizaciones sindicales se encuentran integradas de hecho o de derecho al Estado. En sntesis, el Estado se reorganiza para neutralizar la lucha de clases y la auto-organizacin de las masas.

En este contexto, resulta difcil sostener, como hace JB siguiendo a Vacca, la afirmacin de que Gramsci no persigue la destruccin del Estado burgus sino una reforma radical del rgimen parlamentario, dado que estos cambios en las formas estatales que se sintetizan en la categora de Estado integral implican una especie de crisis permanente del parlamentarismo y formas polticas que Gramsci engloba bajo la categora de parlamentarismo negro, en las que las luchas de intereses se desplazan fuera del parlamento: el ejemplo modlico es el corporativismo fascista, pero la reflexin est conectada al anlisis de formas intermedias entre el parlamentarismo clsico y el bonapartismo, a partir de las cuales Gramsci sostiene la necesidad de un rgimen representativo de nuevo tipo (C14 49, redactado en febrero de 1933). La expresin resulta un poco vaga, pero contextualizada en la reflexin gramsciana sobre Estado, polica, burocracia, y parlamentarismo negro y las reflexiones de Gramsci sobre la formacin y extincin del Estado obrero, resulta difcil sostener simultneamente el abandono por Gramsci de una definicin de clase del Estado y la propuesta de una reforma del rgimen parlamentario [4].

Revolucin pasiva

JB toma en cuenta la categora de revolucin pasiva, definida por Gramsci como revolucin restauracin en la que slo el segundo trmino es vlido (C10 II 41 XVI, redactado entre agosto y diciembre de 1932), es decir procesos de modernizacin o de cambio desde arriba que toman algunas demandas que vienen desde abajo. Seala que esta categora es importante para pensar la cuestin de la hegemona (es decir, la conquista de una relacin de liderazgo de las clases aliadas y de dominacin sobre la clase enemiga).

En este sentido seala, siguiendo una lectura de Fabio Frosini, que la revolucin pasiva, al establecer un nexo complejo entre reaccin y revolucin (es decir, que aunque la burguesa ha dejado de ser una clase revolucionaria para conservar el poder debe introducir ciertas innovaciones), permite pensar los cambios polticos superando en parte la dicotoma reforma-revolucin y sin establecer de antemano un resultado para los procesos de revolucin pasiva.

Desde este punto de vista polemiza con la lectura de Massimo Modonesi [5] que analiza los recientes gobiernos latinoamericanos progresistas en trminos de revoluciones pasivas. Si bien, como hemos sealado en otra parte [6], el uso de la categora de revolucin pasiva por Modonesi puede resultar discutible, los argumentos de Balsa en contrario podran ser igualmente cuestionables, dado que sostiene que una revolucin pasiva siempre se da para evitar una revolucin activa y que los gobiernos progresistas latinoamericanos fueron ellos mismos agente de innovacin en lugar de expropiar un movimiento popular desde abajo.

Sin embargo, en los Cuadernos de la crcel, el concepto de revolucin pasiva se plantea de modo que podra abarcar desde la repblica de Weimar hasta el fascismo, pasando por el fordismo-americanismo, adems del modelo clsico del Risorgimento italiano. Por este motivo la definicin de la revolucin pasiva que sostiene JB podra ser un tanto restrictiva. Desde el punto de vista conceptual es importante destacar dos cuestiones sealadas por Gramsci al respecto. Una es la idea de que la revolucin pasiva no es un programa sino un canon de interpretacin ante la ausencia de otros elementos activos dominantes pero que supone una anttesis vigorosa (C15 162, redactado entre junio y julio de 1933), pero tambin, como sostiene por ejemplo para el Risorgimento italiano, que la revolucin pasiva es una respuesta al subversivismo espordico, elemental, inorgnico de las masas populares (C10II 41 XIV, redactado entre agosto y diciembre de 1932), es decir que no es necesario que haya en curso una revolucin clsica para considerar que su posterior normalizacin es una revolucin pasiva.

Tomando ambas cuestiones, se pueden pensar las diversas formas de restauraciones progresistas como respuesta a procesos de luchas sociales muy combativos pero que no logran constituir una orientacin directamente revolucionaria o socialista, por los motivos que fuere. En esta ltima categora podran considerarse las rebeliones populares en Ecuador durante los aos 90, las jornadas de diciembre de 2001 en la Argentina, las guerras del agua y del gas en Bolivia, o el Caracazo en Venezuela, por poner algunos ejemplos que a su vez explican ciertas caractersticas de los gobiernos que surgieron despus de esos procesos intentando tomar algunos elementos de los mismos en funcin de recomponer la autoridad estatal en otra relacin de fuerzas, con otros discursos y con algunas polticas progresistas. Y no parece una casualidad que en Brasil, donde el PT lleg al gobierno sin procesos de esta magnitud ms o menos cercanos, las polticas que implement fueron ms conservadoras, por comparacin con otros gobiernos latinoamericanos.

Por otra parte, la poltica de los gobiernos hacia los movimientos sociales entra ms o menos dentro de la categora de pasivizacin o la de subalternizacin que usa Modonesi. Y ms all de los movimientos sociales especficos, cabe destacar la alianza con la burocracia sindical conservadora (o creacin de una nueva de orientacin afn) que expresa a su vez que los gobiernos progresistas pueden cuestionar aspectos del neoliberalismo pero no tienen (no tuvieron) como orientacin promover la auto-organizacin de la clase trabajadora ni siquiera por un programa de reformas puntuales.

Esto no quita que el uso de la categora de revolucin pasiva, pensando en procesos de modernizacin sin revolucin como la unificacin italiana, pueda resultar de una escala incomparable a determinadas coyunturas polticas latinoamericanas. Pero la sensatez a la hora de las analogas no impide identificar los mecanismos de pasivizacin (es decir el cambio del centro de gravedad de la calle al Estado) sin necesidad de caracterizar el proceso de conjunto como revolucin pasiva.

Hegemona, alianza de clases y lucha de clases

A diferencia de otros enfoques, JB considera que la hegemona debe pensarse como alianza de clases. Sin embargo, al considerar como ejemplo de un tipo de construccin hegemnica el de los gobiernos latinoamericanos recientes, cabe preguntarse qu relacin habra entre hegemona, alianza de clases y lucha de clases dentro de su lectura. Y ms en general, en el anlisis gramsciano de las situaciones y relaciones de fuerzas (C13 17, redactado entre mayo de 1932 y comienzos de 1934), qu rol cabe asignarle a la lucha de clases?

Si bien Gramsci no lo especifica explcitamente, las relaciones de fuerza presuponen la lucha de clases, en tanto Gramsci distingue tres niveles que van de las fuerzas sociales objetivas estructuradas en el mundo de la produccin, pasando por la lucha sindical, la lucha propiamente poltica hegemnica y las relaciones de fuerzas militares.

En este sentido, la forma ms elemental de la discusin propiamente estratgica que se abre para cualquier fuerza que se reivindique de izquierda es qu rol asignar a la lucha de clases en la formulacin de una estrategia poltica [7]. Esta cuestin, que parece una obviedad, no resulta para nada menor, porque si el desarrollo de la lucha de clases es el principio ordenador, de all se desprende que las alianzas deben ser funcionales a ese principio estratgico o por lo menos no estar en contradiccin con l. Es decir, que la mediacin de lo poltico tiene que potenciar y no moderar las tendencias de la lucha de clases, mucho menos presentarse en contradiccin con ellas.

Por ejemplo, y saliendo un poco del contexto latinoamericano, experiencias recientes como las de Syriza ante el referndum que rechaz la poltica de la Troika o la posicin de PODEMOS ante el proceso independentista cataln, pareceran tener el mismo presupuesto: la lucha de clases, la lucha popular, extraparlamentaria, o no es posible o debe estar supeditada a una poltica de alianzas tendiente a acumular fuerzas de modo gradual sin cuestionar los lmites que la democracia burguesa degradada impone a la accin poltica de la clase trabajadora y el pueblo, por lo cual terminan renunciando incluso a un programa consecuentemente democrtico (imposiciones de la Troika, defensa del Rgimen del 78, etc.).

Esta cuestin est relacionada con otra clsica disyuntiva sealada por Trotsky en los aos 30: la hegemona basada en la independencia poltica de la clase trabajadora y el desarrollo de la lucha de clases vs. las diversas variantes de Frentes Populares o Frentes Nacionales (hoy tambin Frentes Antineoliberales). Una discusin muy pertinente en la Argentina actual y una de las cuestiones que distinguen la construccin de una izquierda clasista de una izquierda popular.

Notas:

[1] Cospito, Giuseppe. El ritmo del pensamiento de Gramsci. Una lectura diacrnica de los Cuadernos de la Crcel, Bs. As. 2016, Ediciones Continente.

[2] Agradezco a Javier que tome en cuenta para esta discusin lo planteado en el captulo IV de mi libro El marxismo de Gramsci.

[3] Todas las citas o referencias a pasajes de los Cuadernos de la crcel han sido tomadas de Quaderni del carcere, Edizione critica dellIstituto Gramsci a cura di Valentino Gerratana, Torino, Einaudi, 2001, cotejando las traducciones con las de la versin en espaol de Cuadernos de la Crcel, Ediciones Era, Mxico D.F., 1984. Asimismo incluimos la fecha aproximada de la redaccin de las notas, siguiendo la datacin de Francioni, Gianni, LOfficina Gramsciana, ipotesi sulla struttura dei Quaderni del carcere, Napoli, Bibliopolis, 1984.

[4] Me permito remitir al artculo Gramsci: del Estado integral al parlamentarismo negro, publicado en IDZ N 41, Noviembre de 2017.

[5] Ver Modonesi Massimo. Revoluciones Pasivas en Amrica, Mxico DF 2017, Ed. taca.

[6] Ver captulo VIII de mi trabajo El marxismo de Gramsci. Notas de lectura sobre los Cuadernos de la crcel, Bs. As. 2016, Ed. IPS.

[7] Para una reconstruccin detallada de los principales debates estratgicos del marxismo en el Siglo XX recomendamos el libro Estrategia socialista y arte militar de Emilio Albamonte y Matas Maiello publicado a fines de 2017 por Ediciones IPS.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/que-estrategia-para-la-izquierda/



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